Elena recibió de labios de Gloria la orden de presentarse
ante su amo en el baño. La palabra le hizo recordar de nuevo lo que no había
podido quitarse de la cabeza en todo el día: El orgasmo alcanzado cuando su amo
la masturbó en la bañera. Subió los dos pisos con una presteza que la asustó.
¿Era posible que acudiera con tanta velocidad a someterse a las humillaciones
que aquel hombre tenía pensada para ella?. Aún tenía el culo dolorido de la
brutal toma de posesión que de él había hecho su propietario y ahora corría para
él la tuviera de nuevo a su entera disposición para volver a satisfacer su
insaciable polla. Mientras subía los escalones contempló su reflejo en varios
espejos. La exigua prenda que lucía estaba pensada para resaltar al máximo sus
encantos. Sus tetas eran firmes y por ello no hacía falta sujetarlas con nada y
la tira del tanga se instalaba en la raja haciendo que su culo pareciera más
redondo y apetecible al tiempo que las cintas que iban por encima de sus caderas
hacían sus piernas más largas y esbeltas.
Llegó a la puerta del cuarto de baño y se arrodilló para
traspasar el umbral, se quedó en la entrada en esa manera sin alzar en ningún
momento la vista. Un solo día de sometimiento a aquel hombre cruel e insaciable
había bastado para que Elena asimilara sus leyes de sumisión.
- Levántate y ven aquí. Ahora te toca a ti lavarme a mí.
Elena obedeció y entonces contempló la escena completa del
aseo. Un perfecto culo asomaba por entre la espuma entre las piernas del hombre.
Era evidente que Chupa estaba llevando a cabo su trabajo con la cabeza dentro
del agua. Gloria, arrodillada junto a la bañera tendió a Elena una esponja y se
retiró. En ese momento la cabeza de Inma asomó por encima del agua. Apenas tardó
un instante en tomar aire y volver a sumergirse para seguir complaciendo a su
dueño. Elena no sabía muy bien que hacer, así que comenzó a frotar suavemente el
pecho del hombre que cerró los ojos. Se inclinó sobre el borde de la bañera para
que sus pechos acariciaran el cuerpo de su amo. Elena se había acostumbrado en
esas pocas horas a que cualquier servicio que hiciera para su nuevo señor tenía
que producirle excitación y placer. Para eso quería a sus domésticas. La cabeza
de Chupa volvió a emerger y Elena aprovechó para deslizar la esponja bajo los
huevos de su amo y restregar suavemente subiendo hacia la cabeza de la polla.
De repente sintió un pinchazo en un dedo. Chupa la había
mordido para que se alejara del paquete del amo. Ahora era ella la que estaba
ocupándose de él y no quería interferencias. Elena no sabía si había sido esa
reacción o su caricia lo que había hecho trempar más aún el válano del hombre,
pero lo cierto es que este surgió casi en su mitad por encima del agua, lo que
permitió a Chupa seguir mamándolo sin necesidad de sumergir la cabeza..
El hombre parecía gozar del servicio de Chupa, pues se
estiraba y encogía rítmicamente en la bañera.
- Ven chica, toma tu premio –dijo el hombre al tiempo que
extraía su tranca, completamente tiesa, de la boca de su sierva -.
Chupa se puso de pié en el baño y su pequeño aunque explosivo
cuerpo apareció en toda su extensión. El amo la hizo girar y colocarse de
espaldas a él. Ella le ofreció el culo para que lo penetrara, pero el se limitó
a encajar sus manos en cada glúteo y apartarlos para que asomara el
impresionante conejo rubio. Luego la sujetó por las caderas y la hizo agacharse
hasta que la tranca entró de golpe en el conejo, húmedo por el agua y la
ansiedad.
La chica soltó un gemido de placer y se apoyó en el borde de
la bañera con las manos para poder empujar e introducir la verga hasta lo más
profundo de su ser. Una vez allí comenzó a contraer las caderas para dar gusto a
su amo. Elena seguía frotando la esponja y la reacción de su amo la pilló por
sorpresa. El hombre la agarró del cabello y la obligó a meter medio cuerpo en el
baño.
Comenzó a estrujar sus tetas mientras Chupa seguía meneándose
como una anguila con la polla en su coño. Una de las manos de la joven se
deslizó hasta los huevos y comenzó a estrujarlos.
- Deja eso para Elena, Chupa. Tu concéntrate en el coño
Elena supo lo que tenía que hacer y alargó el cuello para
alcanzar con los labios el paquete de su señor. La posición era incómoda porque
él no quiso deshacerse de sus tetas que seguía masajeando. De vez en cuando
pellizcaba los rosados pezones.
Elena tenía el rostro pocos centímetros por debajo del culo y
el coño de Chupa que subía y bajaba con la polla del dueño golpeando como un
martillo. El agua le salpicaba la cara, pero ella obvio la sensación de ahogo y
se introdujo los huevos de su propietario en la boca. Sus pies ya no tocaban el
suelo. Estaba apoyada sobre el vientre en el borde de la bañera y una de las del
hombre abandonó sus pezones para concentrarse en el orificio recientemente
estrenado para su placer y en sus cachas.
Con los duros huevos en la boca, Elena comenzó a lamerlos
firmemente y utilizó las manos para lograr que permanecieran fuera del agua. La
chica veía subir y bajar rítmicamente el coño de Chupa mientras mantenía los
huevos del hombre excitados.
En aquella posición sintió el deseo de acabar con todo, de
que fuera su coño el que el que fuera desgarrado por aquel miembro.
Mientras uno de los dedos de su dueño seguí martirizando su
irritado orificio otros dos comenzaron a acariciar los labios de su conejo.
Chupa seguía empujando hacia atrás para clavarse completamente la polla del amo
en las entrañas.
Elena aplicaba los labios con esmero a al extremo inferior
del válano y comenzó a notar como cada vez que el coño de Chupa descendía dejaba
sus fluidos justo al lado de sus labios.
Su almeja ya estaba excitada por el manoseo del hombre y aún
permanecía en la incomoda postura que le exigía el tener que mantener los huevos
dentro de su boca.
Así deseo sustituir a Chupa para que todo acabara, para que
aquel ser la poseyera definitivamente y la dejara descansar. Entonces comprendió
la diabólica situación en que se encontraban sus tres compañeras y ella.
El amo había conseguido que cuanto más grande fuera la
humillación más agradecidas se sintieran. Ahora ella envidiaba a Chupa porque
iba a acabar en cuanto el amo se corriera en ella y era posible que la dejara
descansar un tiempo, como había hecho con ella en la cocina. Sin embargo, Elena
estaba siendo humillada, forzada a satisfacerle y aún podría pedirle más y más.
Por eso forzaba siempre a una de sus domésticas a contemplar
sus disfrutes sin participar. Esa acumulaba resentimiento contra las dos que
estaban siendo utilizadas en ese momento. Gloria pensaría que Chupa era
afortunada porque este servicio la exoneraba durante un espacio de tiempo de
estar disponible y era posible que pensara que Elena se iba a librar con una
simple comida de los huevos de su señor. Mientras, ella, todavía fresca y sin
usar se convertiría en el próximo objetivo de los deseos incansables del amo y
no tendría sosiego.
La envidia no era porque las otras disfrutaran del grueso
miembro, sino porque acababan antes de ser humilladas por él. Elena, sometida al
magreo de su dueño, pensó que Laura debía estar comiéndose las uñas mientras
ella lamía los huevos del amo.
En esas estaba cuando sintió los huevos escaparse de su boca.
Quiso perseguirlos y cayó de bruces al agua. El amo se había puesto de pie en la
bañera y esperaba con la polla absolutamente tiesa a que Chupa se diera la
vuelta.
La joven le ofreció su maravilloso culo, mientras Elena se
arrodillaba bajo él volvía a introducir las bolas, pesadas y repletas, en la
boca.
El hombre introdujo sus pulgares en la raja del culo de Inma
y separó las nalgas, dejando al descubierto el agujero. La joven, apoyada con
una mano en el bordillo se frotaba el agujero con jabón, preparándolo para la
inminente penetración.
Elena quiso colaborar y sin dejar de lamer los huevos masajeó
la tiesa verga con jabón. El amo esperaba pacientemente. Con ella no había sido
tan misericordioso. La había enculado de golpe y sin preparación. La joven se
sintió confundida cuando descubrió en ella un punto de orgullo al descubrir que
su propietario deseaba tanto su culo que no había podido contenerse ni un
instante, como hacía ahora con Chupa.
Finalmente. la esclava fue enculada y el amo la sujetó por
las caderas para obligarla a acoplarse para que su polla penetrara hasta los más
hondo. Inma comenzó a gemir y agradecer cada embestida del amo al tiempo que
utilizaba una mano para separar las cachas y permitir los movimientos del
miembro que la taladraba.
Elena se aplicaba con la boca a los huevos y comenzó a notar
los fluidos del miembro resbalando hasta sus labios. Besó los huevos y lamió con
sumisión todo lo que la llegaba. Sus manos contribuyeron a mantener abierto el
culo de la esclava, mientras el hombre le exigía más ritmo con continuos
cachetes en las nalgas.
Cuando se estaba corriendo dentro del culo de Chupa, sacó la
polla y la introdujo sin previo aviso en la boca de Elena. Ella la recibió sin
protestar y deglutió el semen que restaba al tiempo que estrujaba los huevos con
las manos, para compensar a su señor por haberlos abandonado en sus besos.
Limpió la verga y permaneció arrodillada entre las piernas
del hombre, esperando que el dispusiera de ella como mejor le conviniera. El
acarició ligeramente a sus dos esclavas y se sentó de nuevo en la bañera. La
verga asomaba por encima de la espuma y Elena y Chupa se tumbaron junto a el con
sus bocas a escasos centímetros del miembro. Siempre era posible que el amo
deseara otro servicio.
Parecía satisfecho y se limitó a acariciar ambos culos que
emergían por encima del agua y la espuma.
- Gloria - dijo al fin- Llévate a esta putita y prepararme la
cena. El baño siempre me da hambre.
A sus órdenes, mi señor - contestó la joven mientras
abandonaba a cuatro patas el cuarto de baño.
Elena se entristeció mientras su amo la recompensaba
acariciándola el culo y dejándola descansar junto a él. Sabía que en su nueva
función situaciones como aquellas serían sus únicos momentos de paz. La
humillación de ser sobada por un hombre que la consideraba un objeto de su
propiedad era una recompensa de la que tenía que aprender a disfrutar.
Trabajaría día y noche para mantenerle excitado, para darle placer. Usaría
tetas, culo, coño y todo su cuerpo para servirle y luego habría de conformarse
con descansar en la satisfacción de su amo. Comprendió que nunca abandonaría ya
esa vida como objeto de placer y esclava sexual. Se resigno y besó débilmente el
miembro que la tiranizaba antes de abandonar la bañera.
Pasó cerca de media hora antes de que todo estuviera
dispuesto para la cena. Elena puso la mesa sobre una que le indicó Laura. Era
una pieza de metal y cristal cuadrada con un extraño diseño que consistía en una
barra de metal ondulada que unía las patas por todos los lados menos por uno. En
ese lado fue donde colocó un servicio completo de comida. Luego se retiró a la
cocina y esperó pacientemente la llamada del amo.
Cuando esta se produjo acudió con la fuente de espárragos al
salón y pudo por fin contemplar como Gloria servía plenamente a su dueño.
No en vano era denominada culazo porque sus cachas eran
impresionantes. Ahora se encontraba bajo la mesa con la espalda doblada hacia
adelante tocando el cristal por debajo. Su blanca piel se apretaba contra el
mueble.
Elena intentó no mirar mientras servía la comida. El hombre
no prestaba la más mínima atención a ninguna de ellas, ni siquiera a Gloria que
le ofrecía su culo bajo la mesa. Cuando el plato estuvo sobre la mesa Elena se
retiró tras la silla del amo, como Laura le había indicado que hiciera. El
hombre alzó un pie por entre las piernas de Gloria que se encontraban abiertas y
algo dobladas para poder permanecer bajo la mesa sin arrodillarse. La posición
debía ser dolorosísima, pues los músculos de la joven se mostraban tensos. La
masa de pelo rizado rubio caía sobre sus hombros.
Aquello debía ser la señal para que comenzara a dar placer a
su propietario porque la chica besó el pie e inmediatamente reculó hasta que la
carne de su culo contactó con el paquete del amo. La piel chirrió contra el
cristal. Apoyada con una mano en la barra bajo el cristal, utilizó la otra para
buscar a tientas el paquete y extraer la verga. El hombre seguía comiendo los
espárragos, aparentemente ajeno a todos los esfuerzos de su servidora por
facilitar el enculamiento.
Durante un instante la mujer hubo de mantenerse en aquella
posición sin ayuda de las manos ya que las utilizó para abrirse bien las nalgas
y ofrecer el agujero de su culo a la tiesa polla del hombre. Sólo entonces al
amo, que lo contemplaba todo a través del cristal del mesa, dejó de comer,
deslizó los brazos bajo la mesa y la sujetó con fuerzas las cachas.
Inmediatamente, Laura, que esperaba junto a Elena, se arrojó
al suelo, reptó hasta colocarse tumbada bajo la mesa con la cabeza entre las
piernas de Gloria y alzó los brazos para mantener la tranca en posición
horizontal. Con la polla reposando sobre las manos de su otra esclava, el hombre
volvió a dedicarse a la comida mientras Gloria, haciendo fuerza con los brazos
apoyados en las barra frontal se introdujo el miembro de su propietario en su
espléndido culo.
Durante toda la cena la joven mantuvo el vaivén de su cuerpo
para dar placer al hombre con su culo. Ocasionalmente, él utilizaba las manos
para pellizcar, acariciar o golpear las cachas de su sierva que gemía con cada
viaje de aquella polla monumental al interior más profundo de su culo. Bajo
ellos, desde el suelo, Laura aplicaba sus labios y lengua a los colgantes huevos
del hombre.
Gloria parecía agotada, pero no cejaba en su empeño de menear
la polla dentro de su culo. Comenzó a mover las caderas en círculos en lugar de
llevarlas adelante y atrás cuando Elena sirvió el segundo plato. El amo
levantaba el pie de vez en cuando y lo apoyaba en alguna de las barras, momento
que la esclava utilizada aprovechaba para besarlo o lamerlo como prueba de
sometimiento, como si ser enculada en aquellas condiciones no fuera una muestra
suficiente de reconocer su absoluta sumisión a los deseos de su dueño y señor.
Las hermosas tetas de la joven apuntaban hacia el suelo y se
bamboleaban sin control ante las embestidas que Gloria provocaba. Los huevos del
amo habían desaparecido hacía tiempo en la boca de Laura.
Cuando llegó la hora del postre el amo sujetó a Elena del
brazo antes de que se alejara
- Espero que no sea esto lo único que me has preparado para
comer.
La joven no sabía que hacer pero reaccionó enseguida. El amo
quería comerla el coño, eso estaba claro.