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Relato: Lola (1)




Relato: Lola (1)

  

LOLA I



Esta es la primera parte de la narración de cómo estrené a la
chica que nos ayudaba con los quehaceres de la casa, espero los excite tanto
como mis anteriores relatos.



Ella es de un pueblo bastante alejado de la ciudad, así que
casi nunca iba a visitar a sus parientes, muy joven e inexperta en las artes del
sexo, bajita, delgada, agradable, platicadora, dueña de un buen par de tetas,
caderas estrechas, cabello largo y negro, y muy hacendosa, la deseaba desde el
día en que la vi casi desnuda accidentalmente cuando salió del baño.



Un día en que mi mujer no estaba, puse en marcha mi plan para
poder cogérmela, puse una película porno y le llamé con cualquier motivo, acudió
a mi llamado y en cuanto vio las escenas del filme, al principio se puso roja
por la vergüenza, después volteó a verme con cara de asombro y preguntó:


- Señor, ¿Por qué están haciendo eso?


- Es para sentir placer, todas las personas, casada o
solteras lo hacen, es muy normal – contesté calmadamente.


- Nunca había visto algo así – respondió sin quitar la vista
del monitor.


- Pues si gustas yo podría enseñarte para que vayas
aprendiendo como se hace – dije para ver su reacción.


- Algunas veces en el pueblo, mi novio me quiere tocar aquí –
dijo señalándose el pecho -, nada mas que no me dejo porque creo que es malo.


- Pues no sabes de lo que te pierdes – comenté tranquilamente
-, es una forma de iniciarse en el placer, además si lo aprendes bien te aseguro
que cuando te cases vas a ser la mejor mujer en la cama.


- ¿De veras? – preguntó asombrada.


- ¡Claro! Si quieres aprender que debes hacer te enseño y
luego lo practicas cuando vayas a verlo.


Mientras el diálogo se desarrollaba, las escenas presentaban
una deliciosa penetración, siguió como hipnotizada por lo que veía, como no
apartaba los ojos de la pantalla, la tomé suavemente de la mano y la senté junto
a mí para que apreciara en todo su esplendor la escena, acaricié su mano y la
puse sobre mi pierna, se dejó llevar, puse mi mano sobre su pierna y la acaricié
sobre la ropa, sentí un leve temblor en ella, sus mejillas estaban rojas por la
excitación, la calentura estaba haciendo presa de ella.


- ¡No puedo creer que a ella le metan esa cosota tan grande!
– dijo mientras a la chica de la película le metían un garrote enorme.


- El cuerpo es muy elástico y puede recibir todo eso y más –
comenté –, no te espantes, es cosa de acomodarse y a gozar se ha dicho.


Seguimos viendo el filme hasta que el actor se vino
abundantemente en el rostro de su pareja bañándola de leche, mi pene ya estaba
listo para la acción y no quise desaprovechar la oportunidad de ensartarme a
Lola, la acerqué a mí y le di un apasionado beso, ella al principio trató de
rechazarme, pero, vencida por la calentura se abandonó a la caricia, mis manos
recorrieron su virginal cuerpo, sobé sus pechos sobre la tela que los envolvía,
su respiración se tornaba cada vez más agitada, puse su mano sobre mi bulto de
carne y lo acarició quedamente al principio, poco a poco aumentó la presión
sobre él con lo cual me acabó de excitar, dejándome listo para la batalla.


- ¿Quieres saber lo que es el placer? Le pregunté al oído.


- Si – respondió casi sin aliento.


La desvestí poco a poco, quería descubrir sus atractivos
lentamente, estaba seguro que íbamos a disfrutar como locos, la convertiría en
mi amante en casa, además de enseñarle todo lo relacionado con el sexo.



Sus ricos pechos saltaron hacia delante en cuanto los liberé
del sostén, sus pezones rosados eran una invitación irrechazable al placer,
acerqué mi boca a uno de ellos mientras ella cerraba los ojos, las chupadas y
leves mordidas surtieron el efecto deseado, su respiración se agitó
notablemente, y aprisionó mi cabeza con sus manos, definitivamente era la
primera vez que alguien se deleitaba con ese par de melones.


Continué con mi avance sobre el cuerpo de Lola, la puse de
pie y admiré su cuerpo desnudo de la cintura para arriba, deseaba tocar sus
nalgas, antes de poder hacerlo, ella nuevamente se fundió conmigo en otro beso
no menos apasionado que el anterior, sus manos apretaban mi cintura, acerqué mi
reata a su pubis para provocarla más, en cuanto sintió mi virilidad
restregándose sobre su sexo, se arqueó un poco para sentirlo en su totalidad,
mis manos se posaron directamente sobre sus cachetes posteriores y la hice
moverse de adelante hacia atrás, en cuanto sintió eso, de su garganta salieron
unos gemidos que indicaban el grado de pasión en el que se encontraba, su falda
cayó a sus pies, seguida de su, nada sexy, calzón, como en ese momento iniciaba
una nueva escena de sexo en la película, la senté para que viera la forma
correcta de chupar un pene, eso sí, sin dejar de acariciarla por todas partes.


- Fíjate como lo chupan para que hagas lo mismo – le dije.


- Sí señor, lo que usted quiera – respondió sumisamente.


Fijó su vista en la pantalla y no perdió un solo detalle de
la rica mamada, luego, volteando hacia mí, me dijo:


- ¿Quiere que se lo haga? – preguntó con voz de calentura.


- Si Lola, hazme lo que quieras – respondí con gran
excitación.


Abrió mi pantalón con delicadeza, sacó mi espada de carne y
la metió tímidamente en su boca, dentro, mi caramelo recibió lo que tanto
anhelaba, las caricias de su lengua me hacían estremecer, poco a poco fue
desapareciendo en su húmeda cueva hasta meterla totalmente, su lengua saboreó mi
cabecita buscando ese delicioso liquido que sale, Lola saboreó ese liquido
aprisionando con sus labios mi pene, su lengua empezó a lamer desde la punta
hasta la base del garrote, debajo de él, encontró dos hermosas y suculentas
bolas peludas, empezó a jugar con ellos ligeramente mordisqueando y lamiéndolas,
siguió jugando así hasta llegar a mis ingles, descubriendo la forma de
excitarme, de mi lanza escurrió una gota de néctar, ella la lamió con delicioso
placer y de un golpe introdujo el caramelo en su boca, deteniéndola por unos
momentos le dije:


- Es hora de que sientas lo mismo que yo.


Asintió silenciosa y, soltando mi espada, de paró frente a mí
esperando mis caricias, su desnudez era total, sus melones recibieron nuevamente
mis chupadas, mientras, su sexo era objeto de caricias, aparté el poco vello
púbico y tiernamente abrí sus labios vaginales para buscar el botoncito de
placer, su concha estaba mojada por un espeso líquido proveniente del interior,
lo cuál facilitó mi labor, al sentir mis dedos jugando en la entrada de su
vagina, no pudo detener un gemido, la acosté sobre el sillón para lamer la miel
que salía abundantemente, abrí sus piernas descubriendo su rosada intimidad, mi
lengua absorbió el salado néctar que Lola me ofrecía, su reacción fue inmediata,
sujetó mi cabeza fuertemente contra su abertura, metí mi lengua hasta lo más
profundo que pude, la escuché casi gritar:


- ¡Ayyyyyyy señor!, ¡no deje de hacerlo!, me gusta mucho, ¡no
se detenga por favor!


Su petición me enardeció mucho más, mientras lamía su
clítoris, metí un dedo en la lubricada concha, de repente sentí que algo me
impedía meter el dedo medio más adentro, era como si fuera virgen, deteniendo mi
ataque, le pregunté:


- ¿Nunca lo has hecho?, ¿eres señorita?


- Nunca lo he hecho señor, pero quiero hacerlo con usted, ya
no quiero ser señorita.


Ante esa respuesta, decidí hacerlo lo más delicadamente que
pudiera, iba a estrenar una vagina y no deseaba que fuera desagradable para
ella, continué con mis caricias hasta que ella se comenzó a estremecer, sus
gemidos ahora eran fuertes, su respiración entrecortada, su rostro enrojecido
mostraba que la excitación había obtenido una presa, poco después, Lola tuvo el
primer orgasmo de su vida con mi lengua en su concha.



Pasados unos minutos logró reponerse y con inocencia me
preguntó:


- ¿Que fue lo que me pasó?, sentí muy rico lo que me estaba
haciendo y luego ya no supe.


- Lolita, lo que acabas de sentir es un orgasmo, o mejor
dicho, una venida, que por cierto, fue muy rico.


- Ay patrón, nunca había sentido algo así, quisiera uno que
no se acabara – respondió con expresión de placer.


- Y eso es solo el principio, todavía te falta sentirme
dentro de ti, ¿quieres intentarlo? – pregunté con un grado de excitación enorme,
deseaba inundarla de leche por dentro.


- Si señor, métame su cosa para seguir sintiendo rico, quiero
saber que se siente que me metan algo como lo que tiene aquí – dijo mientras me
acariciaba el garrote.


Como estaba a punto de estallar, decidí metérselo poco a poco
pero debería de ser con cuidado, nuevamente la recosté sobre el mullido sillón,
abrí sus piernas y apunté mi trozo de carne hacia la estrecha abertura, la punta
de mi pene intentó infructuosamente de ingresar en su intimidad, por sus gestos
me di cuenta que realmente era virgen, mi mente, nublada por saber que estaba a
punto de cogerme una virgen, no me dejó hacerlo con calma, tan lubricada como
estaba, empujé hacia su interior con más fuerza, el himen cedió ante mi ataque y
mi ardiente lanza penetró a Lola sin piedad, sus quejidos se elevaron hasta
resonar en la sala, unas lágrimas rodaron por sus mejillas, me detuve al ver su
reacción, saqué un poco mi arma, estaba manchada con algo de sangre, hasta que
solo quedó dentro la punta, ella se calmó un poco y me dijo:


- Duele mucho pero se siente rico, ¿siempre es así?


Solo la primera vez, la siguiente solo lo disfrutas –
respondí casi sin aliento.


- Ya me dolió mucho, podríamos hacerlo otro día, usted me
dice cuándo y lo volvemos a hacer.


- De acuerdo, solo que nadie debe saber lo que hicimos, ni
siquiera tu novio, ¿entendiste? – le dije.


- Se lo juro señor que nadie lo sabrá – contestó con
seguridad.


- Chúpamelo hasta que salga mi lechita – acerté a pedirle,
mientras pensaba en la siguiente vez.


Se acomodó frente a mi pene y abrió su boca, me mamó
rápidamente durante poco tiempo ya que estaba a punto de estallar, así, llené de
semen su boca que bebió con deleite hasta dejarme completamente seco.



Espero sus comentarios en mi correo.


Don Pato


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Relato: Lola (1)
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