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Relato: Una historia entre tu y yo





Relato: Una historia entre tu y yo

  

Mar y Gerar





 


UNA HISTORIA ENTRE TU Y YO.



 


    Enrique. Tiene 24 años. Es malagueño, un
boquerón como dicen por allí. Es comercial de una empresa textil. Su pelo es
moreno, los ojos rasgados castaños muy claros, cejas perfiladas, con un maxilar
inferior muy formado pero sin ser exagerado. El pelo corto por abajo, y por la
parte de arriba alargado, con una pequeñísima coleta, las patillas ligeramente
largas pero bien cortadas. Está afeitado pero se aprecia que si se dejara barba
sería profusa. Tiene pelo en el pecho, pero no mucho, lo suficiente para que se
aprecie desde el cuello de una camisa blanca que lleva con los 2 botones de
arriba desabrochados. Las mangas arremangadas un poco. Un reloj con esfera en
color rojo, deportivo. Los pantalones sport azul marino, calcetines blancos
jajaja, ya la hemos cagao!!, bueeeno, calcetines azul marinoo... y los zapatos
marrones oscuros. Mide metro ochenta, es delgado, le gusta el ciclismo y lo
practica los fines de semana cuando no tiene que estar de viaje por su profesión
de comercial.


    ¿Qué más puedo comentarte de Enrique? Umm,
creo que mejor es ponerlo ya en la escena de nuestra historia y que aparezca tu
personaje.


----------


    Suena el teléfono. Son las 7 de la mañana.
Y en los oídos de Enrique resuena como un tormento aquel endiablado invento.
Descuelga...


- Enrique, soy Marta, de la sección de pedidos. Recuerda que
en la carpeta que te llevaste anoche te puse la dirección de Milán de Lorenzo
Cardoso.


- ¿Y para eso me llamas? Ahh, ¿qué hora es?


- Las 7, hora de despertarse...


- ¿Se puede saber que haces a esa hora trabajando?.


- Pues estoy haciendo el trabajo que tu no terminaste, así
que muévete que vas a perder el avión.


- El avión no sale hasta las 11.


- Ya lo sé, pero tienes que estar al menos una hora antes.
Hasta luego y buen viaje...


- Gracias y hasta la semana que viene.


    La corta conversación ha despabilado
levemente a Enrique, que retira las sábanas y mientras con el pie desnudo busca
la zapatilla por debajo de la cama. La roza con la punta de los dedos... Al
final las encuentra y va al baño dispuesto a darse una ducha. El agua caliente
sobre su cara le causa una enorme satisfacción, así que abre más el grifo y deja
que el pasar del agua tapone los oídos dando la sensación de estar en otro
lugar, en otro tiempo. Mientras se enjabona y mentalmente hace un recorrido
sobre las cosas que se tiene que llevar. Sale de la ducha y se viste. Los
cristales están empañados así que solo atina a verse el pelo para peinarse en
una esquina del espejo.


    Toma los macutos y sale para el aeropuerto
no sin antes hacer una parada en casa de una amiga para tomar un café.


    Cuando llega a la terminal son las 9:50,
aun tiene mucho tiempo libre, así que va a comprar un periódico. Pero ocurre
algo, ve que delante suya una muchacha cae al suelo mientras que un hombre con
mala pinta sale disparado con un bolso en la mano. Se acerca para ayudarla a
levantarse. Y solo alcanza a ver unos ojos de preocupación que se mitigan cuando
se encuentran con los de Enrique al que le agradece que le ayude.


- Menos mal que no tenía nada importante en el bolso. Si
llego a perder el billete...


- Pero, ¿se encuentra bien?.


--------------


    Lucía, es madrileña y tiene 23 años. Es
morena, lleva el pelo largo (a mitad de espalda) y ondulado, digamos que
ligeramente rizado; sus ojos son de color miel con una pequeña mezcla de color
verdoso, con forma de almendra, pestañas largas y bien rizadas... su nariz es
chatita y sus labios no son ni gruesos ni finos, una mezcla, de color rosado...
su rostro es suave y delicado, cejas bien depiladas, orejas bien formadas y
lleva un pequeño flequillo ladeado (en diagonal)... Ha estado estudiando diseño
de moda en Madrid, y en estos momentos se encuentra en el aeropuerto, esperando
embarcar en el avión que la llevara a Italia.


En el aeropuerto.


    Lucía oye unos ruidos extraños, que
provienen mas allá de la puerta D del aeropuerto de Barajas, como de una
discusión... hay gente hablando con policías... entre ellos un hombre.


    Un hombre bien "plantao", bien hecho, como
se suele decir... es atractivo, digamos que tiene un algo... pero al darse la
vuelta el hombre... Lucía advierte que lleva coleta... Como dice su amigo Diego
(que es gay), "la de tiempo que te puedes ahorrar en el oscuro mundo de las
citas con pequeños detalles, como unos calcetines blancos, unos tirantes tipo
"Fraga", una esvástica..." (jeje)


    Pero a pesar de la coleta, el tipo le
parece guapetón, le atrae la forma que tiene al andar...


    Otro pequeño detalle es que va hablando
con una mujer... ¿será su novia?, ¿será su mujer?... << -¡Vaya por Dios!, ¡que
mala suerte! (piensa Lucía) siempre igual, cuando me gusta un hombre, tiene que
tener algo por ahí...->>


    Da la casualidad que la extraña pareja
(Enrique y como se llame...) se sientan al lado de Lucía.


    Lucía escucha irremediablemente la
conversación (aunque esta muy mal, es de mala educación) y esto es lo que
escucha:


Enrique:<<- Espero que los policías hagan algo, por que ya se
sabe que en este país... lo que es rapidez... no es nuestro fuerte...>>


(La muchacha se llama Laura).


Laura: <<- Si, le agradezco muchísimo lo que ha hecho usted
por mí, menos mal que el billete lo llevaba en la mano, ufff!!! lo malo que
ahora tendré que hacer papeleos para cambiar la VISA, el D.N.I, ufff!!! madre
mía! lo que me espera...!!!


    En esos momentos, Lucía se dio cuenta de
que se acaban de conocer, porque Laura le hablaba de usted...


    Laura era mas joven que Lucía, tendría
unos 19 o 20 años, era rubia, con los ojos verdes, pelo liso, corto, por debajo
de las orejas, digamos que con melenita...tez clara, y guapa, muy guapa...


    Se oye por megafonía la voz estridente de
una señorita, indicando a los señores pasajeros del vuelo 097 con destino a
Italia, que deben embarcar por la puerta D9...


    Lucía se levanta para dirigirse a la
puerta, cuando se da cuenta que el hombre "misterioso" se despide de la otra
muchacha, y se dirige a la misma puerta de embarque que ella... <<¡ummmm! esto
pinta bien!!!>> (piensa Lucía)


    Se dirigen al interior del avión, la
señorita azafata le indica cual es su asiento, se acomoda, y ve aparecer al
"hombre misterioso", y cual es su sorpresa, que él se sienta a su lado...


<< Lucía, estas de suerte!!! este es tu día!!!>>


Lucía se queda alucinada cuando ve sentarse a su "hombre
misterioso", justo a su lado...


Él empieza a entablar una conversación con ella, una
conversación cordial, que a ella le resulta agradable... su voz melodiosa,
varonil... le trae viejos recuerdos ya pasados... recuerdos que espera olvidar
en su viaje a Milán...


Los dos se miran mientrasqueél se acomoda en su asiento...
y continúan la conversación...


- Uff, por fin salimos!!, cada vez se tarda más en tomar un
avión.


    Mientras miraba el billete que Lucía
sostenía en las manos, y susurró el nombre que aparecía escrito.


- Bueno, ahora tu sabes mi nombre pero yo no sé el tuyo.


- Perdona... me llamo Enrique.


    Y ella hizo el gesto para dar dos besos, y
reaccionando él, se acercó dando un beso que ella relantizaba para averiguar la
colonia que embriagaba el ambiente desde que se sentó al lado de él, el segundo
beso fue más acogedor mostrando mayor seguridad y confianza al ver que ella se
mostraba agradable, de forma que esta vez rozó suavemente la mejilla con los
labios. Mientras se separaban él miraba sus ojos como un hallazgo que antes no
hubiera visto nadie, descubriendo los reflejos verdosos que se fundían veteando
el color de la cara oculta del sol, que se eclipsaba a cada parpadeo de la
muchacha. Lo que había sido un simple saludo que solo había durado cinco
segundos se había alargado en un aura de interés después de estar toda la mañana
sumidos en la rutina.


    Enrique, su "hombre misterioso", es un
profesional de la industria textil, cosa que a Lucía le parece muy importante,
porque según su opinión, los polos opuestos se terminan separando... por mucho
que digan... Para ella es mejor tener puntos en común en una pareja... Aunque va
muy rápida pensando en este tipo de teorías... mejor dejar que las cosas sigan
su curso y no precipitar los acontecimientos...


- Soy comercial de una empresa de tejidos. Tengo una reunión
con unos diseñadores, en Milán.


- Interesante... podrías llegar a acuerdos conmigo, porque yo
soy diseñadora.


- Umm, a ver... vale trato hecho.


- Pero si no hemos negociado nada...


- Yo creo que además de diseñadora eres modelo.


    Ante el comentario aprovechó para mirarla
de arriba abajo sin ser cuestionado por ella.


    Llevaba un jersey de cuello vuelto color
marfil, una minifalda vaquera con el bajo deshilachado, medias de rejilla negra,
y botas de cow-boy del mismo color que el jersey con ribetes vaqueros.


- ¿El vestido es de tu diseño?.


- Me temo que no, mis diseños aun los tengo en mi carpeta.


- Entonces... ¿llevas poco tiempo?


- Si, terminé diseño de moda en Madrid y ahora voy a
perfeccionarme.


- Si ya eres perfecta...


    Lucía se sonroja, gira la cabeza y su
mente se fogonea con imágenes de pasión. Enrique mira su cuello descubierto y
piensa <<es como una talla perfecta de marfil>>.


    En cabina avisan que van a despegar y dan
las instrucciones precisas.


    Pasado el mal trago de las vibraciones
comienza el largo viaje a Milán. Las luces se apagan en los pasillos y se dejan
solo la de los asientos individuales que algunos encienden para leer.


- ¿Me enseñas tus diseños?.


- Si, claro. (Ella se levanta y saca del compartimiento una
bolsa y luego una carpeta que le entrega).


    Él prefiere no encender la luz y dejar un ambiente más
cálido. La primera hoja que ve contiene bosquejos, trazos de una falda, un
sombrero... todo al carboncillo. Uno de los bocetos muestra a una mujer con
rasgos asiáticos, lleva un vestido ceñido con pequeños volantes, caídas sedosas
sobre hombros de las modelos que muestran la delicadeza de una telas selectas
como las que él trabaja.


    Después de pasar varias hojas empieza a
fundirse con el carboncillo algunos colores: azules, rojos...


    Mientras ella mira la expresión que causa
lo que ve él, examina las cejas, los labios que muerde suavemente... y se acerca
a su hombro para explicarle los dibujos, uno por uno...


    Esta conversación deriva en otra, y otra,
y otra... Hasta llegar, digámoslo así, al pequeñísimo currículum de Lucia...


    Enrique: <<Bueno, ahora háblame de ti, con
que diseñadores has estado trabajando hasta el momento???>>


Lucía: << Lo que se dice trabajar, trabajar... muy poco. He
estado de ayudante con Larrainzar, hice las practicas con Pedro del Hierro... y
decidí probar suerte en la Bella Italia, a ver como resultan las cosas...>>


Enrique: << Y por que Italia??? Barcelona queda mas cerca de
Madrid... aunque también esta Francia o Londres... New York... por que
Italia??>>


Lucía: << Pues no lo sé, quizás sea por el idioma, que lo veo
mas fácil de aprender, quizás el carácter de la gente allí, que es muy similar a
la de los españoles... no lo sé...>>


    En ese momento les interrumpe la azafata,
que llega con el carrito de la comida, y Lucía tiene que guardar sus bocetos si
no quiere que se le manchen...


    La "velada" transcurre con normalidad,
Lucía no ve en Enrique al típico hombre con el que se ha ido encontrando a lo
largo de su vida, es decir, no ve en él la arrogancia o la prepotencia de los
hombres que han pasado por su vida sentimental... No encuentra malicia o
picardía en su mirar, ni sarcasmo en su forma de hablar...


    Después de comer, Lucía se levanta con
intención de ir al baño, con lo cual, la situación es un poco comprometida,
puesto que tiene que pasar por delante de Enrique, dejando a la altura de los
ojos de él, sus piernas, largas y delgadas, bien torneadas... La misma situación
se repetiría mas tarde a la vuelta...


    Continúan la conversación por donde la
dejaron, y comienzan a hablar de cuestiones más personales... como son las
familias, los gustos musicales, literarios...


    Enrique: << Y cuéntame, que tipo de música
te gusta??? y por favor, no me digas que te gusta Celine Dion... por que no la
soporto... ;P (guiño de Enrique) (jeje)


Lucía: << Puedes estar tranquilo, mis gustos musicales no son
tan pastelones... me gusta mucho la música soul, el funky, el r&b, la música
negra en general... aunque mis gustos son muy variables y distintos entre si...
también me gusta el flamenco y la música de antes... la que bailaban nuestros
padres... por ponerte un ejemplo, me gusta mucho el Dúo dinámico y Nino Bravo...
por nombrarte dos nada más...


   Enrique: -Vaya, si que son variados... la música que a mí
me gusta es más bien de lo mismo, U2, Blink, El Fary...


(risas de los dos, jijiji).


 


    Contrastaba en el avión la seriedad de la
mayoría del pasaje que casi no hablaba y se centraba en escuchar música o ver la
película... con Enrique y Lucía que continuaban hablando.



 



    Enrique: - Bueno, también me gusta Danza
Invisible. Es de mi tierra, Málaga.


    Lucía: - Bonita tierra, ¿vives allí?.


    E. - Cuando tengo vacaciones si voy a una
casa pequeñita que tengo en un pueblo, Vélez. Pero mientras tanto tengo que
estar en Madrid. Y a veces echo de menos el ambiente de mi tierra. Aquí las
calles se llenan de gente va seria al trabajo y vuelve seria a casa. Y claro
gusta salir a la calle y ver como la gente te saluda, otro ambiente...


    L. - ¿Vives sólo?


    E. - Me temo que si. Ni siquiera una
mascota tengo. ¿Y tu?


    L. - Yo también, aunque hubo un tiempo que
estuve viviendo con mi exnovio, pero eso es una historia pasada. La gente corta
por lo sano y sigue su vida.


    E. - Eso de cortar por lo sano... es un
poco triste. Imagínate que cortamos esta conversación con lo sana que nos está
quedando... Yo no sería capaz.


    L. - Es cierto, que viaje más aburrido
hubiera tenido de no estar a mi lado. (Ella le sonríe).



 



Llevan casi 4 horas de viaje. Y el cansancio de estar tanto
tiempo sentados empiezan a molestar.


    L. - Hace calor o me lo parece a mi?


    E. - Pues debe hacer calor porque yo
tampoco aguanto.


    L. - Entre el calor, los asientos que
están pegados y estas botas que me están matando...


    E. - Pues quítatelas...


    L. - No sé, me da corte...


    E. - Venga, venga... eso se arregla
fácilmente.


Entonces se agacha e intenta cogerle el pie mientras ella se
ríe sin poder casi ni hablar.


    L. - Jajaja, que nos van a ver!!.


    E. - Déjalos, que se chinchen!!...


Intenta sacarle la bota fracasando en el intento.


    E. - Así es imposible de sacar esta bota!!
Deja de reírte!!, colaboración!! colaboración!!.


Ella sigue riéndose mientras que con una mano intenta taparse
la boca para no llamar la atención del pasaje con su risa, y con la otra agarra
sin fuerza la camisa de Enrique.


    L. - Vale, vale, colaboro...


    E. - Eso está mejor.


Entonces levanta suavemente la pierna izquierda que él
reconduce hasta ponerla encima de su rodilla mientras ella se escurre hacia un
lateral del asiento. Tira de la bota que poco a poco va cediendo conforme tira
de la bota agarrando con suavidad la hermosa pierna ceñida en aquella media que
asemejaba una rejilla, que permitía el leve roce de su piel con la de ella. Por
fin sale la bota y queda al descubierto su pie enrojecido por el talón.


    E. - Umm, este pie necesita asistencia
sanitaria.


    L. - Si, estas botas son infernales, ni
las tiritas me alivian, y hasta una vez me hicieron sangre...


    Mientras ella hablaba él comenzaba a darle
un masaje por la zona.


    L. - Vaya sorpresa... resultará que no
solo sabes de tejidos... ¿también sabes hacer masajes?.



 



    Lucía estaba disfrutando de lo lindo...
Hacía mucho tiempo que nadie le daba un masaje como este... Estaba alucinando,
un hombre tan atractivo, dando esos masajes... es que solo le faltaba saber
palmear y bailar sevillanas... OLE, OLE Y OLE!!!


    Tenía la pequeña esperanza de no perder de
vista a aquel hombre y estaba dispuesta a encerrar sus miedos y resentimientos
en una pequeña caja perdida en lo más recóndito de su mente.


    Estaba sumida en sus pensamientos,
buscando la forma de decirle que le gustaría volver a verle, pedirle su
numero... cuando, en ese mismo instante, como si de telepatía se tratara...
Enrique le dijo:


E: << Quizás te parezca precipitado, pero me encantaría
volver a verte, ya sea en Milán o en Madrid, pero verte... que te parece? >>


L: << Me encantaría!!! si quieres, apunta la dirección donde
me voy a alojar, es el piso de mi amiga Rocio, estudié C.O.U con ella, es una de
mis mejores amigas... >>


    Enrique apuntó en un pequeño block la
dirección que Lucía le proporcionaba... Arrancó una hoja con la dirección y el
nombre del hotel donde él se hospedaría...


L: << Me prometes qué me iras a buscar??? Prefiero que me
vengas a buscar tú, más que nada porque no sé si tu estarás en alguna reunión, y
yo a penas saldré, por que tengo mogollón de cosas que ordenar, sacar la ropa de
la maleta... Cuando termines, y si quieres tomar un café y charlar... me buscas,
vale? que no te dé corte... >>


E: << No suelo dejar escapar a chicas tan bonitas, y si
además de bonitas, mantienen conversaciones tan amenas... no te vas a librar de
mi tan fácilmente!!! jajaja!!! >>


L: << Anda... que eso se lo dirás a todas... pero de todas
maneras, muchas gracias, a nadie le amarga un dulce, no? jajaja!!! >>


    Al instante se acercó la azafata para
pedir a los pasajeros que se abrocharan los cinturones (los del asiento,
cazurros!!!) que el avión aterrizaría en breves momentos.


    El avión aterrizó, y salieron juntos,
dirigiéndose a por las maletas.


    Mientras caminaban, el uno al lado del
otro, flotaba en el ambiente la tristeza y la incertidumbre... Recogieron las
maletas y se dirigieron a la salida.


    Llegó el momento de la despedida, cada uno
tiraría por su lado, y quien sabe si la suerte o el destino les volvería a
unir...


    Se despidieron con dos besos de cortesía
en la mejilla, que les supo a poco, y por un momento, se miraron, con tal
intensidad... capaz de parar un tren, con un deseo que se escapara
irremediablemente por los ojos... Prometieron verse.


    Lucía se giró lentamente, tirando de su
pesada maleta, dirigiéndose al exterior del aeropuerto, en busca de un taxi...


    Ya en el interior del taxi, enseñó al
taxista el trozo de papel donde había apuntado la dirección de Rocío.


    Le recorrió una pequeña lagrima por la
mejilla donde aun quedaba la calidez de la boca de Enrique...


<< Ni se te ocurra Lucía >> pensó << Ni una lagrima mas por
un hombre, y menos por alguien a quien no conoces, con el que sólo has
compartido 4 horas de vuelo... Puede ser igual a los demás, igual que los que te
hirieron en el pasado... >>


<< Vendrá a buscarme??? Será distinto esta vez??? >>


    En los ojos de Lucía brillaba una pequeña
luz de ilusión... una ligera sonrisa se dibujaba en sus labios...


    Cuando a Enrique le dio la sensación de
que la perdía de vista, se paró, y miró. Ella ya había tomado un taxi. Así que
agarró sus macutos y se fue al hotel.


    Tomó la llave y entró a su habitación. Lo
primero que hizo fue ir al balcón y mirar a la calle. Se veían pequeños
comercios y las casas no eran más grandes de 4 pisos. Se podía decir que eran
barrios acogedores. Junto al hotel había una pequeña heladería. Así que decidió
que se ducharía y saldría a dar una vuelta ya que le quedaban unas dos horas
hasta su reunión. La habitación no era muy grande, pero era muy luminosa. Las
cortinas eran de lino de color amarillo, y la cama era de estilo moderno, sobre
la que puso la ropa.


    Se duchó y examinó lo que se había traído.


- A ver... esta camisa... no. Bueno me parece que me voy a
poner a juego con las cortinas. Y se puso una cómoda camisa de lino verde muy
fresca para el ambiente caluroso del exterior.


    Se compró un enorme helado y se fundió por
aquellos barrios, escuchando a las madres llamar a los niños con su peculiar
acento... los vendedores, y visitó alguna que otra Iglesia de las muchas que se
encontró, con los techos dorados y cargados de decoración.


    Y poco a poco fue acercándose al centro de
Milán y especialmente a un sitio que siempre quiso visitar: la Galería Vittorio
Emanuele II. Cuando llegó le pareció algo maravilloso. Unas fachadas doradas con
las ventanas enmarcadas en arte. Y por supuesto la impresión de ver la cúpula y
las cubiertas acristaladas. La gente que entraba y salía de los numerosos
restaurantes, cafés y tiendas vestían elegantemente. Sin duda el precio de
aquellos cafés se saldría de lo habitual.


    Miró el reloj y era casi la hora. El lugar
donde tenía que ir estaba cerca. Diez minutos después se encontraba en la calle
Reinanzza, junto a un edificio que ponía Bonachelo.


- Si aquí es. Bonachelo. Vamos allá.


    Entró en una salita donde una muchacha de
unos 26 años, con un hermoso vestido se acercó para interesarse. << Para ser una
recepcionista viste muy bien >> -pensó Enrique-.


    Él antes de que ella preguntará le dijo:


- Potrebbe parlare con Lorenzo?


    Lorenzo era el encargado de las relaciones
comerciales del estudio Bonachelo con su empresa. Buscaban un nuevo proveedor
textil, y para eso estaba él allí.


    La recepcionista llamó por teléfono y al
momento me indicó que tenía que subir al primer piso, al despacho que había al
final del pasillo de la derecha.


    Llamó a la puerta y enseguida salió un
hombre calvo, pequeño pero de aspecto agradable. Tenía el despacho cargado de
humo del puro que se consumía en el cenicero.


- Pasa, pasa, ¿Enrique verdad?.


- Si, encantado de conocerle.


- El placer es mío. ¿Has descansado del viaje?.


    El hombre le tuteaba sin reparo como si le
conociera de toda la vida, y eso era buena señal porque demostraba que tenían
interés por la empresa.


- Un poco cansado, no he dormido porque prefería pasear antes
por la ciudad. Es maravillosa.


- Si, es cierto, aunque yo casi no me fijo en las cosas
porque siempre voy con prisa!!. En fin, ¿has traído las muestras?.


- Aquí las tienes. <<Puestos a tutear>> -se dijo Enrique-.


- Ahhh, magniiífico. ¿El corte del tejido aquí está con
láser?.


- Si, por supuesto, como ves no se deshilacha y las costuras
son totalmente limpias. (Para ser ignorante en esto más o menos saco la
conversación no? jaja).


- Fíjese en estos diseños. . La idea es usar estas telas que
me traes aquí y aquí (Le explicaba Lorenzo enseñando los dibujos de forma
entusiasta).


    Durante la hora y media que estuvieron
tratando asuntos la conversación fue fluida y el contrato estaba prácticamente
cerrado.


- Enrique ya es hora de comer!!. Que le parece si vamos a un
restaurante que conozco y cenamos la estupenda comida italiana.


(Sonaba a una imposición más que una pregunta, y aunque no le
entusiasmaba mucho tener que cenar con un calvito regordete, para asegurarse el
trato, pues accedió).


    Cuando terminaron de cenar, Enrique sacó
de la camisa la dirección de la muchacha del avión.


    Quedaba un poco lejos, así que tomó un
taxi. Entró en el edificio y llamó a la puerta, pero no respondía nadie. Así que
dejó una nota con una hora y un lugar:


    Soy Enrique. ¿Qué te parece si nos vemos
mañana a las 11 en la calle Carnollo? En una cafetería pequeña que hace esquina?
Allí te espero.


    Como era tarde y aún no había descansado
prefirió irse al hotel y dormir hasta estar totalmente repuesto.


------


Lucía.


    Miré a través de la ventana del taxi, ya
había llegado... mi sueño... vivir en Italia, por fin se cumplía.


    Pagué al taxista, y salí del coche. Miré
al cielo...


    Que rara situación en la que había
conocido a ese hombre... y en que lugar mas extraño... en el cielo!!! Había
conocido a un hombre majísimo en el cielo... tenia que ser un ángel, jejeje!!!


    Llamé al timbre de la puerta, era una casa
de dos plantas, era una casa antigua, de grandes ventanales... me gustaba...


    Abrió Rocio... cuantas ganas tenia de
verla!!! esos ricitos!!! cuanto la había echado de menos...


Rocio: << Lucíaaaaaaa, mi niñaaaaaaaa>>


Lucía: << Niñaaaaaaaaaaa >>


    Nos fundimos en un abrazo, y nos dimos
besos y más besos...


    Entramos en la casa, dejé la maleta en el
recibidor y entramos al salón. Era espacioso y muy bien decorado, con unas
cortinas de color blanco roto, con ribetes en el bajo, con forma de flores, de
color cereza... El sillón también era blanco, tenía pinta de ser muy cómodo...
había una mesita auxiliar de madera y cristal... todo era muy bonito y
acogedor...


    Empezamos a contarnos todo lo que había
pasado en nuestras vidas, recordando viejos momentos vividos entre las dos...
las borracheras, los chicos, las risas y anécdotas... que tiempos aquellos!!!.


    Le conté lo insólito de la situación en la
que había conocido a Enrique, lo que habíamos hablado... Le pedí consejo, quien
mejor que ella para aconsejarme... ella había vivido de cerca mi historial
amoroso... y ella me quería como una hermana... no querría nada malo para mi...
y no me defraudó...


R:<< Mi niña, parece que pinta bien, pero no te fíes
demasiado, no me gustaría que te volvieran a hacer daño... ándate con pies de
plomo, y ves con mucho cuidado, vale??? >>


L:<< Ya lo se cielo... quien mejor que yo para saberlo...
pero gracias corazón!!!>>


    Subimos a las habitaciones para dejar la
maleta, que pesaba...


R:<<Hija mía!!! que coño llevas en la maleta??? Ni que
llevaras a tu ultimo ex descuartizao dentro!!! jajaja!!!>>


L:<< Uy!!! ojala!!! jajajaja!!!>>


    Deshice la maleta, y nos fuimos a cenar a
un restaurante típico de allí... Cenamos lasagna, nos bebimos una botellita de
buen vino italiano... nos reímos, charlamos, nos empezó a hacer efecto el vino y
se nos subió a la cabeza...


    Nos fuimos a dar una vuelta por la
ciudad... Menuda ciudad!!! era como un sueño hecho realidad... había gente en
las terrazas de los restaurantes, cenando, amigos, parejas, velas, manteles de
cuadros rojos y blancos... flores...


    Bajo las luces de las farolas todo parecía
mucho más bonito que durante el día... Ese acento que se oía como un murmullo...
como una brisa marina... Me gusta esta ciudad, pensé... Respire hondo... y me
vino a la cabeza el rostro de Enrique...


    Decidimos volver a casa, estábamos muy
cargaditas... y yo estaba cansada del viaje...


    Al llegar a casa, había un trozo de papel
en el dintel de la puerta, con algo escrito en el... Dios mío!!! era una nota de
Enrique... me citaba para el día siguiente, en una plaza que no conocía... para
almorzar...


    Le pedí a Rocio que me acompañara ella, no
quería perderme y llegar tarde a mi primera cita con Enrique...


    Esa noche no dormí todo lo que tendría que
haber dormido... estaba nerviosa e impaciente... ¿qué pasaría???.


    Al día siguiente, me levanté con una
resaca de mil demonios... Me levanté silenciosamente, para no hacer ruido, no
quería despertar a Rocio...


    Me metí en la ducha, y el calor del agua
recorriendo mi cuerpo me relajó muchísimo, el aroma del champú... que delicia!!!


    Me terminé de asear y me vestí... Cuando
salí del baño, estaba Rocio de pie, junto a la puerta del servicio, con las
piernas dobladas, dando botes... era un caso de urgencia, jajaja!!!


    Mientras Rocio se duchaba, yo preparé un
desayuno ligerito...


    Desayunamos juntas, hablando y riéndonos
de nuestra resaca. Nos terminamos de arreglar y nos dirigimos a la cita,
puestoquenos habíamos levantado casi con la hora de comer...


    Y llegó la hora de la verdad...


    Allí estaba Enrique, esperándome, apoyado
en una fuente, de las muchas que hay por toda Italia... una fuente del
renacimiento...


    Estaba leyendo el periódico, estaba como
ausente... y de pronto, alzó la vista y me vió...


    Nos miramos, a pesar de la distanciaquenos
separaba... UFFFFF!!! QUE CACHO DE MIRADA!!!


    Mientras esperaba en la fuente a que
llegara aquella preciosa chica, se compró un periódico. Esto de leer en italiano
era bastante más fácil que hablarlo. Miró la hora...


- Ufff se retrasa. Quien sabe, a lo mejor la nota se ha caído
por el hueco de la escalera (pensó). ¿Y si es qué no le he caído bien?. Ummm no
sé, creo que me porté bien... aunque también puede ser que su amiga no sepa
donde está esta calle...


    No paraba de retorcer la cabeza a cada
minuto que pasaba, y su corazón se aceleraba en inquietud.


    Ese día había ambiente en la calle, el
café estaba lleno de gente que descansaba de su día de compras. Y de fondo el
sonido de las ramas de los árboles cimbreando entre si junto con el sonido de un
piano procedente de un piso cercano. Tocaba rápido, parecía jazz.


    Y al minuto volvió a levantar la cabeza
del periódico... A lo lejos veía la imagen esbelta de una mujer que aun sin
apreciar el rostro juraba que era de ELLA. Un contoneo sensual de cintura al
andar marcaba el ritmo con las que se movían las ramas, con la que sacudían las
sábanas las mujeres, con las que silbaba el tendero... Aquellas piernas que
había acariciado en el avión también marcaban ya su palpitar. Y su rostro a cada
paso se definía más y más.


    Iba acompañada de su amiga. Era un poco
más baja que Lucía, y tenía el pelo castaño. Pero sus ojos no se podían apartar
más de 3 segundos y enseguida volvía a los ojos acaramelados de Lucía que ya
estaba a pocos pasos de él.


    Dejó caer el periódico sobre el banco y
adelantó una mano que delicadamente rodeó su cintura hasta acercarla con un leve
impulso hasta su rostro... y entonces él le dio un beso en la mejilla, uno solo,
uno que valía por muchos... era una caricia de algodón, un fundido de añoranza.
Y así lo recibió ella, con una sonrisa y con los ojos fijos en el horizonte,
dando su beso al cielo por sentir aquella maravilla.


E. - Ya creía que no ibas a venir... -dijo Enrique.


L. - Nunca hubiera faltado. Lo que ocurre es que mi amiga se
ha entretenido vistiéndose y por eso no hemos llegado antes.


E. - No pasa nada.


    Entonces saltó la amiga que se había
quedado al margen...


R. - Pero bueno!!, no me lo vas a presentar?.


L. - Ah!! jajaja, perdona reina. Te presento a Enrique...


R. - Mucho gusto. Me parece que las descripciones de mi amiga
no llegan a todo el esplendor que se aprecia.


E. - Muchas gracias -dijo colorado.


R. - Y bien, ahora creo que os voy a dejar solos, que yo
tengo que comprar!!. (Y girándose, le dio a Lucía un guiño de aprobación y
suerte).


L. - De acuerdo mi pequeña, ahh, y no te preocupes, no se
cuando llegaré.


    Y así se alejó Rocio con una sonrisa
pícara.


L. - Y bien... ¿a donde vamos?.


E. - He visto un enorme parque cerca de aquí... y se me
ocurre algo. Vamos...


    Y cogiéndola de la mano se dirigieron a un
supermercado cercano, y fueron recorriendo las estanterías hasta que encontró lo
que quería. Primero cogió unas copas de plástico, y luego una botella de un vino
joven.


E. - Umm, pero no está a la temperatura deseada.


    Así que fue a la zona de congelados
mientras ella ya empezaba a averiguar lo que quería hacer. Dejó la botella en la
cámara de congelados y fue tomando aceitunas y otros piscolabis. Al rato de ir
tomando cosas se fue al congelador y sacó la botella.


- Voila!!, en su punto. Ya podemos irnos.


    Cuando llegaron al parque se sentaron en
un trozo de césped que había apartado rodeado de árboles centenarios. Algunos
eran olivos enormes que ella nunca había visto. El sol se colaba levemente por
entre las hojas.


    Mientras ella miraba el paraje, él abría
la botella y vertía sobre las copas el vino.


E. - Lucía, brindemos, formulemos nuestro deseo.


L. - De acuerdo. ¿Por qué brindamos?.


E. - Porque tu deseo se cumpla.


L. - Porque el tuyo también se cumpla.


    Y juntaron las copas mirándose mutuamente,
y bebieron aquel néctar de uva que se escurría por la garganta junto con la
magia de aquel deseo formulado.


    Subió el sabor afrutado a sus paladares y
se extendió por todo su cuerpo en un escalofrío. Surgían las sonrisas y volvían
a llenar las copas mientras tomaban los aperitivos.


    Y su mano se acercó al brazo de Lucía, y
lo acarició como si se tratara de una hoja otoñal que hubiera caído del árbol...


    Estábamos sentados en el parque, a la
sombra de un olivo, bebiendo vino, tomando un aperitivo... sentados en el
césped... menuda forma más buena de pasar el rato... cada vez me sentía mas
ilusionada, creoquese me salían las chispas de los ojos... él seguro que las
veía...


    Después de hablar un rato, de pronto,
acarició mi brazo, suave y dulcemente, como si nunca hubiera tocado un brazo...
me estremecí, me dio otro vuelco el corazón... mi corazón debía de ser campeón
olímpico en la modalidad de salto... madre mía!!! lo que ÉL me hacia sentir...
no era lógico que una sola persona pudiera provocar aquellos sentimientos...


    Yo, por mi parte, acaricié su mano con la
mía, le miré a los ojos y le sonreí, para que se diera cuenta de que estaba a
gusto con su presencia, y de que no me molestaba que me tocara el brazo... o lo
que él quisiera...


    No hablábamos... no queríamos estropear
aquel momento con palabras... Solo había silencio y nuestras miradas...


    Él se aproximó... yo me aproximé... era la
ocasión... estábamos a milímetros de distancia... SI!!! ERA LA OCASIÓN!!!


    Pero llegado el momento... se nos cayeron
las copas de vino... y como si fuera la Ley de Murphy... el vino de derramó
sobre mis pantalones blancos... La que se montó!!!


E:<< Perdona, perdona... vaya!!! estoy hecho un patoso...
perdona, perdona...!!!>>


L:<< No pasa nada, si la mía también se ha caído... UFFF!!!
como se me han puesto los pantalones... jajaja!!! diré que es un diseño
exclusivo... jajaja!!! >>


E:<< Jajajajajaja!!! perdona que me ría, pero me ha hecho
gracia tu comentario... no es que me esté riendo de tu mancha... jajaja menuda
situación!!! >>


L:<< Jajajajaja!!! no, si yo también me río... no pasa nada,
de verdad...>>


    La velada concluyó entre risas... y
recogimos los vasos, el aperitivo, la botella, y lo tiramos a una papelera
cercana...


    Enrique me cogió de la mano, y fuimos
dando un paseo por el parque, dirigiéndonos a casa de Rocio, para cambiarme de
pantalones.


    El tacto de su mano era suave, tenía unos
dedos largos que encajaban a la perfección con los míos... miré las dos manos
entrelazadas... quedaban bien juntas... no quería separarlas nunca... estaba tan
cómoda con su presencia... ufff!!!


    Llegamos a casa, y pasamos al salón... le
serví un vaso de agua, puse música y le dejé esperando sentado en el sofá
mientras yo me vestía...


    Pero a él no debió de gustarle que le
dejara allí abajo solo... y subió a la planta superior, donde estaba yo
vistiéndome...


    Yo estaba subiéndome los pantalones en el
justo instante en el que el carraspeó y yo me giré...


    Estaba mirándome con una sonrisa en los
labios, una sonrisa diagonal, estas que solo levantan una comisura...


Yo le sonreí, y haciendo que estaba enfadada... le regañé.


L:<< No está bien que fisgonees a las muchachas mientras se
visten... tu madre no te enseñó modales??? >>


E:<< No, lo siento... mi madre nunca me dijo nada de eso... y
tampoco vi Barrio Sésamo... que infancia mas triste!!! creo que tengo un trauma
infantil... jajaja!!!>>


    Me acerqué... estaba tan cerca que podía
oler su colonia... le di un beso en la mejilla, muy cerca de esa comisura
levantada... no era un simple beso de amistad... era un beso intencionado y él
lo sabia...


    Le cogí de la mano y bajamos las escaleras
corriendo, entre risas... casi nos caemos rodando... en ese mismo instante llegó
Rocio, cargada con las bolsas de la compra...


    Mi niña... pobrecita... ella de compras en
el súper y yo de cachondeo por ahí... le haría una regalo... Si!!!


    Le di un abrazo a mi niña, Enrique le dio
un beso y nos despedimos de ella... Salimos de la casa y Enrique me pasó la mano
por la cintura... la calidez de su mano y su dulzura, me volvió a estremecer...


    No sabíamos a donde no dirigíamos, íbamos
sin rumbo fijo... paseando cogidos por la cintura... con toda naturalidad, como
si nos conociéramos de toda la vida, como si fuéramos pareja!!! Llegaríamos a
serlo pronto???


    Paseábamos por la ciudad, hablando
animadamente, cuando de pronto, me paré... necesitaba sentir un abrazo suyo... y
se lo pedí.


L:<< Quiero que me des un abrazo!!! y no es una suplica, es
una orden, jajaja!!!>>


E:<< Todos los que quiera la señorita!!! estoy a su
disposición!!!


    Nos fundimos en un abrazo... de esos que
hacen historia... Ahora si que estábamos cerca... yo estaba apoyada en su pecho,
él me abrazaba por la cintura... Alcé la mirada... él me miró... nos miramos...


    Y fue cuando desaparecieron los coches con
sus ruidos, el bullicio de los comercios, se esfumó la gente que andaba por la
acera... ya solamente estábamos nosotros dos, la mirada penetrante de ella, su
manos rodeando mi cuello... su fragancia de belleza que me colmaba de plenitud,
y yo estaba allí!!.


    Si, así se encontraba aquella chicha
maravillosa, atada al destino de un caballero cuya caricia era como imán del
deseo.


    Él serenó su rostro, se hipnotizó con los
ojos de Lucía y dejó que sus instintos rompieran la timidez. Apartó el flequillo
suelto de ella con delicadeza, acariciando el pelo y fue acercando sus labios
lentamente a los de Lucía que cosquilleaban en ambición por poseer a aquel
hombre.


    Humedeció sus labios con un leve roce de
la lengua y besó el labio inferior de ella como si de un lóbulo de fruta fresca
se tratara, y sin dejarlo escapar acaparó intensamente la boca de Lucía que
reclamaba más con la respiración entrecortada. Sentían el calor de sus rostros
junto con la sensación de estar montados en una atracción de feria y no existía
el pasado, ni el presente, ni el futuro!!, estaban viajando en un sueño
atemporal. Él respiraba el aire de los pulmones contenido de ella que cerraba
los ojos para no despertar a la vez que agarraba la camisa de Enrique tirando
hacía arriba hasta dejar la espalda de él al aire.


    Por fin me besó, nos besamos... se hizo el
silencio, solo sentía la calidez de sus labios en los míos, sus manos pasando
dulcemente por mi cintura, me sentía como en otra galaxia, como si estuviera
andando descalza por una nube... VAYA BESO!!! Éramos un solo ser... no había
nadie mas, ni nada mas... solo éramos él y yo... aunque para mí... en ese
momento, solo existía el... no existía ni yo misma... vaya forma de besar!!!.
¿Dónde habría aprendido a besar así???


    Por un momento, dejamos de besarnos... nos
miramos a los ojos... me dedicó una sonrisa, y me abracé fuertemente a él,
cuerpo con cuerpo, quería sentir su calor. Apoyé mi cara sobre su pecho, oía el
latir aterciopelado de su corazón... que sensación más buena!!!


    Se separó de mi, me cogió la cara con sus
dedos, y me dio un leve beso, fugaz y me cogió de la cintura...


    Estuvimos andando mucho rato sin hablar,
dejando que el silencio nos embriagara, disfrutando del momento...


Llegamos a casa de Rocio...


    Llamamos a la puerta para que nos abriera
pero había salido, así que Lucía sacó la copia de llaves que Rocio le había
dejado. Entraron en la casa y pasaron al salón. Enrique cogió el mando de la
televisión y la encendió mientras que Lucía iba al servicio. De fondo se
escuchaba el telediario, eran las dos y media de la tarde. Cuando salió del
servicio se fue a la cocina y puso un cazo con agua para hervirla. Luego
se acercó al sofá en donde estaba sentado Enrique y comenzó a darle un suave
masaje en la cabeza. Entrelazó sus dedos entre el pelo y él dejó la cabeza
reposar en el sofá rendido al placer de aquel regalo. Movía los dedos haciendo
pequeños círculos desde la nuca hasta la frente, despeinándole lentamente. Pero
había algo que a ella le molestaba mucho, esa coletilla!!!, que para colmo tenía
una goma muy apretada. Tenía que hacer algo!!. Miró alrededor y vio que cerca
había una caja de costura. Así que una mano dejó de dar masajes para buscar en
la costura unas tijeras, que por fin encontró...


    L. - ¿Sabes qué es lo único que no me
gusta de ti?.


    Enrique se quedó contrariado con el
comentario.


    E. - Dime!.


    L. - Esto!!.


Y cogiendo la tijera con una mano y por otro lado la coleta
no resistió la tentación de cortarla de un solo tijeretazo.


    E. - Ehh!! que le pasa a mi coleta!!


    L. - Dirás que le pasaba!! porque ya no
hay coleta!! jajaja. Ya si eres perfecto!.


    E. - Ahhh si!! con que esas tenemos...!!


Y cogiéndola de la cintura le dio una voltereta de forma que
se quedó con los pies al aire y la cabeza en el asiento del sofá, mirando desde
abajo la cara pícara de Enrique.


    E. - Ajá!! ¿Y ahora qué?... ¿Y este
flequillo qué tiene esta muchacha!! ehh!! lo cortamos??.


Mientras con las manos le hacía cosquillas que impedían que
Lucía dijera nada entendible porque no paraba de reír.


    Él se arrodilló en el sofá y besó el
flequillo.


    E. - Pues no, no se puede cortar porque es
perfecto. Como tu frente. (Y seguidamente besó la frente de Lucía). Como tus
cejas. (Y las besó). Como tus ojos... (Y ella cerró los ojos para que él pudiera
besar sus párpados). Como tus labios.... (y volvieron a besarse esta vez de
forma apasionada, desesperada).


    De pronto sonó un trasteo de llaves en el
exterior y entró en la casa Rocio... Y se encontró con el cazo de agua soltando
vapor por toda la habitación y a sus invitados haciendo el pino en el sofá con
los cuellos retorcidos mirándola sin saber como explicar aquello...


    R. - No me lo digáis!!!. Se os ha perdido
una moneda en el sofá y la estabais buscando... vaaale, vaaale, me lo creo, y lo
del vapor para mejorar mi resfriado... ¿a qué si? Si es que sois unos soles!!.


    Lucía guiñó un ojo a Rocio por su salida
mientras se incorporaba para ayudarla en la comida.


    R. - Venga, que estáis invitados a comer
pero tenéis que arrimar el hombro ¿¿vale??.


 


    Todos colaboraron en la preparación de la
pasta. El cazo se calentó con agua y se pusieron los tallarines. El telediario
de fondo informaba los últimos acontecimientos sobre el Etna que había vuelto a
alterar la vida de la zona con nuevas erupciones.


    Enrique puso el mantel y los cubiertos.
Mientras Lucía preparaba los condimentos para la pasta.


    Al rato todo estaba sobre la mesa y
comenzaron a comer.


    L. - Ummm, riquísimos.


    E. - Es curioso que la pasta aquí sea tan
diferente de la que comemos en España.


    R. - Si, bueno, eso se debe a que aquí la
pasta la hacen con trigo duro. A los italianos no les gusta la pasta que se
vende en España, prefieren algo más consistente. Recuerdo que al principio
pensaba que la hacían poco en los restaurantes y por eso estaba más dura, pero
cuando compré en la tienda me di cuenta del asunto.


    E. - Pues sea como sea, está riquísimo.


    R. - Ja! para algo somos tan buenos
cocineros!!.


Rocio cambió de tema y preguntó:


    R. - Bueno Enrique, y qué es lo que te
trae por Italia?.


    E. - Pues estoy tratando con una empresa
que quiere comprar telas que producimos en España. El otro día estuve trazando
la negociación y parece que se va a cerrar un acuerdo aunque aún tendrán que
estudiar las muestras de tela que les dejé. ¿Y tú Rocio? ¿A qué te dedicas
aquí?.


    R. - Soy modelo. Jajajaja. Bueno, fuera de
bromas... trabajo para una empresa de telecomunicaciones. Soy informática.


    E. - Y entonces, ¿desde cuándo eres amiga
de Lucía?.


    L. - Uhii!! si te contáramos...


    R. - Anda que no... desde la guardería!!
con los baberos!!.


    L. - Si, solo nos ha faltado criarnos en
la misma cuna. Siempre juntas... bueno, hasta que el trabajo tuvo que
separarnos.


    R. - Pero ya ves... otra vez juntas!!


    L. - Claro que si, mi vida. No se pierde a
una buena amiga tan fácilmente! Aunque te vayas a Australia!!.


    Cuando terminaron, cada uno recogió su
plato y dejaron la mesa limpia. Después se sentaron en el sofá a ver un rato la
televisión. Rocio con el paso de los minutos y después de haber comido tanto se
quedó dormida. Lucía se apoyó sobre el pecho de Enrique rodeando su cintura con
un brazo. Él correspondió acariciando su pelo suavemente. Así permanecieron
durante largo rato haciendo la digestión.



 


 



Lucía.



 



    Nos quedamos solos en el sofá, yo echada
sobre el, apoyando mi cabeza en su pecho... Rocío hacia un rato que se había ido
a dormir, por que se había quedado dormida.


    Pasé mi mano sobre el lóbulo de la oreja
de Enrique...luego por la mejilla, rozando suavemente sus labios, que al sentir
mis dedos, me besó uno a uno de mis dedos... que delicia!!!


    Nos volvimos a besar en los labios, con
pasión y deseo... me dijo una cosa que no le entendí...


L:- Que es lo que dices? no te entiendo...


E:- Que eres preciosa... y que no me gustaría separarme de ti
ni un solo momento... me gustaría ver el amanecer a tu lado... quieres?


L:- Si, me gustaría... quédate esta noche a dormir...
quieres???


E:- A dormir??? jo! no pensaba dormir mucho... pero si la
señorita es lo que quiere... a dormir!!!


L:- Jajajaja!!! si, a dormir, y a jugar al Trivial...
jajajaja!!!



 



    Nos volvimos a besar, a acariciarnos, a
oír nuestra mezcla de suspiros, había mucha pasión contenida en nuestros
besos...


    Le cogí de la mano, me levanté, e hice que
se levantara... subimos las escaleras en absoluto silencio, sabiendo lo que
pasaría en breves momentos...


    Cerré la puerta de mi habitación, él
estaba abrazándome a mi espalda, me cogía la cintura con delicadeza, me giró y
me dio un beso en el cuello, resarciéndose en él, besando todos los poros de la
piel del cuello, pasando por las clavículas, los hombros...


    Yo, por mi parte, no me quedé quieta... le
acariciaba la espalda, la parte en la que termina la espalda, la nuca..., esa
coleta recién cortada... ummmm!!!



 



   
Le desabroché la camisa, tenía la piel
suave y tersa, deseaba no separarme nunca de esa piel, de ese olor, de esos
besos, de esas caricias...


    Él hizo lo propio y también desabrochó los
botoncitos de la blusa mientras seguía besándome...


    Ella se tumbó en la cama y él se sentó en
el filo. Cogió el pie de Lucía y le quitó el zapato lentamente, que una vez
liberado ella usó para acariciarle la espalda. Luego cogió el otro pie e hizo lo
mismo. Se paró para sentir los masajes tan ricos que ella le daba y decidió
corresponder. Así que se acercó a la espalda y fue elevando el vestido conforme
masajeaba con las palmas de las manos los costados de ella. Movía los músculos
tensos y los dejaba como nuevos. Llegó a la unión del sujetador que le impedía
continuar y lo soltó. Lucía sonrió. Luego besó justo donde se unen los corchetes
del sujetador, que estaba de un color más blanco que el resto de la espalda. Sin
duda ella no tomaba el sol en topless. Un escalofrío recorrió toda la columna, y
es que él sabía que esa zona era muy sensible. Volvió a besar ahí, pero esta vez
dejando el rastro húmedo de su lengua. Siguió acariciando hasta llegar a sus
hombros, movió sus manos con destreza conforme besaba la nuca de ella y
alrededores. Los suspiros delataban la enorme satisfacción. Recorrió toda la
espalda una y otra vez para que ella se sintiera cómoda. La respiración de Lucía
se había serenado. Estaba segura de con quien estaba y que iba a pasar, quería
que pasara.


    Necesitaba besarle, así que se dio la
vuelta dejando que sus pechos desafiaran la gravedad y acercó sus labios hasta
el cuello de Eduardo que besó desde abajo hasta arriba, besó la barbilla y sus
labios, mientras con sus manos le quitaba la camisa y dejaba todo el torso al
aire. Me quedé abrazada a su cuerpo, no quería apartarme de su lado... No había
una sensación igual a aquella, sentir sus pechos tocando aquel cuerpo, piel
contra piel. Así se quedó parada, era algo maravilloso. Él besaba detrás de la
oreja y en el cuello abrazándola para no perder aquel contacto.


    Un susurro puso al aire todas y cada una
de las células de Lucía... un "te quiero" con voz cálida. Ella no podía dejar de
besarle. Era un instinto, una necesidad.


E. - ¿Qué te parece si jugamos al frío-frío
caliente-caliente?. (preguntó entusiasmado). No juego desde que era pequeño.


L. - ¿Y qué buscamos?.


E. - Lo que más nos guste. Si es que no te gusta pues dices
"frío".


L. - Vale!.


    Se tumbó en la cama y él fue besando los
hombros, la clavícula... Sin embargo, aunque no le disgustaba permanecía callada
esperando que llegara a un sitio más sensual. Y poco a poco fue besando hasta
llegar a los pechos. Pero que malísimo!!, en vez de tirarse a comer aquellos
preciosos pechos redonditos y de un tamaño normal, sacó la lenguecilla y se puso
a recorrer los contornos de aquellas montañas dejando un fresco rastro, sin duda
iba a hacer que se retorciera de placer.


L. - Caliente!! pero sigue sigue!!!.


    Él puso una sonrisa pícara. Estaba
haciendo retozar a aquella muchacha hasta los extremos más desesperados. Llegó
su lengua a uno de los pezones y lo chupó con delicadeza. El pecho se encogió.
Fue besando más fuerte. Con la mano acariciaba los contornos.


    Ella sentía el sexo de Enrique en contacto
con su pierna. Estaba excitado. Estaba claro que también sufría como ella el
tener que dosificar los instintos, pero eso hacía de aquella relación la más
agradable que había tenido nunca. Él la cuidaba con cada toque de su piel, la
miraba de reojo para ver sus ojos entornados llenos de placer...


    Continuó acariciando los pechos mientras
seguía recorriendo su cuerpo, esta vez alrededor del ombligo. Hacía pequeños
circulos con la lengua que hacía reir a Lucía. - Caliente!! jaajaja caliente!!.


    Y fue bajando más hasta llegar a sus
piernas. Cogió un tobillo y lo puso en su hombro permitiéndole tocar toda la
pierna que masajeaba con las dos palmas. Y con su cara con una barba del día
anterior, rozaba su piel que raspaba levemente haciendo que se enrojeciera pero
sin doler, una sensación diferente, muy diferente. Y fue nuevamente besando
desde el tobillo hasta llegar a sus braguitas. Ella había empezado a respirar
descompasadamente, estaba entre excitada y alterada. Pero él no quitó la prenda.
Y fue mordiendo un poco el elástico de la braguita y lo elevaba un poco hasta
que lo soltaba y sonaba el plass!! en contacto con la piel. Que diablillo!!.


    Sentía la humedad de ella, que estaba
temblando pero a la vez elevando las caderas para sentirle más. Sitió el bello
púbico de ella tras la tela que besó dulcemente...


    Ella no resistió la enorme tensión y su
instinto hizo que se incorporara. Ahora tocaba que ella pusiera su parte en el
juego. Así que hizo que se tumbara y ella dominó la situación mirándole
desafiante...


- Te toca sufrir ahora a ti... (Dijo Lucía).



 



    Empecé mi tortura jugando a darle besos en
el cuello, haciéndome de rogar... mis besos rodaron por su pecho, acariciaba sus
hombros, sus brazos... le torturaba ignorando aquella parte tan "adorada" por
los hombres, se centraban tanto en esa parte que se olvidaban que había mas
partes erógenas y sensuales... por eso, como escarmiento, decidí pasar
olímpicamente de esa zona...



 



    Le hice darse la vuelta, me centré en un
masaje, con las yemas de los dedos, electrizando todo el cuerpo con un solo
movimiento de un solo dedo en la columna vertical...


 


   Besé cada milímetro de su piel, desde la nuca
hasta los pies, pasando por el trasero, las nalgas, parándome un buen rato en la
parte trasera de las rodillas para volver a subir a la nuca...



 



    E:- Lucía, por favor, no alargues mas esta
tortura... te lo pido por favor, no puedo mas...!!!



 



    Se giró, mirándome con deseo, me acercó a
su cuerpo... nos unimos... nos fundimos en un solo ser y toqué el cielo con los
dedos...


    Me quedé dormida de inmediato, abrazada a
su cuerpo...



 



 Enrique.


    Lucía se estaba quedando dormida
aferrándole con sus brazos. << Prefiero no moverme y seguir estando cerca de
ella (pensó)>>.


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Relato: Una historia entre tu y yo
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