La estancia es de color azul, un azul pálido y mohoso.
Diriase que verde. Son cuatro paredes. Un techo. Un suelo. En el centro hay una
herrumbrosa cama de metal blanca, descascarillada, coja, casi muerta. Un espejo,
un solo espejo adorna la estancia. No acierto a adivinar de donde viene la luz.
Quizás venga del suelo, quizás del techo, quizás de algún lugar de debajo de la
cama.
En la cama hay un viejo colchón roto y también enmohecido. Tú
permaneces atada a la cama. ¿Por qué hemos acabado aquí? No tiene sentido pero
tampoco tiene importancia. Aprovechar el momento, de eso se trata. Me escuchas
caminar por la habitación desnuda y te estremeces. Tu también estás desnuda. Te
conozco. Trabajamos juntos. Te llamas Anna. Creo que tienes 39 años, casada y
con dos hijos. No se mucho más de ti.
Quizás exista un expediente psiquiátrico en algún lado.
Parece que estamos en la habitación de un hospital. De un hospital
abandonado.¿Que hacemos aquí? Miro tu cuerpo, no eres hermosa pero a mi me lo
pareces. La más hermosa. Tus ojos están vendados, tus manos y pies atados a los
barrotes de la cama con unas esposas. Estas desnuda. El vello de tu pubis es
castaño oscuro. Siempre imagine que sería rubio. Solo los entupidos creemos que
las rubias autenticas son autenticas rubias. Me acerco a ti. Lo presientes, tu
respiración se acelera. Preguntas quien soy. No voy a contestarte. Quizás mi
identidad es lo único que conozca. También la tuya. Poco más. Hueles a miedo y a
sudor, también a sexo. Tiendo una mano y te toco un pecho. Das un salto e
intentas liberarte. ¿Cuándo ha podido un pájaro liberarse de su jaula? O alguien
los libera o simplemente mueren. Tu pecho es calido, tu pezón pequeño y
arrugado. Acerco mis labios y lo chupo.
Debes llevar mucho rato atada. El olor a sudor es fuerte. Tu
pezón sabe a carne fresca. Lo muerdo y lanzas un breve alarido. Mis dedos se
disparan por tu estomago hacia tu sexo. Suplicas. Sollozas. Luchas. Todo en
vano. Mis dedos se introducen en tu sexo. Dos en la vagina y uno en tu ano.
Sabes que luchar es una tarea inútil. Así de simple. Te miro de reojo. Estas
temblando, lloras. Muerdo mas fuerte tu pezón mientras mi dedo anular se
introduce hasta el fondo en tu ano. Anillo incluido. Sabes que va a suceder. Yo
se que va a suceder. Pero desconocemos el motivo. Retiro mis dedos de tus
agujeros y me saco la polla. Inconscientemente abre la boca. Buena chica. Mi
polla entra de golpe en tu boca y tu casi te ahogas. No quieres chupar pero
debes hacerlo.
Buena chica. Así. Suave. Hasta la mismísima base. Buena
chica. No te ahogues. Acompasa el ritmo de tu mamada al ritmo de tu respiración.
Buena chica. Si lo haces bien no durará demasiado. Quizás no lo haces demasiado
a menudo, Quizás la polla de tu marido no es tan gruesa como la mía. O la de tu
amante, si es que tienes. Así. Ponmela dura. Mientras me la chupas veo el azul
de la habitación. Es como estar en medio de una película de miedo. De esas de
psiquiátricos abandonados. Retiro mi polla de tu boca y me coloco encima de ti.
Mi polla entra de golpe en tu vagina. Eso es. Colabora. La última vez no lo
hiciste. Colabora zorra.
Comienzo a follarte lentamente, me gusta ver tus pechos
moviéndose rítmicamente. Que gusto. Tu vagina está mojándose cada vez más. No te
gusta pero tampoco opones resistencia. Eso es. Cuando estoy a punto de correrme
saco mi polla y la acerco a tu boca. Mi leche mancha tu cara. Tu aprietas los
labios y no dices nada. Como la última vez.
De improviso se enciende una luz blanca. Yo estoy en la cama.
Encadenado. No. Atado, con unas correas de cuero. A mi lado hay dos hombres
vestidos con batas blancas. Ya se lo que vais a decirme. Que estoy loco. Que
violé a mi compañera de trabajo y después la maté. Pero no estoy loco. Cada
noche se repite la misma escena. Quizás ella este muerta pero cada noche consigo
follarmela. Gracias a vuestras pastillas de colores.