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Su cuerpo ondulado, se arquea y serpentea. Su deseo le culebrea y se le retuerce, por dentro y por fuera. Y si, la dejo volverse me sonreirá y luego, me dejara ver todos los matices del gusto, del placer y del goce que le ascienden, se le enroscan y le suben y bajan, por toda su piel y por el interior de sus entrañas, por su corazón y por su mente “de mujer enamorada y satisfecha, comprendida y cómplice”. Sus pechos, y su vientre gozan. Sus brazos y piernas, sus manos y sus pies de delectan apretándose conmigo y acariciándome.
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