Pues bien, como ya adelante en el relato anterior, estaba
esperando un taxi para irme a casa, cuando Carlos me cogió de la cintura y se
metió en el taxi conmigo. Comenzó a hablarme de lo sexy que estaba y que me
había visto durante toda la sesión de sexo que había tenido. Inmediatamente
empezó a tocarme todo el cuerpo, me sobaba los pechos y no tardó en quitarme la
chaqueta que llevaba dejando ver al taxista mis encantos. Comenzó a besarme con
furia y fue bajando hasta que se encontró con mis doloridos pechos, los besó y
lamió para luego bajar hasta meter su cabeza por debajo del mantel que me había
puesto como falda. Así empezó una comida espectacular de mi coño, el cual, entre
lo cachonda que estaba esa noche, y lo morboso del taxi, no tardó en empapar la
cara de Carlos con mis jugos. El coche paró, y el taxista abrió la puerta, yo ya
había empezado a mamarsela a Carlos cuando noté una polla gordísima entrándome
en el coño con una fuerza bestial y empezó a meterla y sacarla bruscamente,
notaba como sus testículos chocaban contra mi agujero y los labios mientras me
sobaba las tetas como si las ordeñase. Sentía un dolor muy intenso y no pude
menos que gritar. Pero Carlos lo solucionó rápidamente metiendome su polla en la
boca, la cual seguí chupando, lamiendo y succionando como una loca junto con sus
testículos, que me los metí en la boca como una posesa.
El taxista sacó su polla de mi concha y empezó a correrse en
mi espalda y en mi culo. Metió un dedo en mi ano y me lo acercó a la boca junto
con su semen para que lo chupase, cosa que hice con mucho gusto mientras me
gritaba lo puta que era y lo que me pensaba hacer, algo que no entendí, ni me
molesté en escuchar, debido a la excitación del momento.
Seguía dedicándome a la polla de Carlos cuando le escuche
reírse y decir "ya verás que bien se lo va a pasar la zorrona esta", gire la
cabeza y vi al taxista con un bote de lubricante que me empezó a esparcir
alrededor del ano. Carlos me giró la cabeza y me volvió a meter su polla de un
golpe en la boca:
-No seas tan hija de puta. No me dejes así, acaba tu trabajo
puta
Y seguí mamándosela como nunca. Estaba completamente excitada
y caliente, olía el sudor del taxista y de Carlos, incluso el mío propio y con
todo eso me corrí una vez más, casi en el mismo instante que lo hizo Carlos,
sacó su polla de mi boca, llenando mi cara y mi pelo de su semen.
Carlos salió del coche y dio la vuelta. Me dolía todo el
cuerpo, y pretendía cambiarme de posición cuando el taxista me agarró por la
cintura fuertemente:
-Ni se te ocurra moverte, puta, te voy a demostrar de que
sirve hacerle la compra a la parienta
Y comenzó a meterme un pepino enorme por mi culo causándome
un terrible dolor y haciéndome gritar tan fuerte que apenas pude oír las risas
de ambos hombres. Me sentía como una verdadera puta, humillada, sucia... pero la
cosa no acabó ahí. Me metió otro pepino por el coño, e intentó meter otro más en
mi ano. Yo pensaba que me iba a morir, me sentía taladrada por mis dos
orificios, no podía aguantar el dolor y gritaba que me dejasen en paz, incluso
llegué a llorar del dolor.
Parecía que me habían hecho caso y sacaron los pepinos de mi
ano, pero no de mi coño. Noté como entraba aire en mi ano, que debía estar
enormemente dilatado. El taxista metió entonces su polla en mi culo, la cual
casi no note a pesar de tener un grosor grande, pero Carlos la metió en el mismo
agujero apenas unos segundos después y ambos empezaron a moverse casi al compás,
incluso al compás del pepino, el cual uno de ellos debía estar moviendo,
metiéndomelo hasta arriba del todo.
Perdí la noción del tiempo y fueron incontables los orgasmos
que tuve pues, a pesar de ser un dolor insoportable, el placer también lo era.
A partir de ahí ya no recuerdo nada, sólo que Carlos me subió
en brazos a mi casa y se despidió de mí con un " Ya verás que bien nos lo vamos
a pasar a partir de ahora en la oficina"