relatos porno
webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Todos adoran mi enorme clítoris (4)





Relato: Todos adoran mi enorme clítoris (4)

  

Todos adoran mi enorme clítoris (4) por Lado Oscuro 4 (POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO)



Capítulo 1. Una sana amistad entre chicas...




Con Alina nos amamos verdaderamente. Ella seguía con su
novio, pero se había aficionado a mí, y me buscaba después de cada clase de
gimnasia para venirse a mi casa. Y mi vicioso clítoris se había aficionado a sus
lamidas, que eran lo primero que me pedía en cada encuentro. Y yo se lo
permitía, claro. Le manejaba la cabeza para cogerme su boca con mi clítoris.
Ella podía estar chupándomelo por horas y me llevaba de orgasmo en orgasmo en
orgasmo, sin que su boca se cansara nunca. Alina mezquinaba sus orgasmos para
poder seguir más tiempo lamiendo y chupándome mi enloquecedor nabito.


Se había aficionado también a mi gran culo. Y me lo chupaba
de diversas maneras. A veces me hacía tender boca abajo y hundía su cabeza entre
mis nalgas, aferrándose con sus manos a mi cintura, para poder enterrar mejor su
cara entre mis glúteos. Tanta pasión me podía, siempre, y tuve los más
memorables orgasmos por lamida de orto que pueda recordar. Otras veces me hacia
parar e inclinar la cintura sacando el culo. Y se ponía en cuclillas y comenzaba
a besármelo y besármelo, llenándome los glúteos de besos que me ponían a mil. Y
después comenzaban las lamidas cada vez más apasionadas en el interior, y se iba
abriendo camino hacia mi ojete, que terminaba cogiendo con su lengua, hasta que
yo me corría, y me volvía a correr. A veces hasta tres veces. Esta chica sabía
abusar de mí hasta dejarme agotada. Otras veces me hacía acostar de espaldas,
con las piernas levantadas, mostrando el culo, y me comenzaba a lamer entre las
nalgas, mientras sus manitas me pajeaban el clítoris. O me hacía acostar de
costado, levantando un muslo y ella se colocaba de costado, apoyada sobre el
otro, y me lamía el interior de mis glúteos con un entusiasmo lindante con la
devoción. Era muy creativa y siempre se le ocurrían nuevas formas de abusarme el
culo. Y yo me corría, y me corría y me corria...


Por supuesto que ella también se corría. Estaba corriéndose
todo el tiempo mientras me comía el culo con pasión, una y otra vez.




Capítulo 2. Las verdaderas amigas se ayudan mutuamente,
siempre que pueden.




Yo estaba muy caliente con ella y solía restregarle mes
tetonas contra la cara, en un flap flap de movimientos laterales que casi la
nockeaban hasta que finalmente dejaba que su boquita se apoderaba de uno de mis
pezones y metiéndose la mayor parte de él dentro de su boca, aplastaba su rostro
contra la gran masa de mis pechos. Y pasaba de uno al otro, manteniéndome
paralizada por el deseo y dejándola hacer, como la araña cuando ata a su presa
con sus hilos. Y nos corríamos como locas todo el tiempo.


Cuando le enseñe a ensartarnos con las piernas abiertas en
tijera para frotarnos los clítoris, se volvía loca y se quedaba refregándose mi
clítoris contra el suyo como una poseída, haciéndonos tener grandes series de
orgasmos. Mientras me decía cosas apasionadas. Y me dejaba de cama. Y a ella no
le iba mucho mejor. Pero siempre, después del ratito que nos llevaba recuperar,
me sometía a una nueva sesión de frotación de clítoris a la que no podía
resistirme. Llegó a desarrollar una variante que consistía en colocar de tal
modo su concha contra mi clítoris que se la hacía coger con este.


Los encuentros nos quedaban cortos. Y los apasionados besos
de lengua mientras restregábamos nuestros cuerpos entre sí, retorciéndonos
sensualmente de mil maneras, se sucedían sin solución de continuidad, hasta que
quedábamos trenzadas en un gran orgasmo de nuestros cuerpos.


Quedábamos rendidas.




Capítulo 3. Pero los hombres no entienden la amistad entre
chicas. Siempre sospechan las peores cosas.




Y el novio había comenzado a mirar con cierta desconfianza
nuestra relación. "Pero, ¿qué es lo que tienen que hacer estando tanto tiempo
juntas?" se irritaba.


"Cosas de mujeres" le decíamos misteriosamente. "Tenemos que
contarnos cosas". Pero él no se terminaba de tragar el asunto. Y Alina ya no
sabía que hacer para desviarlo de sus sospechas. Ella lo quería y no quería
perderlo. Al final me cansé de la situación. "Dejámelo a mí", le dije. "¡Hacé lo
que sea!" me pidió Alina, "¡Pero acabá con esta tortura!" "¿Te parece que acabe
con él?" le pregunté con doble sentido, subrayando mi pregunta con una sonrisa.
"¡Hacé lo que te parezca para acabar con esta persecución!" No supe si había o
no entendido mi pequeña broma. Pero, en todo caso, ya tenía mi permiso.




Capítulo 4. Así que nos propusimos quitarle sus infundadas
sospechas.




Alina no tuvo ningún inconveniente en que yo los acompañara
en algunas de sus salidas. Él estaba un poco intrigado, pero no es que le
desagradara mi presencia. Ni mucho menos. A diferencia de Alina, yo era casi tan
alta como él. Y con mis tacos aguja lo sobrepasaba. De modo que no tenía que
bajar demasiado la mirada para ver las rotundas cremosidades de mi tetería, que
yo llevaba siempre erguida. Por la frecuencia creciente de sus miradas furtivas
yo diría que estaba preocupándose con el asunto. Yo, por mi parte, me mantenía
modosita, dejando que mi cuerpo hablase por mi misma. Claro que ayudaban un poco
las minifalditas, los tacos aguja y las remeritas escotadas que marcaban mis
pezones. No tuve que hacer nada. Sólo limitarme a acompañarlos seguido y dejar
que me viera. Ningún coqueteo obvio, salvo el tirar mis cabellos para atrás de
modo que pudiera admirar mi perfil y, como al pasar sacaba más para adelante mis
melones. Claro, entre una salida y otra le estaba trabajando la cabeza. "¿No te
da celos esta situación?" le pregunté un día por lo bajo a Alina. "Si" me
susurró "te estoy celando a vos." La respuesta me sorprendió, pero no pude menos
de sentirme halagada. Y con piedra libre.


Cuando íbamos al cine nos poníamos uno a cada lado de Alina.
Y yo veía que el tipo -Carlos era su nombre- se moría de ganas de sentarse
conmigo. A la salida íbamos a tomar una gaseosa y una porción de pizza a un
local cercano. Y allí yo atendía a su charla mirándolo con ojos de comérmelo (lo
que no me costaba mucho, debo reconocer, porque era un tipo bastante buen mozo y
viril), pero podía pasar también por amabilidad. Claro que yo apoyaba los codos
sobre la mesa, aprovechando la posición para juntar mi pechazos y elevarlos con
la presión de mis brazos. Por momentos parecía que estaban por salirse del
escote. Y sus ojos hacían lo propio de sus órbitas. A veces, con la excusa de ir
al toilette, le daba una buena vista de mi sabroso culo que yo sé mover con
procacidad. Pobre muchacho, había comenzado a sufrir, verdaderamente, y yo lo
gozaba. Pero al menos había disminuido sus sospechas sobre Alina y yo. Ahora sus
sospechas eran sobre él y yo.




Capítulo 5. Y poco a poco fuimos quitándole esa idea fija.
Pero claro, tuvimos que reemplazarla por otra.




Estiramos esta situación lo más que pudimos. Pero en un
momento empezó a hacer fisuras. Carlos tenía erecciones que le hacían demorar en
levantarse de la mesa. En la calle, nos poníamos una a cada lado agarradas de
sus brazos, y yo le apretaba un tetón contra el brazo. Y otra nueva erección,
indisimulable. Alina se moría de risa con la situación. Y cuando a solas me
chupaba el clítoris, recodábamos las caras de sufrimiento que ponía el pobre
Carlos cuando estábamos los tres. Y entre risas, urdíamos estratagemas para
producirle más erecciones y más seguidas. Una de esas estratagemas consistía en
prolongar las caminatas y los apretones de mi tetaza sobre su sensibilizado
brazo. "¡Toing!" se producía la erección y ya no bajaba durante todo el paseo.
El pobre se esforzaba por disimular lo indisimulable. Pero Alina se hacía la
boluda. Y yo, no tanto. En una de esas ocasiones con Alina decidimos que iríamos
en el subte. Y aunque estaba medio vacío, yo aproveché para rozarle la tranca
con el muslo, haciéndome la distraída. Pero se me fue la mano con los rozones. O
fueron demasiados, o demasiado seguidos, o quizá era que durante la larga
caminata el palo le vendría rozando contra la tela del pantalón. La cosa es que
cuando bajamos al andén el pobre tenía una tremenda mancha de semen en los
pantalones. No supe bien cuando le había ocurrido el percance, pero que le habíá
ocurrido le había ocurrido. Y se tuvo que ir excusándose como pudo para
disimular el percance. Ya en mi casa, con Alina, mientras me hacía una
lamida-cogida a mi culo en pompa, ambas llorábamos de la risa al recordar la
expresión de su cara. Pero él ya no sospechaba de ella, ahora sospechaba de si
mismo. Y estaba muy preocupado por lo que le estaba pasando conmigo, y más por
lo que no estaba pasando. Había caído presa de una obsesión. Ahora tenía
erecciones casi todo el tiempo que tenía que pasar a mi lado, y eyaculaciones en
seco cada dos por tres, a la menor provocación. Y mis provocaciones no eran
precisamente menores.




Capítulo 6. Había llegado el momento de acabar completamente
con sus sospechas... En fin, de hacerlo acabar... con sus supicacias. O "Usos
creativos de la concha".




Aunque la gracia del asunto era que yo aparentaba no darme
cuenta de nada. Un día, ya compadecidas, planeamos con Alina darle una
oportunidad. A la salida del cine fuimos a mi departamento y Alina "recordó
inesperadamente" que al día siguiente debía levantarse temprano y excusándose y
pidiendo disculpas nos dejó solos. Me lo dejó servidito servidito. Yo me
desperecé en el sofá, dejando que mi mini mini faldita permitiera la vista casi
obscena de mis muslazos. Tanta carne y con esas formas y de esa calidad, era
algo casi obsceno en verdad. Además de que mis braguitas habían quedado a la
vista, transluciendo la lujuriosa fronda detrás de su transparencia. Yo, claro
está, hice como que no advertía nada, ni siquiera la temible erección dentro de
sus pantalones. Pero él ya no podía más, la situación lo había superado.
Temblando se arrodilló frente a mis mórbidos muslazos, y me declaró su pasión.
Yo fingí sorpresa "¡Pero Carlos, vos sos el novio de Alina...!" mientras
entreabría un poco más mis piernas, como quién indica el camino hacia las
sedosidades de mi olorosa entrepierna. Él, trémulo, no encontró palabras para
responder. En cambio se lanzó a besarme los muslos con la devoción que había
juntado durante todas esas salidas en que había tenido más que una ocasión para
desear mis muslos. Y ahora me tenía allí, con los muslos casi abiertos a merced
de su voracidad, y no podía contenerse y me besaba todos la piel de ambos, con
especial atención al lado interno. "¡Ayy... Carlitos... no me hagas eso...!"
dije lanzando un suspiro que le llegó hasta el alma. "¡No está bien que me beses
el interior de mis muslos...! a...sí... ¡¡asíiii...!!" y le aferré la cabeza
para que no la retirara y siguiera besándome ahí, en las inmediaciones de mi
intimidad. "¡¡noh... nooh, esto no está bien...!!" dije al tiempo que avanzaba
mis muslos para que su cabeza llegara más adentro. Sus ojos brillaban con la
adoración que mis intimidades le provocaban. Y besaba y lamía con ansiedad el
interior de mis muslos. Y yo, acuciada tanto por el placer que me producía tener
su cabeza entre mis piernas, como por un algo de sadismo erótico apretaba un
poco las piernas levantando al tiempo la rodilla para rozarla la cara con la
erótica suavidad de mis muslos. Y hacía eso una y otra vez, simulando
resistirlo, pero en realidad enardeciéndolo. Me excitaba mucho tenerlo allí
entre mis rodillas desahogando la pasión que había sabido insuflarle durante
semanas y meses con mis picardías de coqueta putona. La situación de tenerme
allí, prácticamente a su disposición con toda mi muslería oferente, y al mismo
tiempo haciendome la tímida y melindrosa, era una combinación que le estaba
rompiendo la cabeza. Más cuando yo soltaba, en medio de mi aparente resistencia,
algún jadeo. "...¡No... no... Car... los... ¡" decía yo, casi gimiendo mientras
con los muslos atrapaba firmemente su cabeza por ambos costados. El placer de
tenerlo allí apresado por mis muslos a escasos centímetros de mi concha,
haciéndolo desearla como una meta obsesiva, me resultaba enormemente erótico.
Sabía que el olor de mi concha excitada estaba llegando a sus fosas nasales,
mientras yo continuaba simulando una vana resistencia. Totalmente obnubilado, el
novio de mi amiga besaba todo lo que tenía a su alcance mientras farbullaba
apasionadas declaraciones de amor, con la mirada fija en la unión de mis muslos.
Si no hubiera sentido tal calentura, la situación podría haberme provocado risa.


Lo dejé avanzar de a poquito hacia mi concha, escuchando los
jadeos de su desesperación, y los míos propios. "¡¡Nn-no... Car... li… tos…!!" y
la voz se me quebraba en inflexiones graves dejando translucir la sensualidad y
erotismo que me producían sus lamidas, besos, caricias y sobre todo el hecho de
tenerlo atrapado entre mis muslos. Finalmente "logró" alcanzar mi olorosa
concha, y a través de la tenue tela de la braguita comenzó a lamérmela.
"¡¡¡Aahh... aaahhh... " exclamé, derritiéndome en su boca.




Capítulo 7. Cuando una se decide a dar una ayuda, no tiene
que retacearse...




Él siguió con su lamida febril. Pero, ya una vez saciada con
la tregua del primer orgasmo, tenía nuevamente la iniciativa. Y pasándole una de
las piernas por sobre la cabeza le saqué la concha de su alcance, dejándolo a
merced de mi hermoso culo. Su desconcierto duró apenas un par de segundos. Luego
su pasión se desató´sobre mi culo. Se lo removí eróticamente sobre la cara para
inmediatamente sacárselo también. Me paré frente a él como si hubiera decidido
volverme inaccesible a sus deseos. El pobre quedó de rodillas, como si estuviera
adorando mi pubis, mis muslos, mi pancita y allá arriba mis enorme tetazas de
diosa, todavía dentro de la liviana remerita. Lo miré desde arriba,
completamente en control de la situación. Él estaba temblando de deseo. "¡Parate
Carlos!" le ordené.. Se paró como pudo, con su terrible erección haciendo punta
en sus amplios pantalones. Lo estreché contra mí, apresándole la erección entre
mis muslos. Se sentía rica. Pero yo lo miraba seria a los ojos. Y empecé a
retarlo, mientras le daba apretones con mis muslos en la poronga. "¡Te estás
abusando de mí, que soy una mujer que nunca hizo nada para provocarte...!" Y me
pareció oir mi propia carcajada interna. ¡Si al pobre lo había arrastrado hasta
allí, llevándolo prácticamente de la nariz con mis provocaciones...! Me saqué la
remerita, dejando mis mórbidos melones, totalmente erguidos frente a sus
narices. "¿Me querías tener desnuda?" le dije mientras acentuaba el denso masaje
que le estaba dando con mis muslazos. "¡Bueno, ahora me tenés aquí, totalmente
desnuda!" "¡Ahora te toca a vos!" Y luego de sacarle la camisa, le bajé los
pantalones junto con el slip, dejando su poderoso nabo temblando en el aire. Y
ahí lo atrapé, en la unión de mis muslos separado de mi intimidad apenas por la
delgada tela de las braguitas. "¡Te voy a dar un beso, a ver si se te pasa la
lujuria!" Y aplastándole las tetas contra el pecho en un sensual abrazo, y su
tranca entre mis muslos, rodeé sus labios con mi carnosa boca y revolviendo me
lujuriosa lengua en su boca y le día unas pocas hamacadas de mi sedosa y
caliente intimidad sobre su tranca. Y con eso bastó. Sentí su nabo hincharse
todavía más entre mis muslos y mi concha, y comenzó a pulsar largando poderosos
chorros que alcanzaron la pared que estaba a unos cuatro metros detrás de mí,
según pude verificar al otro día. Lo mantuve abrazado, sosteniéndolo durante
toda su acabada, que acompañaba con sus apasionados gemidos.




Capítulo 8. Y cuando yo me pongo a ayudar no sé cuando
pararme...




Lo fui guiando hasta el sofá y terminé sentada en su falda. O
más exactamente, sentando mi sabroso culo sobre su todavía semi-enhiesto palo.
Aplastando el costado de una de mis tetonas contra su cara, le hablé con un todo
de dulce reproche. "¡Ay... qué chico malo, que chico malo...!" Y girando un poco
el torso acomodé su cabeza poniéndole un gordo y gran pezón en su boca. Se
prendió inmediatamente y comenzó a chupármelo y lamérmelo, mientras yo le
acariciaba la cabeza, y le hablaba... "Tenés que entender, Carlitos, que no está
bien lo que estuvimos haciendo..." "Alina no se lo merece..." Y le cambié la
cabeza a mi otro tetón, para lo cual tuve que sentarme a horcajadas frente a él,
haciéndole sentir la raya entre mis nalgas contra su pene, que acusó recibo
inmediatamente. "Sacate la bombacha" masculló en medio de su mamada. "¡Pero qué
barbaridad!" protesté "¡Pareciera que no escucharas lo que digo...!" Y
levantando mis piernas deslicé mi bombachita hasta el piso, y volví a apoyarle
el culo, ahora desnudo, contra su ya bien parado nabo. Y comencé una frotación
del mismo en el canal entre mis glúteos, en una suerte de paja que corrió su
prepucio, dejando su hinchado glande al descubierto. Y seguí frotándoselo
mientras seguía prendido de mi Tena. Y pronto se corrió de nuevo. Pude sentir
los chorros de caliente semen saltando entre nuestros cuerpos. "¡Mirá que sos
terrible, eh!" le reproché con cariño. El pobre cayó hacia atrás quedando
despatarrado en el sillón. No era para menos, ¡...le había hecho echarse dos
polvos en menos de quince minutos...! Cuando se lo conté, Alina rezongó "¡Qué
barbaridad! ¡A mí siempre me hace esperar por lo menos tres cuartos de hora para
echarse el segundo polvo!"




Capítulo 9. Cualquiera otra habría considerado que ya lo
había ayudado lo bastante. Pero no yo. Hasta que lo tuviera lo suficientemente
"ayudado" no pensaba parar.




Pero en ese momento lo único que deseaba era seguir
abusándome de él. Y echarle la culpa, por supuesto. Así que, subiéndome al sofá,
con una pierna a cada lado de su cuerpo le puse mi concha a la altura de sus
ojos. Y decidí utilizar mi arma mortal, para animarlo. "¡Sos un egoísta!" le
recriminé con voz mimosa moviendo mi concha cerca de su cara. Él abrió los ojos
haciendo un esfuerzo. "¡Todo lo que interesa a vos es tu propio placer...! ¡Y no
te importa nada de mí! ¡Mirá como me dejaste...!" Y separando un poco mi vello
púbico, dejé al aire mi enorme clítoris erecto. Esta vez abrió los ojos sin
ningún esfuerzo, y bizquearon clavándose en mi subyugante aparatito. "¡Santo
Dios! ¡Qué es eso!" "Es mi pequeño clítoris, cielito... Yo sólo quiero
que me lo beses un poquito, así yo también puedo acabar...! ¡No es que quiera
que se te pare otra vez esa porongota...! ¡Sólo unas lamiditas, por favor...!" Y
le acerqué el clítoris a la boca, apoyándoselo entre los labios. "¡Dale, papi,
unas lamiditas...! ¡Total qué te cuesta... ¿eh?...!" Y para terminar de animarlo
se lo froté contra los labios, hasta que los entreabrió, y entonces de lo metí y
comencé a cogerle la boca suavemente. Yo sabía que el olor de mi concha debía
estar entrando por sus muy abiertas fosas nasales, transtornándolo
completamente. Y mientras él iba cayendo presa de sus efectos yo aprovechaba
para cogerle la boca.


"¡Usá le lengüita, papi, unas lamiditas..., dále...!" Y se lo
seguía metiendo y sacando. Comenzó a gemir, por allí abajo.


"¡Mirá como te has estado abusando de mí, y ahora ni siquiera
me lo estás chupando bien...!" dije, empujando mi concha contra su cara.
"¡Succioná, papito, succionalo!" "¡Asíii..., qué rico!"


Una vez que lo tuve donde y como quería, dic rienda suelta a
mi abuso. Y comencé a removerle mi concha sobre la cara, poniéndome
prácticamente a horcajadas sobre ella, ya que pasé ambos muslos sobre el sofá,
de modo que su cara quedaba encajada contra mi pubis. Y le cogí la cara, y le
cogí la boca, y le dejé el rostro lleno de mis jugos vaginales y sembrado de
pendejos. Él se había agarrado con ambas manos de mi portentoso culo, mientras
sucumbía a los embates que le daba sobre el rostro. Finalmente no pude resistir
más el enorme placer que me producían mis refriegues y el tener a ese hombre
completamente subyugado por mi dominación, y me corrí en su rostro, dándole
fuertes conchazos y obligándole a beber los jugos de mi acabada, hasta que luego
de la aplastada final de mi concha sobre su boca, me quedé quieta, recuperando
la respiración. El pobre seguía lamiendo y lamiendo, por allí abajo. Yo lo dejé
hacer, mientras me reponía, total las chupadas de concha nunca me hicieron daño.
Pero después de dos o tres minutos, el frenesí de sus lamidas, comenzó a ponerme
en tono nuevamente. Y volví a los refregones de mi concha sobre su cara,
mientras le aferraba la cabeza para que sintiera completamente mi dominación. Y
me eché otro gran polvo. Así, tres veces. Luego de mi último polvazo me desmonté
de su cara, y sentándome sobre sus muslos con las piernas abiertas, encontré
entre ellas su terrible erección. Y pude constatar a que punto de enardecimiento
lo había llevado con mis restregones y mis acabadas abusivas. Ese nabo parecía a
punto de explotar. Sin poder resistir la tentación, comencé a frotarlo con mi
vello púbico, en lentos vaivenes adelante-atrás arriba-abajo. Y me dedique a
examinarle el rostro. Lo que más me calentó fue ver sus ojos húmedos y
vidriosos, su mirada desenfocada y embobada. Nunca había tenido, seguro, una
experiencia semejante. Y nunca le habían llenado tanto la cara de pendejos.
Estaba completamente entregado a lo que yo quisiera hacerle. Y yo estaba
haciéndole una lenta paja con mis pendejos, apretándole la poronga contra
nuestros vientres. "¿sabés, papi?... nunca un hombre había abusado tanto de
mí... ¡Me hiciste echar un montón de polvos...!" Y continuaba pajeándolo con mis
pendejos contra su erectísimo nabo. Él me seguía mirando embobado, con sus ojos
vidriosos y desenfocados. "¡Y me has hecho traicionar a mi mejor amiga!" Y
continuaba con mi lenta paja. Veía como su pecho subía y bajaba, al compás de
sus jadeos, y eso me ponía a mil. Eso y el hecho de que al pajearlo a él también
estaba pajeando mi clítoris. Así que yo también comencé a jadear y mis parados
melones subían y bajaban ante sus ojos. De pronto, de entre ellos salió un
lechazo, camino al techo, que me mojó la nariz. ¡El pobre no había podido
resistir más mi lujuria y se había corrido por tercera vez, mientras sus piernas
se estiraban tensas, y de su nabo seguían brotando los chorros camino al techo.
Claro que yo, guiándole el choto con mis manitas aproveché para rociarme con su
semen la parte de debajo de mis tetazas. Me alcanzó para las dos, antes de que
con un gran suspiro, Carlos cayera derrumbado debajo mío. Me alejé del sofá para
disfrutar de la vista de su cuerpo desmadejado, y totalmente desagotado. No
parecía quedarle energía, para nada más. Miré mi reloj: ¡apenas cuarenta y ocho
minutos y ya tenía derrumbado a este hombre, frente a mí, luego de haberse
echado su tercer polvo! Eso daba... dieciséis minutos entre polvo y polvo.
Estábamos batiendo records. En cuanto a mi concernía, no había una gran novedad
porque es rara la ocasión en que no me haga hacer acabar diez veces por un tipo,
pero a mi me resulta más fácil.




Capítulo 10. Tuve que ingeniármelas verdaderamente, para
poder seguir brindándole mi ayuda, y que respondiera, el pobre...




Lo dejé tendido en estado de ensoñación y me fui a la cocina,
a preparar algo de comer. Totalmente desnuda, salvo por mis tacos aguja. Lo que
me producía cierto sentimiento erótico.


Cuando a los quince minutos retorné, lo encontré
completamente dormido y me apiadé. Pensé que era mejor no seguir abusando de él,
al menos por un rato. Digamos... otros quince minutos. Pero mientras lo veía
dormir, totalmente despatarrado, me senté en el sofá de enfrente, con las
piernas bien abiertas y comencé a acariciarme. Con una de mis manos, la concha y
con la otra mis tetazas. Pellizcaba un pezón, acariciaba la tersa piel, me la
amasaba un poco..., y pasaba a la otra. Comencé a calentarme... Y mi culo
también pedía lo suyo. Así que saqué el consolador del cajoncito, lo lubriqué en
mi vagina, lo chupé un poquito para saborear mis jugos, y me lo fui enterrando
en el culo. Y con la mano que estaba abajo comencé un lento mete y saca. Me
volvían loca las sensaciones en el orto. Y perversas fantasías comenzaron a
cruzar por mi mente. Mi otra mano, como si tuviera vida propia, se había
entusiasmado con mis tetas. Me las estrujaba, apretándome los pezones. Y mis
jadeos subían de tono. Frente a mí yacía mi reciente víctima reponiéndose
inconciente del estado en que lo habían dejado mis abusos. "Es el novio de mi
amiga" me dije, disfrutando de la idea. "En realidad estoy cogiéndome a un par
de enamorados..." y mi manito inferior dejó un poco el mete y saca del
consolador en mi culo, luego de llevarlo hasta el fondo, y comenzó a pajear mi
clítoris. Hasta que me vino un deleitoso orgasmo.


Pero mis tetas habían quedado calientes y deseando más
manoseo.


Con el gran pene consolador todavía enterrado en mi culo, me
levanté y me acerqué al yaciente cuerpo de mi desvanecido reciente amigo. Me
paré a su lado, pensando en como reanimarlo. Ya habían pasado los quince
minutos, así que ya le había dado media hora de tregua, lo que es bastante.


Fui a la cocina y volví con una taza de té y algunas
galletitas. Acariciándole suavemente el pecho comencé a retornarlo a la realidad
"Mi vida... te traje un rico tesito para que te reanimes..." El pobre se sentó
con dificultad para tomar la taza. A su lado puse el platito con las galletitas,
que comenzó a engullir inmediatamente. Y comencé a pasearme frente suyo por la
pequeña sala, mientras buscaba un tema cualquiera de conversación que me
sirviera como excusa para seguir meneándome ante su vista. Yo sabía que aún se
encontraba muy lejos del deseo, pero mi espectacular figura en tacos altos era
suficiente para mantener su atención centrada en mí. Y mientras le charlaba,
comencé a masajear mis melones, para concentrar aún más su atención. "Yo estuve
pensando en lo que hicimos..." "¡En lo que me hiciste hacer con tu pasión
viril!" corregí. "¡Sos un hombre muy lujurioso, Carlos, y jugaste conmigo como
se te dio la gana...!" Él contemplaba, absorto, como yo estaba amasando mis
tetas, estrujando mis pezones. Estaba captando su interés, advertí satisfecha,
las cosas iban bien. Había acabado con las galletitas en un santiamén. "¿Te
traigo más galletitas, Carlitos?" me incliné hacia él con mi más sensual
sonrisa. Su mirada fue hacia mis grandes melones que parecía ofrecerle al
inclinarme. "Sí... vendrían bien..." Inclinándome hasta rozarle la cara con mis
tetas, recogí el platito y me lo llevé para la cocina. "Te hice otra taza de té,
cielito" y con un nuevo rozón de mis melones le puse otro platito lleno de
galletitas al lado. Volví a erguirme, todavía a su lado, para que pudiera tener
una vista de mis tetonas en la perspectiva de su mirada desde abajo.
"Gra-gracias..." murmuró, y comenzó a comer las galletitas una tras otra. Una
vez frente suyo seguí paseándome y con mis meneos le di también una buena vista
lateral de mis parados glúteos. Lo noté más reanimado. Y continué masajeando mis
melones como al descuido, mientras continuaba la charla. "El problema es
Alina..." comencé, "... Es una buena chica, y no se merece lo que hicimos..."
"¡Lo que me hiciste hacerle!", recalqué ante su mirada sometida a la fascinación
de mis poderosos encantos. "Y yo me pregunto..." continué, mientras una de mis
manos comenzaba un masaje muy erótico de mi vagina, "... me pregunto si tenemos
derecho a ocultarle lo ocurrido en esta casa esta noche..." Noté la alarma en
sus ojos.


"S-si, como tener lo tenemos..." "¡No me interrumpas!" lo
corté, como si me importara lo que iba a continuar diciendo, o lo que yo estaba
diciendo. "P-perdón" musitó él, sumiso. Le di la espalda girando bruscamente,
como si estuviera molesta. En realidad quería que viera el consolador que tenía
metido en el culo. "Estee... Julia..." le oí decir, "¿Eso que te sale ahí es
un... consolador?" "¡Ay, sí! ¡Justamente de eso te quería hablar!" Y me le
acerqué ondulando mis caderas lentamente. "Yo sé que por esta noche vos no das
para más" le dije irguiéndome frente suyo, para que pudiera tener una
perspectiva desde abajo de mi suculento cuerpo y mis inmensas tetas allá arriba.
"Pero yo me quedé muy excitada y mientras vos descansabas me empecé a pajear...
Pero como no me alcanzaba con las manos, me enterré este consolador con forma de
pene, en mi culo" "Ah..." exclamó él, tragando saliva. "...Y me lo estuve
metiendo y sacando del ojete durante un rato..." "... Pero es un poco incómodo
hacérselo una misma, ¿te imaginás?" Y le mostré, volviendo mi lindo culo hacia
él, cuanto me costaba el mete y saca. "Sí, puedo imaginarlo..." Y evidente mente
lo estaba haciendo, porque sus ojitos habían retomado su brillo. "Y te quiero
pedir un favor de amigo..." "¿Síi...?" "¿No podrías vos darle al mete y saca del
consolador en mi culo...?" "Yo te pondría el culo bien cerquita, para que no
tengas que molestarte y vos me lo cogés, como un buen amigo, con el
consolador..." Y para subrayar lo dicho, me incliné en diagonal, sacando la
cadera hacia el lado de él, de modo que mi escultural culo quedara a centímetros
de su nariz. "¿Síi? ¿Me vas a hacer el favorcito...? ¡Dale, agarrá el
consoladorcito, por favor...!" Su mano obedeció y comenzó un suave saca-mete,
con un poco de timidez al principio. "¡Esperá, esperá!" "Quiero que estés
cómodo, así podés pajearme bien el culo" Y arrodillándome entre sus piernas puse
mi culo en pompa frente a sus narices. Con mis tetones tocando el costado
externo de sus muslos. Asomando mi cabeza por el costado, pude ver que su
miembro ya no parecía tan agotado como antes. Y el muchacho siguió dándome por
el culo con el aparato. Yo lanzaba gemidos y jadeos, más que nada para
calentarlo. Y movía el culo con ondulados movimientos circulares, como para
darle un festín a sus sensaciones. Pude escuchar como se iba acelerando su
respiración.




Capítulo 11. Y le pedí un favor, pero era para seguir
"ayudándolo".




"¿Te puedo pedir un favorcito...?" dije con voz mimosa.
"¿cuál fa... vorcito...?" contestó con un tono sospechosamente ronco. Me volví a
asomar por el costado. Estaba completamente empalmado. "Quiero que me des
algunos besos en el culo, hasta donde alcances, claro..." "Bu-bueno" se aclaró
la garganta, pero la voz le seguía saliendo ronca. Y sentí su boca besando el
costado que estaba más cerca de su cara. Yo lancé un suspiro sensual. "Asíii...
papito... me gusta mucho..." Y seguía ondulando mi culazo para mantener atrapado
su interés. No, ese muchacho no tenía como distraerse de mi culo en esos
momentos. Comencé a hacer movimientos laterales para darle ocasión de besarme
más cerca de la raya. Y él besaba todo lo que le ponía a su alcance. Seguro que
si en ese momento le pedía que me cogiera el orto, no iba a tardar ni un segundo
en metérmela. Pero yo quería enervarlo aún más. De modo que, como quien no
quiere la cosa le fui acariciando el muslo con mis melones. Escuché como su
respiración se aceleró´aún más. Yo seguía con mi culo en provocativa pompa, que
se agitaba lateralmente y ondulaba también. Y respondía a las enculadas que me
estaba dando con el consolador, con culadas mías para atrás. Y lanzaba profundos
suspiros, mezclados con mis jadeos y gemidos. "¡Sos un gran amigo..., Car...
litos..., sólo un buen ami... go me haría desinteresadamente este gran
favor...!" Y en eso sentí los chorros de semen caliente estrellándose contra mi
vientre. Me sonreí maliciosamente, otra vez mis escarceos habían desatado su
lujuria. Me asomé nuevamente. Su pene cubierto de semen seguía en plena
erección. ¡Claro, lo había calentado demasiado, y la erección no se le bajaba!.
Seguí con mis suspiros, quejidos, jadeos y exclamaciones, para mantenerlo bien
caliente y obsesionado con mi culo. Pero me pasé. De pronto me sacó el
consolador y escuché su voz enronquecida. "¡Ma que amigo ni amigo, quiero
enterrarte mi poronga en ese orto...!" Y cambiando su posición, sin cambiar la
mía, que seguía alegremente con el culo en pompa, me enterró su nabo hasta el
fondo. Lo sentí todavía más gordo que el consolador y muchísimo más caliente. Y
comenzó a serrucharme. Como yo estaba re-caliente, me corrí enseguida, pero él
tenía todavía para rato. Y siguió serruchándome el orto, con gran placer de mi
parte. A los cinco minutos vino mi segundo polvo, y mi orto se estremeció
nuevamente en espasmo apretándole el nabo. Sus jadeos aumentaron. Y siguió con
su serruchada cada vez más frenética. Yo empecé a tener las sensaciones más
locas y perdí todo control. Yo era sólo mi culo, mi soberbio culo, recibiendo lo
que más me merecía. Y cuando acabé por tercera vez, en medio de temblores,
apretándole su enhiesto aparato, con los espasmos involuntarios que me producía
mi orgasmo, estos actuaron como un ordeñe y sentí como el nabo se hinchaba aún
más y escupia chorros de semen en mis entrañas. Quedó abrazado a mi espalda, con
su nabo todavía enterrado un mis profundidades, hasta que poco a poco se fue
derrumbando, -"¡flop!" hizo su pene al salir- y él quedó derrengado boca arriba
en el piso, con una pierna arriba del sofá, y su respiración todavía agitada.
Una piltrafa.




Capítulo 12. Y procedí ayudándolo más allá de toda posible
resistencia suya.




Entonces decidí darle mi última abusada por esa noche. Sabía
que él ya no tenía reacción posible, así que cuando senté mi concha a horcajadas
de su cara, fue para que tuviera bien claro quien dominaba a quien. Y me hice
una soberbia paja, refregánole la concha sobre la cara, y llenándosela de mis
jugos, me mandé una estupenda cogida de cara, echándome polvo tras polvo en su
inerme cara, hasta saciar completamente mi lujuriosa dominación. Cuando desmonté
su cara, lo ví con la lengua afuera, y pegados por mis jugos una nueva repartida
de mis pendejos. Sus ojos agotados brillaban, sin embargo, de lujuria. Y una
vaga sonrisa lucía en su transitado rostro. No hace falta que les explique a que
hago alusión con lo de "transitado rostro". Ya saben ustedes a que me refiero.


Pero ya no me servía para más nada, por esa noche. Así que lo
hice vestirse y lo despedí, todavía vacilante y derrengado, hacia la oscura
noche. "¡Mañana vamos a hablar de lo que pasó aquí esta noche!" le dije en tono
severo.


Y todavía riéndome, tomé el gran consolador y me lo llevé a
la cama. La dominación que había hecho sobre ese muchacho volvía una y otra vez
a mi mente. Y tuve que hacerme dos pajas, para poder dormirme.



Si tenés ganas de darme tus impresiones sobre este relato,
escribime mencionando su título a POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO. Me encantará leer tu
comentario.



¿ Quieres conocerme ? soy de   y busco sexo
Inscribete y nos conocemos en el chat  - Pulsa aqui - Inscripcion gratis -



Relato: Todos adoran mi enorme clítoris (4)
Leida: 6 veces
Tiempo de lectura: 22 minuto/s




Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Foro porno
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Encuestas

Afiliados
webcams porno
porno
sexo
sexo gratis
zoofilia
porno gratis
relatos eroticos
videos porno por sms
sexo
poemas de amor
lesbianas
sexo anal
gordas
orgias
gays
peliculas porno
television porno
hentai
mamadas
porno gratis
porno
webcams porno
webcams porno
travestis
sexo
negras
videos porno