Mi cuerpo tumbado en la cama, entre las sábanas de seda comenzó a llenarse de vida al contacto con sus manos. Ese simple roce me producía más placer que cualquier cosa que hubiese probado hasta entonces.
Mis fantasías erósiticas, en las que tengo una aventura de Carnaval, la danza de los siete velos de Salomé, una satisfacción doble, una gigantesca venida y una cogida hasta el fondo de la garganta.