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Relato: Mi mujer esclava por e-mail





Relato: Mi mujer esclava por e-mail

  

Hace tiempo que no había escrito porque después de las
vacaciones que os conté en Tenerife no había ocurrido nada en la vida sexual mía
y de mi mujer que fuera digno de contar. Ahora os escribo este relato de algo
que ha surgido y del cual yo me he enterado por medio de unos discos de
ordenador que encontré escondidos en uno de los cajones de la mesita de noche de
mi mujer, debajo de su ropa interior.



Hace unas semanas cogí los discos y empecé a revisarlos. En
ellos estaban grabados los e-mail mandados entre mi mujer y un tal señor Javier
que hablaban de la relación amo-sumisa que ellos mantenían. La relación comienza
con un anuncio en una pagina de contactos de d/s el cual decía:



Soy una mujer joven (28 años)casada, alta y bastante guapa.
Hace un tiempo mi marido me inició, durante unas vacaciones, en el mundo de la
dominación. En aquellas vacaciones disfrute bastante, pero después él no se ha
mostrado interesado en seguir con estos juegos, y a mí, me pica mucho la
curiosidad por este tema. Si hay algún hombre interesado en ser mi amo ruego me
escriba un e-mail, si me gusta podemos empezar escribiéndonos y con el tiempo
llegaríamos a conocernos. Gracias anticipadas por escribir y prometo contestar a
todos.



La contestación a este anuncio fue la siguiente:



Hola, para ti, de ahora en adelante, seré el señor Javier. Si
estas interesada en ser mi puta sumisa me escribirás antes de siete días
contándome con detalle como has cumplido las ordenes que aquí te envío.



-siempre te dirigirás a mi como señor Javier.


-no me harás pregunta alguna sobre mi, yo no te voy a mentir,
pero solo te contaré lo que yo quiera y cuando yo quiera.


-lo primero que harás es ir a un estudio de fotografía y
hacerte cuatro fotos desnuda, si no quieres mostrarme tu rostro aún, te lo
puedes cubrir con un antifaz o algo similar. Las fotos deben ser: una de frente
con las manos en la nuca y las piernas lo suficientemente abiertas para que
pueda ver tu coño.


Otra de espalda con las manos en los costados, completamente
erguida, las piernas ligeramente separadas y unos zapatos de tacón de aguja de
al menos siete centímetros de altura.


Otra de espalda, con las piernas abiertas, agachada hacia
delante formando un ángulo de noventa grados con el cuerpo y las piernas, y los
mismos zapatos de tacón de aguja.


Y la ultima de perfil con la espalda arqueada hacia atrás y
el cuerpo ligeramente girado hacia la cámara y las manos en la nuca para que tus
tetas miren hacia arriba.


Cuando recojas las fotos debes pedirlas en fotografía tamaño
30x20 y también en un disco de ordenador para que cuando me las envíes, tengan
buena calidad, y así, pueda yo apreciar bien todo tu cuerpo, con todo detalle.



 


-Ve a un sex-shop y compras unas bolas chinas de seis bolas y
de mayor a menor la más pequeña debe ser del tamaño de una aceituna. Antes de
escribirme debes salir cinco días con las bolas metidas en tu coño a andar por
tu pueblo una hora diaria. Has de ir lo mas rápida que puedas, pero sin bajar el
ritmo durante todo el trayecto, y por supuesto, sin pararte.



-Tienes que acostarte a dormir la siesta el último día, en
una habitación de tu casa donde tu sepas que algún vecino (hombre) te va ha ver,
has de estar acostada una hora y media con las piernas abiertas, los pies en
dirección a la ventana, y la cabeza, en la pared contraria a la ventana. Solo
llevaras puesto un tanga pequeñito y un sujetador transparente.



 


 


 


 


 


- Durante estos siete días no podrás tener relaciones
sexuales con tu marido. Por supuesto, ni con ninguna otra persona, ni tampoco
masturbarte. Tu coño estará solamente a mi disposición, y solo lo usarás,
cuando, y para lo que yo te ordene.



Espero recibir una respuesta tuya el próximo viernes por la
tarde. Me tienes que enviar las cuatro fotos que te he pedido, las que están
grabadas en el disco. Me describes con detalle, todas las sensaciones que has
tenido al cumplir cada una de mis ordenes. Quiero que me detalles si te dio
vergüenza alguna situación, cual de ellas te excitó mas, lo que más te costó
hacer, si alguna de estas ordenes, al cumplirla, te ha llevado a conseguir un
orgasmo, el orden en el que las has cumplido, si te has sentido a gusto haciendo
lo que has hecho o algo te ha costado mucho hacerlo y si al final lo has
disfrutado. Quiero que me lo detalles todo, sin olvidar ningún detalle por
pequeño que a ti te parezca.



Abriré el correo el viernes a las nueve horas y treinta
minutos.



 


El próximo e-mail era la respuesta de mi mujer. Como ustedes
ya imaginarán, si hubo respuesta, es porque ella se prestó al juego de ser la
esclava de ese tal señor Javier. Este mensaje decía lo siguiente:



 


Señor Javier he cumplido las ordenes que usted me envió.
Algunas me ha costado mucho cumplirlas, sobre todo las dos en que me tenían que
ver desnuda personas que yo no conozco. Me da mucha vergüenza estar sin nada de
ropa delante de alguien. A continuación le redacto como he hecho todo lo que
usted me ordenó.



Cuando recibí su e-mail al leerlo me puse bastante cachonda.
Mientras lo leía empecé a sentir una sensación de cosquilleo en mi entrepierna,
me dio mas calor de lo habitual y una sensación rara por todo mi cuerpo. Si
usted no me hubiese prohibido masturbarme lo habría hecho en aquel mismo
momento. Después de dudar por un buen rato si hacer lo que se me ordenaba,
decidí probar a ver si era capaz de hacerlo y si realmente lo disfrutaría, ya
que la experiencia que yo tuve, fue mi marido el que me lo hizo todo. Yo solo me
dejaba hacer y lo disfrutaba, pero aquí era diferente, yo era la que tendría que
hacer las cosas sola.


Ya decidida, busqué en las paginas amarillas los números de
teléfono de unos pocos estudios de fotografía en Murcia, que es la ciudad mas
próxima al pueblo donde yo vivo, y después de que en dos de ellos me dijeran que
no hacían esa clase de trabajos, encontré uno en el que no me pusieron ningún
tipo de problema. Me dieron hora para el lunes a las seis de la tarde ya que por
la mañana no podía ser.


Al tener que desplazarme, aprovecharía para comprar las
bolas, pero como solo me quedaban cinco días hasta el viernes, este mismo día
tendría que dar el primer paseo con ellas dentro de mí así que me fui por la
mañana temprano. A mi marido le dije que era por unos papeles de mi trabajo y
que por la tarde había quedado con una amiga para charlar un rato.


Bajé del autobús sobre las diez de la mañana, fui andando
hasta un sex-shop, esperé un rato hasta que casi no hubo gente en la calle y
entré. Supongo que debido a que era lunes y bastante temprano solo estaba el
dependiente. Era un chico de unos veinticinco años alto y no muy guapo. Me
saludo al entrar, y al cabo de unos quince minutos viéndome, dar vueltas
buscando, se me acerco y me preguntó si buscaba algo en especial. A mi me dio
mucha vergüenza pero ya sin echarme atrás, le conteste que si,unas bolas chinas,
él me indicó que le siguiera, me llevo a una vitrina y me enseño varios modelos
para elegir. El modelo que usted me había mandado comprar no lo veía allí,
empecé a ponerme más nerviosa, el chico me preguntó si había algún problema y
entonces yo le expliqué que necesitaba que fueran seis bolas de mayor a menor y
la mas pequeña, del tamaño aproximado de una aceituna.


El chico me hizo seguirle al almacén y después de buscar un
rato me saco unas como las que usted quería. Cuando yo creí que ya estaba, el
chico, me pregunta si las quería para el coño o para el culo. Ahí debí ponerme
hasta roja ya que él se apresuró a explicarme que si eran para su uso por el
culo las ultimas eran un poco grandes y si no estaba acostumbrada me dolería
mucho al utilizarlas. Yo le dije que no se preocupara que eran para el coño y
que sabía utilizarlas, cosa que no era cierta. Salimos fuera y aún roja de
vergüenza le pagué y me fui rápidamente.



 


 


De allí fui al servicio de un bar a ponerme las bolas y a
cumplir el primer recorrido. Cuando me baje las bragas y empecé a meterme las
bolas me sorprendió la facilidad con la que entraban ya que tenia el coño
empapado de los jugos que había soltado durante la compra de las bolas. Me las
puse, salí del aseo y pedí un café en la barra, me lo tome y me fui a andar con
las bolas moviéndose dentro de mí. La sensación que producen las bolas rozando
entre ellas y a la vez en las paredes de mi vagina es algo que nunca antes había
experimentado. En algunos momentos las piernas se me doblaban solas y mas de una
vez estuve a punto de caerme. Las bragas las tenía empapadas de jugos, de no
haberlas llevado creo que mis líquidos hubieran chorreado hasta los pies dada la
cantidad de liquido que me salía. Notaba las bolas rozarse entre sí, que parecía
tener dentro del coño dedos acariciando suavemente las paredes de mi vagina. A
los treinta y cinco ó cuarenta minutos de ir con las bolas en mi coño empecé a
sentir que ya no aguantaba mas, me vino un orgasmo sensacional y otro seguido.
Imagínese, señor, cuando me estaba corriendo en plena calle, llena de gente, e
intentaba evitar que se me notara. No se si alguien se dio cuenta, pero en ese
momento yo creía que toda la gente sabía lo que me estaba pasando. Me fui de
allí lo mas rápido que pude. Durante el resto del paseo, aunque tenía el coño
muy sensible, ya no me corrí. Entre en el servicio de otro bar y antes de
sacarme las bolas apreté fuerte los muslos y rozándolos entre si tuve otro
orgasmo.


Allí mismo me tuve que quitar las bragas, como no me conocía
nadie las dejé en la papelera. Fui a un centro comercial, compré un tanga y un
antifaz de gatita pensando que a mi señor le gustaría. Me puse el tanga en el
servicio y fui a comer al restaurante.



Después de tomar un par de copas en una cafetería me dirigí
al estudio fotográfico dispuesta a cumplir otra de las ordenes de mi señor.


Entré y un dependiente me preguntó que deseaba, le dije que
tenía hora para una sesión fotográfica, tras darle el nombre me acompaño a una
de las salas. La sala tenía unas telas al fondo que caían del techo, delante un
sillón de madera antigua y en el centro de la sala dos trípodes, uno con una
cámara de video y el otro con una cámara fotográfica. A ambos lados dos focos.
En la parte contraria de la sala un espejo, una silla y una estantería con
productos para maquillarse.


Estaba yo mirando todo aquello cuando me sorprendió una voz
masculina que decía, señorita, empezamos cuando usted quiera. Me explica como
quiere que le tome las fotos y mientras yo preparo la cámara usted se va
desnudando. Era un hombre de unos cincuenta años, lo que me daba aún mas
vergüenza estar desnuda delante suyo.



Le explique que quería una foto de frente con las manos en la
nuca y las piernas abiertas, otra de perfil con la espalda arqueada hacia atrás
y el cuerpo ligeramente girado hacia la cámara, otra de espalda con los brazos
en los costados, erguida, y las piernas abiertas y por último, una de espalda
agachada hacia adelante y con las piernas bien abiertas.



Mientras le explicaba esto yo estaba muerta de vergüenza e
intente justificarme un poco diciéndole que las fotos eran para mi marido para
darle una sorpresa. Él sonrió y me indico que me desnudara. Me desnudé y cuado
me puse los zapatos de tacón y el antifaz, me miro y me pregunto si mi marido
era mi amo yo me puse roja y con la cabeza agachada le contesté que si. Me
indicó donde debía colocarme y me dijo que si era una esclava estaría
acostumbrada a estar desnuda en publico así que llamaría a sus compañeros a
presenciar la sesión, yo ni siquiera le pude contestar.



Con sus tres compañeros allí empezó a decirme:


Ponte de frente, las manos detrás de la cabeza, mira al
techo, abre las piernas, un poco mas que no se te ve nada. Ahora da media
vuelta, no así no, Juan ayúdale, a ver la cabeza arriba, las manos detrás de la
nuca, bien, gírale los hombros hacia mi que se vean bien esas tetas que seguro
es lo que quiere su amo, así esta. Ahora de espalda, las manos abajo y las
piernas un poco abiertas, así esta bien y la última agáchala hacia delante, un
poco mas, vale, ahora las piernas, ábrelas, mas, mas, Juan ábreselas tu. Me
abrió las piernas hasta que se abrieron los labios mayores y así vieron el
brillo de mi humedad, ya que a pesar de la humillación que me estaban haciendo
pasar estaba muy mojada. Has visto como se esta poniendo de cachonda, anda
tócale un poco ese coñito a ver si le gusta. Por favor eso no, les dije yo pero
el tal Juan me metió dos dedos y estuvo moviéndolos un poco dentro de mi. El
hombre tiró la foto y me dijeron que ya me podía vestir y que las fotos estarían
en dos días. Le dije que me sacaran una copia en disco para el ordenador y me
fui.




Los próximos días solo tenía que salir a pasear con las bolas
dentro de mi, así que busqué una ruta donde no hubiese mucha gente y todos los
días de cinco a seis de la tarde me dediqué a cumplir con mi obligación de andar
con las bolas dentro de mi coño.


Los paseos fueron similares, cuando me ponía las bolas ya
estaba mojada solo de pensar lo que tenía que hacer. La sensación tan rica que
producen las bolas no disminuía por la costumbre de salir a diario. Todos los
días he tenido uno ó dos orgasmos y siempre que había alguien cerca tenía la
sensación de que sabía lo que me estaba ocurriendo. Auque me daba mucha
vergüenza me excitaba mucho esta situación. Cuando tenía un orgasmo y había
alguien cerca me producía mucho mas placer que cuando estaba sola.



Para cumplir la ultima de sus ordenes tuve que observar
durante toda la semana si algún vecino tenía por costumbre estar en algún sitio
siempre a la misma hora y que desde allí me pudiera ver. Solo localicé a un
chico que todos los días a las tres y media salía a tender ropa al patio de
luces del edificio, como era la única alternativa tendría que ser él, quien me
viera durmiendo la siesta con tan minúscula lencería .



El viernes, a las tres y media, empecé a vestirme para la
siesta como usted me ordenó. Me puse el tanga, era de color negro y muy pequeño,
apenas un triangulo para tapar escasamente los labios de mi coño y dejando ver
por los lados mi vello púbico, y un sujetador transparente también de color
negro que contrasta con mi piel, que es muy blanca, como usted podrá comprobar
en las fotos, y con mis pezones grandes y rosados.



Me acosté diez minutos antes de que él saliera, cuando salió,
al principio no se dio cuenta que yo estaba allí. Al cabo de cinco minutos se
fijó en mi, primero disimuladamente, y al pensar que yo estaba dormida, incluso
se acercó hasta el cristal para verme mejor. Él creía que yo estaba dormida y
eso me daba mucha seguridad y evitaba que me diera vergüenza, así yo me ponía en
posturas muy provocadoras fingiendo dar vueltas dormida. Tal era mi grado de
excitación que llegué incluso a apartarme el tanga a un lado en una de esas
vueltas, para que aquel tipo pudiera ver mi coño desnudo, y mostrárselo en todo
su esplendor con las piernas bien abiertas. Aquel chico desapareció durante un
par de minutos y volvió con tres de sus compañeros de piso. Uno de ellos tría
una cámara de video y me estuvieron grabando un rato. Yo estaba como loca me
encantaba exhibirme, porque ellos creían que estaba dormida. No pensaba en lo
que estaba haciendo, ya que mis propios vecinos me estaban grabando en video y
en posturas muy comprometedoras.


Estuvieron por lo menos dos horas viéndome, grabándome y
comentando cosas. Supongo que lo que les gustaba y lo que no de mi cuerpo, el
que pudieron admirar a su antojo ya que incuso dejé en una ocasión una teta
fuera del sujetador para que la pudieran ver. Cuando ellos se fueron me levanté
me vestí y me dispuse a escribir este e-mail.



En lo de no hacer el amor lo he cumplido como usted me
ordenó, aunque mi marido está muy mosqueado. Desearía que la próxima vez me
dejara echar al menos un polvo, gracias



Señor espero haber cumplido sus órdenes como usted esperaba
que lo hiciera. Espero no haberle defraudado y que siga usted ordenándome cosas
para que yo pueda seguir obedeciéndole.



Si algo de lo que hecho no ha sido de su agrado la próxima
vez lo mejoraré. Muchas gracias por haberme mandado su e-mail y espero el
próximo.



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Relato: Mi mujer esclava por e-mail
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