relatos porno
webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Todos adoran mi enorme clítoris (1)





Relato: Todos adoran mi enorme clítoris (1)

  

Todos adoran mi enorme clítoris (1) por Lado Oscuro 4 (POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO)



No es por vanagloriarme, pero mi clítoris en estado de reposo
mide dos centímetros y medio. Y cuando se excita mide cuatro centímetros y
medio. Y cuando lo muestro, todos me lo quieren chupar.


Al principio me desean por mi soberbio culo, mi cinturita o
mis tetas, o por mi cara de niña perversa, pese a mis cuarenta y cinco. Pero
cuando me ven el clítoris se vuelven locos. Hombres, mujeres, de todas las
edades.


Recuerdo una visita que hice a una doctora para "ver el
problema de mi clítoris". En realidad yo quería una buena mamada, y sabía que
bastaría con mostrarle mi clítoris a la médica.


-Doctora, he venido a verla, porque mi clítoris me tiene a
mal traer.


-¿Cuál es el problema? Cuentemé.-


-El problema es que todo el tiempo me pica, y me lo tengo que
hacer chupar, para quedarme un poco tranquila.-


-Y, ¿por quién se lo hace chupar?- se interesó la médica.


-Por cualquiera, para eso no tengo problema. Todos me lo
quieren chupar en cuanto se los muestro.


-Que raro, nunca escuché de algo así..., a ver, sáquese la
ropa.-


Estaba lista para eso. Me saqué la blusa y, cuando hice lo
propio con el brassier, mis tetas saltaron afuera y la médica abrió los ojos,
mirando mis desbordantes enormidades. Aclaremos esto: siempre tuve tetas grandes
y paradas. Y cuando a los treinta y cinco temí que pudieran vencérseme, me hice
una cirugía que me aseguró que siempre estarían bien altas y, de paso, me hice
agregar unos cuantos decímetros que dejaron a mis tetazas convertidas en dos
monstruosidades capaces de noquear a cualquiera, fuera hombre, mujer, niño o
niña. Tengo dos enormes pezones rozados, de un diámetro de ocho centímetros, y
una piel suave y perfecta que engalana mis voluptuosidades. Así que no fue de
extrañar que la doctora se quedara turulata con la visión de mis melonazos. Ese
fue el primer estrago que produje en su actitud profesional. Pude ver que sus
ojos se habían humedecido, que ella tragaba saliva y trataba de mantener la
compostura. –Bi-bien...- tragó saliva, -sasáquese el re-resto...-


Bien erguida, de modo que mis tetas lucieran esplendorosas,
me saqué la faldita, dejando a su vista mi espléndido culo apenas cubierto por
una braguita transparente.


-¿Le parece que me saque también los tacos altos, doctora?-
Eran tacos en verdad muy altos, tipo tacos aguja, y yo sabía que me daban un
look espectacular.


-N-no, así está bien, déjeselos...-


Me senté sobre la camilla, con las braguitas todavía puestas.
No quería acelerar demasiado el trámite, sabía que en cuanto la mujer viera mi
gran clítoris estaría perdida. Me quedé sentada sobre mi maravilloso culo, bien
erguida, dándole un espectáculo que estaba soliviantando su moral. Y decidí
avanzar un poco más.


-El problema es que mi clítoris es enorme, doctora. Cuando
cumplí doce años todas mis compañeritas me lo querían chupar. Y tenía un montón
de orgasmos por día...-


-Aah...- balbuceó la médica, aclarándose la voz.


-Y después estaba mi tío, de treinta, que estaba loco por mi
hermoso atributo.


-S-su tío?...-


-¡Y mi vecina! ¡La señora Clara, del quinto "B", que siempre
me pedía que le fuera a "hacer compañía", o al menos eso le decía a mi mamá, y
desde que llegaba hasta que me iba, no hacía más que jugar con mi clítoris. Me
lo tocaba, me lo pajeaba, me lo besaba, me lo chupaba, que sé yo, me hacía tener
montones de orgasmos en cada tarde que pasábamos juntas. Y yo sólo tenía doce
añitos. Pero tantas chupadas a mi clítoris me lo hicieron seguir desarrollando.
¡Y lo tengo tan sensible...! ¡Usted no se imagina lo sensible que es mi
clítoris, doctora!-


-¿N-no...?- tartamudeó la doctora.


-¡Por eso se lo quiero mostrar, para que comprenda mi
problema!- y poniéndome de pié y de espaldas a ella, me bajé lentamente mis
braguitas, mostrándole, paso a paso la esplendidez de mi culo.


Luego volví a sentarme, totalmente desnuda y esplendorosa,
ante sus ojos azorados que me miraban con timidez y deseo. Advirtió la abundante
pelambre que precedía a mi concha.


-¡Q-qué pepeluda...!- no pudo menos que exclamar.


-¡Menos mal que tengo la concha tan peluda, doctora, así
protejo mi clítoris de los roces y miradas!-


-Cla-cla-claro, pero mués-muestreme ese famoso clítoris- dijo
tratando de disimular con su pequeña broma la ansiedad que tenía por ver mi
aparatito.


Abrí lentamente las piernas, dejando ante sus ojos –la
doctora se había sentado en un banquillo frente a la camilla, de modo que sus
ojos estaban en línea recta con mi concha. Levanté las rodillas, de modo que
pudiera ver también mi ojetito. -¡Estoy recién bañadita, doctora, así que puede
revisarme a gusto!- Y abrí un poco más las rodillas, para que mis muslos le
mostraran mi concha. La mujer, tragando saliva, se acercó hasta unos pocos
centímetros de mi sexo.


-¿Es-está se-segura de que está recién bañadita? Yo siento
olor a sexo...-


-Es porque ese es mi sexo, doctora, y hablar de todo esto
siempre me excita...- Le tomé una de sus manos y la guié hacia mi concha.
-¡Toque, doctora, sé que tiene que revisarme, así que me sacaré la vergüenza!- Y
le puse sus dedos a la entrada de mi vagina, que estaba bastante húmeda.
Instintivamente, ella separó el vello púbico, buscando el clítoris. Enseguida lo
encontró, claro. Estaba erecto como un pequeño nabito a punto de explotar.


-¡Madre mía!- exclamó la médica con una ronca agitación en la
voz. Ya la tenía donde quería.


-¡Tóquemelo, doctora! ¡Quiero que vea lo sensible que es!-


La mujer, obedientemente, tocó mi clítoris con la yema de dos
de sus dedos. Y mi clítoris dio un pequeño saltito. -¡Ayy, doctora...! ¡Tóquelo,
pero con más cuidado...!- dije con un suspiro ronco. Levantó los ojos hasta
enfrentar los míos, que la miraban desde arriba con una sonrisa amplia y un
toque de ironía, como si dijeran "Aquí te tengo, a punto de chuparme la concha,
y lo deseas locamente..."


-¡Así síii... doctora. Acaríciemelo suavemente... ¿Ve que
duro se me ha puesto...? ¡Fíjese como han aumentado mis jugos! ¡Usted es buena
en esto, doctora! ¿Siente como aumenta el olor de mi conchita?-


La mujer sólo pudo responder con un jadeo bajo.


-¡Pero si no le acerca la boca no va a poder hacer una
revisación a fondo, doctora...!- La mujer, obediente, acercó la boca a mi
clítoris. -¡Tóquelo con los labios y sienta su calentura y su vibración...!- Y
después de unos momentos sentí como su boca tocaba mi clítoris en casi un beso.
Le agarré la cabeza empujándola hacia delante. Y sus labios rodearon mi clítoris
en lo que ya era un beso, íntimo, lento. Un beso que la doctora estaba
saboreando ya, no había duda. Le sostuve la cabeza contra mi concha. -¡Ayy,
doctora, cómo me caliento...!- Su cabeza estaba entre mis muslos que la
apresaban para que no pudiera salirse de mi concha.


-¡Eso, doctorita, chúpemelo...!- la mujer ya estaba en mi
poder, para lo que yo quisiera. Su boca, prisionera de la atracción de mi
tremendo clítoris no podía dejar de chupar y lamer con pasión. Así que,
apretándole más la cabeza, me vine en su cara. -¡Ahhh... ahhh... ayyy... qué
di-vi-no...!- Y le refregué mi sexo contra su cara.


Luego me paré de un saltito y pude ver el extravío en sus
ojos. Dándome vuelta le puse mi escultural culo frente a la cara. Y para
animarla, tomé su nuca y aplasté su rostro contra mis glúteos. Sin decir palabra
le frote la cara con mis nalgas, hasta que sentí su lengua trabajando entre
ellas. -¡Siempre que acabo por una buena chupada de clítoris necesito una buena
chupada de culo, doctora! ¿Piensa que está mal?- Ella farbulló algo
ininteligible con su boca enterrada entre mis nalgas. No se pudo entender, pero
pienso que me quiso decir que no, que no estaba mal que me hiciera chupar el
culo. Bueno, ahí tenía otra mujer ocupada con mis partes bajas, como había
llevado a tantas otras –y tantos otros- a hacerlo por pura sumisión apasionada.


-¡No sabe las cosas que les hago a hombres y mujeres con mi
gran culo...!- La pobre tenía la nariz aprisionada entre mis glúteos, y apenas
la sacaba para respirar, para luego volver a enterrarla en las profundidades,
mientras su lengua no dejaba de lamer.


-¡Se está cansando, doctora! ¡Permítame acomodarla mejor!- Y
acostándola sobre la camilla me senté sobre su rostro. -¿Verdad que está más
cómoda doctora?- y le aplasté la cara entre mis nalgas abiertas. La escuché
gemir. La situación la estaba calentando mucho, pobrecita. Y el sólo pensarlo me
llevó a mi orgasmo de culo. Se lo retorcí contra su boca y sentí sus jadeos cada
vez más acelerados hasta que la escuché acabar, totalmente entregada.


Me levanté para observar su rostro que lucía una expresión de
extravío en sus ojos vidriosos.


Me volví a sentar a horcajadas de su boca, esta vez
poniéndole la concha. -¡Volvamos al clítoris, doctora, así puede seguir su
revisación...!- Y le metí el clítoris entre los labios. A partir de ahí la cosa
fue pura diversión, para mí al menos, que le restregaba el clítoris por toda la
cara, para luego volvérselo a meter en la boca. Y cogerle la boca como si mi
clítoris fuera una pequeña pija. Y movía mi concha en círculos sobre su cara, y
para atrás y adelante en vaivén. ¡Revíseme bien, doctorcita!- Y abría bien la
concha para meterle la cara adentro, y la revolvía sobre su rostro, hasta que la
calentura de la situación y las frotaciones me dieron el mejor orgasmo de esa
semana. Todo sobre su cara, por supuesto. Después de mantener un rato mi concha
sobre su cara, se la saqué suavemente, haciendo un ruido de sopapa.


Ella quedó completamente derrengada, sobre la camilla, con el
cuello y la pechera de su guardapolvo completamente enchastrados por mis jugos.


La ayudé a levantarse sobre sus inseguros pies. Me miraba con
ojos desenfocados. Evidentemente no sabía muy bien donde estaba. Había observado
eso muchas veces en personas recién pasadas bajo mi concha o culo, esa expresión
de estupidez embobada, de turbiedad en la mirada. La doctora ni siquiera había
comenzado a recuperarse. Así que aproveché y le dije: -¿Ya tiene el diagnóstico
de mi problema, doctora?- Me miró tratando de comprender de qué le hablaba,
evidentemente mi culo y mi concha seguían sobre su cara, todavía. Así que abrió
la boca como tratando de decir algo, pero no salió palabra alguna. -¡Comprendo,
doctora, necesita elaborar mejor mi caso! Volveré el viernes para que me dé su
diagnóstico- Ella se balanceaba incierta, frente a mí, le costaba mantener el
equilibrio. Además, mis tetas al aire atrapaban su mirada, aún desenfocada. Le
di la mano, con firmeza, -¡entonces nos vemos el viernes, pero antes déjeme
agradecerle lo bien que me ha atendido, doctora!- Y poniéndole mis tetonas casi
en su rostro le di un gran abrazo y un beso de lengua que la dejó pelotuda,
haciéndole sentir bien mis tetonas.


La dejé parada, en medio del consultorio, con todo el pelo
revuelto, la cara y el pelo empapados con mis jugos y llenos de olor a concha,
su guardapolvos totalmente empapado de jugos de concha, la mirada soñadora y la
vertical vacilante. Me vestí, y al salir del consultorio todavía estaba en la
misma situación. Le iba a costar reponerse.



Si quieres que te cuente más de mis andanzas y las andanzas
de mi irresistible clítoris y demás voluptuosidades escríbeme a
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO,
mencionándome el mismo. ¡Hasta pronto!




¿ Quieres conocerme ? soy de   y busco sexo
Inscribete y nos conocemos en el chat  - Pulsa aqui - Inscripcion gratis -



Relato: Todos adoran mi enorme clítoris (1)
Leida: 7 veces
Tiempo de lectura: 7 minuto/s




Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Foro porno
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Encuestas

Afiliados
webcams porno
porno
sexo
sexo gratis
zoofilia
porno gratis
relatos eroticos
videos porno por sms
sexo
poemas de amor
lesbianas
sexo anal
gordas
orgias
gays
peliculas porno
television porno
hentai
mamadas
porno gratis
porno
webcams porno
webcams porno
travestis
sexo
negras
videos porno