Si alguna cosa he aprendido en esta vida a mis 40 años es que
nunca puedes decir que de esta agua no beberé. Soy un hombre felizmente casado,
con tres hijos y que siempre había sido fiel en mi matrimonio, mi mujer es la
persona más maravillosa del mundo, guapa, inteligente, cariñosa, educada y muy
apasionada en la cama, la mujer perfecta. Nunca creí que mi vida pudiera dar un
cambio tan radical como hace una semana.
Trabajo en una multinacional, de relaciones públicas para
España. Todo empezó el lunes por la mañana. Para ese día tenía prevista una
reunión con mi jefe de Europa. Se trataba de un viaje por su parte de 3 días en
el cual teníamos programadas una serie de visitas con nuestros mejores clientes.
Mi sorpresa fue descubrir primero que mi nuevo jefe no era jefe sino jefa. Un
chofer fue a buscarla al aeropuerto y la trajo a mi oficina, su entrada fue como
una aparición. Era una mujer joven, de unos 30 años, alta, 170 cms más o menos.
Delgada pero con unas curvas de vértigo, con una melena rubia recogido en una
especie de moño y unos ojos azules, que de transparentes parecían grises.
Llevaba un traje chaqueta azul marino, con la falda por encima de las rodillas
que dejaban ver sus muy bien moldeadas piernas. Al entrar todo fue muy cortes y
educado, con cierta frialdad, incluso. Se sentó delante de mi mesa, con las
piernas cruzadas. Estuvimos hablando y mirando informes, para lo cual se puso
unas pequeñas lentes de lectura.
Al cabo de un rato, decidió que ya estaba bien de teoría y
que deseaba pasar a la práctica y dejar de perder el tiempo. Por mi no había
problema pues tenía concertadas diferentes citas. Pero mi sorpresa fue mayúscula
con lo que aconteció a partir de ese momento. Se levantó de la silla para cerrar
con llave la puerta de mi despacho, no sin antes dar instrucciones a mi
secretaria para que no nos molestara absolutamente nadie hasta nueva orden. Se
volvió hacia mí, se quito las gafas y se quedo de pie apoyada en la puerta,
mirándome de forma pensativa mientras mordía la varilla de las lentes.
¿Hasta donde estás dispuesto a llegar por un contrato? –
me soltó de golpe.
Mujer, siempre dedico mis máximos esfuerzos e ideas a la
empresa – conteste yo de forma torpe y estúpida ante la visión que tenía
enfrente de mí.
¿Seguro? ¿Dónde está el límite de tu esfuerzo? – en ese
instante se soltó el pelo, dejando al aire una preciosa melena rubia, yo
cada vez estaba más nervioso y porque no reconocerlo, excitado.
Bueno, no sé a que te refieres. – parecía idiota.
Mira, soy una mujer ambiciosa y yo lo doy todo para mi
trabajo y para llegar a lo más alto, ¿o es que crees que una llega donde yo
he llegado a los 30 años sin esfuerzo? – Se quitó la chaqueta, mostrando una
blusa blanca muy fina en la que se transparentaba una fina lencería de
encaje blanco.
No, por supuesto – balbuceé yo, mientras mi polla
empezaba a tener un tamaño considerable por la excitación del momento.
Pues entonces quiero ver hasta donde estas dispuesto a
llegar. – Dicho esto se acercó a mí, se sentó encima de mi mesa, con un pie
me apartó empujándome a la silla. Alzó su falda, dejando ver el conjunto de
tanga, medias y ligueros. La visión era alucinante y mi polla parecía que
iba a explotar en mis pantalones.
¿A qué esperas? ¿Tengo que explicarte que hacer? Piensa
que soy una clienta a quien tienes que dejar bien satisfecha.
Dicho esto, cogió mi pelo con sus manos y me obligó a
sumergir mi cara entre sus muslos. Dios mío, que olor a hembra que desprendía
esa mujer. Era un perfume embriagador. Sus manos presionaban mi nuca, mientras
yo besaba su sexo por encima del tanguita, mi lengua recorría su rajita por
encima haciendo presión sobre su monte de Venus, mordía sus ingles cosa que
parecía gustarle muchísimo. Ella gemía cada vez más y más fuerte. En ese momento
le quite el tanga dejando a la vista una preciosa vulva rosada y perfectamente
depilada, con un pequeñito triángulo de bello rubio justo encima. Los labios
vaginales eran maravillosos, su vulva estaba dilatada y empapada, mi lengua
recorría su interior de arriba abajo y dibujando circulitos alrededor de su
clítoris cada vez más hinchadito, pero sin llegar a rozarlo. Ella suspiraba y se
estremecía de forma cada vez más ruidosa, por lo que cogí su tanga y se lo metí
en la boca para que no hiciera tanto ruido, cosa que pareció encantarla. Mi
lengua recorría su sexo de arriba a bajo, hasta que llegue a su ano, ¡¡qué
maravilloso ano!! en medio del mejor culo que he visto en mi vida. Mi lengua
recorría su culo y se introducía en esa deliciosa cuevecita mientras 2 dedos
míos entraban en su vagina en un frenético mete saca, la presión de sus manos en
mi cabeza hacía que metiera toda mi lengua en su agujero. Estando bien lubricado
saqué los dedos de su conejito y se los introduje en su culo mientras mi lengua
ascendió hasta su clítoris. Ella se moría de placer, su cuerpo se tensó, arqueo
la espalda y tuvo un orgasmo como no había visto otro en mi vida. De su conejo
empezó a salir un jugo dulzón maravilloso, pero en unas cantidades que yo no
tenía prácticamente tiempo de lamer y absorber. Yo estaba como una moto y con
unas ganas de follármela enormes, pero cuando ya me desabrochaba los pantalones,
me empujó y me gritó:
¿Qué coño haces? ¿No pretenderás follarme sin que yo te
lo diga? Además aun no has terminado de chupar.
¿Cómo? – dije yo sin entender nada.
Me has demostrado muy bien como dejas contenta a una
clienta, pero ¿y a un cliente?
¿Qué?, Mira guapa, ni de coña, ¿quién te crees que soy
yo? – dije con cara de enfado.
Un mierda que como no me demuestre que es capaz de
comerse una buena polla se va a ir a la puta calle, llama al chofer que
venga inmediatamente.
El chofer es un chaval de unos 25 años, realmente guapo y
con un cuerpo atlético ya que además de chofer es guardaespaldas y experto en
artes marciales. La idea en parte me puso más caliente pero a la vez sentía
repugnancia, aunque sabía que por parte de él no habría problemas pues tenía
muy claro que era gay. Así que no me quedó otro remedio que llamarlo. Cuando
entró ya vi que antes había hablado con ella durante el trayecto del
aeropuerto a mi oficina, pues el muy mariconazo entró sonriendo de oreja a
oreja. Ella se sentó en mi silla, hizo que se apoyara en mi mesa mientras yo
me arrodillaba. El mismo bajo su bragueta y dejo libre un miembro que flácido
ya tenía un tamaño considerable. El muy palomo estaba depilado entero, cogí su
polla y empecé a recorrer con mi lengua desde los huevos hasta la punta del
glande, tenía un sabor raro para mí, pero el ver como se iba excitando y
creciendo entre mis manos y mi lengua provocó en mi una tremenda erección.
Introduje su capullo en mi boca, lo chupaba con delicadeza y mis labios
recorrían la base del capullo que por lo menos a mí es lo que más me gusta, a
la vez que mi lengua se introducía en el interior del glande, parecía gustarle
mucho. Mientras hacía esto pude observar a ella abierta de piernas y
masturbándose con una mano el clítoris mientras que 4 dedos de su otra mano se
perdían por el agujero de su culo. De momento solo podía tragarme el capullo,
pero el muy cabrón me agarró la cabeza con sus dos manos y empezó a follar mi
boca con sus movimientos de cadera, provocando en mi unas terribles arcadas.
Poco a poco pude ir acomodando su polla de más de 25 cms en mi boca, creo que
llegué a comerme unos 20 cms, ya que mi mano sujetaba la base de esa
brutalidad e impedía que pudiera metérmela toda en mi garganta.
Cada vez me follaba con más violencia hasta que se hinchó
como un globo, creía que iba a desencajarme la mandíbula. De golpe, empezó a
gemir como un loco, y su polla explotó en un mar de leche que fue a parar
directamente a mi estómago, al momento ella me apartó.
Quita, corre, ahora te toca tu premio.- Se puso de pie,
arqueo adelante su cuerpo hasta poner su cara a la altura de la polla de él
y empezando a limpiársela con la lengua me dijo – máteme tu polla en mi
culo, quiero que me rompas.
Por supuesto inmediatamente puse mi polla en la entrada de
su ano, yo estaba que reventaba y sin miramiento alguno se la metí hasta los
huevos de un solo empujón, ella se había metido tantos dedos que ya estaba
perfectamente dilata. Mientras yo bombeaba el maricón del chofer estaba de
nuevo con la polla bien parada debido a las chupadas y lametones que le había
propinado la guarra de mi jefa. Quien al verlo así dijo.
Venga, prepárale el culo a ese y fóllatelo bien follado
mientras me encula a mí.
El muy cerdo se puso detrás de mi agachado y empezó a lamer
y succionar mi culo mientras yo seguía bombeando en el culo de ella. Dios,
como me gustaba, era una sensación maravillosa sentir aquel beso negro
mientras enculaba aquella zorra de mujer. Al momento y ya bien lubricado por
su saliva, me introdujo primero un dedo, que entro sin ninguna dificultad,
abriendo camino en mi virginal culo. Se le veía experto en desvirgar culos,
pues en ningún momento sentí dolor. Se separó y pude notar como su polla se
acercaba a la puerta de mi ano, en un primer momento me puse muy nervioso al
sentir que aquel enorme capullo iba a acabar con mi virginidad. Pero estaba
muy bien lubricado y dilato, primero introdujo un poco de su capullo abriendo
camino, el dolor no fue mucho pero cuando me introdujo todo el glande pensé
que me habían rajado, pero enseguida y con delicadeza se acomodó en mi
interior, a partir de allí fue el delirio, con sus empujones metía cada vez
mas su polla en mi interior a la vez que me obligaba a follar cada vez más
fuerte a ella. Nunca había sentido semejante placer tanto en mi polla, como en
mi culo, en mi cabeza, en mi cuerpo, era increíble. Ella fue la primera en
correrse prácticamente a la vez que yo le soltaba toda mi leche dentro de sus
intestinos. Mientras el chofer seguía bombeando mi culo, pero antes de que se
corriera tanto ella como yo nos agachamos delante de él y empezamos a
chupársela a dos bocas y 4 manos hasta que se corrió en nuestras caras.
Yo me gané un ascenso, además de un amante para mucho
tiempo y tuve una experiencia maravillosa. En otro relato y si os ha gustado
este os explicaré como siguió la semana. Espero vuestros comentarios para
saber si sigo o no.