Recogí la hoja del piso haciéndome la seria y retiré mi
mirada de la suya,… quería dominar la situación en todo momento. Continué
comentándole acerca de los lineamientos de la empresa e incluso le enseñé una
presentación de la firma con el fin que supiera para qué tipo de personas iba a
trabajar. Esto para cualquier otro empleado habría sido demasiado pero quería
que Alex estuviera a mi lado un rato mas aunque fuera con esa tonta excusa.
Le pedí entonces que me llevara al centro de la ciudad a una
cita que no había podido eludir, por mí me hubiera quedado un rato mas en mi
escritorio junto a mi nueva adquisición disfrutando de su olor, de su
nerviosismo, pero… primero lo primero.
Sentados en el carro por el rabillo del ojo pude ver como
Alex me miraba por el espejo retrovisor de rato en rato, especialmente en los
cruces semaforizados. Confirmé con sus miradas furtivas que no le era
indiferente y más porque ese día estaba especialmente sexy con mi vestido tipo
sastre color gris de dos piezas una de las cuales era una falda por encima de la
rodilla que se subía un poco mas al cruzar las piernas. Completaba el atuendo
una blusa rosada, de botones, la cual podía apuntar o desapuntar fácilmente
según la situación…
Al bajarme del carro abrí un poco mis piernas a propósito
haciéndome la descuidada; hubiera dado cualquier cosa por ver su cara pero no
podía mirarlo para que no notara la premeditación de mis movimientos. Luego para
completar mi "faena" estando de pie junto a la puerta me agaché dentro del carro
a buscar mi bolso y mi maletín para regalarle de nuevo la vista de mi escote.
Al cerrar la puerta me acerqué a la ventana delantera
contraria a donde el estaba sentado y le pedí que buscara donde estacionarse y
me recogiera exactamente en media hora. Entonces si pude observar su bello
rostro moreno el cual era una mezcla de confusión, ansiedad y respeto.
Di media vuelta con toda la feminidad de la cual era capaz,
caminando lentamente alejándome de el hacia el edificio… no se movió de su lugar
hasta que yo entré.
En la reunión estuve bastante desconcentrada, lo último que
quería hacer aquella mañana era trabajar, todos mis pensamientos estaban
concentrados en mi potrillo, como había decidido llamarlo cariñosamente, pensaba
en su piel dorada, en sus ojos negros, brillantes y despiertos, en su nariz
perfilada, en su boca tan bien delineada, como si hubiera sido hecha por la mano
de un artista con un pincel y aparte de las cosas externas pensaba en su ternura
y en sus hormonas que debía tener alborotadas por la edad.
Media hora después salí y el me estaba esperando como
habíamos quedado. Esta vez un poco menos nervioso atinó a abrirme la puerta del
carro y me subí. El camino de regreso a la oficina transcurrió sin mayores
contratiempos y apenas si cruzamos palabra.
Transcurrieron así unos días en los cuales con mis actitudes
comencé a encenderlo cada vez mas, haciendo que el me deseara, que no tuviera
paz si yo no estaba a su lado…
Una mañana pasó como de costumbre a mi casa para llevarme a
la oficina con la diferencia que ese día se me hizo tarde a propósito, esto con
el fin que el me encontrara en bata, recién salida del baño, con el cabello aún
húmedo. Estaba sola así que abrí la puerta, con la bata abierta por supuesto
dejando ver un pequeño camisón blanco no muy corto pero bastante insinuante pues
se pegaba a la piel mojada, marcaba mis pezones y mis muslos provocativamente
como una segunda piel. El se quedó de piedra al verme, disfruté enormemente
viendo su expresión de asombro y a la vez de agradecimiento por el sensual
espectáculo que se ofrecía ante sus ojos de manera inesperada pero ansiada.
Marcela: Pasa Alex, estoy terminando de arreglarme,
espérame en la sala que no me demoro.
Alex: (algo tartamudo) … si….
Marcela: Y deja esa cara, o es que acaso nunca has visto
una mujer en bata?
Y diciendo esto me acerqué a el que seguía parado en la
puerta y lo halé hacia dentro tomándolo por el brazo pues supuse que seguiría
allí parado indefinidamente de no hacerlo.
Marcela: Ponte cómodo, deseas algo de tomar o comer?
Alex: No…. no señora, muchas gracias, ya desayuné.
Marcela: No seas tímido Alex, te traeré un vaso de jugo.
Volví llevándole lo prometido y coloqué la bandeja en una
mesita junto al sillón donde el estaba sentado.
Me fui para mi cuarto y comencé a vestirme. Cuando iba a
cerrarme el vestido encontré la excusa perfecta para llamarlo a mi alcoba pues
este era de cierre trasero.
Marcela: Alex, podrías venir un momento por favor a
ayudarme con una cosa?
En menos de lo que tardé en decirlo estuvo en la alcoba.
Marcela: Podrías cerrar la cremallera del vestido por
favor?
No supe en ese instante si el muchacho era sordo o era tan
tímido que no podía moverse.
Marcela: Tengo que repetírtelo Alex? Sube la cremallera
de inmediato.
Alex: Si,… si señora disculpe…
Sentí entonces sus frías manos apoyarse en mi espalda para
subir mi cierre lentamente en un momento que se me antojó extremadamente
delicioso, sentir sus manos temblorosas, el frío de su piel, lo apenado que
estaba por no haber podido hacerme el "favor" con prontitud, todo eso me
excitaba sobremanera, de un modo que hasta ahora comenzaba a descubrir.