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Relato: Daniela y un cornudo complacido

Relato: Daniela y un cornudo complacido

  

Daniela y un cornudo complacido





 


Después de la pelea y discusión con mi esposo ("Daniela,
de entrega inmediata
"), en la
cual se enteró que ya otro me había hecho suya, me sentí de veras muy mal, me
dolía haberlo engañado.


El domingo en la mañana, me levanté me percaté que estaba
sola en casa. Me di una buena ducha y me arreglé como suelo hacerlo. Traté de
ocultar el moretón que traía en la barbilla con maquillaje, eso me recordó el
coraje que aún tenía en contra de mi esposo.


Como me encontraba sola, así que después de arreglarme decidí
ir a ver a mi mamá. Busqué mi bolso de manos y por más que lo busqué no lo
encontraba; no recordaba haberlo puesto en otro lugar que no fuera sobre mi
peinador… Hasta que se me ocurrió ir al estudio de mi marido y sobre su
restirador estaban regadas las chucherías que suelo guardar en mi bolsa de mano.
Me di cuenta que mi esposo había estado esculcando mis cosas, y con algo de
pánico me di cuenta que en mi cartera no estaban mis tarjetas de crédito ni mi
dinero, solo un triste billete de a cien pesos me había dejado…


El muy cabrón me había dejado sin un peso, y por más que le
di vueltas al asunto, no encontré la forma de saber en donde había ocultado mi
dinero y mis tarjetas. Aún así me fui a casa de mi madre… Regresé ya entrada la
noche y me lo encontré viendo un programa deportivo y con una copa de licor en
la mano.




¿Ya vienes de putear, cabrona?… -, me dijo al entrar.




Hice caso omiso a sus insultos y me fui a mi dormitorio, de
inmediato entró tras de mí y volvió al ataque:




Siempre supe que eras igual de puta que la que te parió…
-


Deja en paz a mi madre, ¿si?; que ella ni mi familia te
piden nada... –


¿Qué no?... ¿Quieres que te lo recuerde?... –


Ni los buenos días te deben… -


Ya se te olvidó a quién le deben todo lo que tienen… Pero
apuesto que no sabe la clase de piruja que tiene por hija, ¿o si?... Yo me
voy a encargar de platicarles a todos los que te conocen la clase de perra
que eres, cabrona–, dijo arrastrando las palabras por efectos de la bebida.




Fingí no escucharlo, pero me agarró del pelo y me estampó una
bofetada que me hizo trastabillar…




Siempre supe que eras una puta y que te encanta la verga;
y ahora vas a demostrar lo bien que te mueves en la cama para ganarte lo que
te tragues porque no pienso darte un centavo… -


No te olvides que la mitad de todo lo que hay aquí, me
pertenece… -, dijo llorando.


¡Mira donde está tu mitad!... -, dijo restregándose el
bulto de la bragueta.


¡Aunque ironices papacito, la mitad de esto es mío!... -,
lo reté.


Sigue creyéndote eso, que te voy a mandar a chingar a tu
madre y que estés a donde perteneces, pendeja; a un prostíbulo donde están
los de tu raza… -


Me valen tus amenazas, afortunadamente estuve con mi
familia y ellos me brindaron todo su apoyo, ya que no pienso vivir al lado
de un alcohólico enfermo… -, dije mintiendo.


¡Chinga tu madre!... -, me dijo dándose la vuelta.


Igualmente, estúpido… -, dije y me eché a llorar.




En la mañana del día lunes, me levanté antes que se fuera a
su oficina.




Me dejas mis tarjetas y mi dinero, por favor; si no
quieres que levante un acta por agresión y despojo… -


¡Estas pendeja!, todo me pertenece… -


Ya lo veremos… -




Debí haberme imaginado que me quitaría todo lo de valor, pero
mis acertados pasos me llevarían a ganar la partida. Después de ducharme, y
desayunar, fui a su estudio y ahí estaban mis cosas, creo que no faltaba nada.
Después de desayunar le marqué a Verónica pero no la encontré, era con la que
mayor confianza tenía; ella debía de saber como debía yo proceder ante tales
acontecimientos. A mis otras amigas no les conté nada, ¿para qué?, nada más se
concretarían en escucharme y hacer el chisme más grande.


Pasaron tres días sin que nada cambiara, sin dirigirnos la
palabra y mucho menos intentar la reconciliación. En realidad yo estaba inquieta
y al mismo tiempo, confundida, aunque suene poco creíble yo lo quiero, y eso me
tenía muy preocupada. Mientras tanto me dedicaba a leer, a pensar en lo que
sería mi vida cuando mi marido se cansara de esta situación. El miércoles hablé
con Vero y me aconsejó que no podía verme, pues andaba ocupadísima pues iba a
ser madrina de pastel en una boda, pero que ya habría tiempo; mientras tanto me
aconsejó a actuar con cautela y que cuando todo pintara mejor, hablara con mi
marido, que en realidad él tenía la culpa por tenerme tan abandonada y yo siendo
tan fogosa… Total que no saqué nada en claro.


Quería hablar con alguien, pues me sentía sola y vacía; a mi
familia no la quería preocupar hasta que tuviera algo en claro. Así que le
marqué a Julio, pero la secretaria me contestó que andaba de viaje con unos
ejecutivos, traté de hablar con Juan Emilio pero me respondió Luis, quien me
dijo que por qué no nos veíamos y hablaríamos. Le dije que me sentía muy
deprimida y que necesitaba me reconfortara como amigo. Lo cité en un parque que
está a unas cuantas cuadras de mi casa, que me buscara pues necesitaba hablar
con alguien.


Él llegó en su coche después de las siete de la noche.
Estuvimos platicando dentro del carro, pero en realidad no paraba de acariciarme
los muslos bajo mi vaporoso vestido, diciéndome lo buena que estoy, pero sin
escuchar lo que yo decía, sobre mi situación; claro que no le hablé claro, solo
que me sentía muy triste… Él por su parte intentaba atraerme para besarme y yo,
sutilmente lo rechazaba. Yo intentaba encontrar consuelo a mi desdicha, a mi
decaimiento, pero él tenía en mente otra cosa… Terminó por colar su mano entre
mis muslos y empezó a acariciar mi almeja por sobre la pantaleta…




¡Por favor Luis, no estoy de ánimos!... –


¡Mamita, ve cómo me pones!... –, dijo señalando su
bragueta.


Hay niños y nos pueden ver… Otro día, te juro que otro
día lo hacemos, hoy no por favor… -, pero mientras más me resistía, mayor
empeño ponía.


Nadie nos presta atención… ¡Por favor nena, no me dejes
así!... –




Quizá fue la depresión que sentía, el caso fue que puse mi
mano sobre su verga, la sentí erectarse y de inmediato un cosquilleo nació en mi
pubis. Le sugerí hacerle una chaqueta, la cual aceptó encantado. Le saqué la
verga y empecé a frotársela.




¡Mámamela putita!... –




Me llevé a la boca su órgano venudo y procedí a chupársela
con ahínco, quería evadir mi triste realidad y olvidarme de toda aquella mierda
en que se había convertido mi vida… Cuando Luis ya no aguantó, prácticamente me
arrancó las pantaletas y hundió su rostro entre mis piernas; en ese momento dejó
de importarme mi marido, la algarabía que había en nuestro alrededor, la
posibilidad de que nos descubrieran o que la policía nos descubriera…


Cuando se cansó de lengüetear mi almeja, se bajó los
pantalones hasta los tobillos y me pidió que me sentara en su erecta macana. Me
acomodé de espaldas a él, vigilando que nadie apareciera, mientras subía y
bajaba sobre su falo y apretaba los labios para no gemir escandalosamente. Él se
afianzaba a mis chichitas mientras me sacudía a cada embestida que me daba, su
verga entraba y salía de mi pucha y por lo apretados que estábamos, la fricción
era más intensa. Entre gemidos le pedí que no me echara la leche adentro, pero
cuando ya no aguantó más, lo sentí ponerse rígido, en ese momento intenté
levantarme, para no recibir su esperma en mis entrañas, pero me sujetó tan
fuerte que todo su semen se anidó en mi interior.


Le recriminé su actitud y ni siquiera me despedí como hubiera
querido, pues me urgía llegar a casa y levarme… Luis intentó alcanzarme y
disculparse, pero yo estaba bastante encabronada, pues no me estaba cuidando y
podía quedar preñada… Lo dejé ahí, vociferando en voz alta. Cuando llegué a
casa, escuché que mi esposo ya se encontraba, no quería encontrarme con él, pues
sabía que estaba despeinada y toda batida de semen. Una vez más había metido la
pata… Pensé qué hacer, pero no se me ocurrió nada, respiré hondo y me dije que
lo que tenía que pasar, pasaría…


Cuando abrí la puerta, se me quedó viendo, ya no tenía caso
tratar de pasar directamente al baño como era mi intención, lo tenía casi de
frente.




¿De dónde vienes hija de la chingada?... ¿De revolcarte
con tus amantes?... –




Intenté escabullirme hacía mi cuarto, pero me jaló del brazo
y se quedó viendo mi rostro de labios despintados y con toda la pinta de haberme
besuqueado con otro hombre… Por instinto me eché hacía atrás pero no pude evitar
la cachetada que se estampó en mi mejilla izquierda…




¡Contesta perra, ¿de dónde vienes?!... –


¡De acostarme con otro cabrón!... -, dije presa de la
rabia y llorando.




Él se quedó atónito, creo que no esperaba que fuera tan
directa.




¡Sí, y no sabes lo mucho que lo gocé!... -, vi que su
mandíbula temblaba y la frente se le perlaba de sudor.




Dejó la copa sobre la mesa de centro y fue aproximándose
hacía mí, sentí que todo estaba perdido y que me sacaría de la casa a
empellones. Sabía que todo lo había perdido, así que qué más daba hacerlo
rabiar, quería humillarlo como el pensaba hacerlo frente a los míos…




¡Mira!… -, le dije levantándome el vestido, -aún traigo
muestras de su leche de la tremenda cogida que me dio… ¡Es semen!, pues se
vino en mi interior aún sabiendo que podía dejarme panzona… -, dije ya sin
medir las consecuencias…


¿Y se la mamaste, puta?... -, me preguntó enronquecido,
no sabía si de coraje o de placer, pues así me habla cuando está súper
encabronado o muy excitado…


¡Claro!, si no, no sería la puta que soy, la que no te
coges y la que siempre anda urgida por una buena verga… -, le dije aún con
el vestido levantado y con mi calzón a un lado para demostrarle las huellas
de esperma que aún brillaban en mi ensortijado pubis.




De verdad que no me esperaba la reacción que tuvo, en un
arrebato me atrajo hacía él y me besó en la boca y yo respondí, sentí su verga
muy parada restregarse a mi pierna y esto me hizo temblar, sus besos en mi
cuello me empezaron a calentar tal como él sabía que me ocurría; me abrazó y una
de sus manos se fue directamente a mis nalgas, gemí y me seguí retorciendo. Me
subió el vestido y cayó de rodillas y lamiendo todo el jugo que brillaba en mis
pelitos. Lo agarré de la cabeza y se la restregué contra mi chocha, él gimió y
me empujó sobre el sofá donde caí sentada, me recosté y abrí de par en par mis
piernas…




Daniela, mi vida… -, yo solo me acomodé y lo abracé
mimosa.


Pasa esto porque no me complaces… ¿Qué necesidad tengo de
buscar lo que tengo en casa?... –




Una de sus manos bajó a mis muslos que yo abrí complacida,
haciendo a un lado mi tanga, introdujo un dedo en mi rajita y lo sacó empapado
de semen, eso me estremeció. Acto seguido fue bajando con su boca por los muslos
y me metió su lengua en mi cueva como tanto le gusta. Me abrí lo más que pude
dándole mi coño en flor; de esa manera, su lengua se hundió hasta el fondo y me
empezó a chupar la panocha como un desesperado. Esto solo logró que yo me
pusiera más ardiente que nunca, era nuestra forma de empezar a reconciliarnos.




Papi, deja que me lave… -


¡Aghhh, dime que te la metió en la pucha!... –


¡De verdad papi, te juro que me cogió y se vino en mi
interior!... ¡Y eso que sale de mí, es su leche!... –




Sin embargo mi marido absorbía como aspiradora el esperma aún
fresco de Luis junto con mis jugos.




¿Cómo te cogió?... –


En su carro mi vida… Me senté en sus piernas y así me la
metió… -


¿Cómo la tiene?... –


¿La verga?... –


Si… -


¡Muy grande papito, hasta me hizo gritar cuando me la
metía toda!... –




Cuando se cansó de mamarme la papaya, se separó de mí y me
pidió:




Chúpame la verga, mamita-, yo complacida y lo hice.




Me sorprendí al sentirla tan dura, así que se la mamé por un
buen rato, después de esto me abrió de piernas y me quitó la tanga dejándome
abierta ante sí. Se acomodó y me metió la verga de un golpe, se la sentí
deliciosa y le rodeé con mis piernas para atraerlo y sentirlo aplastar mi
cuerpo; él se las arregló para sacarme las tetas y me empezó a chupar mis
pezones que parecían piedras. Me besaba el cuello, los labios y me cogía
delicioso. Esto me puso al borde del orgasmo y un poco después, me contraje en
una deliciosa venida, él lo sintió y se empeñó más, sacándome la verga me hizo
poner de rodillas dándole mis nalgas, las cuales me besó y aprovechó para lamer
mi gruta. Me la metió de nuevo así como me tenía y empezó a decirme:




¿Te gusta así mi vida?, dime como te gusta que te cojan,
dímelo por favor Daniela… -


¡Así chiquito, cógeme así, métela muy profundo!... ¡Tú
sabes cómo me gusta mi rey!... –




Desde luego que él estaba ardiendo al igual que yo y entonces
vino lo inesperado… Se vació en mi interior en grandes chorros de leche, pero lo
más curioso es que su verga no perdió la erección; me volteó de prisa y se puso
a mamarme la pucha de la que me escurría su leche, me dijo que sabía rico, que
le gustaba mi vagina enlechada y me hizo explotar con sus chupadas y
lengüeteadas… Me abrió de nuevo las piernas y me enterró su verga nuevamente.
¡Qué delicia era para mí que mi esposo me repitiera la cogida!, solo lo hizo así
cuando estuvimos recién casados; ¡y ahora estaba irreconocible!...


Me atrajo de la cadera y sentí como me bombeaba con furia, yo
solo alcanzaba a gemir pues me estaba llegando otro orgasmo delicioso, en eso,
él me preguntó:




Dime puta, ¿así te cogía tu amante?... Quiero saber como
te la metió, cuéntamelo todo… -




En mi arranque de atrevimiento, empecé a detallarle todo. Él
me bombeaba más y más, estaba transformado y me cogía con verdadera furia, creo
que nunca lo había sentido de esta forma. Así que en mi delirio sexual, le seguí
narrando la cogida que me habían dado…


Mi cueva se contraía de gusto al sentir sus bombeos, y un
extraño placer me inundó y le conté con lujo de detalles la cogida con mi
amante...




¿Y quién fue el que te cogió cuando me fui a ciudad
Altamirano?... ¿Es el mismo?... –


No papi… -


¿Dime quién es, lo conozco?... –


Si lo conoces mi vida, pero no te diré quien es… -


Dímelo Dany, te lo suplico. Dime su nombre e imagina que
yo soy él… -




Esta nueva solicitud me prendió más, este era uno de nuestros
juegos al coger, pero antes todo había sido fantasía, ahora mi esposo me estaba
pidiendo que lo llamara con el nombre del tipo que me había penetrado por
delante y por atrás, y al verlo tan ardiente, no dudé en hacerlo...




¡Cógeme Julio!... ¡Así mi vida, déjame bien cogida así
papito, cógeme!... ¡Soy una puta para ti, y bien lo sabes!... -, le decía a
mi marido con gran insistencia, sin dejar de pronunciar el nombre de Julio,
imaginando que era él quien me la metía y no mi marido...




Mi esposo me bombeó con más fuerza al escuchar mis palabras
indecentes diciéndole el nombre de mi amante...




¿Te refieres a Julio el chofer?... -, me preguntó
entrecortadamente sin dejar de penetrarme una y otra vez.


¡Si mi vida!, él fue quien me estuvo cogiendo… -, ya no
fueron necesarias las explicaciones.


Cuéntame todo Daniela, dime cómo pasó todo, cuéntame con
detalles y dime si te hizo gozar… -




Claro que le empecé a describir todo…




Dime, ¿te cogió muy rico?-


Si mi vida me cogió muy sabroso, y tiene una verga
riquísima… -


¿Quieres seguir cogiendo con él?-


¡Ay papi, sabes que me encantaría que me cogiera de
nuevo, muchas veces!... ¡Nada más de imaginarlo!... ¡Pero que vergota se
carga!... –


¿Quieres seguir siendo su puta?... –


Si mi rey, quiero ser su puta y tu putona, quiero que los
dos me disfruten mucho, quiero andar de puta… Me encanta ser una ramera,
tuya y de él y de muchos otros… -




Creo que el escuchar eso de mis labios fue el colmo del
placer para mi marido, pues apretándome las ancas me empezó a embestir más
fuerte y más rápido hasta que me hizo venirme y al mismo tiempo él se derramó de
nuevo en mi panochita que se contraía apretando su verga intensamente.


Sudorosos nos quedamos abrazados, eran cerca de las ocho de
la noche.




¡Oh papito, te quiero muchísimo!... -, le dije yo muy
melosamente mientras lo besaba con ternura. – ¡Nunca me dejes, no soy nadie
sin ti!...




Él me devolvió el beso y me contestó:




Dany, perdóname; sé que yo he sido culpable de todo, no
te quiero perder mi reina, y de ahora en adelante nos llevaremos mejor…
Puedes hacer lo que tú quieras, creo que no hace falta pedirte que seas
discreta… -




¡Mi propio marido me estaba dando permiso de darle las nalgas
a quien yo quisiera, y eso me encendió!... Siguió hablándome, pero mi cuevita
era una catarata de jugos…




Lo he pensado mucho en estos días, sé que eres muy
caliente y no te puedo llenar como antes, además he reflexionado que el
saberte cogida por otro hombre me calienta como nunca lo imaginé… -


¿En serio?... ¿No te molesta que me acueste con otros?...


Me excita, se me pone la verga bien parada, aún sabiendo
que me engañas con otros cabrones…


Pero sabes que solo a ti te quiero, ¿no?... -




Esta confesión de su parte me estremeció. Sabía de oídas que
a muchos hombres les encanta tener una vieja tan puta, pero nunca me imaginé que
mi propio esposo me estuviera dando el permiso de coger con otros y para
reafirmarlo me dijo:




¿Quieres traer a tu amante hoy mismo?... ¿O a alguien
más?... –




Yo me quede sorprendida, pero el ofrecimiento de mi esposo
casi me hace estallar de la fiebre que albergaba mi conchita…




¿Tú quieres?... ¿Quieres que me vaya a coger con otro, mi
vida?... –


Si nena, quiero que me demuestres lo putona que eres, que
te coja tu amante, o quien tu quieras, que te vayas a la calle y regreses
bien cogida para volverte a coger yo… -




Se quedó en silencio pero su mástil lucía retador y
amenazante, su rostro reflejaba una excitación como en los primeros años de
casados, y su voz, estaba enronquecida por el deseo.




¿Quieres coger de nuevo con Julio?... -, me preguntó
súper excitado…


No sé… -


¿Con quién quieres salir, entonces?... –




Pensé en estúpido de Luis y su comportamiento, y me prometí
jamás volver a verlo…




Se me antoja que me invitara otro… Tal vez tú me digas
quien te gustaría que me metiera la verga-, le conteste disfrutando ese
lenguaje de puta callejera.




Mi marido me dijo entonces:




¿En serio quieres que yo te diga con quién?-


Si mi rey, tu dime con quien y le doy las nalgas muy
rico… -


En estos días te he imaginado revolcándote con alguien
que en verdad te haga gritar cuando te la esté metiendo… Eso me pone loco… -


¿Quién?... -




Sin dejarme decir más me contestó:




Mira...se de uno de los tipos de la constructora que
tiene fama de vergudo, ¿te animarías con él?... Yo te llevo donde
seguramente él está ahora... –




Sin pensarlo mucho acepté entre curiosa y caliente y más aún,
al ser ofrecida por mi propio marido para coger con otro hombre...




Si papi, si tú quieres que esté con él, lo haré… -, le
dije caliente.




Ese fin de semana estaba radiante de felicidad, me duché y me
perfumé todo el cuerpo, al salir mi esposo me veía con gusto, me dijo que me
vistiera muy putona; así que elegí un liguero azul marino, un brasier
transparente y una tanga brevísima del mismo color que el liguero; medias
transparentes, un vestidito color marino y unas sandalias de tacón del mismo
color que el vestido, de esas que solo se atan a los tobillos por una delgada
tira de piel. Me esmeré en mi arreglo como nunca, me puse mi perfume favorito, y
algo nerviosa tomé un trago de tequila y fumé. Mi esposo bebió conmigo, me
acariciaba las piernas y sus dedos se fueron a mi bollo húmedo y caliente. Me
levanté por un segundo trago y regresé a su lado.




¿Cómo me veo, papi; crees que le gustaré?...


Daniela, te ves como puta de primera mamacita, ¡estás
riquísima!... –




Yo le sonreí y acercándome melosa, le di mi lengua entre sus
labios cuidando de no correrme el labial; mi marido me levantó el vestidito y me
introdujo nuevamente sus dedos en mi bollito ya más mojado...




¿Quieres que me lo traiga a coger aquí mi vida?... -, le
pregunté muy puta y atrevida.


¿Lo harías, cabrona?... ¿Te lo cogerías aquí en la
casa?... –, dijo dándome una nalgada.


Si papi, si tú quieres lo dejo que me coja en tu cama...
¿Te gustaría ver como me la mete?... –


Si mi reina, me muero de ganas por verte de puta con él y
que se la mames… -, me contestó sin dejar de frotar con sus dedos mi panocha
cada vez más mojada.




Mi esposo sacó el auto de la cochera, me subí junto a él y
abrí mis muslos; él me miraba de reojo y lo escuchaba percibir mi perfume de una
manera discreta, hasta que me dijo.




De seguro que ese cabrón te hará disfrutar… -




Empezó a conducir hacia el centro de la cuidad, llegamos a lo
que parecía un bar bastante agradable, acordando de antemano que yo me sentaría
sola en una mesa y mi esposo estaría con el hombre del que hablamos y al que yo
no conocía, por lo tanto entró mi marido y yo lo hice después. El lugar estaba
más bien vacío, dos o tres mesas estaban ocupadas, pero de inmediato vi a mi
marido con su amigo; la verdad no me decepcioné, era un hombre bastante
atractivo, pero con las luces tenues no lo aprecie muy bien. Los hombres que
estaban en el bar me miraron y yo haciéndome la ingenua pedí una mesa.


El mesero me guió a una en un rinconcito, le pedí un trago y
se marchó, mientras veía cómo mi esposo le decía algo al tipo aquel que se me
quedó mirando de manera muy insistente. Mi marido se puso de pie y salió del bar
después de despedirse de su amigo, me miró de un modo especial y supe que algo
le había dicho, salió y como habíamos quedado se fue a casa. Después supe que me
había presentado como su comadre y que necesitaba de mucha acción cosa que por
respeto, él no lo haría por ser mi compadre.


Yo miraba mi reloj insistentemente, como si estuviera
esperado a alguien y este nunca llegó, este detalle no pasó desapercibido para
el tipo que tanto me miraba. Entonces se levantó de su mesa y lo venir hacia mí,
me hice la tonta y llegando a mi lado se presentó:




Hola, me llamo Juan Arturo, no me tomes por atrevido pero
desde que llegaste te he estado mirando y me pareces lindísima, y por lo que
veo te han dejado plantada… -


¡Así parece!-, le contesté mirándolo de pies a cabeza.
-Esperaba a mi marido pero de seguro que tuvo más trabajo, ¡cómo siempre!...
-, le comenté con ingenuidad pero haciéndole saber de inmediato que estaba
casada... –


Si me permites te puedo acompañar e invitarte una copa,
desde luego si no te causo molestia… -, sonreí pero le rechacé su
invitación.




Él regreso a su mesa, pero me seguía mirando, yo me hacia que
no lo notaba, y pedí un tercer trago que junto con los dos que tomé en casa ya
eran cinco, miré de nuevo mi reloj, miré al tipo y le sonreí. Me levanté para ir
al baño y Arturo me siguió, al salir allí estaba esperándome. Me hizo la plática
de nuevo, y me invitó una vez más; acepté pero a condición de que tomáramos algo
ligero. Él estuvo de acuerdo y me acompañó a la mesa, pedimos de beber y
empezamos a charlar... Al cabo de un tiempo le pedí me acompañara a hacer una
llamada telefónica pues estaba "preocupada" por mi esposo... Hice la farsa de
llamar, y él a mi lado escuchaba y entendía que mi esposo no llegaría por mí.




¿Quieres que te lleve a tu casa, o nos tomamos otros
tragos?... -, me dijo muy amable, le acepté otro trago y de nuevo en la
mesa.




Me miraba muy intensamente, yo ya algo bebida, le rocé con mi
pierna su pierna, creo que entendió todo muy bien. Se acomodó más junto a mí y
su mano atrevida se posó en uno de mis muslos, y no hice nada por retirar su
mano, así que la subió un poco más, hasta llegar a donde mi media dejaba de
cubrir; me estremecí y moví mi pierna. Él me dijo entonces que estaba yo
preciosa y no entendía como es que mi marido me dejaba allí sola plantada, yo le
comenté entre insinuante que eso era común por su trabajo y que constantemente
me la pasaba yo sola en casa y que incluso siempre llegaba tomado y casi
amaneciendo...


Terminé mi trago y le dije que me iba a casa, que tomaría un
taxi, pero de inmediato se ofreció llevarme, claro que yo acepté... Al subir a
su automóvil, subí mi vestido más de la cuenta mostrándole mis muslos y lo que
traía debajo... Íbamos ya camino cuando le pedí si me invitaba otro trago,
pasamos a una licorería, se estacionó y salió del auto a comprar, regresó y me
ofreció un cóctel embotellado; me lo bebí casi de un trago y le pedí otro, me lo
dio y llegamos casa. Detuvo su auto y bebimos allí en el interior, entonces
empezó lo rico…


Me acercó su rostro y me besó, yo le abrí mi boca y le di mi
lengua, me empezó a meter mano entre las piernas y me abrí para permitirle
llegar a mi cosita, me hizo a un lado la tanga y me dio dedo en mi raja ya
mojada, así también se las arregló para sacar uno de mis senos del vestido y
liberándolo del brasier me empezó a besar y a chupar el pezón. Me estremecí con
este tratamiento y le di mi lengua lo mejor que pude, me encantaba el tipo, así
que le toqué su verga, y por el volante del carro, se acomodó y se la sacó
impúdicamente; me tomó una mano y colocándola en su fierro me dijo:




¡Chaquetéame mamacita!... -, yo lo hice encantada, pero
al sentir su verga enorme crecer, me atreví a más, y agachando el rostro se
la empecé a chupar y mamar con gusto.




La tenía muy dura y gorda, en especial la cabezota, pues era
muy gruesa, y eso me agradó. Me imaginé de inmediato lo que sería tener ese
monstruo en mi papaya. Juan Arturo pareció leer mi pensamiento, sacándome la
verga de la boca me dijo:




Ven mami, móntate en mí que te la quiero meter, ¡ya no
aguanto más!...


Pero, ¿aquí?... -, le pregunté cachonda.


Si mi reina, ¡aquí mismo te voy a coger!... –, ya no dije
más.




Me quitó la tanga y montándome sobre él, me jaló y me la
ensartó haciéndome dar un grito, ¡era enorme su verga!... Me entró de golpe ya
que al sentarme en su leño, me jaló y me la clavó hasta el fondo produciéndome
algo de dolor pero muy agradable. Empecé a mover mi cadera de forma que me
entraba y salía muy sabroso, mientras Arturo me chupaba las tetas y me
acariciaba y apretaba las nalgas que quedaban entre el volante y él. Yo me
estremecía y empecé a gemir y gozar con ese monstruo en mi cueva; me ardía
porque me la metió sin lubricarme mucho, pero estaba deliciosa y yo me seguí
moviendo:




¡Qué rica verga tienes, está enorme, no me deja ni
respirar!... –


¿Te gusta, puta?... –


Me encanta papi cógeme duro… -


¡Qué rico te mueves Dany, que estrecha tienes tu
panochita, y que nalgas tan sabrosas, duras y suavecitas tienes!... Me vas a
hacer explotar, cabrona… -


No papi aún no te vengas, entremos a casa quiero que me
la metas muy rico y que me disfrutes mucho… -




Me desmonté de él y salí del auto sin darle tiempo a negarse,
abrí el portón y el llegó mi lado, lo tomé de la mano y lo guié al interior de
la casa. En la sala me acosté abriendo las piernas, él se arrodilló y me chupó
la pucha, enseguida me abrió de piernas y sin quitarme siquiera la ropa me clavó
su enorme verga de jalón, grité de nuevo… No sabía donde estaba mi marido, pero
de seguro nos estaba observando, y eso me calentó mucho más; así que empecé a
pedirle más verga a Juan Emilio. Ahora los empujones de su tranca me llagaban
hasta lo más profundo de mi vagina, me la estaba clavando delicioso y yo gemía
escandalosamente como una perra, mientras me entregaba toda.


Le pedí que se detuviera, me sacó su chile lleno de mi
líquido vaginal, me quité el vestido y le pedí se desnudara; me vio y
rápidamente se quitó la ropa, estaba totalmente velludo, era fornido y fuerte y
me gusto mucho más, en especial su enorme verga que se mostraba orgullosa y
parada (como me había dicho mi marido), con esas gruesas venas que me encantaron
al sentirla en mi interior. Se la mamé de nuevo, y volteándome le ofrecí las
nalgas poniéndome como perrita para él. Me atrapó por las pompas, me puso su
verga en la entrada de mi cuca y me la dejó ir nuevamente, arrancándome un
quejido de lujuria.


Me empezó a coger brutalmente, metiéndomela y sacándola, lo
que me hizo venir sabrosísimo, y entonces empecé a decirle palabrotas:




¡Cógeme con todo lo que tengas, cabrón!... ¡Clávame toda
tu verga que la tienes deliciosa!... ¡Papito, qué gorda la tienes, mi vida;
siento que me revientas por dentro!... ¡Sigue, dame más, más, así!... –




Así me tenía clavadota cuando vi a mi marido, más bien lo
intuí. Él estaba en la penumbra de la escalera a la segunda planta; no se veía,
pero vi su silueta. Estaba disfrutando viendo como ese hombre me tenía bien
empalada... Vi una seña que me hizo, quería que nos subiéramos a la recámara.
Entendí de inmediato...




Ven, cariño… -, le dije a mi amante. - Llévame a la
recámara, allí me cogerás mejor y como tú quieras… -, lo tomé de la mano y
así prácticamente desnudo él y yo en ropa íntima, lo llevé a mi cama.




Me acosté de espaldas y me abrí de piernas...




¡Cógeme como quieras, papi!... ¡Soy una señora puta que
le encanta la verga!... ¡Párteme la madre con tu garrote!... -, le dije
presa de lujuria.




Juan Arturo se me trepó, me abrió más los muslos y me la
metió de nuevo, yo sudaba y me movía con su verga adentro, me retorcí y le dije.




Ponme de patitas al hombro mi rey, así es como me
encanta… -




Él se acomodó y me la metió, así me llegaba hasta la matriz y
me hacia relinchar como una yegua, y no sé como aguanté tanto… Me bombeaba
incansablemente y empezó a hacerme venir, me escurrí y me vine a cántaros,
mientras le gritaba que me cogiera como a su puta y él lo hacia. Me moví de
nuevo y me la saqué yo misma, lo volteé de espaldas y me dediqué a chuparle la
verga con gusto. Yo estaba más que poseída de cachondez, me lo comí todo, me
monté en su firme vergota y dejándome caer me invadió de nuevo la calentura. Me
movía, bajando y subiendo por su palo, me lo estaba cogiendo deliciosamente. Lo
hacía para mí, para él y para el cornudo de mi marido que seguramente veía desde
algún lugar como se cogían a su esposa...


Arturo no aguantó más mis movimientos y se empezó a venir al
mismo tiempo que otro orgasmo me avasalló; me vine con él; y mientras más me
movía, más contraía mi coño como ordeñándole la verga hasta que toda su leche
fue mía… La sentía escurrir entre los labios de mi panocha, me dejé caer sobre
él, agotada y sudorosa, abandonándome a sus caricias. Él se acomodó de nuevo, me
vio y quedando de lado hacia mí me besaba con cariño; me acariciaba las nalgas,
me puso bocabajo y empezó a besar mi espalda; de inmediato me estremecí, pues
sabía cómo encender a una hembra tan putona como yo.


Fue recorriendo mi espalda, buscando mi enorme culo, y sentí
renacer mi calentura, cuando me dio suaves nalgaditas, comentando lo nalgona que
estoy. Abrí mis piernas y con esto también mis pompas, sentí su lengua por el
canal de mi culo y su lengua me invadió después. Lo sentí hurgar mi culito
contraído, y me imaginé lo que estaba pensando mi marido cuando lo sentí abrirme
más las cachas del trasero, las piernas y poniéndose en medio de mí, me lamía el
ano y la papaya alternadamente… Ya no pude más y me empecé a venir de nuevo con
sus lamidas, me abrió con ambas manos las nalgas y enterró sus cara entre ellas,
su lengua me perforaba el culo, me lo mamaba como nadie, incluso me lo
mordisqueó suavecito haciéndome gritar de gusto.


Entonces vino lo que esperaba, se acomodó sobre mí, su
enhiesta verga buscó mi orificio anal y me la intentó meter.




¡Papi, por ahí no!... Lo tengo sin inaugurar... -, a él
le valió.




Me la quiso meter y me dolió mucho, me moví y le impedí que
siguiera, me moría de ganas por probar su verga en mi culo y ya tendría
oportunidad de que me la metiera, pero no quería provocar alguna reacción
negativa en mi marido que nos veía no sé de donde...




¡Cógeme por delante papi, lo tengo delicioso y súper
empapado!... –


¡Nena, déjame metértela por atrás!... –


Nunca me han cogido por ahí… -, le dije haciendo
pucheritos.




Él me entendió y levantándome de la cadera me paró de nalgas
ante él, me chupo de nuevo la papaya así como me tenía y al poco rato me
embistió nuevamente. Era terrible coger con este bruto, me hacia gritar
sucesivamente y me la metía a gran velocidad; me hizo derramarme una y otra vez,
pues sentía lo duro que me la metía; hasta que mis brazos perdieron apoyo y me
deslicé hasta quedar con mis mejillas en el colchón, mientras mi redondo culo
oscilaba en el aire y mi ardiente amante me nalgueaba con su endurecida verga,
hasta dejarme rojísima de las nalgas.


Cuando se cansó de nalguearme, me detuvo de las ancas y
empezó a bombearme incansable. Alcancé otro orgasmo y él seguía sin venirse, la
vagina me ardía ya de sus metidas, pero le pedía y le suplicaba que me diera
más...




¡Empújamela toda mi rey, dame más, mucho más!... ¡Cógeme
como ni el pendejo de marido me lo hace!... ¡Empálame completa, soy tuya,
soy tu puta!... –




Sabía que mi esposo me escuchaba y trate de ser la puta más
puta. Así que moví mi buen par de nalgas y a cada embestida yo me empujaba hacia
atrás para sentir más profundamente su garrote, esto le encantó a Juan Arturo...




¡Qué rico te mueves, hija de la verga, eres una puta
deliciosa!... –


¡Si papi, soy una putona y mi marido no lo sabe!... ¡Dime
que soy una perra; dímelo y cógete a esta puta que adora la verga!... –




Sin esperar mas, me vine y él me trababa con más brío, me la
empujaba y me entraba toda, así una y otra vez me enfundaba su verga en mi
panochita expandida por su gorda tranca; hasta que se vino violentamente,
inundándome de nuevo… Toda su leche me entró y lo sentí contraer su verga y sus
chorros de leche me llenaron el bollito. Pero me seguía limando todo sudoroso,
yo le daba las nalgas así, y él me disfrutaba… Se dejó caer sobre mí y con su
reata aún dentro de mi cueva. Me aplastó por la espalda y mis duras nalgas
fueron su soporte, me estremecía de tenerlo así aplastando mi culo...


Su verga fue perdiendo la erección, me la sacó y sentí
escurrir por mi panocha su leche caliente. Respiré aliviada sin su peso, me
lamió la nuca, me besó las mejillas y me agradeció lo rica que fui al
entregarme. Se levantó y fue por su ropa, yo con mucho trabajo me puse de pie y
fui tras él. Mi coño escurría su leche, lo acompañé a la sala, así desnuda; él
se vistió y con un beso se despidió de mí, no sin antes darme su número de
teléfono y prometí llamarlo muy pronto... Lo acompañé a la puerta así como
estaba, no me importaba que algún vecino me viera, pues me sentía puta y gozada
y sabía que mi marido ya estaría esperando para darme más verga... En el portón
me entretuve besándome con Juan Arturo, y por fin salió y se fue...


Entre a la casa y allí estaba mi marido, desnudo, pajeándose
y al verme entrar me dijo:




¡Eres la puta más deliciosa que existe, nunca me imaginé
que tuvieras tanta gracia para el sexo!... –


¿Así me querías ver, no?... -, dije sorbiendo un trago de
licor.


Sé que te cogió delicioso, lo vi., eres sensacional
Daniela… Pero ahora quiero tenerte… Quiero lamer esa panocha de puta repleta
de leche de tu amante… -




Se puso de pie y fue hacia mí, me besó descaradamente
metiéndome la lengua en la boca, chupando mi saliva con sabor a licor, sus dedos
entraron en mi papaya, me sintió enlechada y se prendió más. Me arrojó sobre el
sofá donde me había cogido antes mi amante, se apoderó de mi cuca con su boca y
sorbió los jugos que manaban de mi interior, junto con el semen de mi amante. El
chapoteo de su lengua en mi vagina, sus dedos en mi culo, y la forma tan cerda
de entregarme a Juan Arturo a quien acababa de conocer, me hizo prenderme de
nuevo.


Cuando mi marido se cansó de dejarme seca la crica del elíxir
que de ella brotaba, me la metió y me dolió; estaba yo muy irritada, pero me
gustó este dolor. Me empezó a bombear enloquecido, me decía puta hija de la
chingada y me besaba, me chupaba la lengua, me apretaba las nalgas y me mamaba
mis erguidas tetas apretándolas y causándome algo de dolor, pero me encantaba lo
que estaba pasando con mi marido. Entonces me la sacó y se dedicó a chuparme el
coño nuevamente, tragándose mis jugos y los pocos residuos que aún quedaban de
la leche de mi amante. Lo vi tragarse los líquidos de mi panocha, me la metió de
nuevo y se movió más; me la sacó otra vez y me chupó nuevamente mi cosita, me
volteó de perrito y me cogió nuevamente. Me la sacó por enésima ocasión y me
chupó el bollo, hundiéndome su lengua muy intensamente.


Finalmente no aguantó más y me la metió fuerte, mientras me
decía perra, hija de tu reputa madre. Me encantaba que me hablara sucio y yo le
hacia lo mismo...




¡Cógeme cabrón, cógeme marica!... Gozaste viendo como me
trabaron, ¿verdad puto?.... –


¡Si cabrona, fue maravilloso verte cogida!... ¡Me tienes
encendido como nunca, eres una perra deliciosa, quiero que te cojan mil
hombres hija de la chingada!... –


Si mi vida, quiero tener muchas vergas para mi sola, para
ser más puta de lo que ya soy, y agradecerte por dejarme ser así… Quiero
hacerte el más cornudo y que te agrade ser el dueño de una puta a la que se
cogen todos... –


¡Si puta, si perra caliente quiero que te cojan hasta por
el culo!... Que te lo desfloren para siempre y que te den verga por todos
lados... –




Sin dejarnos de decir tantas perradas, me hizo venir y él se
vino también, mi papaya estaba repleta de leche, estaba inundada y abierta,
irritada de tanto coger, hinchada de tanta verga, pero lo disfrutaba. Me
encantaba el ardor de mi panocha y se lo dije a mi marido al terminar de
vaciarse en mí...




Pero eso querías, ¿no?-


¡Ay papi, fue demasiado!... –




Acostados en el sofá fumábamos placidamente abrazados...




¿Quieres seguir puteando?... –


Si me dejas, ¿por qué no?... –


Quiero que cojas mucho con otros, te doy permiso de coger
con quien tú quieras y que me hagas cornudo las veces que lo desees. Solo te
suplico que seas discreta y que me lo digas para gozar junto contigo, y
cogerte después que los demás… Siempre que quieras coge con quien desees,
pues quiero ser el dueño de la puta más guapa y caliente… -


¿Puedo seguir diciendo lo que le dije a Juan Arturo?... –


¿Qué?... -


Eso que soy casada y que mi marido no me llena y me tiene
abandonada… Eso los pone loquitos… -


Por supuesto… Me enciende pensar que mi esposa es la más
puta… ¡Qué ricura de puta tengo en casa!… -


¡Ay mi vida, pero me encanta decirles que eres un pendejo
y que te pongo los cuernotes con quien se me da la gana!... –


Y es cierto, ¿no?... -


Si mi vida, pero quería que me dieras permiso; además,
seré la más puta y tú el más cornudo, mi rey… -




Desde luego que lo que ha seguido en mi vida ha sido coger y
coger pero cada vez con más atrevimiento, contando desde luego con el permiso de
mi marido... Pero esos serán los siguientes relatos...


Daniela


 



Relato: Daniela y un cornudo complacido
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