Hola a todos, acá de nuevo, tras un buen fin de semana
enredado entre los pies más bonitos del mundo, los de mi negrita...sandalias
rojas de tiritas finitas, uñas bordó oscuro, deditos hábiles, lenguas vivaces,
tres orgasmos fruto de mis labios, una explosión húmeda entre los bonitos pies
de una hermosa mujer de piel trigueña...¿qué más puede pedir un fetichista de
los pies?
Bueno, vamos al grano, que les les cuento el segundo
encuentro con los seis pies y los treinta deditos.
Después de un día de descanso, haciendo negocios, soñando
despierto con las maravillas que me brindaron las chicas, y durmiéndome con esos
recuerdos en mi cabeza, me preparé en mente y cuerpo y llamé otra vez por
teléfono, me atendió una voz femenina y le pregunté como se llamaba, pues no era
Ana, me dijo que era Marilú, la de los pies pequeñitos y deliciosos y que tuvo
su debut con mi cuerpo como acariciadora con los pies.
- Hola preciosa, ¿te acordás de mí?, soy el de la fiestita
con los pies de anteayer...
- A sí, hola dulce, ¿querés venir de nuevo?
- Por supuesto, chiquita, ¿está Ana?
- No, está atendiendo...
- Bueno, decile que se prepare que voy para allá...
- Listo, hermoso, te esperamos...
- ¿Vos también, pies bonitos?
- Veremos, vos vení...
Y allá fuí a la dirección cuidadosamente anotada.
Cuando llegué, toqué el portero, y cuando dije que venía por
el aviso a buscar pies bonitos de mujer, otra vez se abrió la puerta del pasillo
de planta baja, y Belén vino a franquearme la entrada. estaba espectacular como
el día que la ví por primera vez: sandalias rojas, pero sin pulsera, con el
talón libre, sólo un par de tiritas por encima de esos deditos turbadores y que
producían un sugerente y estremecedor flap-flap, cuando caminaba. Tenía un
pantalón pescador bordó, de esos hasta abajo de la rodilla, muy ajustados, y un
top mínimo de donde trataban de escaparse unos redondos, juveniles y turgentes
pechos. Aunque mi sexualidad sea sólo con los pies de las chicas, un par de
buenas tetas y un culito redondito no son despreciables para tocar y mirar, es
más alguna vez les voy a contar como una chica me hacía gozar con sus pies, sólo
si yo la penetraba por el culito. Esta belleza me recibió con una sonrisa, yo la
tomé de la cintura y ella me pasó un brazo por los hombros diciéndome:
- Además de fetichista sos fiel a nosotras ¿eh?.
- Así es, conocí muchas chicas, pero como ustedes, ninguna,
preciosa...
Entramos al departamento y allí estaba sentada Gloria, con
sus sandalias y sus medias negras, hablando por teléfono y concertando una cita
con un cliente. Belén me invitó a sentarme, pero antes besé los deditos
cubiertos de seda de Gloria y le acaricié el empeine con mi lengua. Ella sonrió
y agitó el pie, cosquillosa.
Me senté frente a Belén, que estaba ya sentada con sus
interminables piernas cruzadas, y balanceando rítmicamente su sandalia en la
punta de sus espectaculares deditos.
- Seguí así y te como los piecitos acá nomás, con sandalias y
todo... le dije
- Huy, ¡Qué hambriento el chico este!, contestó Belén.
- La verdad que sí, con esos pies, conquistás a todos los
fetichistas de la tierra, encima con las habilidades que tenés, como para no
calentarse viendo tus pies y su dueña. Mujer bonita, pies bonitos, no es la
regla, pero en vos esa belleza es total, vos sí que sos linda de los pies a la
cabeza.
Hizo un gracioso mohín, con la punta de la lengüita entre los
dientes, desplegando una sonrisa grandiosa y me dijo que generalmente, los tipos
las trataban como un pedazo de carne con pies, o en otros casos, sólo como una
boca, un ano y una vagina, pero que yo era distinto, galante y amable y
despertaba algunas pasiones...
Justo en ese momento llamaron a la puerta, Belén se puso de
pie, me invitó a pasar a una habitación un poco más grande que la del primer día
y cerró la puerta tras nosotros.
- Un cliente fijo de Gloria...,dijo.
- Está visto que no voy a poder comerme esos piecitos hoy
tampoco...
- Tranquilo, rico, están los míos, los de Ana y, si podemos,
los de Marilú también. ¿Vamos a hacer lo mismo que la otra vez, las tres juntas?
Como yo le dije que sí me dijo que les dejaba el mensaje a
las otras chicas en la cocina, para que cuando terminaran de atender vinieran a
esta habitación y prometió volver para darme un aperitivo.
Me recosté en la cama de dos plazas y cerré los ojos para
esperar. A los pocos minutos se abrió la puerta y sentí el flap-flap tan
excitante del caminar de la hermosa Belén. La verdad es que tanto en belleza de
pies como en general era una mujer hermosísima, de esas que parecen salir de las
revistas. Ana, Marilú y Gloria no eran tan bonitas, a pesar de ser lindas
mujeres, Pero Belén las superaba ampliamente. Sentí la presencia de la belleza
de pelo castaño, largo y ondulado al lado de la cama, casi enseguida un toque
suave, cálido y familiar se sintió sobre mis labios, abrí la boca y unos deditos
sedosos, largos, rotundos, de yemas turgentes y uñas delicadas se introdujeron y
empezaron a moverse contra mi lengua, luego de unos segundos su dueña los sacó y
los apoyó sobre mis labios, mi lengua ávida salió de su húmeda cueva y empezó a
recorrer la curva del nacimiento de esos deditos y a meterse entre cada espacio
libre, ese lugar tan íntimo de las mujeres de pies bellos. Seguimos así por unos
momentos, hasta que le dije que se acostara boca abajo sobre la cama, pero con
las rodillas dobladas y los pies en el aire (lo que en inglés se conoce como
"the pose", hay dos sitios muy buenos sobre el tema, uno en Brasil y otro en
USA), le saqué suavemente el calzado, esas sandalias tan sexys y le empecé a
lamer las plantas y a chuparle los deditos, lo hice con cada uno, de a dos,
superponiendo los dos piecitos y chupando a la vez dos o tres dedos de cada pie,
la verdad es que me quería llenar de esos deditos, hasta no poder más,pero nunca
me canso ni me lleno. Soy tan obsesivo con ese tema, que después de un orgasmo,
puedo seguir chupando, lamiendo y besando unos lindos deditos hasta que estoy
listo otra vez y con una nueva erección. En esa agradibilísima tarea estaba,
cuando se abrió la puerta y entró Marilú, seguida de Ana.
- Hola chico loco de los pies, dijo Marilú sonriendo.
-Hola rico, me saludó Ana, al tiempo que me arrancaba la boca
de los pies de Belén y me estampaba un beso de lengua que me dejó sin aliento
(otro día les cuento cuando salí a cenar con Ana, en uno de sus días libres). Me
lamió la cara y me metió una mano dentro del pantalón, agarrándome con fuerza el
miembro ya duro y tieso.
-Mmm, estás a punto de caramelo, rico, qué lástima que
solamente te gusten los pies y no la mujer entera.
- No te creas, le dije yo, metiendo mi mano bajo su blusa,
algún día vamos a salir solos vos y yo, y te vas a enterar de algunas cosas...
- Vamos, pies a la obra dijo Marilú, sentada al lado de
Belén, ya descalza y desnuda de la cintura para abajo ofreciéndome uno de sus
menudos y bellísimos piececitos.
Tomé entre mis manos ese bello modelito a escala tan
perfecto, agraciado y proporcionado (posteriormente me dijo que calza del 35, y
su calzado se lo compra en tiendas de zapatos para niñas) y empecé a lamer con
la punta de mi lengua la puntita de sus preciosos deditos, mientras que sentía
como Ana me desabrochaba la bragueta, y me sacaba los pantalones, calzoncillos,
zapatos y medias, Belén se puso de pie y me sacó la camisa. Luego las tres se
acostaron en la posición que estaba Belén y me ofrecieron los treinta deditos
para que me los comiera, la verdad es que creía que me iba a cansar, pero no,
cada vez quería y me gustaba más, sentía mi pene duro, hinchado y latiendo, casi
dolorosamente. Mientras tenía varios deditos de Belén y Ana en mi boca, sentí
los piecitos de Marilú que me acariciaban el miembro con mucha suavidad. Esta
chica estaba aprendiendo. Sus plantas y deditos iban y venía a lo largo de mi
pene con un ritmo parejo y enloquecedor, cuando llegaba a la cabeza parecía que
iba a reventar de placer. Mientras, más arriba, Belén comenzó a acariciarme la
cara y Ana bajó sus pies hasta mi miembro y se unió a las caricias de Marilú,
pero boca abajo, o sea que un par de pies iban y venían por la parte superior y
las plantas y yemas de los deditos de Ana hacían su trabajo desde la base hasta
la cabeza por la parte baja del pene. Belén se dio vuelta sobre la cama y me
ofreció sus pies para chuparlos nuevamente, mientras las otras dos chicas me
hacían estremecer con el doble masaje. Belén bajó sus pies y yo los coloqué para
que envolviera la cabeza del miembro con sus deditos preciosos, Ana bajó hasta
los testículos y los masajeó suave y deliciosamente con las yemas de sus dedos y
la planta de sus pies. Para no cansarlas y terminar con comodidad, me acosté en
el suelo, con las piernas bajo la cama, y seis pies y treinta deditos se
dedicaron a mi pene y adyacencias. Ana se ocupó con ambos pies de la cabeza de
mi miembro, pellízcandome suavemente, alternando con rápidos movimientos arriba
y abajo, pero tan cortitos que casi no se movía del sector de la cabeza, no
tengo un pene muy largo, así que junto a Belén, que se ocupaba de la parte media
y el tronco, no le dejaban mucho espacio a Marilú, que retiró sus piecitos de mi
miembro y se dedicó a mi cara, boca y torso.
Belén y Ana adecuaron un ritmo cómodo para las dos y
enloquecedor para mí, sus pies iban y venían por mi henchido pene, y espasmos de
placer me recorrían todo el cuerpo, especialmente donde sentía los piecitos de
Marilú. Casi cerca del éxtasis, tomé los pies de Marilú y los acerqué a mi pene,
y a los de Ana los guié hasta los testículos y así, con los deditos de Belén
abrazando y recorriendo enloquecedoramente desde la base de la cabeza hasta el
tronco mi estallante miembro, con Marilú dedicándose ahora al glande solamente,
y con Ana hamacándome los testículos con sus preciosos deditos, reventé de
placer, llenando los seis pies y los treinta deditos de mi semen agradecido. Las
chicas siguieron unos segundos más hasta que la flacidez me alcanzó, pero
alargaron, (tanto nos gusta a los hombres), sus caricias por mi pubis, muslos y
torso con sus deliciosos y ahora húmedos pies. Cuando me recuperé, dejé unos
minutos más esos preciosos pies sobre mi cuerpo, ya que faltaba como media hora
para el final de lo arreglado, y luego sequé los pies de las chicas con papel
tisú perfumado y, cuando Belén trajo un recipiente amplio con agua del baño, les
lavé los deliciosos piecitos una a una, aprovechando por supuesto, para dar
chupadas, lamidas y besitos finales a cada piececito. Cuando le tocó el turno a
Ana, Belén y Marilú salieron, pues Gloria las llamó para atender a otros
clientes. Cada una cuando se fue me dio un beso leve como un aleteo, en los
labios, diciéndome que no me perdiera y que volviera, que me iba a convertir en
cliente de la casa, y siempre sería bien recibido.
Todavía arrodillado en el suelo, miré a Ana, mientras le
secaba los pies tan hábiles y bonitos, y vi que me miraba raro. Se repente se me
vino encima, me tiró de espaldas al suelo, me agarró de la cabeza y me dió un
beso tan sofocante y brutal como el primero, cuando me soltó, me miró
profundamente y me dijo:
- Sos divino, un hombre como no conocí antes, amable y
tierno, hasta con nosotras, creo que me enamoré de vos,..., sí no te rías, las
putitas también tenemos corazón y nos enamoramos a primera vista...y se le
humedecieron los ojos.
La besé suavemente en los labios y le dije, mientras le
acariciaba el suave pelo rubio ondulado:
- Ana, corazón, vos no sos lo que decís, para mí sos una
mujer como las demás, con muy lindos pies, que me atraen más que cualquier otra
cosa, pero no me olvido, que por más que cobres por tu trabajo y ami me gusten
tus pies, seguís siendo una mujer, un ser humano, una persona. Para mí no valés
menos, al contrario, sos una mujer que hace un trabajo censurado por la
sociedad, pero sos eso, una linda mujer que cobra por sus servicios, igual que
una peluquera, pero que en vez de las manos, usa los pies. Sos muy linda, seguro
que con un gran corazón y con ganas de amar y ser amada.
La abracé, mientras ella lloraba suavemente. Cuando se calmó,
me pidió perdón por su debilidad. Le dije que no fuera tonta y que me dijera
cuando la podía invitar a salir, como mujer, sin otro compromiso que ese. Me
abrazó, y nos sentamos en el suelo, me besó suavemente en los labios y me dijo
que el jueves a la noche podía.
- Bueno, el jueves a las 8 te paso a buscar...
- Siiiii!!!, dijo ella con una enorme sonrisa. Se puso
súbitamente seria y me dijo, ¿me besarías los pies como se lo harías a tu novia?
Me incliné y besé con dulzura su empeine y cada uno de sus
deditos, levanté sus piernas y planté un suave beso en cada perlita rosada,
mientras ella me miraba con ternura.
Me ayudó a vestirme, salimos a la sala abrazados por la
cintura, y Ana le dijo a Marilú, que estaba para atender el teléfono:
- El jueves salimos juntos, como novios, mientras apoyaba su
cabecita en mi hombro...
Marilú se puso contenta y dijo que era una excelente noticia
y que si yo venía otra vez, parecía que iba a haber celos y una sola anfitriona.
Al final salimos varias veces con Ana, pero ya eso es otra
historia, una historia de amor basada en los delicados, bellos y traviesos
deditos de los pies de una atractiva mujer con un pasado tormentoso...