La noche era cálida, a través de la ventana, ella podía ver
las estrellas iluminando el cielo, su fiebre crecía y a la vez su ingenio,
escribiendo historias, relatos, erotismo puro... como tanto lo disfrutaba,
creando en su mente las más atrevidas e increíbles fantasias.
Mary era su nombre, esa chica de tez apiñonada, cabello
castaño y envidiable figura. Sentada frente a su ordenador, escribiendo y
platicando con su amigo, el mexicano..., ambos compartían muchas historias y
disfrutaban compartiéndolas al escribir.
De momento, Mary, un poco cansada por la fiebre y a la vez un
tanto excitada por las historias escritas, cerro los ojos, y de pronto pudo
sentir como detrás de ella alguien entraba a su habitación, acercándose a ella y
tomándola por los hombros, retirando el cabello de su nuca y besándola
suavemente, recorriendo sus labios por su cuello y sus hombros.
No quiso abrir los ojos, solo sentir como esas manos que
tanto la deseaban, recorrían sus brazos con la yema de los dedos, de arriba
abajo, mientras le susurraba al odio... "por fin cielo, estoy aquí, y estoy para
ser tuyo y hacerte mía".
Esas manos, morenas y fuertes, resbalaban por sus brazos y
suavemente se acercaron a sus senos, delineándolos con sus dedos, sintiendo como
el calor de la suave piel de su tantas veces deseada amada, crecía con sus
caricias..., el sentir de sus manos, y el como poco a poco rodeaban sus pezones,
que comenzaban a pararse, desprendió de ella un gran suspiro, acompañado de un
gemido largo y placentero.
Ella giro de su silla, y lo pudo ver, su eterno amante frente
a ella, con los ojos semicerrados mientras besaba su cuello, lamiéndolo y
besándolo, no pudo mas que meter sus manos en su cabello y acariciarlo,
guiándolo hacia sus turgentes senos.
El deslizo su camiseta, sacándosela por completo, y
dirigiendo su boca de su cuello hacia sus senos, besándolos y mordiéndolos
suavemente, deslizando su lengua sobre sus pezones, rozándolos y lamiéndolos
delicadamente, mordiéndolos y sintiendo su forma dentro de su boca.
Ella gemía, repitiendo el nombre de su amado entre suspiros,
abriendo sus piernas y deslizando sus manos por sus muslos, sintiendo como el
tomaba con sus manos el lugar de las suyas, y deslizaba sus manos hacia su
entrepierna.
Ella levanto sus caderas, y el entendiendo el mensaje,
deslizo el pequeño pantaloncillo que cubría su cuerpo, el olor a sexo que
desprendía su entrepierna inundó la habitación.
El bajo su rostro, con su lengua recorría el camino de sus
senos a su pubis, deslizándola lentamente, dejando un hilo de saliva sobre la
piel de su ahora mujer.
Ella guiaba suavemente con sus manos la cabeza de su amante,
sintiendo como separaba los labios de su vagina con dos dedos y acariciaba el
clítoris duro con la punta de su lengua.
El hincado entre sus piernas separaba sus muslos, deslizando
su lengua por toda la zona, recorriendo sus ingles, lamiendo sus labios mayores,
dando pequeños mordidas a su hinchado clítoris, todo esto sin separar su mirada
del rostro lleno de placer de tan hermosa mujer.
Su boca llenaba la vagina de su amada, recorriéndola por
todos lados, lamiendo las paredes internas, mientras su nariz frotaba su
clítoris y sus manos recorrían sus nalgas y muslos.
Ella no tardo en sentir el primer orgasmo en la boca de su
amado, sus jugos llenaron su boca mientras ella se retorcía de placer y lamía
sus pezones, apretando sus tetas con sus manos.
Al sentir el intenso placer de este orgasmo, sintió como la
silla se movia y despertó leyendo en la pantalla....