En los relatos anteriores le narre la experiencia con dos hermanas, quiero finalizar esta zaga contándoles cómo llegue a tener entre mis brazos a la madre de las chicas.
Dora, con 56 años, de cabellos rizados rojizos (el tinte de moda entre las “veteranas”), un metro sesenta y cinco de estatura y un físico bastante alejado a los mencionados en esta sección (nada de esculturas), con grandes pechos vencidos por los años, unas caderas bastante amplias, camina continuamente por las galerías de la escuela paseando un escobillón y escuchando todas las conversaciones a su alcance.
Cristián, el alumno de 20 años de la profesora de literatura, contraataca. Segunda parte, especialmente para los que amablemente la pidieron a mi mail.