Enamorado... te espero a la entrada del cole como todas las mañanas y me sumerjo en mi mente mientras disfruto cada una de tus virtudes antes de recordar…
Tus labios íntimos (los mayores y los menores), son mejores y más sabrosos, más deseados por mí y más preciados que cualquier pastel. Tú me sabes a miel y a fresas, mezclados y en tu cuerpo depositado, presto y bien pendiente de ser tomado…
Ahora que no te tengo materialmente aquí, el recuerdo tuyo me entra en mí por aire que respiro. Al refrescarme te saboreo en esa tan agradable sensación del agua nos baña al compás del tiempo.