Cuando estamos solos los dos. Amarrados así como estamos, nos surgen chispas. Son centelleantes agujas de amor que vienen y que van; así, del uno al otro.
Así desde la noche arraigando este deseo, miro la luna en el cielo paseando mi dolor, me refugio en esta pasión que a través de mi piel se resuma, convirtiendo mi cuerpo en cascada, emanando fluidos, que desde mis adentros salen invitantes de mis carnes deseantes del roce de tus manos.