Capítulo 1. Silvita, la ninfómana de trece añitos se
arroja sobre mi nabo.
"¡Ahí lo tenés, Silvita," dijo la monumental Julia al retirar
su escultural culazo de mi cara, "otro gran hombre aplastado por mi culo y que
se corrió sin que lo toque...!" "Hacé lo que te parezca con él."
Y Silvita con sus trece añitos se había entusiasmado y se me
vino encima para hacer todo lo que le pareciera conmigo.
En esa habitación había dos cosas que no guardaban proporción
con las espigadas formas del cuerpo de Silvita. Una eran las voluptuosas formas
de su superabundante amiga Julia. La otra era que mi poronga, aún vencida, era
más larga que su cara. Pero a esta pequeña ninfomaníaca esto la excitaba.
Arrodillándose a mi lado tomó mi nabo relajado con una mano y
se puso a mirarlo con adoración. Su manita se sentía dulce, sosteniendo mi gran
pedazo. Con su otra manita comenzó a recorrerlo desde la punta hasta la raiz en
un masaje suave como una caricia. Una y otra vez. Yo me dejaba hacer. Mi nabo
estaba totalmente derrotado y no me parecía que pudiera volver a pelear por ese
día. Pero la niña estaba tan entusiasmada que no vi mal alguno en dejarla hacer.
Hacia arriba podía ver el techo.
"No te preocupes, papito, si no se te para... yo sólo quiero
jugar con este gran chipote tuyo... jugar y jugar y jugar..." Y me lo seguía
acariciando con insistencia. "Claro que yo tengo que satisfacerme, papi... Así
que me voy a refregar mi conchita en tu cara..." Y con un ágil saltito se puso
en un sesenta y nueve, arriba mío, sin soltar mi gran poronga. Y siguió con su
simpática caricia. "Vos no te muevas, papi, dejame a mí que te restriegue la
conchita en la cara..." Y dicho y hecho, me puso la conchita en la boca. Hacia
arriba podía ver su precioso culito, que se movía al compás de su refregada.
Lindos glúteos.
A medida que Silvita proseguía con su refregada, sus jugos
iban mojando mis labios y sus alrededores, y la niña se iba poniendo cada vez
mas caliente. Sus jadeos iban acentuándose. "¡Ay, papi, qué paja me estoy
haciendo con tu cara...!" Y sus restregadas iban haciéndose más apasionadas. Y
sus manitas me apretaban el nabo con entusiasmo. Para mi sorpresa, mi nabo
comenzó a reaccionar. Es que la situación me calentaba. "¡Pa... pi... se...
te... es... tá... en... du...recien... do...!" Su voz de niña se entrecortaba
por la calentura creciente. "¡Ahí... me... vie... ne... papi... tito...!" Y su
conchita abierta se apretó intensamente contra mi boca en un instante
interminable, mientras la pequeña descargaba su acabada. Mi pija dio un tirón y,
agarrada la piel del prepucio por sus manitas, la cabeza salió afuera. "¡Qué
glandazo, papito...!" Y me lo llenó de besos y lamiditas. El glande comenzó a
separarse de mi panza. La nena se entusiasmó, y levantándolo se lo puso en la
boquita. "¡Papi, que lindo chupetín... Me lo voy a chupar todito todito...!" A
estas alturas mi gran nabo estaba empezando a apuntar por sí solo hacia el
techo. "¡Mirá July, qué glandazo...!" y agitaba mi nabo como para mostrárselo.
Cuanto más me lo apretaba, más se me paraba. "Lo sé, pichona..." se escuchó la
voz sensual y segura de la monumental Julia. "Recuerda que lo tuve en mi
orto..."
Mi nabo se había parado, sí, pero había sido algo gradual y
automático. Yo no sentía ninguna urgencia en mi gran pedazo.
"Papi, te voy a hacer una paja con mis piecitos..." Y dándose
vuelta, Silvita, sentó su culito sobre mi cara, y con sus piecitos agarró mi
nabo, uno a cada lado y comenzó a pajearlo.
Estar bajo el culito de esa niña era delicioso. Sus glúteos
se movían arriba y abajo siguiendo el movimiento de sus pies. De modo que mi
cara recibía alternativamente ambas visitas, un redondo glúteo sobre el lado
izquierdo de mi rostro, un redondo y lindo glúteo del lado derecho, y así
alternativamente. Esto duró más de diez minutos, y el placer comenzaba a
apoderarse de mi goloso miembro. No podría decir en qué momento, pero mi lengua
había comenzado a recorrer el interior de esas sabrosas nalgas. Y Silvita había
comenzado a gemir, y la paja con sus piecitos se fue haciendo más rápida. Y
también mi respiración. Ahora mi pedazote era recorrido por poderosas
sensaciones, y no sólo estaba parado sino que todavía seguía creciendo, hasta
que alcanzó el máximo. Parecía que estaba a reventar.
Mi lamidas se hicieron más profundas y pronto sentí como
Silvita abría su ojetito para que me lengua se lo cogiera. Fue vencida por estas
sensaciones y se vino con estremecimientos de su ojetito sobre mi polla. Se
quedó unos momentos rígida y tuvo un nuevo orgasmo enseguida del anterior. Luego
se derrumbó a un costado, dejándome con mi nabo tan flameante como mi deseo.
Me levanté de un salto. La escultural Julia estaba tirada en
el sofá, acariciándose la concha. "¿Ahora me toca a mí de nuevo?" su carnosa
boca sonreía obscenamente. Me arrojé sobre ella y de tres empujones le enterré
mi enorme pollu. "¡Aghh... agghh... aughh... !" respondió a cada uno de los
empujones.
Yo no estaba para delicadezas. Con mi nabo enardecido le di
una cogida frenética que la llevó a una serie de orgasmos seguiditos. Podía ver
sus ojos desenfocados a cada embestida. Me había hecho el dueño de la situación
y ella no tenía otra opción que extraviarse ante mis embestidas, habiendo
perdido todo control. Cuando finalmente le llené la peluda concha de leche,
quedó como desvanecida, jadeando todavía. Pero mi lujuria no había cesado. Y
enterrando mi cara en esa vagina jugosa y olorosa, le hice la mejor mamada de su
vida. Le chupé el clítoris con fruición y la hice venirse tres veces más.
Ya saciado y contento, me levanté y me fui a comer algo en la
cocina.
Cuando volví estaban todavía despatarradas. Las ayudé a
levantarse y vestirse. Y las despaché a la calle, hacia la que salieron con paso
bamboleante. "Espero que hayan tenido suficiente, chicas, ahora no vengan por lo
menos en una semana."
"Si, papi." "Sí, nene."
Y me fui a dormir, que lo tenía bien merecido.
Con lo que no contaba era con la visita de Juancito, el
amiguito de doce años, de Silvita, que me había hecho probar su pija y que había
prometido volver.
Pero esa historia te la contaré otro día, si te parece.