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Relato: Una nueva sumisa, una sumisa mas (1)





Relato: Una nueva sumisa, una sumisa mas (1)

  

UNA NUEVA SUMISA, UNA SUMISA MAS (1)


Ella debía obedecerme y aunque entonces no era su deseo, era
mi deber el que obedecerme se convirtiese en su única ambición. Cada día mejor,
cada día más perfecta. Ella se llamaba Nuria, tenía 29 años, morena trigueña de
pelo largo, ojos negros, caderas anchas y pechos peligrosos. Nuria no sabia nada
y yo la abordé en el cuarto de fotocopiadoras. Se lo dije una vez y se rió, la
segunda vez su mirada mostró desconcierto.


-A partir de hoy me obedecerás –le dije por tercera vez.


Del desconcierto pasó a la perspicacia de una situación que
aunque novedosa, ya era capaz de comprender.


-¿Por qué debería obedecerte? –preguntó ella desafiante.


Desafiante de forma y fondo, desafiante, en definitiva.


La miré a los ojos, fijamente, sin desviar la mirada. Ella
hizo lo mismo. Ni uno solo de nuestros músculos se movían. Parecíamos dos
estatuas destinadas a permanecer inmóviles por el resto de nuestras vidas.
Mirándonos. Pero finalmente sucedió, ella bajó la vista por unos segundos y
después volvió a mirarme.


-Porque me perteneces –le susurré -Y lo deseas.


-¿A que juegas?


-Lo deseas.


-Estas demasiado seguro de ti mismo. ¿Y si te equivocas?


-Lo peor no es si me equivoco… ¿y si acierto?


-¿Sueles equivocarte?


-Suelo acertar.


De tan apática conversación solo podía salir algo positivo.
Ella se dio la vuelta y comenzó a caminar alejándose de mi. Entonces lo supe.
Era mía. Solamente mía, de nadie mas.


-Ya lo creo –le dije- he acertado.


-¿Cómo lo sabes? –preguntó ella en la lejanía.


-Porque mañana vendrás a trabajar sin bragas.


Ella rió, una sonrisa abierta y desafiante. Dios mío, me
encantan tanto estas situaciones.


Al día siguiente ella apareció vestida con una falda larga y
un jersey de angora. Me hubiese jugado todos mis empastes a que además de no
llevar bragas no llevaba sostenes. Cuando pasó a mi lado simplemente hizo un
asentimiento de cabeza.


Ella me estuvo evitando todo el día pero al final conseguí
encontrármela a solas en la sala de fotocopiadoras. Yo estaba en la puerta, ella
intentó salir pero fui yo quien entró cerrando la puerta a mis espaldas.


-¿He acertado? –pregunté.


Del exterior nos llegaban algunos ruidos de compañeros y
compañeras caminando por el pasillo. En cualquier momento podía entrar cualquier
persona.


-Compruébalo tu mismo –dijo ella.


Metí mi mano bajo su falda, sus piernas eran suaves y
extrañamente duras, cuando mi mano llegó a su vello pubico ella se estremeció.
Ahora solo tenia que buscar un premio para la apuesta que acababa de ganar.
Retiré mi mano y la acerqué a mi nariz, un olor fuerte se introdujo por mis
fosas nasales. Ella bajó la mirada al suelo, avergonzada.


-Me perteneces –le dije cogiendola del pelo y levantando su
cabeza para que me mirase directamente a los ojos.


Su mirada era menos desafiante, pero seguía siéndolo. ¿Cuánto
tardaría en doblegar ese resquicio de orgullo? La sala de fotocopiadoras no
tenia cerradura, en cualquier momento podía entrar una persona. Era un buen
lugar y un buen momento para ponerla a prueba.


-Arrodillate –le ordené.


-Ni hablar.


Volví a cogerla del pelo y en esta ocasión estire con fuerza
hacia el suelo, sus piernas se doblegaron y quedó arrodillada ante mi. Aunque no
hizo ningún esfuerzo por volver a levantarse.


-Bajame la cremallera.


Su vista comenzó a cambiar entre la puerta de entrada y mi
cremallera. Una y otra vez. Finalmente me miró a los ojos y suplicó…


-Aquí no. Por favor.


Premio. Bingo y línea en la misma jugada. Escalera de color y
vuelta al ruedo. Las campanas repicando por toda la iglesia.


-Levántate –la ordené- y vuelve a tu sitio de trabajo. Cuando
salgas te esperaré en la puerta de entrada.


Ella simplemente obedeció. Durante lo que quedaba de mañana
volví a cruzarme con ella pero en todo momento desvió la mirada. Como si mis
ojos la pudiesen traspasar o aun peor, como si todo el mundo supiese lo que
había sucedido en el cuarto de fotocopiadoras. Y lo mas divertido es que no
había sucedido nada, absolutamente nada en comparación a lo que iba a suceder.
Dichosos los que no saben nada porque lo aprenderán todo. La esperé a la salida
del trabajo, ella salió acompañada de algunas otras personas pero pronto se
desmarcó del grupo y se dirigió a mi.


-Hola –me dijo.


-Sigueme.


(CONTINUARA)


--


¿Te atreves?



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Relato: Una nueva sumisa, una sumisa mas (1)
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