Relato: Giro en la vida (13: La puta conoce a Bollito)
Relato: Giro en la vida (13: La puta conoce a Bollito)
13.- La puta termina su penitencia y conoce a Bollito.
Final del anterior capítulo
Ninguno de ellos dejó de repetir y alguno se corrió sobre mi
tres veces, esta vez ya con menos frenesí y aglomeración. Los de las cámaras se
esforzaban por poder alcanzar algún plano de rellenos agujeros aunque dudo mucho
que pudiesen. Yo no me reprimí en ningún momento y me premié con una buena serie
de profundos orgasmos auspiciados por el goce que me suponía ser tan pervertida
como para follarme una docena de hombres ante mi madre y con su colaboración. Si
hubiese participado también mi hija Slutslave hubiera sido el colmo de mis
aspiraciones: Tres generaciones de puercas rameras folladas al mismo tiempo por
una multitud.
Cuando se encontraron saciados me sacaron al patio de la casa
y todos orinaron sobre mi sin dejar un rincón de mi cuerpo por regar. Uno de
ellos me insertó un embudo en el ano y orinó dentro de mis intestinos.
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Madame dio por terminados mis favores a los peones y me envió
a la ducha con la orden de que regresase para aliviar a los dos operadores de
las cámaras que estaban con los testículos a reventar. Ella mientras tanto
procuraría ayudarles. Me duché rápidamente, me puse un enema para limpiar mis
tripas y bajé dispuesta a cosechar algún orgasmo más aunque me sentía agotada.
Madame estaba de rodillas ante las pollas de los dos hombres
intentando chuparlas a la vez, así que me hice cargo de una cuyo propietario
quedó encantado de mi habilidad para hacer que su bálano superase mi garganta y
mis labios alcanzasen la raíz del miembro. Me pidió que mantuviese a la vista
mis delicadas y hermosas manos ya que le producía mucho morbo ver mi anillo de
puta delante de mi alianza matrimonial de la que, por la misma razón morbosa, El
Negro me había impedido deshacerme tras el divorcio. Cuando decidió taparme el
coño e iba a ponerle el condón Madame dijo que con éstos no hacía falta porque
eran de confianza.
Mientras follaba mi coño, en un arranque de excitación tuve
la idea de abrirme la vagina con los dedos y meterle dentro de mi sus
testículos. El hombre quedó tan complacido que casi de inmediato me llenó de
lefa, efecto que fue correspondido con un sonoro orgasmo mío al tiempo que
escuchaba las inequívocas manifestaciones de la otra pareja en igual
circunstancia.
Después de tomar unas copas, mamá estimuló a lso dos hombres
ofreciéndoles la distracción de ver como ella me follaba con el puño, primero la
vagina y después al ano. El espectáculo, rematado con los escandalosos e
irreprimidos espasmos de mi obsceno orgasmo animó nuevamente su pollas que esta
vez se derramaron en nuestros culos.
No quisieron perderse una culminación como las de los peones
y salimos al patio para ser orinadas ambas en la boca. En el colmo de mi
calentura me bebí gran parte de la orina de aquel extraño. Hasta ahora solo
había bebido la meada de El Negro, de Chati o de alguna de las otras putas.
Después de una nueva ducha, esa noche caí derrengada en la
cama con todo el cuerpo dolorido y magullado, sobre todo mis tetas, que
mostraban un repulsivo tono amoratado.
El día siguiente fue casi una repetición del anterior, con la
salvedad de que por la mañana, tras ser follada por los tres chuchos, fui
cubierta por un cerdo, cosa que resultó muy laboriosa y creo que arriesgada. El
gordo bicho podría haberme aplastado si en el trajín se hubiese desequilibrado.
Menos mal que esta vez ayudaron cuatro peones para evitar esa posibilidad. Con
el cerdo no me corrí.
Tras el paseo para desentumecerme, durante el cual las bolas
chinas hicieron su efecto y me resarcí del fraude con el gorrino, comí una
enorme cantidad de comida para perros ya que aquella intensidad de actividad
sexual me producía un apetito desaforado.
Por la tarde fui llevada a mamarle la polla a un caballo.
Ante mi se cruzaron apuestas sobre si podría meter en mi boca el monstruoso
prepucio de la bestia o solamente podrá lamer el miembro. Todos aplaudieron
cuando, casi al borde de la dislocación maxilar logre introducir en la boca toda
la anchura del enorme mástil y comenzar a friccionarlo con mis regordetes y
bonitos dedos cuyo contraste con el oscuro miembro a todos tenía encandilados.
Yo misma me calenté ante el obsceno espectáculo que estaba
ofreciendo y pedí a uno de los hombres que me manipulase el anillo del clítoris
hasta que conseguí mi orgasmo justo en el momento en que la equina manguera me
bañaba de esperma toda la cara al sacudirse hacia atrás por efecto de la
presión. Una buena parte me lo tragué ante los eufóricos aplausos de aquella
jauría de peones excitados.
Por la noche, al igual que la del día anterior, fui ofrecida
a ellos, quienes se comportaron de forma aún más libertina si cabe, terminando
la orgía cagando sobre mis tetas y mi coño. Esa noche, además de derrengada
tenía el cuerpo destrozado. Mi pubis estaba tan escocido que parecía un tomate,
con mis otrora gorditos labios monstruosamente inflamados y mi ano ya no tenía
capacidad para cerrarse, por lo que se me escapaban los excrementos con tremenda
quemazón. No creí que pudiera seguir adelante al día siguiente.
Me despertó Madame muy tarde y me comunicó que mi castigo
estaba a punto de concluir. Me enjaretaron como los días anteriores y me dispuse
a sufrir el follado de los perros teniendo la convicción de que esta vez no
conseguiría en absoluto un solo orgasmo que compensase el dolor que iba a sufrir
durante las penetraciones. Pero no hubo follado. Madame pidió a los peones una
fusta de caballo y me dijo que ya que estaba hecha una piltrafa, por un poco más
que se deteriorase mi cuerpo no se iba a notar. Me arreó 20 violentos fustazos
en cada nalga y dio por terminado mi castigo.
Regresamos a casa despidiéndonos los peones con grandes
aplausos y la oferta de ponerse a disposición de Madame para castigara a
cualquier zorra rebelde. Madame les tomó la palabra y les dijo que en adelante,
para las putas de La Iza de Oro, aquella sería la Granja Disciplinaria.
Pasé una semana descansando en mi casa ya que mi organismo no
estaba para ser utilizado. Pedí perdón al Negro y al Chati prometiendo no volver
a decepcionarles y acatar todas sus órdenes y no discriminar clientes por
ninguna razón.
Cuando me incorporé al trabajo me encontré con que la
plantilla se había incrementado. Había dos preciosas chicas rubias del este de
Europa y dos negras más, una de las cuales, impactante por su gran corpulencia y
la generosidad en macizas carnes era la madre de Pompis y hermana de El Negro,
que hasta entonces trabajaba por libre.
Cuando me disponía a ir al vestíbulo de exposición a los
clientes, Madame salía de su despacho con una chica desnuda y también nueva que
me impactó por su mórbido cuerpo de un nacarado impoluto y dotado de abundante
carne distribuida en sinuosas y seductoras curvas.
- Chocha, te presento a Bollito, es una puta nueva. Le he
explicado las normas fundamentales, pero te dejo a ti, que tienes reciente
experiencia de las consecuencias de infringirlas, para que la tuteles los
primeros días y le informes más en profundidad.
- Hola Bollito, encantada de conocerte. Y le di un par de
besos mientras la empujaba hacia mi poniendo la palma de mi mano en su blanca,
redondita y mantecosa nalga.
Nada más tocar la piel de aquellas deliciosas nalgas me
sobrevino un calentón que mojó mis bajos. Abandoné mi puesto de trabajo para
indagar en la vida de aquel apetitoso bomboncito de chocolate blanco.
Me la llevé a una de las habitaciones y, con la excusa de
comprobar sus cualidades para aconsejarle el tipo de especialidad por el que
podía decantarse, le examiné todo su perfecto cuerpo de gusto tradicional. Nada
de ángulos y huesos de anoréxica. Era la viva imagen de lo que le gusta
realmente a cualquier hombre. Algo como yo, ya estaba convencida de gustar y mi
autoestima estaba alta, solo que acabada y joven.
Me contó: Tenía 20 años. A los 17 conoció a un chico con el
que tuvo sus primeras experiencias sexuales que terminaron en un prematuro
embarazo y hubieron de casarse presionados por los padres de ella. Acudió al
matrimonio encantada porque su ideal era ser madre de muchos niños y dedicarse a
la familia y la casa. No había encontrado mucho disfrute en el sexo con su
marido ni antes ni después del matrimonio. Sin embargo él parecía muy satisfecho
y orgulloso de estar casado con aquella joyita envidiada por sus amigos. Tan
engreído estaba con su posesión que se dedicó a fotografiar sus apetitosas
carnes y publicar las fotos en Internet en una página titulada "Esto sí es un
cuerpo 10".
La mala fortuna hizo que alguno de la panda de matones del
barrio donde vivían tropezase con la página y reconociese a la sabrosa casadita.
Una noche, regresando de visitar a sus padres, la vocacional mamá fue asaltada
por la banda de matones que la violaron obligándole a hacer actos como chupar
pollas que nunca se le habría ocurrido realizar. También perdió la virginidad
del ano y fue sometida a sevicias que contó a su marido y a la policía y que se
difundieron en los periódicos incluyendo la causa: Sus fotos en Internet.
Desde entonces su matrimonio no marchó bien y un día su
maridito no volvió a aparecer por casa. Sus padres no la acogieron ni a ella ni
a su bebé porque estaban convencidos de que era una puta por haber accedido a
publicar sus fotos en Internet y se merecía lo que le pasaba.
Bollito buscó trabajo, pero en todas las entrevistas afloraba
la oferta condicionada a la prestación sexual. Al final se prestó, pero después
debía continuar siendo el objeto sexual del contratador. Se despidió varias
veces de los trabajos, pero la historia se repetía hasta que un día se enteró de
lo que ganaba una prostituta y decidió fríamente, por la educación y bienestar
de su bebé, colocarse en el oficio.
No era puta vocacional como yo. Me confesó que no sabía lo
que era un orgasmo y no sentía inclinación al sexo, pero me rogó discreción
asegurando que sería la mejor puta del burdel, habida cuenta de la demanda que
sus jugosas carnes recibían en las entrevistas de trabajo.
Mientras indagaba en su vida yo no había dejado de sobarla
sobre la cama, la besaba con la excusa de entrenarla y chupaba sus teticas, un
tanto escasas en contraste con la generosidad del resto del cuerpo, pero con una
garbosa forma de perojillos colgantes de abultadas areólas y pezones. Su blanca
piel era inmaculada. No albergaba peca, lunar o defecto alguno en ninguna parte
y su segregación de feromonas debía ser excepcional y mezclada con un atractivo
aroma porque uno de los mayores placeres era oler aquella piel. Sus manitas de
dedos regordetes, suaves, cálidos y primorosos, de pulidas uñas hábilmente
lacadas que me imaginé adornados con el único adorno de un grueso anillo de
plata en un pulgar proclamando su profesión y colocados sobre los cachetes de su
blanco culo ofreciendo la penetración me conmovieron profundamente.
Abordé con un pretexto profesional el examen de sus bajos.
Solo fue ver sus hinchados labios vaginales bajo la pelusilla rubia y escasa y
la boca se me disparó en un profundo beso durante el que inserté mi lengua en su
agujerito lo más profundo que pude. Su botoncito era una delicia gordita pero
chaparra que aguantaría tan bien como el mío el grueso anillo que sin duda
nuestros chulos le implantarían. El agujerito de su ano era apenas más oscuro
que la nívea piel de sus ancas, sobre las que dormiría toda mi vida si me
dejase.
Levanté mi vista para comentar su perfecta dotación y me
encontré con una cara que reflejaba lo que yo conocía ya muy bien: La contención
del orgasmo.
- Bollito, cariño. Estás a punto de conocer lo que es un
orgasmo. Déjate ir sin apuro y verás que es la cosa más placentera que le puede
suceder a una.
Seguidamente aplique mi boca a su clítoris y, al poco rato
sus convulsiones y gemidos fueron excepcionales. El primer orgasmo de su vida no
sería algo a olvidar fácilmente. Bollito ceñía sus sustanciosos muslos en torno
a mi cabeza con tal fuerza que pensé que me cascaría el cráneo. Sus gemidos
debían haber sido de tal intensidad que Pompis abrió la puerta de la habitación
para comprobar si ocurría algo.
Tras remitir su clímax, Bollito quedó desconcertada y con
cara de boba durante un rato, cosa que aproveché para disfrutar más de sus
sugerentes y atractivas tetitas. Por fin reaccionó y me atrajo hacia arriba
hasta que sus labios alcanzaron los míos y mezclamos nuestras lenguas y saliva
buscando cada una incorporarse al organismo de la otra. Me estaba enamorando.
Sin duda Pompis nos delató a Madame, porque ésta irrumpió en
la habitación reclamando la vuelta al trabajo. Bajamos al vestíbulo de
exposición y, mientras a mi me arrendaba una pareja madura, a Bollito se la iba
a beneficiar el joven que quería casarse conmigo y que llegó un instante tarde
para contratarme.
Me fui con la pareja y le reconocí a él. Era un destacado
político local de un partido conservador que había emprendido una campaña contra
la prostitución callejera y siempre había calificado la homosexualidad de
degeneración de la especie y era partidario de reprimir u obstaculizar el
reconocimiento social de derechos al colectivo de esa tendencia.
Ella rozaría los 50 años y el era sesentón. Si él tenía un
aspecto poco atractivo, que se confirmó al desnudarse, peludo, barrigón, de piel
seca y arrugada, ella era tan atractiva como mi madre. Sin demasiado preámbulo
me pidieron que me insertase en la vagina un consolador doble y follase a la
mujer. Así lo hice y al poco rato se me exigió que la sodomizase con el mismo
aparato, excesivamente ancho para el culo de una mujer no habituada a excesos de
ese tipo. Pero ella admitió la penetración aunque me pareció que le resultaba
dolorosa. Cuando estaba ya en el mete saca de su culo, el marido se subió sobre
mi espalda y, a su vez, me comenzó a sodomizar a mi. Así trajinamos un buen rato
hasta que la esposa se sacó el consolador del ano y me sacó de la vagina el otro
extremo. Se insertó en la suya el pedazo que había sido mío y procedió a dar por
el culo a su marido con la misma parte que ella había albergado en sus
intestinos momentos antes. En poco rato el hombres eyaculó en mis intestinos.
Después la mujer nos condujo a los dos al baño y las dos mujeres procedimos a
mear sobre la abierta boca del ilustre político. Ella me tomó de la mano y me
llevó a la cama mientras el tipo se quedaba en el suelo del baño todo meado. La
señora me pidió que la follase con el puño, cosa que cumplí con la mayor
delicadeza hasta que consiguió un profundo aunque contenido orgasmo y después
regresó al baño a ducharse cuando su marido ya se estaba secando después de
hacer lo mismo.
La señora me pagó sin discutir la elevada cantidad que le
pedí por haber solicitado un servicio fuera de lo normal y me comunicó que si le
procuraba esos trabajos a domicilio en determinado lugar, me pagaría un 50% más
sobre la tarifa. Le respondí que lo consultaría con la administradora del burdel
ya que para servicios a domicilio y hotel estaban contratadas otras putas.