Sudaba; sudaba muchísimo, había una temperatura de 45 grados
y me daba la impresión de que todo mi cuerpo ardía.
Enchufé el ventilador (puesto que no tenía aire acondicionado
aquel hotel) y me dispuse a tumbarme en esa enorme cama, todo sudado. Aquellas
gotitas que resbalaban de mi frente hacían surcos por todo mi cuerpo hasta
detenerse en aquel pequeño hueco, en mi ombligo...
Decidí darme una ducha, puesto que aquel calor sofocante no
cesaba; llené la bañera con agua fresca pero cual fue mi asombro que al tocarla
estaba como el caldo... "Se habrán calentado hasta las cañerías"- Me dije y fui
hasta el pequeño frigorífico que teníamos en la habitación para coger una buena
bolsa de cubitos de hielo.
Los introduje en el agua, había suficientes.
Me quité la única prenda que llevaba, mis calzoncillos, y me
metí con decisión en el agua... Mi sexo empezó a empequeñecerse tanto, que me
asusté y comencé a frotarlo, de arriba a abajo, rápidamente. Creció en un
momento, se puso erecto y en ese momento me fijé que poseía un buen mástil.
Quería usarlo.
Rápidamente salí de la bañera, cogí el teléfono y llamé a
recepción:
- ¿Hola? ¿Recepción?
- Si, dígame, ¿qué desea?
- Mire, me ha entrado muchísima hambre, ¿podría traerme el
servicio de habitaciones una gran copa de macedonia por favor?
- Si, ahora mismo irá una señorita a llevárselo; ¿en que
habitación está?
- En la 669
Colgué el teléfono... "Se lo llevará una señorita..." Si, eso
era lo que yo quería, que me lo trajera una señorita, quería utilizar mi gran
bate, mi gran polla, quería follarla, hacerla vibrar, quería...
Justo en ese momento llamaron a la puerta; me tumbé en la
cama, con mi gran polla empalmada mirando al techo y le dije a la chica que
pasara.
Abrió la puerta un tanto asustada, tanto por la idea de que
yo estuviera allí desnudo como por tener apenas 18 años... 18 años... Dios, era
un angelito... Aquella chica me miró; me miró de arriba a abajo, deteniendo su
mirada justamente en mi sexo. Me pajeaba con la mirada.
La llamé, le puse un nombre, "Sofía" le dije, ven, mírame más
de cerca, bésame la punta de mi pene cariño (Dios!! Si yo le sacaba mas de 25
años de edad!!). Cual fue mi asombro que la puta chiquilla se acercó, pero no me
miró el pene, no... Me puso su chorreante coñito en mi cara; yo quería sexo pero
ella más.
Le lamí todo su húmedo coño, me metí sus pequeñas tetas en mi
boca, la follé una y otra vez con mi lengua.
Acto seguido la enganché y me la llevé a la bañera. Quería
metérsela allí, quería que viera la luna, quería follarme a aquella perra...
Me corrí en su almejita ardiente, en su boca, en sus
pezones... Me corrí en toda ella y ella misma gritó de placer.
Me desperté, estaba en mi cama, sudado otra vez... ¿Otra vez?
No! Todo había sido un sueño... Pero mi polla estaba realmente tiesa y
ardiente...