Ya no fui la misma sexualmente. Descubrí un universo de placer distinto. Mi marido no tuvo más remedio que asimilar mi cambio radical. No solo en sexo propiamente dicho, sino también mi manera de relacionarme con la gente y hasta mi manera de vestir. Y Carlos, mi esposo aprendió a disfrutar mi nueva liberalidad en materia erótica. De hecho este nuevo relato de lo que siguió luego de ese fin de semana lo narrará él. Me costo mucho convencerlo para que lo haga poro termino por ceder. Ahí va...
Pocas mujeres que conozco son tan apetecibles y me calientan tanto como la cuñada de mi hermana. Ella se llama Sandra y es una mujer de 35 años, la naturaleza, la gimnasia y el cirujano plástico han hecho maravillas con su cuerpo.