La verdad lo sentí como si fuera UNA SEGUNDA PRIMERA VEZ, porque fue más especial... había más sentimiento... más deseo... deseo conciente e inconsciente.
Lo que para mí empezó siendo un simple flechazo, terminó de manera casi inimaginable: comiéndome por enterito a Alex a base de indirectas, insinuaciones y siendo tan “calientapollas”. Reconozco que fui verdaderamente malo con él. Su heterosexualidad dio mucho que desear, entre otras, nunca pensé que conseguir seducir a quien ese día seria mi jefe, el chico mas atractivo con el que me había topado, que parecía un auténtico ángel, pero con sonrisa endemoniada. A aquel chaval de cuerpo perfecto y aspecto travieso como los que tantas veces había soñado en mis fantasías.