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Relato: El dueño incansable (5)





Relato: El dueño incansable (5)

  

Había mandado a todas sus domésticas a realizar tareas.
Quería estar sólo. Siempre le gustaba que alguna de sus hembras estuviera junto
a él dispuesta a servirle, pero ahora quería atesorar el recuerdo de Elena. Su
polla aún se mantenía tiesa y cuando comenzó a repasar los servicios que la
joven le había proporcionado, cualquiera de ellos era extremadamente
satisfactorio, sobre todo el de la escalera. Recordar ese culo bajo sus huevos
era casi mejor que haberlo frotado con la verga hasta correrse. Pero lo que no
podía apartar de su recuerdo, lo que quería atesorar era la expresión de la
joven cuando se corrió en la bañera. Aquella expresión de placer. Iba a
conseguir que la repitiera cada vez que estuviera cerca de él, cada vez que la
tomara, cada vez que la follara.


Hizo sonar el timbre de llamada y casi al instante
aparecieron dos de sus esclavas. Gloria y Chupa se arrodillaron frente a él
esperando órdenes.


- ¿Donde está Tetazas? –ninguna de las jóvenes respondió. El
avanzó un pie hasta Chupa y esta lo besó. Habiendo obtenido el permiso para
hablar contestó a la pregunta de su amo.


- Está preparando la mesa para la cena, como le ordenaste, mi
señor.


Se dio por satisfecho con la contestación y las indicó que
quería vestirse. Chupa se encargó de bajarle los pantalones y los calzoncillos.
En cuanto el miembro de su amo estuvo libre ella lo protegió con su boca. No
succionaba ni chupaba, se limitaba a mantener la polla dentro de su boca
mientras, sin mirar quitaba los pantalones y los calzoncillos a su dueño. Él no
hizo ademán alguno de utilizar a la joven. Su hembra estaba protegiendo el
miembro que regía su vida. De momento era suficiente.


Gloria le quitó la camisa. El pelo de la mujer caía sobre los
hombros de su señor. Le besó la espalda en varias ocasiones y frotó sus pechos
contra él, que echo los brazos hacia atrás y la sujetó por el culo apoyándola
contra su cuerpo. Ante el requerimiento de más actividad, ella frotó el coño
contra el culo de su propietario, dejó caer la camisa y deslizó ambas manos por
delante de sus piernas para sujetar sus huevos. Chupa, percibió el movimiento, y
comenzó a lamer el glande de la polla que reposaba dentro de su boca.


- Tranquilas, Tranquilas –concedió, el hombre, dejando a
Gloria que se separara.- No sabéis estar un instante sin servir a mi polla.


- Así es, dueño y señor –respondió Gloria, frotando una vez
más sus tetas contra el amo.


Completamente desnudo y con la verga reposando en la garganta
de Chupa, el hombre esperó a que Gloria comenzara a vestirle. Le puso una camisa
amplia de seda azul clara. Chupa comenzó a meter las perneras de los pantalones
a juego por los pies sin sacarse la tranca de la boca. Cuando hubo de subir los
pantalones soltó el miembro y lo introdujo dentro de la prenda. Una vez guardado
dio un último beso al paquete.


Permaneció arrodillada y Gloria se situó junto a ella e
introdujo en los pies el calzado del hombre.


- Hoy tenemos visita, así que debe estar todo reluciente.


Las esclavas sabían perfectamente cual era su próximo
cometido. Comenzaron a lamer los zapatos, al tiempo que se sujetaban las tetas y
las colocaban alrededor del pie. Los lametazos se producían de forma sincrónica,
fruto de las veces que habían servido así a su señor.


Al unísono se alzaron y comenzaron a cabalgar con sus coños
sobre ambos pies para sacar brillo al calzado. El hombre lanzó sus manos hacia
abajo y sujetó una teta de cada una, estrujándolas con fuerza. Ellas
prosiguieron su labor, con los rostros pegados al paquete de su propietario. A
lo mejor quería una mamada y era mejor estar prevenidas. Alternativamente
besaban el paquete siempre duro que las oprimía y que las utilizaba sin
descanso.


- Tú vete –dijo a Gloria- será mejor que vayas preparándote
para la cena -.


La muchacha obedeció y se marchó arrastrándose por el suelo
hasta que desapareció de la vista de su amo. Chupa se quedó en la misma
posición, aunque se apretó contra la pierna del hombre que agradeció la muestra
de sumisión retorciendo brutalmente uno de sus pezones.


- ¿Tienes ganas de tenerla en tu garganta?


La chica no respondió. Se limitó a sujetar la cinta del
pantalón con los dientes y tirar hasta que se desató. La vestidura cayó a los
pies del hombre y el miembro golpeó a Chupa en la cara. La joven, sometida aún a
la férrea presa de las manos de su señor sobre su espléndida teta, comenzó a
excitar la polla del hombre. Chupa era la única de las domesticas cuyo uniforme
escondía parcialmente sus pechos. Incluso Laura era obligada por el amo a llevar
un corsé que sujetaba sus tetas sin esconderlas, pero Chupa lucía una especie de
top ceñido que mantenía su busto firme y cubierto hasta la mitad. Era la forma
en la que su propietario quería "rediseñar" las tetas de su esclava, como él
decía. En los meses que llevaba a su servicio lo había logrado parcialmente,
dotándolas de una redondez que no habían tenido antes, como precio a agradar a
su señor, la joven sufría la constante presión de la prenda que en muchos
momentos la cortaba la respiración, especialmente cuando estaba dando servicio
al hombre.


La muchacha llevó las manos a su espalda y comenzó a
desabrochar la prenda. La presión del hombre sobre su teta había pasado a una
dolorosa pinza sobre el pezón debajo de la ropa. Estaba claro que el amo quería
libre acceso a las tetas de Chupa, para complementar su trabajo con la boca.
Había adquirido una práctica inaudita en llevar a cabo esa operación sin dejar
de dar gusto a su dueño. Desde que cayera en manos de aquel hombre, había pasado
media vida con su tranca en la boca, tragando su semen.


El amo miró hacia abajo y sonrió mientras la joven comenzaba
a aplicar, ya sin el top, sus tetas a los huevos de su señor para completar el
servicio.


En muchos aspectos ella era su mejor creación. Había
conseguido con el cúmulo de humillaciones que había arrojado sobre ella una
sumisión absoluta. Todas sus siervas eran iguales en ese sentido. En ningún
momento pasaba por su cabeza desobedecer, pero Chupa había alcanzado un grado
más de refinamiento. Ella intentaba agradar para sentirse mujer. Había limitado
mucho la utilización de su coño y de su culo. No es que no le parecieran
atractivos, muy al contrario, le resultaban hermosos y apetecibles, pero había
realizado con ella un experimento.


Chupa se había llegado a sentir en constante peligro porque
creía lo que, sin duda, consideró al principio como una suerte, se había vuelto
contra ella. Era poco follada y raras veces la tranca de su amo se albergaba en
su redondo y hermoso culo. Al principio era una bendición, pero cuando empezó a
ver cual era el destino de las que no lograban excitar permanentemente esa
exigente polla comenzó a temer por su destino.


Además, las otras domésticas, la consideraban una
privilegiada. Para ellas, cuya boca era sólo uno de los puntos de entrada de la
tranca de su amo antes de servicios mucho más completos, que Chupa sólo sirviera
de esa forma al dueño la colocaba en una situación de privilegio.


Así, el hombre que ahora comenzaba a menear rítmicamente la
verga dentro de la boca de la joven, había conseguido que cada servicio de su
mamona favorita fuera una súplica. Una suplica de que la penetrara, de que la
follara por delante y por detrás. La chica había ideado formas realmente
impresionantes de excitar a su amo con la boca en un intento de lograr que no
pudiera resistirse a poseerla de otra forma. Así ganaría la comprensión de sus
compañeras y aseguraría su futura supervivencia al estar segura de que su amo se
sentía completamente satisfecho cada vez que la utilizaba.


El hombre volvió a sonreír al encontrar los ojos de Chupa
atisbando hacía arriba para ver si el amo se excitaba con su trabajo. Había
iniciado una de las mamadas que más gustaban a su señor. Con los dientes
sujetaba débilmente el glande dentro de sus labios, mientras la lengua paseaba
una y otra vez por la piel del prepucio. Con las tetas masajeaba los huevos y el
resto del cipote. Era perfecto para él, que sentía varios puntos de placer a la
vez en esta forma de mamada. Estuvo a punto de correrse cuando la joven llevaba
diez minutos realizando su chupar rítmico y constante, pero se contuvo. Tuvo un
ligero sentimiento de lástima por aquella muchacha que tanto hacía por
complacerle sin recibir el premio ansiado, que no era otro que darle más
satisfacción.


Sacó la tranca de la boca de su sierva y esta la persiguió
con avidez arrastrándose por el suelo y con las tetas aún sujetas con las manos
para volver a albergar el paquete de su amo.


Puedo hacerlo de otra forma que os reportara mucho placer.
Por favor, no me castiguéis. Haré que os corráis en mi boca. Os lo prometo.


El hombre se inclinó sobre ella y le acarició las tetas que
le ofrecía. Restregó la verga contra ellas y luego ordenó a su hembra que le
guardara de nuevo la polla. Mientras lo hacía, varias lagrimas resbalaron por
sus mejillas- Ella las enjugó en el pantalón al tiempo que besaba el paquete, ya
recogido en el pantalón, pero aún duro.


- ¿Cómo te llamas? - preguntó el amo -


La pregunta pilló por sorpresa a la joven que dudó un
instante antes de contestar. A lo mejor su dueño pretendía castigarla por haber
hablado. Hacía tiempo que había dejado muy claro a la joven que ella tenía la
boca para chuparle la polla y no para otra cosa. No sabía que contestar. Era
posible que realmente la pregunta fuera sólo eso y no escondiera una promesa de
un nuevo castigo y una humillación más.


Soy Chupa - dijo, al fin - Tengo la boca para daros placer y
lo único que puede entrar en ella es el miembro de mi amo.


Eso ya lo sé - dijo el hombre sin alterarse - Quiero saber tu
nombre.


- Inmaculada


- Parece apropiado. No te preocupes Inma. Dentro de un rato,
cuando me bañe. Recompensaré tus esfuerzos. Ahora vete y dile a Gloria que
prepare el baño.


- Sí señor.



Continuará


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Relato: El dueño incansable (5)
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