Una semana buscando y nada, no encontraba lo que deseaba.
Hacía 7 días exactamente había colocado un anuncio en el periódico buscando un
chofer que trabajara para mi tiempo completo, ofrecía buen sueldo, prestaciones
sociales etc., etc., y sin embargo ninguno de los candidatos que había traído su
hoja de vida llenaban por completo mis expectativas, unos demasiado jóvenes,
otros demasiado viejos, unos muy gordos, otros muy flacos… Mi esposo me
molestaba diciéndome que más parecía buscando un modelo de revista que una
persona que me llevara de un lado a otro.
En mi mente sabía exactamente que quería. Ese hombre no solo
debía saber conducir muy bien, quería un empleado inteligente, agradable y
solícito pues pasaría conmigo buena parte del tiempo y me serviría de compañía
durante las semanas que mi esposo permaneciera de viaje para estar a mis órdenes
en todo lo que se me ofreciera.
Faltaban pocos días para la partida de mi esposo, incluso
había comenzado a hacer sus maletas. Viajaba fuera del país por asuntos de
negocios mientras yo me quedaba al frente de la oficina.
Estaba a punto de perder las esperanzas de encontrar a mi
empleado estrella cuando lo ví. Iba caminando distraídamente por la calle rumbo
a una reunión con unos colegas y me detuve un momento a comprar cigarrillos en
un puesto de revistas. A pocos pasos de donde me encontraba había un muchacho de
unos 20 años, alto, delgado, moreno, de ojos grandes negros impactantes y
despiertos.
Se me metió en la cabeza la idea que aquel muchacho podía ser
la persona que estaba buscando. Sentía que no podía ser casualidad que me lo
hubiera encontrado así y que me impactara tanto. Ni siquiera sabía su nombre ni
si necesitaba un trabajo como el que yo ofrecía pero una fuerza superior a mi me
decía que el era el indicado.
En vez de irme por el camino mas fácil y preguntarle
directamente, esperé a que se fuera y luego lo seguí. El tenía las piernas mas
largas y eso sumado a que yo ese día usaba falda y tacones hacía casi imposible
que pudiera seguirle el paso. Decidí tomar un taxi para no cansarme tanto y
continuar mi absurda persecución. El taxista sin decirme nada me llevó por
varias cuadras hasta un barrio popular de la ciudad. Supongo que hice el
ridículo de mi vida pero no me importaba, no había quien me convenciera que
estaba en un error.
El muchacho tomó un atajo por un parque y allí lo perdí de
vista. Traté de dar un rodeo en el taxi y luego me bajé y lo busqué caminando y
nada, lo había perdido definitivamente. Sentí un poco de rabia conmigo misma y
hasta me reí después de mi corta aventura.
Decidí olvidarme por ahora de aquel muchacho pues era como
buscar una aguja en un pajar aunque no niego que los días siguientes pensé mucho
en el.
Llegó el día del viaje de mi esposo y yo misma lo llevé al
aeropuerto. De regreso a la oficina paré en el mismo puesto de revistas para
encontrarme con la sorpresa de mi vida. Allí estaba de nuevo aquel muchacho de
mirada brillante. Resultó ser hijo de la señora que atendía aquel puesto, lo
supe porque escuché una conversación entre ellos "por casualidad". No se si fue
coincidencia también o no pero el muchacho estaba desempleado. Yo ni corta ni
perezosa les dejé mi tarjeta, pues la idea no era mostrarme demasiado ansiosa
por contratarlo. Le dije que si estaba interesado llevara en los próximos días a
primera hora su hoja de vida y demás documentos a mi oficina. Y diciendo esto me
despedí.
A primera hora del día siguiente se presentó el muchacho con
sus papeles.
Marcela: Siéntate por favor, tu nombre completo?
Alex: Alex Moreno, mucho gusto.
Revisé brevemente su hoja de vida, tenía 23 años, lo miré
detenidamente de arriba a abajo, como quien compra un esclavo, solo me faltó
examinarle los dientes y el trasero.
Marcela: Mira Alex, normalmente es mi esposo quien hace
las entrevistas para contratar a las personas que van a trabajar con nosotros.
Yo no tengo mucha experiencia en esto y mi esposo no está, así que me dejaré
llevar por mi buena intuición,… el trabajo es tuyo.
Alex: Doctora, muchas gracias, prometo no defraudarla,
seré el mejor chofer que usted haya tendido.
Marcela: Eso espero Alex… eso espero.
Le dije que no me gustaba que usara uniforme pero que si
cambiaba de opinión se lo haría saber. Le informé que empezaría a trabajar de
inmediato, acordamos su salario, sus condiciones laborales y su horario.
Le pedí que se sentara a mi lado para enseñarle unas formas
que debía llenar para la empresa. Con bastante timidez colocó una butaca cerca
de mi. Desde donde estaba podía aspirar su aroma, sentir su olor… nunca me han
atraído los hombres mas jóvenes, pero este potrillo con ganas de llegar a ser
semental tenía un no se que no se donde, quizás en el brillo de sus ojos o en su
timidez que me hacía sentir unas ganas incontrolables de tenerlo cerca, de
buscarlo y a lo mejor de enseñarle un par de cositas.
Con disimulo dejé caer una hoja al piso para agacharme de
inmediato haciéndome la tonta y dejarle ver parte de mi sostén de encaje negro y
algo de mis senos que bajo la ropa se adivinaban naturalmente suaves. El en un
reflejo se agachó también y nuestras miradas se encontraron…