Hace unos meses me fui de vacaciones a la bella ciudad de
Acapulco, cuna de hermosos paisajes, bellas mujeres... con bellos píes. Para no
alargar mi relato les comentaré que salí de viaje valemadrista con unos amigos y
por azares del destino nos tuvimos que quedar a dormir en un bungalow, pero el
precio a pagar (además de efectivo) era compartirlo con cuatro chicas que
estarían con nosotros. Por el día los hombres y las mujeres tomábamos nuestros
caminos, pero por las noches debíamos dormir en el mismo cuarto... ya se
imaginarán.
La primer noche veníamos del mar, y las chicas ya estaban en
el bungalow preparándose para ir a la piscina a lavarse. Una chica era *Morena,
como de 21 años y muy loca, agradable, y su amiga se llamaba *Debora, mayor que
ella pero no menos divertida, como de 26 años. Las demás chicas no vale la pena
mencionarlas, pues aunque eran agradables, no tuvimos gran contacto con ellas.
Mis amigos venían rendidos (o crudos), y yo, con mis años de experiencia en el
tema, hallé el modo para escabullirme en el cuarto de Morena y Debora, y
hacerles plática.
Ya en la piscina, descubrimos que Morena no sabía nadar, y yo
caballerosamente me ofrecí a enseñarla (yo sólo conozco el nado de perrito). Ya
entrados en confianza, la ayudé a flotar, y sentí que su dedo gordo del pie rozó
mis testículos y eso me excitó demasiado, tanto que le dije: -oye niña, si
quieres aprender a flotar mejor vamos al chapoteadero-
Ya solos, yo tomé a la muchacha con mis brazos y le propuse
que pataleara. Lo hacía pésimo, y como me mojó toda la cara, decidí tomar su pie
y pellizcárselo. Seguido de ello, le hice cosquillas lentamente en su mojadita
planta, pero... ¡no le causó risa¡ al contrario, me dijo:- eres muy brusco,
hazme cosquillas más suavecito- yo, desconcertado le cumplí el gusto y al
parecer se relajó, pues dejó caer su peso en el agua y pareció flotar mejor. Al
paso del tiempo, no sólo le hice cosquillitas mientras ella sonreía, sino que me
animé a morderle los dedos, a lo que se carcajeó y pataleó de nuevo mojándome la
cara.
Para corresponderle el "dedazo" le rocé su ano un par de
veces con mis dedos del pie, no sin morderle su planta del pie, al seguir el
juego de "aprender a nadar" la tomé de nuevo entre mis brazos, y al hacerlo mi
mano izquierda rozó su vagina varias veces. Bueno, yo no buscaba nada sexual,
pero la situación estaba demasiado buena como para echarme para atrás.
Ya entrada la noche, nos salimos de la piscina. Nos secamos,
comimos algo y seguimos platicando. Debora se fué dormir, y Morena y yo seguimos
platicando afuera del Bungalow. Nos acostamos en el suelo, y yo seguía
acariciando sus pies de número cinco, (creo), tostados como su piel, con las
plantas rosadas. Cuando me detenía, ella me decía –hazme más cosquillitas, se
siente rico¡- pero curiosamente no le provocaban risa, tal vez la excitaban o la
relajaban.
Ya entrada la madrugada nos metimos al bungalow. Pero para
nuestra sorpresa, sólo sobraba una cama. Yo le dije que se acomodara y que
dormiría en el sillón (duro hasta la madre) y ya arrepentido, entrada la noche
me acomodé en su cama. Para no verme muy gañán, me acomodé contrario a ella, es
decir, con sus pies hacia mi cara. Al acomodarme en la oscuridad, me
preguntó...-¿quién eres?- dándome un rodillazo que fue a dar en mi pecho. Yo le
contesté: -soy yo, tonta, - mientras atrapaba sus pies entre mis brazos. Eso
pareció tranquilizarla, pues se quedó aparentemente dormida y yo, aprovechando
la situación, acerqué sus pies a mi cara. Los olisquee, aunque para ser francos
no tenían un olor definido, olían como a arena y a chancla, pero estaban
calientitos.
Con ese par de manjares a mi merced, los cosquilleé y me los
acerqué a la cara cuanto quise esa noche. Lo único que nunca supe es si Morena
estaba despierta y no me reprochó nada, o si de verdad estaba dormida. A final
de cuentas casi no dormí, y pude pasármela así, si no fuera porque Debora se
cruzó en el camino..
Continuará.
"Si quieres hacerle cosquillas...¡Hazlo¡ más vale un "no seas
travieso" que arrepentirte toda la noche..."