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Relato: Socios temporales





Relato: Socios temporales

  

SOCIOS TEMPORALES




Exactamente el mismo día que a mi esposa le ocurrió lo que
les narré detalladamente en el relato "Un día de gerencia", a mí me pasó algo
muy curioso y excitante.



En Marzo de este año, me contrataron para ir a volar a
Tanzania para una línea aérea africana por un periodo de 2 meses. Este
ofrecimiento, llegó un día para ser contestado inmediatamente, para lo cual, sin
analizarlo mucho y ante las dudas de mi esposa, acepté.


Vanessa no quedó muy conforme con mi decisión, puesto que es
muy celosa y no se quería separar de mí. Para colmo de males, en ese mes había
mucho trabajo en su sector y no iba a ser posible conseguir días libres para
poder ir a visitarme. En compensación, su gerente, le prometió que le iba a dar
vacaciones en Abril para poder viajar.


A pesar de no estar muy convencida, finalmente quedamos de
acuerdo con Vane, en que ella se iba a quedar trabajando en Baires hasta Abril y
allí vendría para hacerme compañía y de paso poder pasear un poco y tener unos
días de vacaciones. En resumen, íbamos a estar separados 25 días.



Estando la primera semana en Tanzania, me programaron para
hacer un vuelo a Sudáfrica con pernocte. O sea, llegaríamos a Sudáfrica a las 4
de la tarde y nos quedaríamos hasta la noche siguiente. Como hacia mucho calor y
estábamos muy cansados, decidimos ir con toda la tripulación a la pileta del
hotel. Allí, conocí a Carolyn Russell, una rubia muy bonita, alta y delgada, de
unos 35 años, que era una de las azafatas que volaba con nosotros. Los 6
tripulantes, 3 mujeres y 3 varones, juntamos varias reposeras y no sentamos allí
para tomar sol, descansar y charlar. En una de la charlas salió el tema del SIDA
y del problema que esta enfermedad traía a la sociedad Sudafricana. La charla
estuvo muy amena y todos participaron, pero de a poco, algunos se fueron tirando
al agua, otros se pusieron a tomar sol, algunos volvieron a su habitación y yo
me encontré solo hablando con Carolyn.


Continuando con el tema, saltamos a la famosa película de
Richard Gere, "Y la banda sigue tocando" y empezamos a hablar de los gays. Yo le
comentaba que en mi país hacia muy poco que se había liberado el tema sexo en la
jerga popular y ella me contaba que en Sudáfrica el tema estaba terrible.
Pasamos de charlar de la educación sexual que les daban a los chicos, a la
ignorancia de los negros, a los preservativos que el estado regalaba, a las
violaciones de menores y al gran porcentaje de sida que había en la línea aérea
que ella trabajaba.


El sol se estaba poniendo y la temperatura continuaba muy
agradable. Como no había mucho para hacer, nos quedamos en traje de baño,
recostados en las reposeras charlando y disfrutando la noche, que era hermosa.
Viendo esa luna y todas las estrellas brillantes, Carolyn se puso sentimental y
me comentó que extrañaba mucho a su marido. Yo por mi lado, sentí exactamente lo
mismo con mi mujer, que estaba a 6000 Kms de distancia y todavía faltaban mas de
20 días para volverla a ver.


Después de mi comentario, ella me preguntó si yo no estaba
celoso de que ella estuviera sola en mi país. Le dije que si, pero que confiaba
mucho en ella.


Carolyn me dijo que ella sentía los mismos celos y encima no
confiaba en su marido. Pero al estar enamorada de el, todos esos malos
pensamientos, producto de los celos, la excitaban de sobre manera. Yo coincidí
en su comentario y agregué que también me producía excitación el pensar que ella
podría estar con otro hombre.


Inesperadamente empezamos a contarnos todos nuestros delirios
y nuestras más profundas fantasías. Yo no hacia otra cosa que hablar de mi
esposa y ella de su marido. Pude notar a través del corpiño de su malla, que sus
pezones se habían parado. Ella lo percató y me dijo que se excitaba mucho al
pensar en estas cosas. Empezamos a hablar con mucha confianza como si fuéramos
dos amigos, pero siempre manteniendo la distancia y el respeto.


Yo le comenté que me encantaba ver a mi esposa con otro
hombre y ella me sorprendió diciéndome que tenía el mismo gusto. Se recalentaba
al pensar que su marido estaba con otra mujer. Yo agregué que hacíamos el amor a
diario y que siempre intentábamos algo nuevo con tal de excitarnos más, hasta
pensar que incorporábamos un tercero a nuestra cama. Ella asintió y dijo que
ellos hacían exactamente lo mismo. Me costó un poco contarle que nosotros
habíamos comprado un consolador, el cual Vanessa había elegido de mi mismo
tamaño. Ella me confesó que el regalo que le hizo a su marido cuando cumplieron
un año de casados, fue un pequeño consolador para meterle en la cola a él. Con
tantas coincidencias, finalmente vimos que éramos muy parecidos. Ambos teníamos
podridas nuestras cabezas con relación a nuestras parejas.


Como ya era tarde y ambos teníamos una calentura descomunal,
terminamos la charla y cada uno se fue por su lado. Me fui para mi habitación, y
me hice una paja de aquellas. No pensando en Carolyn sino en mí esposa Vanessa.
Inmediatamente empecé a soñar con encontrarnos con esta pareja, pues creía que
de acuerdo a la descripción que Carolyn me había hecho de su marido Robert, Vane
iba a gustar mucho de él y viceversa.



Al día siguiente regresamos a Tanzania. Durante todo el vuelo
estuvimos hablando de lo sucedido el día anterior. Carolyn me pidió que fuéramos
a hablar al galley para estar más tranquilos. Allí me confesó que al llegar a su
cuarto, se tuvo que masturbar por la calentura que se había agarrado. Yo también
le conté lo mío y le dije que había soñado con que nos encontrábamos los cuatro.
Ella adoró la idea y me dijo que ni bien llegue mi esposa, hiciéramos lo posible
para lograr conocernos. Allí le mostré una foto de Vane y ella explotó de la
calentura. Dijo que no solo le iba a encantar a su marido, sino que también le
gustaba a ella. Finalmente ese día, me despidió con un piquito y me dejo su
número de celular.



A la semana siguiente, volvimos a volar juntos y ella me
confesó que ya le estaba haciendo la cabeza a su marido para un intercambio.
También agregó que cada vez que hacían el amor, ella solo pensaba en Vane y en
mi y que le resultaba muy excitante. Yo por mi lado, le dije que todas las
noches soñaba con esta relación y que estaba tratando de hilvanar bien las ideas
para que saliera bien y no se arruine nada. Quedamos en que nos mantendríamos en
contacto.



A fin de marzo, llegó Vanessa a Tanzania. Yo había pedido
tener un par de días libres para disfrutar con ella. Ese día, no nos pudimos
soltar. Estuvimos todo el tiempo abrazados, nos habíamos extrañado un montón. A
la hora de la cama, empezamos a hacer el amor. Vanessa tímidamente me confesó
toda la historia que vivió en ese trío, que ya les relaté en "Un día de
gerencia". Me puse loco y la empecé a coger a lo bestia, pegándole sopapos en la
cara. Ella se excitó aun más y terminamos cogiendo como animales durante toda la
noche, mientras ella me seguía contando su historia con lujo de detalles una y
otra vez. Fue realmente espectacular sentir toda esa excitación mezclada con
celos.



Al día siguiente, nos levantamos al mediodía y fuimos a la
playa. Para variar, Vane tenia un color brutal y estrenó una malla cola less
amarilla. Fue la sensación de toda la playa, todos los hombres miraban a mi
mujer con deseo. Yo ya empezaba a sentir de nuevo los celos con excitación, pero
preferí esperar para el postre. Mas tarde decidimos ir a un Shopping para hacer
unas compras. Recordé que llevaba conmigo el número del teléfono celular de
Carolyn. Mientras Vane estaba viendo ropa, fui a un teléfono público sin que me
viera, me animé y la llamé. Ella me atendió y se puso muy contenta al oírme. Le
pregunté si esa noche no hacían nada, porque me encantaría encontrarlos, para lo
cual propuse en White Sands, un restaurante muy íntimo en la playa. La idea era
organizar un encuentro casual, donde nos íbamos a presentar nuestras respectivas
parejas, luego invitarlos a sentarse en nuestra mesa y allí ver que pasaba. En
esta ocasión, Carolyn y yo íbamos a ser socios. Ella aceptó inmediatamente muy
entusiasmada y quedamos en encontrarnos en ese lugar aproximadamente a las 21:00
horas.



Después de recorrer mas locales y siendo las 6 de la tarde,
le dije a Vane, que volviéramos al hotel a cambiarnos para ir a cenar a un lugar
muy bonito. Ella concordó.


Una vez en el hotel, nos fuimos a bañar juntos y comenzamos
un pequeño juego sexual donde nos fuimos calentando un montón. Como se hacía
tarde para salir, porque los restaurantes cierran muy temprano en Tanzania, le
pedí que por favor nos cambiásemos rápido y que al regreso iríamos a hacer el
amor como nunca. También le pedí que se vistiera muy bonita para provocarme a mí
y de paso quizás, a algún candidato. Vane sonrió perversamente y empezó a
vestirse y arreglarse. La escena donde ella se cambiaba en ese dormitorio de 4
por 4 fue realmente excitante. Primero colocó crema por todo su cuerpo, dejando
una piel muy dorada, suave y humectada. Acto seguido eligió una ropa interior
negra de encaje espectacular y se la fue colocando de a poco provocándome mucho.
Se puso unas medias separadas de red con liga que me volvían loco y luego se
calzó unas sandalias negras de taco alto muy finas. Era impresionante ver a mi
mujer tan insinuante. Yo solamente pensaba en la cogida que le iban a pegar esa
noche. Así como estaba, ella pasó al baño para pintarse y peinar su cabello onda
salvaje. Finalmente se vistió con un vestido negro minifalda que le quedaba
brutal. Tuve ganas de comerla así como estaba vestida, pero recordé mi plan y
decidí esperar. Estaba realmente preciosa, parecía una princesa y una puta a la
vez.



Ni bien terminamos, partimos para el restaurante. Llegamos 20
minutos mas tarde de la hora pactada. Al entrar al local, todo el mundo se dio
vuelta para admirar a mi esposa. En un rincón a lo lejos pude ver a nuestros
futuros amigos cenando. Carolyn estaba muy bonita y sensual, llevaba un vestido
rojo muy escotado, largo hasta la rodilla con un tajo muy pronunciado. Robert
estaba muy elegantemente vestido con ropa negra de Armani. El era alto, morocho,
muy quemado y con un muy buen físico. Aparentemente no nos habían visto llegar.
Me senté en una mesa quedando de espaldas a esta pareja para que Vane los
tuviera de frente y los pudiera ver. Empezamos ordenando la bebida y mientras
consultábamos el menú, le pregunté a Vane, como siempre lo hago, si es que había
visto algún perro que le haya gustado. Ella miró alrededor cuidadosamente y
después de un rato me dijo, "La verdad es que me gusta aquel perro de negro que
está con esa rubia." Casi me desmayo de la emoción al saber que justo había
elegido el objetivo. Haciéndome el tonto, me di vuelta despacito para ver al
supuesto perro. Hice que me quedé helado viendo a este hombre y le comenté a
Vane que me parecía muy buena su elección y que le veía cara conocida a la
rubia. Vane me preguntó: "¿Y de donde la conoces?", le dije que me parecía que
era una azafata de la línea aérea, con la cual ya había volado. Le pregunté si
quería que me fijara bien si esto era correcto y Vane dudo en un principio. Dijo
que iba a ser un papelón sino lo era. Me di vuelta del todo y empecé a mirar
fijamente a la rubia. Ella en un momento me devolvió la mirada y haciéndose la
sorprendida, me saludó con su mano.


Entonces le comenté a Vane: "Viste que me pareció conocida,
ahora nos tenemos que parar a saludarla". Vane agregó tímidamente: "Pero no
Claudio, me da mucha vergüenza..." Me paré y fui directamente para su mesa. Al
acercarme, Carolyn me preguntó:


- "¿Vos sos Claudio el argentino, no?".


- "Si, el mismo", le contesté.


Ella le hizo una breve explicación a su marido de quien yo
era, y nos presentó: "Te presento a mi marido Robert", dijo. Este me miró con
cara de pocos amigos. Inmediatamente les dije: "Yo también estoy con mi esposa,
déjenme que se las presente". Al ver a Vane, los ojitos de Robert brillaron de
mas. Fui hasta nuestra mesa a buscarla, tomé su mano y la guié hasta donde ellos
estaban. Vane saludó amablemente a Carolyn y vi que se puso un poco colorada al
saludar a Robert. Ese era un síntoma de que le había gustado. Le guiñé un ojo y
ella miró para abajo.



Como ellos ya habían terminado de cenar y nosotros todavía no
habíamos hecho el pedido, por las mías, los invité a que se sienten en nuestra
mesa. Vane me miró con cara de odio y me dijo: "Pero Claudio, ¿Qué sabes si
ellos no quieren estar solos?". Inmediatamente Carolyn aceptó encantada, tapando
lo que había dicho mi mujer. Acomodamos la mesa para estar más cómodos y nos
sentamos los cuatro. Mientras pedimos la comida, estuvimos hablando de varios
temas. Veía que Vane se sentía cada vez mas cómoda y Robert no le sacaba los
ojos de encima, festejando cuanta cosa ella dijera. Carolyn y yo compartíamos la
charla sin dejar notar que todo esto había sido fabricado.


Los diversos temas de conversación que tocamos fueron muy
entretenidos. Hablamos de viajes, de lugares exóticos, de vacaciones, de lugares
románticos, del amor, de hijos y de la familia. En fin, todos temas relacionados
a la pareja. Conforme pasaba el tiempo, ambas respectivas parejas nos empezamos
a abrazar con cariño, dándonos besos y caricias mientras charlábamos. Conociendo
bien a mi mujer, a estas alturas, ella ya había gustado mucho de Robert, al
verlo tan grandote abrazando a su mujer. Carolyn aparentemente recordó, que yo
le había comentado que a mi esposa le gustaban mucho los hombres grandes y con
muchos pelos en el pecho, por lo que fue desabotonando un poco la camisa de
Robert e introduciendo su mano dentro de ella para acariciarlo, mientras hablaba
naturalmente. Vane me empezó a acariciar por debajo de la mesa, demostrando que
esto le había encantado.



Ya como a las 11 de la noche, les pregunté a todos si tenían
ganas de ir a bailar, lo que contestaron rotundamente que si. Como nosotros
habíamos ido en taxi, ellos se ofrecieron a llevarnos en su auto. Nosotros nos
sentamos atrás y durante el trayecto yo empecé a besar a Vane efusivamente. Veía
que Robert nos espiaba por el espejo retrovisor mientras hacia demostraciones
similares de cariño con su mujer. Fuimos para el lado de Oyster Bay y paramos en
un boliche que parecía muy tranquilo. Nos sentamos en un reservado tipo vagón de
tren con sofás enfrentados, mesa ratona de por medio y con poca luz. Enseguida
vino el mozo y ordenamos las bebidas. Alcohol para todo el mundo. Continuamos
charlando amablemente con una buena música de fondo. El clima estaba ideal.



Empecé a besar a Vane con la boca muy abierta, dejando ver
nuestras lenguas en cada beso. Ella en un principio, se resistió un poco porque
le dio vergüenza, pero al ver que ellos estaban pendientes de nosotros, le gustó
y siguió haciéndolo muy enamorada. De a poquito empecé a acariciar sus piernas,
las cuales se empezaron a abrir lentamente. Levemente continué acariciando sus
pechos por encima del vestido. Sus pezones se comenzaron a endurecer y su piel
se empezó a erizar. De repente, abrió sus ojos y me empezó a mirar fijamente
mientras me besaba. Vi que giró sus ojos para mirar de reojo a la otra pareja
enfrente nuestro que a estas alturas estaba haciendo prácticamente lo mismo,
producto de vernos amar tan efusivamente. Entonces Vane, me desabrochó el
cinturón, abrió mi pantalón y se agachó para poderme besar un poco sobre el
slip. Mientras me besaba, miraba fijamente lo que Carolyn y Robert hacían. Por
mi lado, yo levanté un poco su pollera, corrí su tanga y empecé a tocarle
suavemente el clítoris en forma circular. Su concha estaba toda mojada y ella
empezó a jadear de placer. En este estado, mi mujer se empezó a transformar. De
repente se incorporó y comenzó a pajearme lentamente, mirándolo a él a los ojos.
Sus miradas se cruzaron con fuego y viendo la cara de puta de mi mujer, le dije
a Robert:



- "Me parece que Vanessa esta muy caliente y te esta deseando
mucho".


- "Creo que si haces lo que a ella le gusta, te va a dejar
participar".



Vi que Robert se quedó helado. Carolyn empezó a sentir un
ataque de celos, pero al ver el excitante espectáculo que daba mi mujer, se
aguantó un poco y esperó, muy excitada. Le pedí a Robert que se sentara en la
mesa ratona y comenzara a masturbarse. En un principio él se quedó como cortado
pero al ver a Vane mover su cabeza asintiendo, se sentó de inmediato en la
mesita, abrió el cierre de su pantalón y saco afuera su aparato. Carolyn se
colgó por detrás de su espalda y mientras miraba la escena, empezó a chuparle el
cuello. Vane quitó mi mano de su pubis, abrió un poco más sus piernas y empezó a
jugar en su concha con dos dedos, mirando fijamente a Robert. Su pija se empezó
a parar mal. Yo mientras tanto, corrí los breteles de mi mujer, bajé un poco su
vestido y dejando el corpiño a medio camino le empecé a besar las tetas. Vane,
que estaba como loca, continuaba tocándose y su concha se abría un montón,
permitiendo ver que estaba toda mojada. Con su otra mano seguía masturbándome.


Carolyn, un poco alejada y detrás de su marido, seguía
observando la situación y le decía al oído que se estaba excitando mucho
mirándola a Vane, mientras tanto le desabotonaba la camisa y le acariciaba
suavemente el pecho, permitiendo que Vane pudiera verlo. Robert se seguía
tocando y su pija crecía cada vez más. Vane se relamía su labios incitando a
comerse esa pija, hasta que en un momento se desbocó y dijo: "Siii, mastúrbate
mas hijo de puta, así, así....". Ella estiraba su lengua como para querer llegar
hasta el, mientras se seguía tocando cada vez mas rápido.


Robert no podía creer lo que estaba viendo y escuchando. Todo
esto ocurría a no más de 50 centímetros de donde él estaba sentado. Intentó
pararse para arrimarse a ella y yo le dije que todavía no era el momento.
Carolyn empezó a refregarle sus tetas por la espalda y a comerle sus cabellos,
con una mano se había levantado el vestido y se tocaba por encima de su tanga.
Ninguno de los tres podíamos dejar de observar la excitante postura de Vane.


Yo me paré y bajé del todo mi pantalón. Sin dejar de
masturbarse, Vane inició una simulación de chupada hacia mi pija, sin tocármela.
Mientras tanto seguía mirando con mucho deseo y pasión a Robert que se estaba
derritiendo. Intenté meterle mi pija en la boca y ella dijo: "No Papá, espera,
primero le quiero chupar la pija al señor…".


Entonces, di la vuelta al sofá, obligando a Vane a que se
diera vuelta para que se arrodille y se apoye en el respaldo y así ofrezca su
vista trasero a nuestros amigos. No aguantando ni un segundo más, Robert se paró
y violentamente la penetró por detrás. Vane gritó de placer y al poco tiempo se
empezó a mover como una víbora. Esto hizo que Robert le retribuya, metiéndosela
y sacándosela con fuerza.



Lentamente me fui alejando y no pude hacer otra cosa que
sentarme en la mesa ratona a disfrutar del espectáculo. Carolyn se vino a sentar
a mi lado. Nos miramos y sonreímos. El plan había sido todo un éxito. Nuestras
respectivas parejas, se estaban matando delante nuestro. Le pregunté que le
parecía y ella me respondió que en realidad Vane era todo un volcán y que nunca
había visto a su marido tan caliente, cosa que le encantaba. Carolyn me dio un
piquito y agregó que habíamos tenido una idea brillante y mucha suerte. Lo que
un día habíamos soñamos en Sudáfrica, ahora se había hecho realidad.



Dándole un abrazo, comencé a comerle esa boca tan sensual que
tenia. Ella, ya sin corpiño, me empezó a refregar sus tetas por mi pecho y a
agarrarme del culo para apretarme contra su cuerpo. Mi pija estaba muy parada.
Ella besaba muy lindo y su lengua me recorría toda la boca, haciendo que mi
erección sea cada vez mayor. De todas formas, yo no me podía concentrar. Cada
vez que intentaba seducir a Carolyn, la escuchaba a Vane gritar y gozar.



En ese momento, vi como Robert la hacia acostar boca arriba
en el sofá con las piernas muy abiertas hacia el respaldo y estando parado, se
la metía hasta el fondo. En eso Vane gritó:


- "Síii, Papá soy tu puta y me dejo coger así porque me
encanta que goces mirándome". Yo me moría del placer. La escena era un cuadro
morboso; en el sofá, Vane y Robert se estaban matando cogiendo y a medio metro
de ellos, Carolyn y yo, parecíamos dos buenos amigos, mirando como 2
espectadores. En eso, Vanessa volvió a gritar:


- "Siii, Mira como me esta rompiendo la concha cogiendo este
perro, me la esta partiendo"



Acto seguido, Carolyn me dijo que se estaba excitando a lo
loca y que ya no daba más. La llevé hacia el otro sofá, me acosté y la ayude a
sentarse encima de mi palo. Como su concha estaba completamente mojada, entró
con mucha facilidad. Tanta facilidad, que sentí que ni le hacia cosquillas. Me
preocupé por eso y traté de metérsela más a fondo. No pasaba nada, su concha era
tan grande que mi pija resbalaba. Carolyn ya estaba desesperada, me pedía a los
gritos que la hiciera acabar. La di vuelta rápidamente y se la metí en el culo.
Para mi desilusión, también entró con mucha facilidad, no había mucho
rozamiento. Sin dudarlo, empecé a serruchar y con una mano le tocaba el
clítoris. Carolyn comenzó a jadear y a contorsionarse. Al poco tiempo, empezó a
decir que le venía y tirándole fuerte de su cabello, llegó a un orgasmo
profundo.


Me quedé pensando en el tamaño de la concha y del culo de
Carolyn. Debería ser producto del grosor de la pija de su marido. Y en esos
momentos veo que Robert estaba a punto de metérsela a Vane por el culo. "Nooo,
le grité, espera que la vas a desgarrar…". Yo Fui a ayudarles. Le escupí saliva
en su culo y se lo empecé a chupar. Le metía toda la lengua para adentro y Vane
deliraba de placer. Con la otra mano le fui tocando el clítoris y metiendo dos
dedos hasta que estaba a punto de acabar. Su esfínter se abría solito mas de lo
normal y en esos momentos le pregunté: "¿Mamá, estas segura que queres que
Robert te rompa el culo ahora? "¡Siii, por favor!", me contestó y agregó que
quería que yo la bese y le apriete las tetas con fuerza. Vane estaba
entregadísima. Robert apoyó la cabeza de su pija en la cola de mi mujer, empujó
un poco y vio que no entraba. Tras varios intentos, logró meter la cabeza, a lo
que ella respondió con un fuerte quejido. Ella nunca había sentido un pedazo tan
gordo en la cola. Carolyn se sumó al grupo y la empezó a besar, mientras yo le
apretaba las tetas y Robert empujaba despacito con la seguridad que llegaría a
metérsela por completo. Vane gritaba de dolor y placer, mientras la enorme
poronga entraba y salía.


Yo, ya no podía esperar mas. Me excitaba tanto ver como mi
mujer gozaba de placer. Pero como yo quería acabar en su culo, trataba de
controlarme. Vane era una maquina sensual, llena de erotismo, todo esto se
reflejaba en su cara. Robert no paraba de meterla y sacarla entera, con un ritmo
regular. Le pedí que me dejara a mí. Robert se alejó y yo le metí la pija en el
culo hasta el fondo. "Agrrr, éste es mi Papá" gritó Vane, "Esta es mi medida
perfecta" La empecé a coger con la cadencia y la respiración que a ella le
gusta. Íbamos los 2 derecho al orgasmo. De tan solo vernos, Robert se desesperó
y metió su pija en la boca de mi mujer.


- "Siii, Papá, mira como ahora me voy a tragar toda su leche
delante tuyo, ¿Queres?"


- "Claro que si, hija de puta, tragátela toda y después me
venís a comer la boca, así la pruebo yo también", le contesté.


Ante tal comentario, Vane acabó soltando un tremendo grito de
placer. Al escuchar su grito, medio atragantado por tener la pija de él en su
boca, yo acabé hasta la última gota, eyaculando todo mi esperma hirviendo en el
culo de mi mujer.


Para sorpresa de todos, Carolyn vino por detrás y le metió un
consolador en el culo a su marido, quien se retorció de placer y al poco tiempo
inundó la boca de Vane con su leche. Al ver la desesperación de Carolyn por
acabar, le metí 3 dedos en su concha y la empecé a pajear. Por su lado Vane,
como podía, le chupaba las tetas y la besaba en la boca, compartiéndole la leche
de su marido. Carolyn ya se trepaba por las paredes…


Finalmente, la mano de Robert nos apartó del ardiente sexo de
su mujer. Con su pija media muerta, él se trepó sobre ella, que lo enganchó con
sus piernas. La penetró y brutalmente le metió el consolador en el culo,
retribuyéndole el favor.



Nosotros nos sentamos en el sofá a descansar y a mirar cómo
cogían. Y debo reconocer que fue todo un espectáculo. Morocho y rubia, ambos
grandotes, jadeando, gritando y diciéndose un montón de barbaridades en ingles.
Acabaron los dos juntos en silencio.



Los cuatro finalmente arreglamos un poco el lugar y nos
quedamos tomando un trago más, disfrutando y comentando la increíble
experiencia. Todo fue perfecto hasta que a Carolyn se le escapó sin querer que
todo esto, había sido planeado e ideado por nosotros dos.



A pesar de haber disfrutado mucho de este intercambio, donde
los cuatro gozamos como nunca lo habíamos hecho en nuestras vidas, Vane no me
perdonó jamás, que no se lo haya dicho de frente y que se haya enterado por un
tercero.



Claudio


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FIN



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