relatos porno
webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Mi novia, Alicia, me tiene preocupado... (01)





Relato: Mi novia, Alicia, me tiene preocupado... (01)

  

Mi novia, Alicia, me tiene preocupado... (1) por
Lado Oscuro 4



Ladooscuro4@hotmail.com



Capítulo 1. Hace ya un año que salimos, y de penetración
nada.



Pero me vuelve loco a pajas.


Y no tengo la voluntad para impedirlo.


Por ejemplo, estamos en algún rincón oscuro besándonos y
toqueteándonos. Y entonces Alicia me agarra la poronga, a través del pantalón, y
empieza a acariciármela. La agarra muy bien. Y una vez que la agarra estoy
perdido.


Yo le agarro las tetas, y le meto la lengua en la boca, pero
ella no me la suelta, y me va ordeñando. Me la tiene apretada con fuerza y
aprieta para correrme el forro tapando la cabeza. Y de ese modo me pajea. Y me
pajea, y me pajea. "Alicia", le digo yo, "¿no será mejor que vayamos a la
cama...?" Pero ella sonríe con su jugosa boca y mete su lengua dentro de la mía,
y me sigue pajeando. Y yo siento que estoy en sus manos. Bueno, en su mano. Su
mano que me aprieta y me ordeña cada vez más rápido, hasta que me corro en mis
pantalones. A ella le encanta cuando eso me pasa, y con la palma de su mano me
aprieta el glande a través del chorreado pantalón para recoger todo el semen que
pueda, y se la lleva a la boca y se lame todo el semen, mientras me sonríe con
su deliciosa boca abierta.


Entonces yo me voy recuperando, e intento razonar con ella.
"Mi vida, me encanta lo que me hacés, pero me gustaría metértela..." Entonces me
mira fijo a los ojos, y con su mano recomienza sus caricias a mi nabo.
Gradualmente me lo va empalmando nuevamente. "Ali", le digo, "no lo tomes a mal,
me gustan las pajas que me hacés, pero ¿no pensás que deberíamos coger como todo
el mundo?" Pero ella, mirándome sonriente cara a cara, le sigue dando a la mano,
hasta que me hace correr nuevamente.


Después de lo cual ya no insisto.




Capítulo 2. Alicia me pajea en los lugares más insólitos.




Pero en realidad no depende mucho de mí el que Ali decida
comenzar una paja. Me ha hecho pajas en los más variados lugares y situaciones.
En cualquier momento puede aparecer la expresión siniestra en sus ojos, y siento
que su manita comienza a trabajar. El cine es uno de sus lugares predilectos. Ya
casi ni sé qué películas hemos ido a ver. Apenas se apagan las luces, mi Alicita
comienza. Y si está entusiasmada, y siempre lo está, cuando me hace derramar con
una paja, empieza la siguiente. Así dos o tres pajas por películas. Y salgo del
cine arrastrándome y tratando de disimular mis pantalones encastrados. Pero
Alicia muy contenta. Otra vez me pajeó delante de mis padres, mientras
cenábamos. Nadie se dio cuenta de que una mano estaba debajo de la mesa, porque
Alicia llevaba una conversación muy animada y haciendo gestos con el tenedor. Y
la manita apretándome y pajeándome y pajeándome, hasta que los ojos casi se me
salían de las órbitas, y me derramé tratando de que no se me notara. Cada tanto
me miraba con una sonrisa pícara y continuaba su alegra parloteo.


También cuando íbamos a bailar. En la penumbra, Alicia metía
su mano entre nuestros cuerpos y me agarraba la poronga. Me la hacía parar y
comenzaba su lento masaje, sistemático e inexorable. "Ali..." jadeaba yo, "me
vas a hacer manchar el pantalón..." "Sí, mi cielo, pero antes te voy a hacer
pasar un buen momento..." Y su manita me trabajaba y me trabajaba, hasta que yo
me abrazaba a ella y me corría. "¿Ves lo que me hiciste?" le reprochaba yo. Pero
ahí ella comenzaba de nuevo.




Capítulo 3. Alicia se encierra con el profesor de Geografía,
que siempre la hace quedar para retarla.




Alicia tiene muy buenas formas. Y siempre que salimos veo que
los otros hombres la comen con los ojos. Y creo que a ella le gusta, porque usa
falditas cortas y remeritas ajustadas que le marcan sus abundantes pechos
dejando ver sus pezones a través de la tela. El profesor de Geografía, por
ejemplo, se la come con los ojos, y Alicia se contornea y le sonríe. Estamos en
la misma clase, y tengo que ver eso clase tras clase. Por lo general, cuando
salimos de clase, en la última hora, el maestro le pide que se quede. Pero los
demás tenemos que salir. Y a mi me preocupa que el hombre la rete. Porque están
mucho rato, y yo me quedo esperándola cuando ya todos se fueron a sus casas. Y
al final sale, despidiéndose alegremente con la mano en alto, del profesor que
está todavía adentro del aula. Y eso todas las clases. ¿Qué tendrá que
reprocharle este hombre a mi Alicita, que la reta siempre?, me pregunto. A
veces, cuando sale, la he notado un poco alborotada, es decir con más colores en
la cara, y un poco despeinada. Pero eso no es nada comparado con el aspecto
conque sale de las reuniones con el jefe de celadores.




Capítulo 4. Y con el Jefe de Celadores...




Este hombre, de más de cuarenta años, es muy severo y se ve
que siempre tiene algo que reprocharle, ya que la suele llamar a su oficina muy
seguido. Y se ve que la reta fuerte, porque Alicita no vuelve a clase en toda la
hora. Y cuando vuelve, tiene la ropa siempre desarreglada, y la pintura de los
labios corrida. "¡¿Qué te hace esta bestia?!" le rujo, dispuesto a ir a matarlo.
"No, no", me dice Ali, "no le hagas nada, es sólo que me reta fuerte, muy duro,
pero yo me lo tengo merecido y me la aguanto." "¡Y bien que me la aguanto!"
agregaba. A mi me dolía que esos hombretones hicieran sufrir a mi novia, pero
entonces ella me agarraba la pija y me tranquilizaba con algunas buenas pajas. Y
al final yo terminaba pensando "bueno, si a ella no le molesta, qué tengo yo que
meterme..."




Capítulo 5. Y con el portero del colegio...




Lo que nunca entendí es por qué Alicita se encerraba con el
portero del colegio. ¡Dos horas he tenido que esperarla a veces! Y yo no sé que
es lo que tiene que charlar con ese muchacho para estar tanto tiempo encerrados.
Un día, cuando salía de la piecita del portero, vi que se despedían con un beso
en la boca, bastante largo. "¡Ah! ¿estabas ahí, esperando todavía?" "¡Sí!,
¡decime qué tenés que charlar tanto con ese muchacho!" "Es que el pobre tiene un
problema con su novia y a mi me da lástima y me quedo consolándolo. Hoy lo
consolé cuatro veces." Me explicó con su carita algo ojerosa. "¡Es que te veo
salir desmejorada!" protesto yo. "¡Ese tipo abusa de vos!" "¡Y cuanto...!"
suspiró ella. "¡Cómo "y cuanto"!" me enojé yo, "¡¿Te hace llorar ese
desconsiderado?!" "No, llorar no, pero me hace emocionar muchas veces... es muy
bueno para emocionarme... ¡y tiene con qué...!" "¿Tiene una vida muy dura...?"
le pregunté yo, compadecido. "¡Durísima! ¡Y no sabés que gorda...!" suspiró
Alicia. "¿¿cómo "gorda"??" pregunté yo, desconcertado por la palabra. "Gordos
problemas" me aclaró ella, "Y yo me motivo con las cosas gordas..." "¡No te
imaginás cuanto me motivo...!" Y yo iba a continuar con las preguntas para que
me contara como se motivaba, pero Ali, mi Ali, me echó mano al nabo y empezó a
darle. Después del tercer polvo en mis pantalones, ya no tenía ganas de seguir
preguntando más nada, y pensé que era bueno tener una novia con tan buenos
sentimientos.




Capítulo 6. Ali y el hombre de la tienda de ropas.




El otro día la acompañé a la tienda de ropas, porque tenía
que comprarse una faldita. El tendero se regocijó al verla. "¡Alicita,
bienvenida, mis ojos se relamen al verla..." Ella me presentó como su novio. El
hombre, un cincuentón bastante robusto, me miró sin mucho interés. "¿Qué vamos a
probarle hoy?" "Hoy quiero ver falditas y braguitas"."¡A la órden!" exclamó el
entusiasta vendedor. "¡Vaya para el probador, que enseguida voy!" "Usted, joven,
quédese aquí" me indicó. Y se metió en el pequeño probador, detrás de Alicia. Y
yo no tuve más remedio que quedarme afuera, escuchando. "Bueno, mi nenita,
primero hay que sacarse esa bombachita, así le voy probando las otras..."
"¡Listo!" la escuché a Alicia, siempre bien dispuesta. "¡Muy bien, a ver esa
linda colita..." Me di cuenta de que mi novia estaba con la cola al aire, con el
vendedor, pero me dije "es un profesional, hace esto todo el tiempo, es como ir
al médico..." "¡¡Qué culo, preciosa!!" Y me dije, "quiere animarla" y se vé que
la animó porque la oí decir "¿le parece lindo, don Juan?" "¡Claro, pichoncita,
mirá como te agarro esa linda nalguita!" "¡Ay, síi! ¡qué mano grandota y
peluda...!" escuché la voz de mi novia que seguramente le estaba devolviendo el
elogio. Hubo unos momentos de silencio y de pronto escuché la voz de Ali,
"¡Ay... síi, así... con las dos manos...!" Y me di cuenta de que este hombre
estaba haciendo a conciencia su trabajo. "¿Me permitís, pichoncita?" "Claro, si
tiene que probar pruebe nomás... ¡¡¡Ayyy, qué gorda...!!!" "Debe ser una
braguita ancha" interpreté yo. "Sí, pero sentí como te va entrando..." jadeó el
hombre, seguramente por el esfuerzo de calzarle la braguita, aunque si era ancha
no tenía por qué resultarle tan trabajoso. Después siguieron unos ratos de
silencio, interrumpidos sólo por los jadeos de ambos. No sabía que probar
bombachitas era una tarea tan árdua. En un momento la cortina entreabierta me
permitió ver la escena: él detrás de ella, apretado contra su cola, y para hacer
más fuerza se había agarrado de sus pechos. Y se movía detrás de ella, como
empujando. Me preocupó y les pregunté si necesitaban ayuda. "¡¡¡Nooo...!!!"
respondieron al unísono con las voces algo jadeantes. "Bueno" me dije, "no hay
que molestar..." Pero con mi conciencia más tranquila porque al menos me había
ofrecido. Después escuché que ella le pedía "¡¡Dámela toda, papito...!!" Se ve,
pensé, que le gustó la braguita. Y el dijo "¡¡¡Ahí voy, mi negrita, aquí me
vengooo...!!!" Me gustó eso de "papito" y "mi negrita", indicaba afecto y
confianza. Y así debe tratarse la gente, pienso yo. Hubo unos momentos más de
silencio y escuché la voz admirada de Alicia: "¡¡¡Qué chooorroos, qué chorrazos,
madre mía!!!" Y yo pensé "debe haber visto el precio, a mí me había parecido que
acá eran un poco chorros", por los precios que había visto en algunas prendas.
Pero al parecer no hubo problema. Cuando salieron del probador el vendedor
estaba poniéndose la camisa dentro el pantalón, lo que me ratíficó la impresión
de que había sido muy trabajosa la tarea. Y ella llevaba media docena de
braguitas en la mano. "Las voy a llevar todas, don Juan..." "Sí m’hija,
lléveselas, se las ha ganado..." contestó el hombre con aspecto algo cansado.
"¡Gracias, don Juan, mañana vuelvo a probarme las falditas!" "...Mejor pasado
mañana, ya no soy tan joven..." Eso no lo entendí, pero él me preguntó: "Usted
puede acompañarla pasado mañana, joven?" "No, lo siento, pero pasado mañana voy
a estar ocupado..." "¡Perfecto!" dijo el hombre, ¡Pasado mañana será perfecto!"


Cuando salimos, Alicia iba moviendo su sabroso culo con
donaire, de modo que todos se daban vuelta para mirarla. "Lo que no entiendo,
Ali, es para qué me preguntó ese hombre si podía venir pasado mañana, si al
final le dio lo mismo..." "Yo tampoco lo entendí, querido, tiene esas cosas
raras..." Y ya en el colectivo le pregunté "Pero las braguitas ¿no te las
cobró?" "Se las tengo que pagar pasado mañana, cuando venga por las falditas."
"Ahh, pero ¿por qué dijo eso de que te las habías ganado...?" Pero no tuve
ocasión de seguir con el tema, porque Alicita, agarrándome la poronga, me dijo
"tranquilizate, mi amor, no te preocupes." Y comenzó a tocármela y tocármela, de
las exquisitas maneras en que me transtorna, y ya no pude seguir interesándome
en cosa alguna." "Un polvo en el colectivo" pensé contento, en medio del
apretujón de gente, "no cualquiera tiene esa suerte..." Fueron dos, los polvos.
Y mis pantalones... mejor no hablar de ellos




Capítulo 7. Lo bueno de aquellas pajas en colectivo era que
sólo yo disfrutaba de Alicia, pienso yo...




Algunos de aquellos viajes fueron memorables. Recuerdo una
vez en que ella llevaba una faldita supercortita que dejaba sus hermosos muslos
prácticamente en su totalidad al .aire. Esos muslos, junto con su maravilloso
culo me tenían loco de calentura. Para colmo, ese día usaba unos tacones
altísimos. Era algo espectacular verla. Y en eso entramos en el colectivo, ante
las miradas envidiosas de todos los hombres. Yo estaba orgulloso de llevar a tan
espectacular mujer. Parece mentira que a sus diecinueve años Alicia pudiera
estar tan buena. Nos acomodamos como pudimos, y ella quedó de espaldas a un
muchachón bastante pintón, que la miraba con ojos muy abiertos. Poco a poco el
tipo se fue acercando a ella, que no pareció molestarse por la excesiva
proximidad de ese desconocido. Con una de las manos el hombre se agarraba de la
barra superior, y se ve que no le hacía falta la otra, ya que la mantenía baja.
Mientras yo le hablaba ví que los ojos de Alicia se humedecían un poco, y su
cara tomaba más color. De pronto sentí que su mano buscaba mi pene. "¡Alicia,
con cuidado, que nos pueden mirar...!" Pero ya su mano estaba acariciando
sensualmente. Noté que atrás de ella, la cara del tipo se había puesto colorada.
Y Alicia comenzó a suspirar. Nunca la había visto tan caliente al agarrarme el
nabo. El nabo se me paró completamente, y Alicia me lo seguía apretando con
ganas. De pronto hizo un movimiento con su otra mano, como levantando su falda
del lado de atrás. Debía ser por el calor, pensé. Y total no había nadie que
pudiera verla, ya que el tipo que tenía atrás tapaba completamente la vista de
su hermoso culo. De pronto vi que la otra mano de él se aferraba al hombro de mi
Alicia. Se ve que realmente no le alcanzaba con una sola mano para aferrarse de
la barra. Observé que la respiración de Alicia se aceleraba un poco. Y sus ojos
parecían mirarme sin ver. "¿Estás bien, Alicia?" le pregunté, "¡Muy bien!" dijo
con voz algo enronquecida, "¡No sabés lo bien que estoy...!" La mano del tipo
que estaba atrás estaba algo crispada sobre el hombro de ella, pero Alicia lo
soportaba sin quejarse, seguramente por cortesía solidaria. Hacía bien, porque
el tipo de atrás no tenía buen aspecto. Su cara completamente colorada, la
mirada vidriosa. Debía ser contagioso, porque Alicia también tenía la mirada un
poco vidriosa. Sentí que me empujaba con el vientre, como si la hubieran
empujado de atrás. Y el movimiento comenzó a repetirse con cierto ritmo, pero
con ese mismo ritmo Alicia me estaba pajeando y sus jadeos tapaban los mismos, y
me parece que el hombre también estaba jadeando, ya que tenía la boca abierta, y
Alicia seguía empujándome con el vientre y le dije "¿estás bien Ali?" "¡Síi,
así... seguí, que este boludo no se da cuenta de nada...!" dijo con voz baja,
refiriéndose seguramente al tipo que tenía atrás. Pero no entendí con qué quería
que yo siguiera. Y me preocupó que su voz no hubiera sido lo suficientemente
baja, porque el tipo de atrás seguramente la había escuchado. Y los tam tam de
su estómago contra el mío se aceleraron. Pero les cuento más o menos como
recuerdo, porque la manito de Alicia se estaba moviendo cada vez más frenética.
De su boca abierta, su cálido aliento salía en jadeos cada vez más apasionados.
"¡¡¡Asíi, asíi..." decía "¡que ya es... toy... por... aca...bar...!!!" gimió en
un susurro tan fuerte que el tipo de atrás no debe de haber podido menos que
escucharlo. Pobre hombre, pensé. Y de pronto, luego de una acelerada de los tam
tam de su vientre, siguió un largo, larguísimo momento en que se quedó´pegado
contra mí. En ese largo momento, su mano como un acto reflejo arreció con sus
apretones y me hizo volcar todo mi semen en los pantalones, mientras ella se me
agarraba fuertemente, como para no caer. Nos quedamos mirándonos con ojos
vidriosos por la gran acabada. Y, no puedo decirlo con seguridad porque no veía
bien, pero me pareció que el tipo de atrás también estaba con los ojos
vidriosos.


Antes de bajarnos ella le entregó un papelito al hombre,
"tome joven, se le cayó este papelito" Nunca supe como había hecho ella para
verlo y más aún recogerlo del suelo, para dárselo. "Gracias, señorita, me
hubiera gustado recogerlo yo." "No lo dudo, joven, no lo dudo..." contestó ella
con una sonrisa. El tipo miró el papelito, que parecía tener un número de
teléfono y se lo guardó con una sonrisa.


Ya en la calle, yo miré el enchastre en mis pantalones y le
dije "¡Qué paja que me hiciste, mi vida!" Ella parecía un poco ausente con una
sonrisa enigmática. Y supe que ella también había disfrutado como en ninguna de
las pajas anteriores que me había hecho y me enorgullecí. Pronto será mía,
pensé. Me llamó la atención al mirarla de atrás, ver lo arrugada que estaba la
parte de atrás de su falda, y los hilos blancos que le chorreaban por el
interior de los muslos. Parecía semen, pero nunca entendí cómo mi semen podía
haber pasado de debajo de mi pantalón debajo de su faldita. Pero son esas
cuestiones de la sexualidad que nunca terminaré de entender. Quise sacar
nuevamente el tema, pero ya estábamos en un lugar oportuno y Alicia me hizo otra
paja que me llevó al olvido de todo.




Capítulo 8. Mi novia Alicia recibía muchas llamadas
telefónicas...




Alicia tenía muchas amistades, amigos, principalmente. Y a
veces la llamaban por teléfono. Si atendía yo le pasaba la comunicación, y ella
atendía con voz sensual y hablaba en forma misteriosa, con pequeños monosílabos.
"Sí... no... sí..., aquí al lado mío... ¿dónde?... ¿en tu casa?... ¿a qué
hora...?... Sí, voy a poder... dentro de un rato lo despacho... yo también... un
beso... sí, ahí... otro beso..." Y demás tonterías, que no recuerdo exactamente
ya que apenas atendía el teléfono, Ali echaba mano de mi poronga y me hacía una
de esas pajas a las que me tenía acostrumbrado y me costaba entender lo que
decía o con quien hablaba. Debo confesar que, está mal sí´, pero no puedo evitar
que esas pajas me desconcentren.


Y "por las dudas", como decía ella, antes de salir adonde
tuviera que ir, me hacía dos pajas más, a conciencia, que me dejaban
completamente desconcentrado y embobado. Ya ni le preguntaba por qué no me
dejaba cogérla, porque sino comenzaba con otra paja. "Yo creo que una no debe
entregarse al novio, si quiere llevarlo al matrimonio" me decía, "no al novio,
de ninguna manera al novio" Y me dejaba muy pero muy acabado, y salía a sus
citas de estudio, o de lo que fueran, que nunca pude enterarme porque en cuanto
le preguntaba recibía una paja.


Pero me preocupa Alicia, con su negativa a dejarme
penetrarla. ¿Será frígida?


Otro día te sigo contando.



Si se te ocurre alguna idea sobre el problema de mi novia
Alicia, te agradeceré que me la cuentes escribiéndome a
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO



¿ Quieres conocerme ? soy de   y busco sexo
Inscribete y nos conocemos en el chat  - Pulsa aqui - Inscripcion gratis -



Relato: Mi novia, Alicia, me tiene preocupado... (01)
Leida: 4 veces
Tiempo de lectura: 12 minuto/s




Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Foro porno
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Encuestas

Afiliados
webcams porno
porno
sexo
sexo gratis
zoofilia
porno gratis
relatos eroticos
videos porno por sms
sexo
poemas de amor
lesbianas
sexo anal
gordas
orgias
gays
peliculas porno
television porno
hentai
mamadas
porno gratis
porno
webcams porno
webcams porno
travestis
sexo
negras
videos porno