Relato: Giro en la vida (08: El comienzo como puta)
Relato: Giro en la vida (08: El comienzo como puta)
8.- El comienzo como puta profesional.
Final anterior capítulo:
Después de exponer todos los aspectos del negocio El Negro se
mostró orgulloso. Las putas lo aplaudimos, a él y al Chati, y después tuvimos
una celebración con gran dispendio de cava durante la que ninguna de las rameras
dejamos de disfrutar de las dos pollas hasta que sus gónadas auxiliares quedaron
secas.
Terminamos la fiesta medio cogorzas observando como Pompis
depilaba el pubis a mi hija Slutslave por el doloroso método de la cera.
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Los dos días siguientes estuvieron dedicados a nuestros
chequeos médicos. Abordé la contestación a los correos electrónicos de mi marido
pensando en justificar la tardanza en responder por un problema con el monitor.
Pero repentinamente fui consciente de que ya no padecía la ansiedad sobre mi
futuro con él y, totalmente decidida, le conté mi decisión de ser prostituta
profesional con dos proxenetas que me explotarían. De momento no le conté nada
de los chicos.
Durante esos días me convencí de que no era posible que
casualmente yo y mis hijos tuviéramos tanto apetito sexual. Debía ser algo
genético. Ya que iba a ser una puta profesional, de perdidos, al río. Llamé a mi
madre y con todo aplomo le pregunté si ella había sido una calentorra salida
alguna vez.
Se puso muy nerviosa y acabó confesando que toda su vida
había sido una libertina. Que mi padre y ella en la actualidad eran socios de un
club swinger para que ella tuviera el sexo necesario sin tener que buscarlo
abiertamente en la calle o cometer imprudencias que afectasen al buen nombre
familiar. Que, temiendo que yo saliese a ella habían intentado reprimir la
predisposición a ser puta educándome de la manera más estricta. Reconoció que mi
padre oficial no era el verdadero, pero que no sabía quien podría haber sido.
Sin embargo, mi padre oficial era un morboso que le gustaban las mujeres
ardientes y se casó con ella a los 18 años estando embarazada. Ella tenía ahora
53 años.
Después de explayarse contándome largo rato sus proezas
sexuales me preguntó la razón de mi llamada y le detallé sinceramente todo mi
proceso de emputecimiento así como el de mis hijos. Y como había llegado a la
conclusión de que una degeneración familiar tan fulminante no podía ser
casualidad. También le hablé de mi incorporación a la plantilla del burdel junto
con su nieta única así como el inusitado hecho de que su nieto fuese uno de
nuestros chulos. Puesta a contar también le hablé de la particularidad de que
Nuri fuese esclava de otra puta del burdel, cosa que me inquietaba pues no
comprendía como iba a funcionar aquello.
- Eso no me lo pierdo. Mañana estoy allí. Y colgó.
Al día siguiente mi madre hizo su presencia en casa como si
fuese la dueña de la misma. Nos examinó a las cuatro putas alabando el gusto de
los chulos por la elección y las grandes facultades que teníamos para el oficio.
Cuando llegaron El Negro y el Chati que estaban inspeccionando la adecuación del
chalet a su nueva función, los llevó al despacho de mi marido y se encerró con
ellos durante una hora.
Cuando salieron, El Negro nos anunció que mi madre sería la
administradora de citas y servicios y encargada de disciplina en el burdel. Que
su función será a título benéfico por lo que, no cobrando nada, no era necesario
revisar al distribución de beneficios. Todas las putas le deberíamos estricta
obediencia y deberíamos dirigirnos a ella con el tratamiento de Madame. No creo
que ninguna de nosotras dudase de que lo que corría por la pierna de mi madre
llegando a su tobillo era esperma fresco.
En un aparte le pregunté a mamá por la situación de papá si
ella se dedicaba a trabajar para la empresa. Esta fue su respuesta:
- No te preocupes Chocha ( ¡Me llamó Chocha, ni por mi nombre
ni hija!) Contraté hace tiempo a una criada mulata de unos 40 años, muy fogosa y
muy lozana que lo cuidará y, dentro de poco, lo matará a polvos.
Toda puta debe llevar los símbolos de su profesión, entre
ellos es obligado el tatuaje con el símbolo o el nombre de su chulo. Así que
Barriga y yo fuimos llevadas por mi madre a una clínica de piercing y tatuajes
para la debida decoración. Pompis no venía porque ella ya tenía sus atributos y
Slutslave tampoco porque debía llevar las marcas de su dueña, no las de los
chulos porque solo hacía de puta por cesión de su dueña. Pompis aún no había
decidido como decorarla y por eso estaba exenta de la formalidad.
Me perforaron los pezones, el clítoris, los labios exteriores
y el vómer, cartílago que separa las dos fosas nasales. En la nariz, pezones y
clítoris me colocaron unos grandes y gruesos anillos de titanio. Tendrían tres
milímetros de espesor y unos treinta de diámetro. En los labios mayores me
colocaron unos ojales metálicos con un diámetro interior de 5 milímetros y
fijados en cada labio por unos resaltes. Mi madre me dijo que servían para
ponerme un candado si estaba fuera de uso o para castigarme eventualmente
colgando plomadas de ellos y de los otros anillos. Al ser ojales el peso podía
ser mayor sin peligro de desgarro y los labios distenderse una buena y dolorosa
longitud. Me quedé helada cuando mi propia madre, Madame, hablaba tan
imperturbablemente de castigarme de manera tan vejatoria o de restringirme la
actividad sexual mediante un candado cerrando mi agujero vaginal. Pero
pensándolo bien, la idea era tan morbosa que me atrajo irremisiblemente y
comencé a expulsar jugos aún con todo mi monte de Venus insensible por la
anestesia. De todas formas me dijo que los ojales no los llevaría habitualmente
pues podían dañar el pene de los clientes y el anillo de la nariz tampoco, solo
a solicitud del cliente si le parecía morboso.
Yo pasé a ser marcada mientras Barriga tomaba mi lugar en la
mesa del piercing. Me grabaron un tatuaje en el monte de Venus, tan cerca del
vértice donde residía mi pepitilla, que si me dejase crecer los pelos del conejo
quedaría oculto. El tatuaje decía claramente "FÓLLAMELOS". Era legible desde
buena distancia y no estaba semioculto entre dibujos como era el caso de Pompis.
Mi publicidad era directa, igual que lo fue la identificación de mi nueva
profesión: En lo alto de la nalga me grabaron otro rótulo, eso si, hay que
reconocer que las letras eran muy artísticas y sofisticadas, que decía
meridianamente "PUTA DE EN Y EC", que supongo serían El Negro y El Chati.
Las mismas artísticas letras entrelazadas se reprodujeron en
mi hombro izquierdo, esta vez sin lo de "Puta de". Me hubiera gustado algún
bonito dibujo como los de Pompis y no tan austera expresión de mi
emputecimiento, pero no dije nada en vista de que mi tratamiento era un tanto
más brutal e infamante que el de la negrita y por tanto más adecuado a mi
reciente devoción por la indignidad y la sumisión.
Barriga si recibió algún bonito dibujo permanente en los alto
de su teta derecha y en su nalga izquierda, aunque los del monte de Venus y del
pubis eran tan austeros y explícitos como los míos. La expresión del pubis para
ella era "USALOS", en lugar de "FÓLLALOS", como la mía, y le habían añadido un
tatuaje temporal aprovechando la gran superficie de su barriga con unas
preciosas cenefas de colores. En lugar de llevar anillos pasando a través en los
pezones, llevaba unos discos alrededor de ellos sujetos por un pasador. Y en la
vulva, el anillo no perforaba su clítoris sino su capuchón e iba enlazado con
otros dos anillos en loa labios por medio de una cadenita. Sus adornos metálicos
eran de oro, no de titanio como los míos. Además ella no había sido perforada en
la nariz. Admití que, dada su belleza y juventud era lógico que fuese merecedora
de más categoría puteril que yo.
Volvimos a mi casa en un taxi cuyo conductor no hacía más que
mirar el grueso anillo de mi nariz. Yo me sentía un poco avergonzada de aquella
muestra de envilecimiento en público y sobre todo me sentía incómoda porque se
me estaban pasando los efectos de la anestesia en los órganos perforados y me
molestaban mucho los tatuajes. No así a Barriga, que había sido tratada después
que yo y aún estaba anestesiada.
Al entra en casa nos encontramos con un atractivo espectáculo
sobre el sofá del salón. Apoyada en él y a cuatro patas, El Negro sodomizaba a
Slustslave en tanto que Pompis tenía su puño metido en la vagina de ella
apretando la verga del Negro. Por su lado, El Chati se ocupaba de taponar con su
miembro el culo de la negrita. Madame se desnudó inmediatamente y se unió a la
juega metiendo su mano en la vagina de la negra para ejecutar con la polla de su
nieto el mismo agradable trabajo que estab recibiendo El Negro. Nadie se ocupó
de nosotras de momento.
Aproveché la falta de atención para evaluar el cuerpo de mi
madre. Para sus 53 años se encontraba fenomenal. Aún tenía un buen culo y muslos
sin nada de celulitas. Las tetas muy gordas, aunque si pendían un tanto, pero
resultaban muy graciosas bamboleando cuando estaba con el torso hacia abajo.
Seguramente eran ideales para hacer pajas cubanas porque presentaban una buena
maleabilidad que facilitaba su manipulación. Su piel estaba muy bien cuidada y
no presentaba mácula en ninguna parte, incluso la tripa se conservaba bastante
firme aunque con una curva más acentuada que la mía.
El espectáculo comenzó a calentarme y, habida cuenta de mis
dolores así como los de Barriga que ya presentaba síntomas de la falta de efecto
de la anestesia, nos fuimos las dos a la cama dejando que siguiese la orgía.
Barriga y yo estuvimos sin uso durante varios días dejando
tiempo a la cicatrización, pero Pompis y Slutslave empezaron ya a prestar
servicios en el burdel.
Una tarde por fin empezamos a trabajar Barriga y yo. Al
principio no pareció un poco violento estar en el vestíbulo con nuestra falta de
atuendo para que los clientes nos examinasen y seleccionasen, pero en pocos días
perdimos el pudor y nos habituamos a tomar las posturas más adecuadas para
mostrar nuestros encantos, los movimientos más insinuantes y las expresiones más
abiertas sobre nuestras habilidades carnales.
Pronto advertimos que aquel no era un burdel normal de echar
polvo y largarse. La mayoría de la clientela tenía inclinaciones un tanto
disolutas y perversas. Mi primer cliente fue un chiquillo de 15 años acompañado
de su padre que lo tría para ser desvirgado. Mientras yo me encargaba del
chaval, el padre se tiró a Pompis.
Lo pasé muy bien con el nene. Tan pronto jugaba a ser su
novia enseñándole a besar dulcemente, como a ser su madre y succionar mis
pezones y jugar con mis tetas y mis anillos. Después volvía a hacer de novia y
le enseñaba a manejar dulcemente el clítoris. Pero de repente jugaba a puta
obscena y le pedía que metiese su mano en mi coño o me follase la boca.
Después el padre volvió a mi habitación y siguió la lección
con el niño enseñándole como coordinar los movimientos de dos hombres para hacer
un bocadillo con una puta.
El siguiente cliente solo quería que le pagase en las nalgas
mientras él se pajeaba solo. Otro vino con su esposa para que montásemos un
número lesbiano mientras él miraba. Ni siquiera se pajeó. Otro solamente exigió
que me metiese por mis agujeros las cosas que sacaba de una bolsa, ninguna de
ellas era más gruesa o difícil de sacar de las que ya había ensayado el día que
jugamos a ello todas las putas.
Así pasé la tarde, cobrando a 6 clientes. Y eso que era
jueves. Qué sería el viernes o el sábado. Esos días tuve alrededor de 12
clientes.
Por las mañanas o antes de empezar la jornada de puta,
teníamos sesiones de fotografía o video con El Chati y un ayudante que se buscó.
La primeras sesiones eran de nosotras solas mostrando nuestros encantos. Después
vinieron escenas lesbianas entre nosotras. Más tarde empezó a traer hombres
desconocidos para follarnos ante la cámara. Al principio las escenas eran
sueltas, pero pronto el chico tuvo veleidades literarias y comenzó a hacernos
seguir guiones que él extraía de los relatos eróticos. Pronto hubo fotonovelas o
películas de pequeño metraje.
Me gustaba mucho ver con El Chati las fotos y los videos. Era
un artista tomando el mejor ángulo de mi culo repleto de polla, de mi coño
palpitando o de mis tetas balanceándose soberbiamente de un lado a otro, o de
arriba abajo, mientras me usaban. Él me indicaba errores. Por ejemplo:
- En esa escena debías haberte humedecido el pubis con saliva
para hacerlo brillar.
- En esta otra no debiste ponerte tanto lubricante en el
agujero anal, se nota apegotado.
- Aquí no subes bastante las tetas cuando haces la paja entre
ellas.
- En general debes mostrar al objetivo más tus manos. Son
preciosas y sexis.
- .... y otros consejos así que le agradecía comiéndome su
esperma querido.
Al Chati se le ocurrió la idea de ofrecer a los clientes la
filmación o fotografía digital de sus polvos como servicio añadido. Pronto
muchos clientes se llevaban, por un módico precio, el recuerdo gráfico de sus
hazañas con las putas. Eso sí, costaba tiempo demostrar que se llevaban las
tarjetas CF conteniendo las grabaciones y no quedaba copia alguna.
Pompis, Slutslave y Barriga residían en el burdel. La primera
y la última por no tener otra residencia, y Slutslave para atender las
necesidades o caprichos de su Ama. Madame, El Chati y yo residíamos en la mía, y
El Negro nadie sabía donde. Quizá su sobrinilla, pero nunca dijo nada.
Un día al volver a casa, un par de semanas tras iniciarme
como profesional del sexo, recibí de un juzgado la comunicación de demanda de
divorcio iniciada por mi marido. En las alegaciones había fotos mía tomadas
entrando en el prostíbulo, otras tomadas por las ventanas tal y como solía ir
vestida, mejor dicho desnuda, tratando con la clientela o incluso siendo usada
por ella. También había testimonios ante el juez de clientes que aseveraban que
yo era ramera y muy profesional.
Con esas pruebas lógicamente el juicio fue rápido y el juez
sentenció el divorcio dejándome sin ninguna pensión ni parte alguna del
patrimonio ganancial. Menos mal, porque seguro que tenía pruebas de la
corrupción de mis hijos, ambos menores de edad y me podía meter en un lío.
Cuando les conté a mis chulos la situación, es decir, que
como consecuencia menos grave, Madame, El Chati y yo debíamos mudarnos a vivir
al burdel porque me quedaba sin el lujoso chalet, El Negro habló algo por fin
alguna cosa más extensa que un sujeto, verbo y predicado.
Según contó, él había sido contratado por mi marido para
provocar un adulterio porque mi retorcido esposo se había liado en China con dos
hermanitas gemelas y su madre y buscaba el divorcio sin ningún coste.
Le resultó fácil liarme porque yo me presté como víctima
propicia por mi calentura acumulada (reconozco que eso certísimo). Lo de mi
vecina Elena, vamos Barriga, o Longlegs en el futuro, fue una casualidad por
coincidir una avería en la fontanería de su casa tras la de la mía. Ella cayó
más regaladamente, dijo, porque el exceso de hormonas y la desatención más
prolongada de su marido la habían conducido a unos extremos insoportables para
ella. Cuando fue a arreglar la avería de su casa tenía metido un pepino en el
coño, se lo mostró y le pidió descaradamente que cambiase el tapón.
La captura del Chati y de Slutslave fue cosa de la Pompis por
su cuenta. Él no pensaba llegar a tanto, y menos con menores de edad ajenos.
Otra cosa era lo de su sobrina, que era puta de nacimiento y su explotación
consentida por sus propios padres.
El Negro me ofreció la salvación traicionando sin reparos a
su patrón. Según sus averiguaciones, mi marido se estaba follando a dos
gemelitas de 13 años y a su madre de 26. Eso allí, en China, suponía pena de
muerte o cadena perpetua en el mejor de los casos. No hizo falta más que un solo
correo electrónico a mi marido relativo al asunto para que me ofreciese todos
los bienes gananciales y me olvidase del asunto. Ni qué decir tiene que acepté
de inmediato.
Después de salvar mi casa y todo mi patrimonio continué mi
apacible y agradable vida de ramera. Quizá debiera exponer, para cubrir una
parte de mi decencia, que la vida de puta es dura y todo eso. Pero ya no soy
decente. Me gusta ser prostituta y solamente lamento no haberlo sido antes. Gano
mucho dinero y disfruto con casi todos mis clientes, y soy elogiada por ellos.
Incluso tengo un cliente de 20 años que me ha propuesta matrimonio.
Un día tuve un altercado que Madame resolvió de inmediato. Un
cliente se presento maloliente y desaseado y me solicitó una comida de polla.
Cuando se la fui a hacer, el mal olor de sus bajos y los pegotes de semen seco
que tenía me produjeron nauseas y un vómito que no pude reprimir. El cliente se
quejó a Madame y ella me castigó.
Me llevó a su despacho y me tendió en una camilla de examen
ginecológico que allí había para cuando venía el médico a hacernos los chequeos
y análisis de rutina, me introdujo dos enormes bolas chinas en la cavidad
vaginal y la selló mediante un globo que infló dentro de mi con un pequeño
compresor eléctrico. Después desconectó la válvula y el globo quedó inflado
dentro de mi ocupando todo el espacio de mis entrañas y presionando
poderosamente las paredes vaginales y mis vísceras. Después hizo lo mismo con mi
conducto anal.
- Te quedas suspendida de empleo y sueldo hasta que tenga a
bien liberarte de los globos. No se puede rechazar a un cliente por el mero
hecho de que le guste humillar a la puta solicitando un servicio asqueroso. ¿No
te han meado en la boca a veces y lo has soportado?. Pues por qué no mamar una
polla sucia.
- Lo siento Madame, yo tenía intención de hacer el trabajo,
pero la naturaleza actuó sola.
- Pues aprende a dominar la naturaleza como toda puta guarra
que se precie. Largo, vete a casa. Ya veré si te quito los globos cuando vuelva
yo.
- Aquello era horriblemente incómodo. Apenas podía caminar.
Me encontraba inflada como en un embarazo pero sin la sensación de peso. Meterme
en un taxi para ir a casa me costó un esfuerzo inenarrable que el taxista
advirtió. Apenas podía ir sentada, tenía que ponerme en el asiento de costado.
Madame me había inflado mis cavidades a las siete de la
tarde. A las nueve tenía ganas de orinar y a las doce mis intestinos reclamaban
una evacuación, Madame no regresó hasta la una de la madrugada, en que yo me
encontraba pensando que estaba agonizando y moriría sin remedio. Además no tenia
forma de adoptar una postura que me calmase. Cuando Madame regresó a casa aún me
tuvo despiadadamente una hora sin liberarme. Cuando condescendió, mi orina y mis
heces salieron violentamente. Tardé más de una hora en sentirme otra vez en mi
ser normal, ya que mis cavidades tardaron un buen rato en replegarse a sus
posiciones habituales.