Mientras disfrutaba de la cálida sensación que dejaba la
lengua de su esclava al limpiarle el miembro, Jamar tenia dibujada en la cara
una extraña sonrisa malévola que hizo estremecer a Aleeha. La chica se sentía
dolorida y cansada, a la vez que consternada por el shock. No me gustaría
parecer repetitiva, pero recordemos que en 17 años nadie le había hablado de
sexo, y esta noche, en menos de 2 horas, había sido desvirgada por todos sus
agujeros. Estaba como ida. Pero la sonrisa de su señor no le presagiaba nada
bueno.
El amo se apartó de Aleeha para ir a hablar con un par de sus hombres, dejando a
la pequeña descansar por un momento. Inocentemente ella estaba convencida que ya
había acabado la "fiesta" para ella, y cuando los guardas empezaron a desatarla,
pensó que la dejarían irse a dormir, para recuperarse de lo ocurrido.
Aleeha "No me atrevía a dejar de mirar el suelo. Me sentía sucia y avergonzada.
Muy cansada de todo aquello. Solo quería dormir y olvidar lo sucedido lo antes
posible. Cuando oí las palabras de Jamar quise morir"
-"Toda vuestra muchachos, divertios"
Los "muchachos" eran un par de guardas que habían estado vigilando hasta ese
momento, como no habían participado en la orgía (que seguía su curso con
normalidad, alrededor de nuestra protagonista) estaban frescos como rosas.
Bueno, mas bien solo estaban frescos, por que la higiene de estos hombres deja
mucho que desear. Abdul era un fornido y muy bien alimentado guarda de poca
monta, le faltaban la mitad de los dientes y cuando se desnudó parecía un oso de
lo grande y peludo que tenia el cuerpo. Una gran barba muy poco cuidada tapaba
parte de la cara de ese ogro. Y de su entrepierna emergía esplendoroso un
miembro rechoncho, no muy largo, pero sí ancho, como el dueño. A Abdul le
acompañaba Ali, otro guarda sin importancia y sin duchar desde hacia tiempo. No
era gordo, ni tampoco musculoso. Tenia andares dejados, con la espalda curvada,
y aunque no superaba en edad a su compañero, parecía mayor. Este hombre era
mucho menos peludo que el anterior, pero su rabo le ganaba en longitud, si bien
el grosor era parecido.
Aleeha permanecía quieta donde la había dejado Jamar antes de retirarse a sus
aposentos. Seguía con la vista fija en el suelo, aunque de reojo no pudo evitar
mirar con quien le había ordenado su amo quedarse. Se sentía mareada y quería
llorar.
"Vamos zorra no me hagas esperar"- le dijo Abdul, con una mano se pajeaba
suavemente, para mantener la erección, mientras con la otra cogía a Aleeha por
el brazo y la obligaba a arrodillarse frente a él. Aleeha supuso que quería lo
mismo que le había hecho a Jafar, se acercó a su violador, y cogiendo la polla
con una mano se la introdujo en la boca como pudo, era realmente gruesa y sus
labios secos le dolían, aun así tenia la obediencia muy bien inculcada, no se
quejo ni se aparto. Intento abrir un poco más la boca y mojar ese pedazo
cilíndrico de carne para poder realizar mejor su tarea. De pronto dio un
respingo al notar como una lengua le lamía el ano, se giró un poco y vio que era
la rubia de grandes pechos que había visto al principio de la noche a su lado en
la mesa. Le estaba metiendo la lengua en su agujero posterior, le estaba
limpiando por orden de Ali, que aprovechando la pose de la chica se la había
metido hasta el fondo de su hermosa raja y la embestía sin descanso. Un tirón de
pelo le recordó cual era su obligación, siguió mamándole la polla a Abdul, pero
las suaves lamidas de la rubia la tenían desconcertada, aquella desconocida le
estaba proporcionando un gran placer, pasando su lengua de un agujero a otro.
Aun sentía dolor, pero no era tan intenso como antes, y ahora se mezclaba con
aquella nueva sensación, que poco a poco le hacia sentir oleadas de leve placer.
Sus pensamientos se vieron turbados cuando el miembro de Abdul empezó a palpitar
y a soltar leche agria a la boca de Aleeha, al tiempo que Ali aceleraba el ritmo
de sus empujes y descargaba un chorretón de líquido blanco en la matriz de la
rubia. Los guardas decidieron reposar un momento mientras sus miembros se
recuperaban, y fueron a buscar mas bebida a una mesa cercana.
Mientras Aleeha seguía en el suelo sentada, la rubia que hace un momento tenia
la boca en su culo se acercó a ella y se presentó. Se llamaba Juliette y hacía
mas de tres años que había pasado a la casa de las doncellas. Juliette era
realmente hermosa, tenía el pelo rubio, muy largo y ondulado, los ojos de un
azul cristalino, y una delicada figura en la que resaltaban aun más sus grandes
pechos. Le dijo que estuviese tranquila, y que cuanto más se relajase, mas
disfrutaría. Pero que no debía llegar a correrse nunca (o al menos que no se
dieran cuenta) por que el castigo eran 30 latigazos. A Juliette no le dio tiempo
de explicarle nada mas, ya que Abdul y Ali ya habían regresado con sus pollas
bien erguidas.
Los hombres hicieron que Juliette se sentase en una silla, con los pies en el
reposabrazos, dejando así su raja bien abierta a la vista de Aleeha, a quien
ordenaron limpiar a su nueva amiga. De nuevo, la recién desvirgada intentó
copiar los movimientos que había notado. Empezó lamiendo la parte externa, los
labios mayores de aquel coño que rebosaba esperma. Poco a poco se fue acercando
al agujerito y, esta vez sin ascos, lamió concienzudamente, metiendo la lengua
lo mas profundo que podía. Era lo mínimo que podía hacer por Juliette, quien a
parte de proporcionarle placer, le había ofrecido su amistad en un sitio hostil.
Le estaba agradecida por ello, por hacerla sentir mejor. Pronto se dio cuenta
que al pasar la lengua por el clítoris su amiga tensaba levemente los músculos,
y dedujo que era allí donde más le gustaba. Mientras aprendía el arte de hacer
disfrutar a una semejante, Abdul y Ali parecían disputarse algo.
Antes de que Juliette llegase al orgasmo, Abdul se tumbó en el suelo, boca
arriba, y le dijo a Aleeha que se ensartase su gorda polla hasta el fondo de su
depilado coñito. La chica intento relajarse, y esta vez no fue tan dolorosa como
cuando Jafar. Cuando la tubo bien clavada empezó a moverse arriba y abajo, tal y
como le indicaba el ogro maloliente. Se preguntó que estarían haciendo Ali y
Juliette a sus espaldas, y no tardo mucho en saberlo. En una de las bajadas, y
con la polla de Abdul bien metida en su coño, éste la cogió, y como dándole un
abrazo la tumbó sobre él. Aleeha no entendía que pretendían hacerle ahora, ya
que así cogida no podía moverse lo mas mínimo.
Sus dudas se disiparon cuando sintió la gran verga de Ali insertándose en su
enrojecido culito. Sentía como le destrozaba por dentro, sentía perfectamente
como avanzaba poco a poco el mástil que le perforaba las entrañas, y que casi no
cabía, por el espacio ocupado por el miembro de Abdul en su coño. Su piel se
tensaba al máximo, y por suerte no hubo desgarro, aunque sí un dolor
pronunciado. Juliette de mientras se sitúo entre las piernas de los folladores y
les lamió con avidez los huevos cargados de esperma caliente.
Una vez Ali había conseguido meter el glande en el culo de Aleeha, dejo caer su
cuerpo a peso y el rabo la perforó al completo. Tenia ambas pollas metidas
dentro, hasta los huevos, pero los guardas no se conformaron con esto, así que
empezaron a bombearla salvajemente. Ali era quien marcaba el ritmo desde arriba,
acelerando las duras embestidas al esfínter de la chica, Aleeha no podía evitar
que su cuerpo se moviese al ritmo de los golpes, y así la polla de Abdul entraba
y salía del chorreante coño de la chica sin esfuerzo por su parte.
Y así estuvieron un buen rato, bombeando los orificios resentidos de Aleeha,
haciéndola sufrir de dolor, cuando Ali, sin poder aguantar mas, se corrió sin
sacarle la polla del culo, cuando acabó no se retiró, sino que se quedó allí
quieto, tras la chica.
Aleeha "Cuando Ali se corrió y note que su polla disminuía de tamaño, me relaje
un poco, a sabiendas que a Abdul ya no le faltaba mucho para acabar, y que
siendo ya casi de día, me podría ir a dormir, por fin. Me extrañó que Ali se
quedase dentro de mí, pero no le di la menor importancia hasta que las entrañas
me empezaron a arder y sentí que iba a reventar".
Allí estaba dejando caer todo lo bebido en la cena en el intestino de la chica,
que por la gran cantidad de líquidos que estaba recibiendo empezó a hincharse,
presionando aun más la polla de Abdul, que empezó a correrse de puro placer.
Obligaron a Aleeha a ponerse de rodillas y a limpiarles los miembros llenos de
semen y orín, la humillación que Aleeha sintió en ese momento era inmensa, en
medio del comedor, lleno de gente, estaba ella sentada de rodillas, la orina de
Ali rezumaba de su agujero posterior, dejando un charco justo donde ella estaba.
Juliette le ayudó en la tarea de limpiarles, y al terminar la acompañó a su
habitación.
Así, sucia y usada, cansada, dolorida, humillada y con todos sus agujeros al
rojo vivo, Aleeha se durmió abrazada a su nueva amiga, Juliette.