Me levanté tarde y Pepe ya se había ido para su casa. Aún
tenía algo de sueño y como era sábado me podía dar el lujo de permanecer en cama
un rato mas, quizá pasaría por la oficina mas tarde. Me desperecé como una niña
pequeña, a mis anchas en la cama matrimonial; en mi rostro se dibujaba una
sonrisa de satisfacción… no solo había pasado una noche de placer estupenda con
Pepe sino que había comprobado una vez mas que Alex estaba interesado en mí, lo
tenía justo donde yo quería aunque aún faltaba darle otros sutiles empujoncitos.
Pensando en esto me levanté de un brinco recordando que el había pasado allí la
noche. Me preguntaba qué estaría haciendo mi potrillo.
Pensé en colocarme una bata pero cambie de opinión, al fin y
al cabo estaba en mi casa. Hubiera podido salir a buscarlo desnuda pero no, me
gusta ser insinuante y provocadora pero no evidente. Me decidí al fin por un
camisón violeta que resaltaba mucho el color de mi blanca piel y salí a
buscarlo.
Estaba en la alcoba de servicio sentado en el borde de la
cama la cual había tendido cuidadosamente. Evidentemente ya se había bañado y
estaba vestido con la misma ropa del día anterior.
Marcela: Buenos días Alex, puedo pasar?
Alex: Buenos días doctora, por supuesto, esta en su casa.
Marcela: Durmió bien Alex?
Alex: Si señora gracias.
Marcela: Y hace mucho rato está despierto?
Alex: La verdad si señora, hace un par de horas, me gusta
levantarme temprano, luego no supe si irme sin avisar o dejarle una nota. Al fin
decidí esperar a que usted se levantara para ver que se le ofrecía.
Marcela: Gracias Alex, se que es uno de sus días de
descanso pero necesito ir a hacer unas compras por varios lugares y usted me
sería de gran ayuda. Por supuesto su trabajo no será gratis.
Alex: Lo se señora y se lo agradezco, no me vendría mal
un dinero extra.
Marcela: Muy bien Alex,… por cierto, tengo que pasar
primero por la oficina a recoger unos papeles.
Alex: Muy bien señora.
Marcela: Prepararé algo de desayunar para ambos.
Alex: Me da mucha vergüenza señora. No se como pagarle
todo lo que usted ha hecho y sigue haciendo por mi.
Marcela: No se preocupes Alex…. Ya veré la forma en que
pueda pagarme….
Alex: Cómo dijo señora?
Marcela: Nada Alex, mas bien vamos a la cocina y me
acompaña.
Alex: Perdóneme que opine señora pero… una mujer como
usted, tan fina y delicada no debería hacer esas cosas, me permite hacer el
desayuno a mi?
Marcela: De verdad Alex? Lo haría?
Alex: De verdad señora, nada me gustaría mas que poder
hacer eso y mas por usted.
Marcela: Eso me gusta mucho Alex. Entonces mientras usted
hace eso por mi yo me arreglo y ganamos tiempo.
Alex: Muy bien señora. Desea desayunar algo en especial?
Marcela: Nada en especial Alex, solo le digo que hoy
amanecí con mucha hambre, desayunare bien.
Alex: Bueno señora.
Me retiré a mi alcoba bastante satisfecha pues Alex era
demasiado solícito, no había que decirle las cosas para que el mismo se
ofreciera a hacerlas.
Me vestí muy deportiva ese día y no me maquillé. Lucía mas
joven, solo soy tres años mayor que Alex pero la vanidad es la vanidad.
Alex me esperaba en la cocina, había servido el desayuno allí
mismo en la mesita donde solo me sentaba a comer con mi esposo. Quedé gratamente
sorprendida con todo lo que Alex preparó, realmente no tuve queja, todo fue
delicioso.
Marcela: Es usted un gran cocinero Alex, casi un chef, no
sabía que tenía esas habilidades.
Alex: (algo sonrojado) Gracias señora, me esmeré
especialmente para complacerla.
Y después de una corta pausa…
Alex: Señora…
Marcela: Dígame Alex?
Alex: Perdóneme que se lo diga pero esta usted muy bella
hoy.
Marcela: Gracias Alex. Bueno… nos vamos?
Le resté importancia a sus palabras pero estaba realmente
complacida, por fin había dejado un poco su timidez y se había atrevido a
decirme un halago, las cosas parecían mejorar a cada momento.
Pasamos por la oficina donde no estuve mas de quince minutos.
Luego le pedí que me llevara a un centro comercial. Allí para su sorpresa no le
dije que me esperara en el carro como siempre sino que me acompañara a hacer las
compras.
Marcela: Pienso demorarme bastante así que es mejor que
vaya conmigo para que no se aburra tanto, al menos da una vuelta y se distrae,
aunque si prefiere quedarse hágalo, se que los hombres detestan ir de compras
con las mujeres.
Alex: No señora, como se le ocurre, yo encantado de
acompañarla. Además usted es mi patrona y es la que manda. Usted solo habla y yo
obedezco.
Esa última frase me excitó demasiado, sentí una mezcla de
poder y placer absolutamente irresistible. Eso era justo lo que deseaba oír, de
modo alguno quería forzar las cosas entre nosotros.
Era perfecto ir con Alex de compras y mas en el plan relajado
en que yo iba. Era mejor que ir con una amiga pues no era parlanchín, además
cargaba mis paquetes y todo lo que compraba para mi le parecía que me quedaba
perfecto, para el todo se me veía hermoso, todo me lucía, hasta un costal.
Pasamos por una boutique de lencería y el un poco apenado se
quedó algo aparte.
Marcela: Entre Alex, no sea tonto, o es que nunca ha
visto ropa interior femenina.
Alex: No señora,.. digo… si señora.
Marcela: Que opina de esta tanga blanca? Cree usted que
me quedará bien?
Y diciéndole esto le mostré una diminuta prenda sexy en
extremo y que apenas cubriría lo indispensable. El muchacho se puso rojo con
todo aquello, el no estaba acostumbrado a que le dijeran esas cosas.
Marcela: Y bien Alex, la compro o no? o prefiere que me
la mida y…
Alex: No… no señora, no es necesario, estoy seguro que
compre lo que compre le quedará bien.
Marcela: Gracias por su opinión Alex, creo que llevaré
esta… y esta negra también…
Salimos de allí y nos fuimos a tomar algo.
Marcela: De verdad Alex, le agradezco mucho su compañía,
la he pasado muy bien con usted hoy.
Alex: Yo soy el que tiene que darle las gracias, la he
pasado muy bien.
Marcela: Sabe? Se me acaba de ocurrir algo Alex, le
quiero hacer un regalo.
Alex: No, no señora como se le ocurre, de ninguna manera.
Marcela: No hay pero que valga Alex, mire todo lo que
compré para mi, quiero hacerle un regalo y punto.
Fuimos a un almacén de ropa para jóvenes y yo misma le escogí
una camisa clara que contrastaba estupendamente con el color de su piel.
Ese fue el día de las compras, era ahora o nunca…
Marcela: Alex, alguna vez ha ido a un sex shop?
Alex: No señora, nunca, que es eso?
Marcela: Ya lo verá Alex, vamos…
Entramos al lugar y la cara de Alex era digna de verse, el
muchacho no es que fuera un santurrón sino que no estaba acostumbrado a verse
envuelto en estas situaciones hacia las cuales lo estaba yo arrastrando pues
aunque yo evidentemente le atraía, mis métodos de seducción lo desconcertaban.