Sobre la cama había un vestido vaporoso, de verano, blanco
con florecillas, justo debajo de las rodillas, unas medias de liga incorporada
color carne muy finas y transparentes, unos zapatos, casi sandalias y una
chaqueta de punto a juego. No había ropa interior, sabía la vergüenza que pasaba
sin sujetador, cuando las voluminosas tetas se movían de un lado a otro como las
de una vaca y todos los hombres se paraban a mirarla, creía ver todos los ojos
dirigidos a sus tetas y más, con una tela tan fina.
Se maquilló un poco, se vistió, se puso las medias con mucho
cuidado para no romperlas, sentada en la cama, primero el pie completo, y de ahí
hacia arriba subiendo muy despacio, todo el contorno a la vez, después el otro
pie, se miró al espejo y se vio sexy. Ya vería si seguiría igual cuando llegase
al restaurante a desayunar.......
Cuando entró al comedor, lo hizo de forma pausada, encogiendo
un poco los hombros para no hacer demasiado patente el movimiento de sus senos.
Buscó con la mirada la mesa donde estaba su Amo, se
encontraba al lado de la ventana mirándola de frente, debería cruzar todo el
comedor para llegar a él. Podía notar la mirada de los hombres, y sus
comentarios que le alagaban y la avergonzaban un poco. Era peor los cuchicheos
de las mujeres, éstos le hacían aumentar su rabia. Llegó a la mesa, pidió
permiso para sentarse, el tiempo que tardó en responderle le pareció una
eternidad, se empezó a poner nerviosa, se sentía centro de todas las miradas y
comentarios del salón. Y la vergüenza apareció, su coño comenzaba a reaccionar
ajeno a sus sentimientos, se mojaba, notaba el cosquilleo, el calor que le
subía.
- Puedes sentarte, no ves que todos te miran?
- Perdón mi señor.- Se sentó sin preocuparse de mas.
- Todavía no has aprendido a sentarte?
La pregunta la cogió fuera de juego, estaba perdida en su
vergüenza.
- Perdón mi Amo, como dice?
- No me hagas repetir las cosas, sabes que no me gusta.
- Soy una perrita tonta, que no sabe complacerle, perdóneme.
- Si no sabes sentarte?
- Si mi señor. Pero aquí.......... verán todos mi culo.
- Por eso he elegido este sitio, para que enseñes lo que
tienes. Ya has visto como todos te miraban, y están esperando algo más del
espectáculo.
Se puso de pie, estaba de espaldas al salón y no podía ver
quienes miraban, levanto despacio su falda y se sentó apoyando las nalgas
directamente sobre el asiento. Su humillación era tal que quería morir. Todo el
comedor de un Hotel de cierta categoría le había visto levantar su vestido.
- Te esperaba para desayunar cielo. Una sonrisa sarcástica
salió en los labios del hombre. Elena permanecía con la mirada baja, masticando
su humillación su vergüenza. Cuan equivocada estaba, si pensaba que todo
terminaba ahí.
- Yo desayunare, huevos revueltos, fruta y algo de dulce.
Vamos a que esperas mueve el culo.
Ahora tendría que enfrentar su mirada a la de todo el salón,
esto si que era humillante, su coño estaba totalmente empapado y sin bragas,
tenía miedo que los jugos comenzaran a deslizarse por las piernas. Con paso
tímido y hundida en la irrealidad, cumplió con su cometido, el desayuno de su
señor y el suyo. Cuando volvió a sentarse tuvo cuidado de hacerlo como debía.
- Ves cielo, como cuando quieres sabes hacer las cosas bien.
Todo es cuestión de prestar atención a lo que haces.
- Si señor.
- Ten cuidado no ensucies la silla, la tapicería es muy
bonita. Por que estás mojada verdad?
- Si mi señor, mi coño de puta esta caliente y mojado.
El hombre se levantó de su asiento y acercó sus labios a la
mejilla de Elena, su mano ascendía entre sus piernas por debajo de la falda,
protegidos de las miradas indiscretas por sus propios cuerpos. El dedo tocó su
clítoris, lo masajeó en círculos, a la vez que besaba su mejilla. Le provocó un
orgasmo que intentaba ahogarlo como podía, sacó los dedos y los puso en su boca
que lamió y limpio, le volvió a besar y se sentó en su silla.
- Así me gusta que mi perrita este caliente y complaciente.
El desayuno transcurrió relajado y en armonía, la tensión de
la humillación pasó y una sensación de cariño salía constantemente. Al punto de
terminar la camarera entregó a Elena una hermosa rosa roja, con una tarjetita.
"Un besito Cielo"
En la calle un hermoso sol, tímido todavía pujando por
hacerse notar los recibe. La temperatura es agradable, un poquito fresca, lo
suficiente para hacer que los pezones de Elena se pongan erectos, los miró y me
sonrío, me mira y se sonroja. Apoyada en mi brazo sonriente, saltarina diría yo,
no para de hablar y gesticular, me arrulla con su conversación, me lleva en la
distancia de un lugar a otro, contenta y feliz.
La calle se eleva frente a nosotros, la temperatura sigue
subiendo, el paseo es agradable, miramos escaparates hacemos comentarios. Tras
los cristales de una zapatería acierto a descubrir a una dependienta no muy
guapa, una más, su mirada al cruzarse con la mía es la que me hace detener,
atiende a una señora, me fijo en sus manos, en la delicadeza
con la que trata a los zapatos, sigue atenta a su tarea y de vez en cuando noto
como gira la vista en mi dirección, al ser descubierta se sonroja.
- Entraremos aquí Elena. No me decías que no encontrabas
zapatos de puta?
- Aquí mi Amo?
- Si aquí. No te gusta?
- Si, solo que estaba muy a gusto paseando
- Ya pasearemos luego
Un dependiente alto y desgarbado se acerca hacia nosotros, de
reojo miro a la chica y noto como se apresura con la mujer. El dependiente mira
descaradamente a Elena, le dejo que lo haga, podía cortarle pero se que estas
situaciones le avergüenzan y le ponen incómoda.
- Puedo atenderles en algo? Veía en su mirada como se
relamía, pensando en los pies de ella y en lo que la falda ocultaba. Yo me
sonreía al pensar que pasaría si supiese que bajo la falda, Elena tan solo
ofrecía un coño depilado, ligeramente perfumado con el aroma de su Amo. Cual
seria su reacción al verlo? esa idea me tentaba. Seguro que en el momento
oportuno miraría hacia otro lado.
- Si, si que puede. - Le respondí - Me gustaría que
sustituyera a esa chica y nos la mandara a nosotros. No te parece cielo?
- Si, -dijo aliviada deshaciéndose de la mirada.
Veía a la chica como se le iluminaba, como se le ruborizaba
la cara al oír mis palabras.
El hombre de mala gana se hizo cargo de cobrar la compra de
la señora y la chica paso a atendernos.
- Ustedes dirán?
- Quiero unos zapatos para mí, de piel negra brillante. -
Miraba a la cara de Elena al decir estas palabras. Sabía el efecto que en ella
causaría, le dije el numero, desapareció y reapareció rápidamente con unas
cuantas cajas, en su ausencia nos habíamos dirigido a un rincón discreto. Sacaba
los zapatos con cuidado me los mostraba y yo los acercaba a la cara de Elena, no
sabia muy bien que hacer y se sonrojaba, escogí dos pares y me senté.
La chica se arrodilló para probarme el calzado.
- No te molestes, ella lo hará. - Diciendo esto Elena se
arrodilló a su lado, cogió un zapato con su mano. Las manos de las dos mujeres
se rozaron, el momento de contacto se prolongó en exceso, ni una quería soltar,
ni la otra quería tirar, entre las dos acomodaron el zapato a mi pie. En un
arrebato de valentía Elena se inclinó y beso la piel brillante. Yo miraba la
reacción de la chica, estaba un poco aturdida y el brillo de su mirada era de
deseo.
Probaron el otro, las dos manos seguían trabajando juntas.
Elegí mi par.
- Ahora quiero unos para ella, de tacón alto y fino. Te
gustan los zapatos?
- Si mucho, son mi vida. - Respondió - No solo como trabajo
si no como placer. Se sonrojó al hacernos esa confesión. Sentí que liberalizaba
mucho tiempo de represión.
Esperó nuestra reacción, al ver que no fue negativa se notó
mucho más tranquila.
Apareció con una gran fila de cajas, Elena se sentó. Apoyó
las cajas en el suelo y se arrodilló frente a ella. Sintió que tenía vía libre .
Me coloqué sentado detrás de la dependiente frente a Elena. Cada par era un
ritual, lo sacaba con sumo cuidado, lo acariciaba y lo probaba. Primero besaba
el pie y después el zapato. Sabía que Elena estaba disfrutando, aunque ella
hubiera disfrutado más con un hombre.
Una vez me confeso que le gustaría ser Ama tan solo para que
un sumiso le hiciese las uñas. A cada gesto mío separaba un poco más sus
piernas, y permitía que la vista alcanzase mas piel.
Arrodillada como estaba la chica ya debería estar viendo el
coño depilado y brillante debido a su excitación. Seguía con otro par, la misma
ceremonia. Ligeros escalofríos me mostraban las oleadas de placer que la
recorrían. Uno de mis zapatos nuevos todavía puesto en mi pie, comenzó a hurgar
bajo su falda, ascendiendo en dirección a su coño, ella la levantó un poco y
separó sus piernas permitiendo mi paso libremente, noté cuando llegó, por el
gemido que salió de su boca. El hombre ajeno leía un periódico deportivo. Apoyé
el tacón en el suelo, levantando la puntera, ella acercó su coño y comenzó a
frotarse. Miré a Elena, tenía los ojos cerrados, quise saber el motivo.
La lengua de la chica recorría uno de sus pies. Jugueteaba
con los dedos por encima de las medias, lamía uno por uno, después todos juntos.
Su ritmo se aceleró y después paro de repente, lo que supuse que se había
corrido.
- Alguien tendrá que limpiar esto? - La zapatera miro con
cierta culpa sonrojándose. -
Pero no ahora, más tarde. - Me quitó el zapato y lo guardó en
su caja.
Poniéndome los que llevaba, también beso mis zapatos. Elena
siguió con las pruebas, paseando y riendo con ellos hasta que eligió los que le
gustaron.
- Me ha complacido el servicio, tal vez la semana que viene
volvamos
- Si, por favor. - Contesto la chica.
Salieron, Elena se despidió con tristeza, con ansias de
repetir otra cita.