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Relato: Sodomizada por su profesor (1)





Relato: Sodomizada por su profesor (1)

  

Me faltaba tan sólo una asignatura para acabar la carrera de
Derecho, desde el primer día que empezaron las clases supe que con ese profesor
tendría problemas, era un prepotente inaguantable que trataba a los alumnos como
si fuéramos escoria. Me cayó mal desde el principio, pero aguanté tan sólo por
terminar de una vez la universidad y poder ponerme a trabajar. Compatibilicé las
clases con un Master y tuve la suerte de que me seleccionasen en uno de los
mejores despachos de abogados de la ciudad. Pero eso sí, para poder trabajar con
ellos tenía que tener terminada la carrera en junio. Preparé el examen
concienzudamente, nunca antes había estudiado tanto una asignatura y el día del
examen lo bordé. Estaba convencida de que había aprobado y además con nota.



El día que fui a ver las calificaciones sentí como si me
tiraran encima un jarro de agua fría, el muy capullo me había suspendido, ¡¡¡¡no
podía ser!!!, ¡¡¡¡pero si me había salido fenomenal!!!



Fui directa a su despacho. Llamé a la puerta y oí su voz
diciendo "adelante". Entré. Allí estaba sentado con esa cara de "soy el Amo del
mundo", estaba tan cabreada que me daban ganas de cruzársela de una bofetada.
Pero claro, eso era imposible. Así que puse la mejor de mis sonrisas y le dije:



-Vengo a revisar mi examen.



-Bien señorita, su nombre era…



-Alicia Fernández Solano.



-Sí, creo que la tengo por aquí.



Sacó mi examen de entre un montón de papeles, empezó a leerlo
durante unos minutos que me parecieron horas. Después levantó los ojos del papel
y me miró:



-Y bien, ¿no está contenta con la calificación?.



-Pues no. Creo que me merezco muchas más nota, o al menos
aprobar.



-Mire señorita eso es muy discutible. Las respuestas que ha
dado usted son "de libro" se ha estudiado de memoria la asignatura pero no la
comprende y eso se nota. Además, recuerdo muy bien la poca motivación con la que
venía a mis clases. Lo siento, pero está suspendida.



-Vamos a ver, ¿me está diciendo que he contestado bien las
preguntas pero que no me aprueba porque piensa que no entiendo la materia?- yo
ya estaba desquiciada, no me lo podía creer.



-Sí, ¿algún problema?.



-Pues sí, no me parece justo.



-Precisamente una estudiante de derecho como usted debería
saber que la vida no es siempre justa.



-¡Qué hijo de puta!- siseé. Pensé que lo había dicho lo
suficientemente bajo como para que no me escuchase, pero cuando vi la cara de
cabreo que puso el profesor supe que me había metido en problemas.



-Vaya, vaya, tenemos a una niña consentida que va a empezar a
tener una pataleta. Ahora si que la has cagado guapa. Tengo mucha mano dentro de
la universidad y te puedo asegurar que van a pasar muchos años hasta que
apruebes esta asignatura, así que ya te puedes ir olvidando de licenciarte.



¡¡¡¡Joder!!! Toda mi carrera a la mierda por culpa de este
imbécil, empecé a agobiarme como nunca antes lo había hecho. Todo se me vino
encima. Estaba convencida de que decía la verdad. ¿Qué podría hacer ahora?.
Estaba clavada en la silla sin poder moverme.



El se levantó se dirigió a la puerta y la cerró. Luego se
puso delante de mí y me dijo:



-Sabes una cosa, me encanta dominar a niñatas como tu,
todavía puedes salvar tu carrera si haces todo lo que te diga.



Yo no sabía si echarme a reír o ponerme a llorar. Le miré
fijamente, pero esta vez ya no como profesor sino como hombre. Era muy alto y
fornido. Rondaría los 45 y para su edad se conservaba muy bien. Era tal la manía
que le tenía que nunca pensé que fuera guapo, simplemente por su forma de ser me
asqueaba, pero ahora que las cosas iban a cambiar, pensé que no estaba tan mal
como para tener sexo. "Sexo" ¡¡¡que ilusa fui!!! Tenía que haberme dado cuenta
que este tío no iba a querer solo sexo "normal", pero claro eso no lo podía
saber en ese momento.



-Y bien, ¿qué me dice?.



Le miré altivamente y reflejando todo el odio que sentía por
él en ese momento: "Está bien, que es lo que tengo que hacer".



-Mientras te lo cuento quiero que te pongas de pie para poder
apreciar la mercancía de la que voy a disfrutar.



Me puse de pie, tenía 23 años, pero aparentaba tener muchos
menos años precisamente porque no era muy alta (1,59) y siempre había tenido
cara de niña, lo único que delataba que era toda una mujer eran mis enormes
pechos (usaba una talla 100 de sujetador). Llevaba mi larga melena oscura
recogida en una coleta. El se puso detrás de mí, me sacaría unas dos cabezas,
tomó mi coleta, me echó hacia atrás bruscamente la cabeza y mientras me palpaba
las tetas me dijo al oído:



-Hoy es jueves, mañana te quiero esperando a las tres de la
tarde en la puerta de la universidad. Te vas a venir un fin de semana a una casa
que tengo en el campo y vas a ser mi esclava. Harás todo lo que te diga sin
objeciones. El lunes te traeré ilesa de nuevo a tu casa y con un aprobado en la
asignatura. A partir de ahora soy tu Amo. Ahora te vas a ir como una buena niña
sin decir ni una sola palabra, mañana nos vemos.



 


 


Era una enorme casa estilo rústico perdida en mitad del
campo, a mi me temblaban las piernas en cuanto salí del coche, no sólo porque no
había dormido la noche anterior, sino porque durante todo el trayecto no me
había dirigido ni una sola palabra. Nos dirigimos hacia la entrada de la casa.
Entramos. Pude oír como cerraba la puerta con llaves, mi destino estaba sellado.



-Bien- dijo por primera vez en ese día – ahora vas a escuchar
lo que te digo como una buena alumna. Como ya te dije ayer soy tu Amo y te
dirigirás a mí como "Mi Amo" o "Mi Señor". No hablarás sino te pregunto o te doy
permiso. Si me desobecedes en algo serás castigada. Estás aquí para ser usada
para mi placer. Ya no eres Alicia, se te tratará como la "guarra", "zorrita",
"puta" o como más me apetezca. He decidido ponerte una nueva nota, tienes un
cero, de ti depende que vaya subiendo, te iré informando de cómo avanzas.



-¡¡¡Un cero!!!- esto era el colmo- Me traes aquí para subir
la nota y encima nada más llegar me la bajas, ¡¡¡ese no era el trato!!!.



La bofetada que me plantó en la cara me pilló totalmente
desprevenida: "Mal, muy mal, has hablado sin mi permiso, te has dirigido a mí
sin el debido respeto, por ser la primera vez con la bofetada basta, la próxima
vez seré mas duro. Va a ser todo un placer domarte zorrita".



Empecé a llorar, quería salir de esa casa en ese mismo
instante, ¡¡¡a la mierda mi carrera!!! No quería pasar con ese hombre ni un
minuto más. El debió leer mis pensamientos porque tomó mi cara entre sus manos,
me miró fijamente y me dijo: "Es imposible que escapes, todos los accesos a la
casa están cerrados, sí sabes lo que te conviene no intentarás escapar, eres mía
todo el fin de semana, ya no hay marcha atrás, ¿lo has entendido?"



-S…í- dije sollozando.



-Sí… ¿qué?.



-Sí, mi Amo.



-Bien, eso me gusta más. Ahora ven conmigo.



Subimos hacia la primera planta. Nos dirigimos por un pasillo
bastante oscuro hasta que nos paramos en frente de una puerta. Entramos dentro
de la habitación. Era bastante amplia, con una enorme cama don dosel en el
centro, en cada poste de la cama había unas cuerdas. El techo tenía varias
argollas de las que pendían sogas de diverso grosor. Pero lo que más me impactó
fue ver como en un rincón había una mesa con distintas clases de esposas,
aparatos que ni siquiera sabía para que existían y un látigo. Mi cuerpo empezó a
temblar ante la visión del látigo.



-De ti dependerá que se use o no el látigo. Ahora entra en el
cuarto de baño, he dejado varias cuchillas de afeitar, no quiero ni un solo pelo
en tu cuerpo, el coño lo llevarás bien depiladito. Te ducharás, te depilarás y
te pondrás la ropa que te he dejado apoyada en el lavabo. Cuando termines
saldrás a cuatro patas y esperarás.



Fui obedientemente hacia el baño, hice todo lo que me pidió,
me duche, me depile y me puse lo que el había llamado "ropa". Me miré al espejo
antes de salir, parecía una autentica fulana. Llevaba una especie de sujetador
negro, por llamarlo de algún modo, ya que solamente tenía tela en los tirantes,
en el cierre, debajo de los pechos y entre el canalillo y mostraba todos mis
pechos al descubierto, además debía ser varias tallas menos de la mía porque me
apretaba un montón y hacia que mis tetas se mostrarán mas hinchadas de lo
normal. Abajo llevaba un tanga también de color negro, luego unas ligas a la
altura de los muslos que sujetaban unas medias de rejilla, y para finalizar unos
zapatos con un tacón de espanto. Tenía frío no sé si por el miedo o por
encontrarme prácticamente desnuda, y eso hizo que mis pezones se irguieran como
dos enormes botones puntiagudos. Me arrodillé, abrí la puerta comencé a andar a
cuatro patas y me quedé en el centro de la habitación.



Alcé la mirada. Allí estaba mi profesor sentado en el borde
de la cama, con un collar de cuero y una cadena, estilo de los que se usan para
sacar a pasear a los perros.



-Acércate zorrita.



Obedecí. Llegué a la altura de sus pies y sentí como cerraba
alrededor de mi cuello el collar. Luego tiró bruscamente de la cadena dejando
mis labios muy cerca de su paquete.



-Ahora me la vas a mamar, y te vas a esmerar demostrando lo
puta que eres. Cuando me corra quiero que te tragues toda mi leche, es un regalo
que te hago, así que no desperdicies ni una sola gota, y déjamela bien limpia.



Bajé la cremallera de sus pantalones, vi como su polla
luchaba por salir del confinamiento de sus calzoncillos. Se los bajé y su pene
salió disparado, erguido, duro como una piedra. Era de un tamaño considerable,
mediría unos 25 cms, con un glande enorme y de un grosor como los vasos de tubo
que se utilizan para tomar un cubata. Él se incorporó un poco y se bajo los
pantalones a la altura de los muslos, mis manos acariciaron nerviosamente sus
piernas y le quite los pantalones y los calzoncillos dejándole desnudo de
cintura para abajo. La punta de mi lengua empezó a lamer sus huevos mientras con
la mano agarraba su miembro y empezaba un lento movimiento ascendente.



Hice círculos con mi lengua en cada uno de sus huevos, luego
subí por la base de su polla siguiendo el contorno de cada una de las venas que
sobresalían, hasta llegar al glande, allí pude ver como una gota de semen se le
escapaba, la recogí con la lengua y luego me chupe el labio superior. Mis labios
volvieron a recorrer toda la longitud de su polla, y llegó el momento de
metérmela en la boca. La chupe como si fuera uno de aquellos helados de
chocolate que tanto me gustaban, cuando sentía como la boca me dolía la sacaba y
entonces mis manos trabajaban. Él no decía ni una palabra, tan sólo respiraba
fuerte, dejando escapar de vez en cuando algún gemido, por lo que me imaginé que
le estaba gustando. Siempre se me habían dado bien las felaciones, pero en esta
puse especial esmero. Cuando me la volví a meter en la boca quería que sintiera
como mis labios bajaban por toda su virilidad hasta llegar a los testículos,
enterrándola profundamente en mi garganta y no dejando de mover la lengua.
Estuve mamándola durante lo que me pareció una eternidad, tenía que ir tragando
toda la saliva que mis glándulas iban produciendo, y ya empezaba a dolerme la
boca de una manera considerable, pero aun así no baje la calidad de la mamada.
Su pene empezó a contraerse con el preludio de lo que yo sabía que vendría
después. Volví a hundirla en mi boca y mi cavidad empezó a llenarse con su
semen, fuero tres o cuatro disparos rápidos que soltaron una cantidad
considerable, así que tuve que ir tragando deprisa si no quería que se me
escapase algún chorro y ganarme un castigo. Cuando la saqué de la boca, volví a
lamérsela de nuevo toda entera para no dejar que ni rastro de semen.



Me acarició el pelo como se suelen acariciar a los perros
cuando han hecho algo que agrada a sus dueños y me dijo:



-Tu nota ha subido, ahora tienes un 0,5.



No dije nada, pero le miré con todo el desprecio que sentía
en ese momento. Joder, me había esmerado en hacerle la mamada de mi vida y solo
había subido medio punto.



Su sonrisa grave llegó hasta mis oídos:



-¿Qué te pensabas, que estas tratando con un niñato que
porque le hagas una mamada va a caer rendido a tus pies???. Ahora putita quiero
que te subas a la cama.



Hice lo que me pidió mientras el se quitaba la camisa
quedando completamente desnudo. Me puso boca arriba y ató mis manos y mis
piernas a cada pata de la cama dejándome en forma de "x". Una vez que termino de
atarme se dirigió hacia la mesa y trajo varios artilugios. Uno de ellos era una
bola del tamaño de una pelota de golf con dos tiras a cada lado, me la metió en
la boca y anudó las tiras detrás de mi cabeza, ahora ya no podía hablar. Estaba
completamente a su merced, atada y sin poder decir ni una sola palabra, eso me
dio muchísimo miedo, pero a la vez me produjo una extraña excitación por el
hecho de no saber lo que iba a pasar después.



Sus manos empezaron a acariciarme los pechos, al principio
fue suave, pero poco a poco fue aumentando la presión, los amasaba, los
estrujaba subiéndolos arriba y abajo. Sus manos dieron paso a su boca, succionó
mis pezones sin piedad, mordiéndolos, chupando, pellizcándolos. Cogió ambos
pezones entre los dedos gordo e índice de sus dos manos y empezó a estirarlos,
iba despacio tensándolos cada vez más. Hubo un momento en que de mi boca escapó
un gemido de dolor, y entonces paró. Yo, a pesar de todo el odio que sentía por
él por todo lo que me estaba haciendo, le miré con agradecimiento. Empezó a
lamerme los pezones, el cambió del dolor al placer hizo que me humedeciera, era
una sensación nueva que nunca antes había experimentado. Otra vez volvieron los
estiramientos, esta vez cuando llegó al límite en que antes me había quejado no
sentí tanto dolor. Así estuvo unos minutos, lamiéndome los pezones y
estirándomelos, lamiendo y estirando cada vez más.



Su mano cogió dos pinzas unidas por una pequeña cadena.
Colocó cada pinza en mis pezones y la cadena se tensó, por lo que mis tetas no
podían separarse más de la longitud de la cadena. Al principio no me dolió,
debido a que había sido preparada con los anteriores estiramientos, pero a
medida que pasaron los minutos el dolor fue aumentando. Pensé que no podría
soportarlo, pero entonces el empezó a pasar su mano por mi coño, y otra vez vino
esa sensación de placer dolor que hacia que el llevar las pinzas fuera más
soportable. Paso su mano por todo mi sexo, notó mi humedad y sonrió con ese aire
de autosuficiencia tan típico de él.



Luego sus manos se dirigieron hacia mis pies, me los desató.
Pensé que me los dejaría libres, pero cual fue mi sorpresa al comprobar que lo
que hacía era subirlos a la altura de mis manos. Esposo cada tobillo en mi
muñeca y así quedé totalmente expuesta a él.



Noté su calido aliento entre mis piernas, sus dedos abrieron
mis pliegues y me mordisqueo el clítoris, luego paso toda su lengua desde allí
hasta mi ano y se detuvo en él. Cogió un bote de vaselina y empezó a untarlo
tratando de dilatármelo, se tomó su tiempo, pero al final consiguió meterme
hasta tres dedos por ese agujero. Entonces colocó un consolador de pequeñas
dimensiones en él.



-Veo que tu culito es virgen, zorrita. Por ahora dejaremos el
consolador para que se vaya acostumbrando a tener algo dentro.



Después se colocó encima de la cama, cogió con un mano su
enorme polla y empezó a restregármela por el coño. Bajaba desde el clítoris
hasta mi agujero del coño y allí me metía tan solo el glande, volvía a repetir
la operación y a mi eso me estaba volviendo loca, empecé a gemir. Me cuesta
decirlo pero en ese momento estaba como una perra en celo esperando recibir su
ración de polla. Me miró a los ojos y preguntó:



-¿Quieres que te taladre ese coñito de zorra que tienes con
mi polla?.



Yo asentí desesperada con la cabeza. El sin más miramientos
me la clavó hasta el fondo, me la metió toda entera hasta que sus huevos
golpearon en mis nalgas. En mi ano seguía el consolador, mi coño estaba siendo
perforado por una enorme polla, mis pezones pinzados. Era una mezcla de
placer-dolor brutal, y yo estaba muy caliente, estaba a punto de correrme. Sentí
como mis paredes vaginales se contraían, y entonces estallé. Tuve un increíble
orgasmo, y a pesar de la bola que tenía en la boca grité.



Él paró un momento dejando que me recuperase, pero
inmediatamente después siguió bombeando mi coño. Agarró fuertemente mis caderas
y empezó un mete-saca violento, estaba follándome como un poseído. Las
penetraciones eran muy profundas pues no sólo empujaba brutalmente con su polla,
sino que además llevaba mis caderas hacia él. Empezó a gemir, supe que estaba a
punto de correrse. Pensé que lo haría dentro de mi pero, en vez de eso, saco su
polla y la metió entre mis tetas que estaban muy juntas debido a las pinzas y a
la cadena. Dio tres embestidas más y soltó un enorme chorro que me llenó todo el
canalillo y la cara de semen.



Después de eso se quedó durante un momento sin moverse con
los ojos cerrados, saboreando el momento. Al rato se incorporó, se dirigió hacia
el baño. Trajo una palangana con agua y una esponja, me limpió el cuerpo, me
quitó las pinzas y me lamió suavemente los pezones. Desató las cintas que
sujetaban la bola de mi boca, y abrió las esposas de mis tobillos. Mis brazos
siguieron atados y el consolador seguía inserto en mi ano.



-Ahora, putita, voy a dejar que descanses un rato mientras me
voy a comer algo. A ti por ahora solo se te permite alimentarte con mi leche.
Volveré dentro de poco con más sorpresitas. Por cierto, ya tienes un 3.



Y después de esto se marchó.



(Continuará)



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Relato: Sodomizada por su profesor (1)
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