Hola a todos, ya estoy grande para jugar al caballito en los
pies de las chicas así que me dedico a otras cosas, como por ejemplo, mirar,
acariciar, besar y chupar pies y de ser posible, tener sexo con ellos, previa
satisfacción a las dueñas con métodos usuales.
Siempre pensé porqué me gustan los pies descalzos o con
hawaianas, las piernas cruzadas, los deditos, la visión tipo giantesses y los
pies limpios. Bueno, algunas respuestas las tuve de las memorias infantiles con
mi tía Olga y la negrita Baión, algo que les relato en entregas anteriores bajo
el mismo seudónimo, deditos. El punto de vista desde un poco abajo y frente,
cosa que se vean los deditos y parte de la planta, debe ser de cuando se me fijó
la afición por los pies, ya que ese debe haber sido el punto de vista del pie
que estaba viendo cuando tuve la primera sensación placentera. Esto es casi
cierto en una teoría psicológica, ya que leí ejemplos de fetichistas a los que
les gustaban cosas parecidas a las mías, por ejemplo, porque tenían mucha
diferencia de edad con hermanas mayores y sus fijaciones fueron con los pies de
ellas. Otro cuenta que su fetichismo por los zapatos de tacón fue cuando
pequeño, bajo la cama, espiaba a su la mucama, y justo cuando sentía su primera
erección, la mujer pisó sin querer su mano con ese calzado. Y así otras
experiencias que les contaré más adelante.
Ahora un relato de experiencias personales de grandecito
Una vez, hace algunos años fui por negocios a la capital de
mi país y al llegar allí empecé a buscar clasificados sexuales referidos a mi
fijación, los incomparables pies femeninos. Después de pensar en varios, me
decidí por uno que decía "Gozá de mis pies" y un teléfono. Con una perversa idea
en mente llamé y pregunté por "la chica de los pies", una agradable risa me
contestó del otro lado de la línea y una voz alegre dijo:
- Yo soy una de esas chicas, me llamo Ana.
- Bueno, que bien, ¿y tus pies se dejan besar?
- Una vez que estás conmigo los podés besar, mirar, tocar,
acariciar, lamer, rendirles honores, lo que vos quieras, rico... contestó la
agradable voz.
Seguimos en contacto un par de minutos más, me contó que eran
cuatro chicas, dos para atender a fetichistas y otras dos a los pedidos normales
de sexo variado.
Quedamos de acuerdo con la dirección y para allá fuí.
Cuando llegué llamé al departamento que me había dicho y la
misma voz del teléfono me preguntó quien era, dije que venía por el aviso y me
dijeron que esperara. Del pasillo de la planta baja se abrió una puerta y una
agradable mujer de unos 40 años, rubia, de pelo corto ondulado, delgada, con
blusa, pantalones y unos elegantes zapatos cerrados me franqueó la entrada al
edificio.
- Hola yo soy Ana, y me dio un beso en la mejilla.
Me tomó de la cintura y me hizo entrar. Cuando entré al
departamento vi una sala muy agradable, con plantas dispuestas con gusto,
sillones y a dos mujeres jóvenes, una contestanto el teléfono, de jean y
zapatillas y otra sentada en uno de los sillones, de minifalda, medias negras
con liguero y sandalias abiertas en la puntera que dejaban entrever unos muy
bien formados deditos, con las uñas pintadas de oscuro. Ana me las presentó;
Marilú la del teléfono y Gloria la de sandalias. La cosa pintaba bien.
Ana me preguntó que servicio quería, y le dije:
- Soy fetichista y me gustan los pies descalzos, pero tengo
una fantasía que quiero hacer realidad...
Marilú había terminado de hablar por teléfono y me dijo:
- ¿Cuál, rico?
- Gozar de los pies de las tres, dije, bien convencido de que
era mi oportunidad...
- Pero yo no hago fetichistas - dijo Marilú - sólo ella y
Belén...
- Pero vos seguramente tenés dos pies muy lindos y estás
desocupada ahora, además no creo que ignores lo que ellas dos hacen con los pies
¿o no?, dije yo.
- Sí, lo sé muy bien, pero nunca lo hice, además alguien
tiene que atender el teléfono, siempre una debe quedar libre...
- Pero, ¿no son cuatro? pregunté.
- Sí, pero Belén está atendiendo un cliente, dijo Ana.
- ¿Puedo esperar? - pregunté - les pago a las tres por dos
horas juntos, cuando salga Belén nos vamos los tres a un dormitorio, y yo te
explico lo que me gusta.
Me dijeron que no se acostumbraba, pero, que bueno, les había
caído bien y recién estaba empezando el día. Nos pusimos a charlar de mis gustos
y lo que Ana y Belén sabían hacer, y a todas luces muy bien. Marilú se descalzó
un pie y cruzó las piernas, tenía las uñas pintadas de rojo y un pie muy pequeño
y gracioso, con deditos delicados y muy apetecibles. Ana hizo lo propio, pero me
colocó un hermoso pie con las uñas pintadas de azul oscuro sobre uno de mis
muslos, deslizándolo desde la rodilla hacia la entrepierna y volviendo, acerqué
mi mano y empecé a acariciar los deditos uno por uno. Eran suaves, firmes y muy
tentadores. Me empecé a poner como una moto y se me subieron los arreboles.
Al rato se escuchó otra puerta vecina y al segundo apareció
la tal Belén. Casi me caigo del sillón donde estaba sentado, era una bestia
vestida con un enterito negro brillante y una sandalias rojas con tiritas
finitas que dejaban ver uno exquisitos deditos, largos, delgados y con esa
graciosa forma que tienen de arquearse al estar su dueña sobre tacos muy altos.
La sandalia tenía una pulsera que rodeaba el tobillo y tenía las uñas pintadas
de rojo oscuro. Se acercó a Gloria, y se sentó en el apoyabrazos del sillón
cruzando las piernas y levantando los deditos hacia arriba.
Yo ya no daba más, esa visión me llevó a que casi me empalara
por la garganta...
- Hola precioso, parece que venís por pies, ¿sos fetichista?
- ¿se nota? - dije con la voz pastosa por la calentura.
Ana le explicó lo que yo quería y Belén aceptó.
Fuimos a uno de los cuartos, allí me desnudaron y me hicieron
acostar sobre una alfombra al lado de una cama, Belén y Marilú se sentaron sobre
la cama una lado de otra, Ana acercó una silla y descalzándose se colocó detrás
de mi cabeza. Yo descalcé a Belén con mucha delicadeza, sin dejar de acariciar
esos espectaculares deditos, las plantas, los talones y el empeine. Mientras
tando Marilú apoyó sus pies descalzos sobre mis piernas y por instrucción de
Belén empezó a acariciar mis muslos y cintura con sus deliciosos piececitos.
Mientras tanto Ana comenzó a frotarme con suavidad la frente, las mejillas, el
cuello, y también deslizaba sus plantas desde las axilas hasta la palma de mis
manos, en definitiva todos los lugares inervados con abundancia. Realmente sabía
hacer muy bien su trabajo. Belén me acariciaba desde el cuello, me pellizcaba
las tetillas con los deditos y bajaba con suavidad hasta el vello de mi pubis y
bajaba hasta los testículos, pero ni ella ni Marilú me tocaban el miembro, que
parecía la torre Eiffel. La calentura me estaba quitando la respiración, seis
pies hermosos, 30 deditos recorriendo mi cuerpo de arriba abajo. Ana metió sus
deditos entre mis labios y yo abrí mi boca ávida para chupar deseperadamente
esos deditos deliciosos, con un muy suave aroma a piel, a cuero y al perfume
embriagadoramente femenino que seguramente se había puesto en la depresión del
tobillo.
De pronto, hubo un cambio, sentí mi tieso miembro recorido
muy suavemente por unos deditos traviesos y me imaginé a Belén haciéndolo, era
una sensación maravillosamente placentera. Por otro lado, Ana y Marilú
intercambiaron sus lugares. Ana se sentó en la cama al lado de Belén, y mientras
ésta seguía con sus caricias localizadas, Ana empezó a acariciarme y pellizcarme
suavemente los testículos y la base de mi hinchado y muy bien atendido pene con
sus pies hábiles y suaves. Marilú siguió con la tarea de Ana y me recorrió la
cara, las axilas y los brazos con esos pies tan pequeñitos y delicados, luego se
movió hacia un costado e introdujo los deditos de un piecito en mi boca,
riéndose un poco porque le provocó alguna cosquilla. Su otro pequeño pie se
apoyó en mi cuello y me comenzó a recorrer el pecho, intercambió los pies
alternativamente entre el interior de mi boca y el resto de mi cara y brazos.
Mientras, bajo mi cintura, Ana y Belén se dedicaban a lo que tan bien
publicitaban en el periódico. Yo quería mirar, entonces Marilú se detuvo un
momento, me colocó un almohadón bajo la cabeza para que pudiera tener una buena
visión del trabajo de las otras dos chicas, y al mismo tiempo se corrió un poco
más hacia mi cintura, entonces acercó uno de sus exquisitos piececitos a la zona
de trabajo de las otras dos, y colocó el pie derecho sobre mis labios, así es
que mi lengua ávida comenzó a lamer y lamer esos deliciosos deditos.
La verdad es que ya no daba más, estaba al borde de explotar,
con diez deditos subiendo y bajando a lo largo de mi miembro duro como una
piedra, otros diez masajeando mis testículos, cinco más acariciando mi vello
púbico en la base del pene, yendo y viniendo hasta el ombligo y otros dos o
tres, y a veces los cinco, ya que los pies de Marilú eran pequeñitos, entrando y
saliendo de mi boca o dejando que mi lengua ávida y entrenada vagara entre cada
dedito, o llegara hasta la planta rosadita y suave.
Las chicas se dieron cuenta de que ya estaba al borde, así
que Belén tomó un pie de Marilú y le hizo apoyar los lindos dedos en la base de
mi hirviente pene, Ana siguió sobando mis testículos con un pie y con el otro se
acopló a Belén en el masaje de vaivén, luego, ya a punto de explotar, Belén se
dedicó a masturbarme la cabeza del miembro con sus maravillosamente hábiles
deditos, el tronco y la parte media estaban sostenidos desde atrás por un pie de
Ana y desde adelante por uno de los menuditos de Marilú, mientras Belén
aceleraba sus ardientes movimientos y Ana me sobaba cada vez con más fuerza los
testículos, pasados unos maravillosos segundos sentí una explosión de placer que
me venía desde las entrañas y revennté en un orgasmo brutal, no sólo genital
sino de todo el cuerpo, Ana y Belén siguieron con su trabajo localizado hasta
que el miembro empezó a ablandarse y a dejar de latir, mientras que Marilú me
acariciaba el torso y la cara con sus pequeños piececitos. Por fin el cuerpo se
me relajó, después de un último espasmo, y las chicas me acariciaron todo el
cuerpo con sus pies desnudos. Cuando me recuperé, vi que sólo había pasado una
hora y veinte desde que habíamos entrado a ese espacio de placer pédico. Pero no
me importaba haber pagado, porque lo que las chicas muy profesionalmente me
habían hecho no lo pagaba la mayor fortuna del mundo. Eso es lo bueno de las
cocottes, sólo una buena explicación y tenés lo que querés hecho cobn dedicación
y esmero.
Con pañuelitos perfumados limpié y sequé los pies de las
chicas y besé cada dedito, planta y talón, charlamos un rato y me preparé para
irme, al salir a la sala, vimos a Gloria, con cara de aburrida y sentada en un
sillón, comentándonos al pasar que no había llamado nadie. Tenía las piernas
cruzadas, así que le tomé un pie y le besé los deditos a través de la seda de la
media y le dije, mañana vas a participar vos. Me despedí de las chicas y prometí
volver, ya que mi trabajo en aquella ciudad me iba a insumir una semana.
Esta es la primera parte, porque efectivamente, a los dos
días volví, mañana se los cuento...