Me gusta que me esperes, que estés cerca de la puerta, cuando pongo la llave en la cerradura. A veces pienso, que en cierta forma tú misma eres como la puerta: pendiente de sentir que pongo, mi masculina llave dentro de ti, y que abro los caminos a tu placer.
Un sábado por la mañana, el coche, la carretera, una autoestopista adolescente, un policía en moto... y el maldito carnet por puntos. En fin, cosas que nunca crees que te vayan a pasar, pero que pasan.
Por un lado sus manos calmaban mis músculos contraídos y por otro despertaban en mí sensaciones placenteras y deseos más allá del mero masaje corporal. Terminaba cada sesión temerosa de que se notara algo de humedad en mi ropa interior.
Tengo que tranquilizarme, pero es que así vista de cerca es preciosa…Una carita blanca….dulce, delicada. Con unos ojos negros que creo me pueden derretir, unos labios jugositos. Y el pelo…negro. Vamos ¡Una morenaza! ¡¡¡y vaya escote!!!
Su cuerpo era perfecto, bellísimo: sonrisa tierna, brillantes ojos verde esmeralda y un precioso pelo rojizo. Mis ojos seguían cada uno de sus movimientos, de sus contoneos. Era la colegiala más linda del mundo.