La primera persona que respire será la primera persona que grite. La primera persona que grite será la última persona que respire. Ella no había gritado, tampoco había respirado, se había limitado a obedecer, sin demasiado apasionamiento pero tampoco sin demasiada falta de voluntad.
Ella me siguió, en silencio, con la mirada clavada en el suelo. Caminamos así durante mucho rato, quería saber cuanto podía soportar una situación tan simple aunque insostenible.