webcams porno webcams porno webcams porno



Pulsa en la foto
Miriam - 19 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real



Pulsa en la foto
Vanesa - 22 anos
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Pulsa en la foto
Lorena - Edad 19
 
webcam amateur
Conexion desde su casa
"Imagen real"


Relato: Otra vez Heidi

Relato: Otra vez Heidi

  

Otra vez Heidi


Habíamos dejado la Historia de Heidi en el momento en que
Clara, tras pasar una temporada en la Cabaña del Viejo de los Alpes, conseguía
el milagro de levantarse sobre sus dos piernas y abandonar para siempre su silla
de ruedas. Un final feliz, por tanto, pero los años pasaron y Clara volvió a
plantear un nuevo problema a Heidi. Todo comenzó una noche. Heidi ya tenía
dieciocho años y seguía viviendo en la cabaña, junto al viejo. Sin embargo, las
cosas habían cambiado un poco.


Como todas las semanas, Heidi se desnudó en la cocina delante
de un gran barreño de agua caliente que había preparado, para bañarse. El Viejo
se encontraba en su mesa de trabajo, confeccionando uno de sus cachivaches, pero
no podía apartar los ojos de Heidi mientras ésta se enjabonaba todo el cuerpo
con una esponja. ¡Qué buena está la condenada!, se decía el Viejo de los Alpes
notando perfectamente cómo su pajarito volvía a una segunda juventud. Heidi, por
supuesto, no le ocultaba nada y de cuando en cuando sonreía al viejo. Siempre se
había bañado desnuda delante de él y eso nunca había supuesto ningún problema
para ella. Sin embargo, como decimos, algo había cambiado. La joven había dejado
de ser una niña hacía tiempo como revelaban las curvas y redondeces de su
cuerpo. Heidi seguía pasando una y otra vez la esponja y las manos por sus
pechos brillantes tropezando una y otra vez con sus pezones erizados y duros
como piedras.


Tras esto sus manos incansables seguían frotando y frotando
su piel brillante bajando por los costados y deslizándose por unos muslos bien
torneados, después volvían a subir acariciando y separando los pequeños mofletes
de su trasero redondo y respingón. Durante unos instantes el Viejo pudo ver
perfectamente el agujero del culo de la muchacha, cerrado y estrecho. El rabo le
estaba a punto de estallar y se dijo a sí mismo que de esa noche no pasaba y que
se tenía que follar a la muchacha. Ya llevaba semanas pelándosela a la salud de
ella y juzgó conveniente que la inocente niña de los Alpes dejara de serlo de
una vez. De este modo, le dijo así:


- Heidi, ven aquí un momento por favor, necesito tu ayuda.


La muchacha ya había salido del baño, y se acercó al Viejo
mientras se secaba con la toalla.


- ¿Qué es lo que quieres?.


- Me voy haciendo viejo Heidi, y cada vez puedo hacer menos
cosas por mí mismo. ¿Podrías ordeñarme como haces con las cabras?.


Y diciendo esto se sacó su pene grueso y venoso delante de la
niña. Heidi puso un gesto de sorpresa y dijo al viejo.


- No sabía que hubiera que ordeñarte, además, mira qué ubre
más rara tienes, no sé, me da un poco de asco.


- Vamos pequeña hazlo por mí.


Entonces Heidi se encogió de hombros , tiró la toalla a un
lado y se arrodilló delante del viejo. Cogió la polla de éste con la mano
derecha, al principio con aprensión, pero en unos segundos ya se había
acostumbrado a su tacto y empezó a moverla atrás y adelante. Heidi empezó a reír
sin saber por qué.


- Está caliente y dura.


- ¿Te gusta?, dijo el Viejo entrecortadamente mientras le
sobaba las tetas a la muchacha.


- Me encanta, no es como las ubres de las cabras.


- Es que en realidad no es una ubre Heidi, se llama polla.


- Pues por mucho que la meneo de esta polla no sale leche.


- No tardará mucho, pequeña, pero quizá deberías intentar
ordeñarme como hacen los cabritillos.


- No entiendo, dijo Heidi, mientras seguía masturbando al
viejo.


- Pues como hacen los cabritillos con sus madres.


Y diciendo esto, el Viejo acaricio los labios de la muchacha.


- ¿Quieres decir con la boca?.


- Sí cariño, con la boca, por favor.


Nuevamente, Heidi ni siquiera cuestionó lo que le decía el
Viejo, y empezó a hacerle una mamada sin saber ni tan siquiera que eso se
llamaba así. Al viejo casi le dio un ataque al corazón al notar la sensación
cálida y húmeda de su polla dentro de la boca de Heidi. La cosa, de todos modos,
no duró mucho, pues el Viejo llevaba lustros en el dique seco y en pocos minutos
notó que le venía. Efectivamente se corrió de puro gusto y Heidi mantuvo la
polla en su boca hasta que la última gota del preciado líquido se derramó en su
interior. Por fin el Viejo la sacó y Heidi le lamió el prepucio con avidez para
no desperdiciar nada.


- ¡Qué calentita! - dijo la chica- pero sabe muy rara, además
casi no había leche. Voy a ver si saco más.


Y diciendo esto, Heidi volvió a meterse el rabo del viejo
hasta la garganta. Eso ya fue demasiado.


- No, no déjalo, pequeña, por hoy es suficiente, mañana más
¿vale?.


Heidi hubiera querido continuar con aquello, pero era muy
obediente y con un gesto de fastidio se sacó la polla ya fláccida del Viejo.


- Pues me he quedado con las ganas. ¡Qué leche tan pegajosa
tienes, no hay manera de que se me despegue de la lengua!.


Entonces el Viejo tuvo una idea.


- Mira Heidi, si te has quedado con las ganas te voy a
enseñar una cosita que puedes hacer tú sola.


Y el Viejo le cogió del dedo índice de la mano y se lo llevó
hasta el coño de la chica. Allí empezó a frotarle los labios vaginales y el
clítoris suave y rítmicamente.


- ¡Qué gusto!, déjame que lo haga yo sola.


Así Heidi se sentó en una silla y abriendo bien las piernas
aprendió a masturbarse bajo la mirada atenta del Viejo. En unos minutos la bella
muchacha empezó a correrse entre jadeos y frases entrecortadas de agradecimiento
al Viejo. Cuando se recuperó y abrió los ojos Heidi se sorprendió, pues la polla
del Viejo otra vez estaba tiesa y dispuesta para que volviera a ordeñarla.


A partir de esa noche Heidi ordeñó al Viejo todos los días.
Para ello acostumbraba a desnudarse y a dejar que él la sobase y lamiese sus
tetitas sentada en sus rodillas. El Viejo le introducía sus dedos expertos por
el coño y por el pequeño agujero del ano de la chica cosa que encantaba a ambos.
Incluso tras pasar algunos días, el Viejo se animó y poniendo a Heidi a cuatro
patas, se la folló por primera vez. La cuestión es que ella cada vez quería más
y más y el Viejo no daba para tanto. El pobre hombre disfrutaba de la nueva
situación, pero también pasaba buena parte del día arrastrándose por la cabaña y
sin fuerzas para hacer gran cosa mientras Heidi le exprimía más y más. Por eso,
el Viejo se alegró cuando volvió el verano y Pedro volvió a subir diariamente
las cabras hasta los altos pastos. Como ocurría todos los años Heidi acompañó a
Pedro hasta las altas cumbres de los Alpes, y allí ocurrió lo que tenía que
ocurrir. Pedro se había convertido en un apuesto muchachote, tenía un par de
años más que Heidi y el tío estaba bastante cachas de tanto trasegar con el
ganado de un lado para otro. En un momento dado los dos chicos se pusieron a
ordeñar a las cabras, hasta que Heidi le dijo de repente.


-¿Quieres que te ordeñe, Pedro?.


Eso a él le sonó a chino.


-¿Que si quiero qué?.


- Que si quieres que te ordeñe la polla, lo hago muy bien, al
Viejo de los Alpes le gusta cómo se lo hago.


Y diciendo esto Heidi se empezó a soltar el corpiño y la
blusa. Entonces Pedro ató cabos.


- O sea que al Viejo le gusta que le chupes la polla. ¡Qué
cabronazo!.


Pedro dijo esto mientras Heidi se desnudaba delante de su
presencia, inmediatamente su polla pidió a gritos salir del pantalón y Pedro no
se hizo de rogar, pues la dejó salir tiesa y brillante.


- ¡Qué grande y que bonita es!-, dijo Heidi sorprendida y
excitada. - Me gusta más que la del Viejo.


Y diciendo esto, la muchacha se puso a cuatro patas y empezó
a chuparle el rabo al bueno de Pedro, primero con lamidas cortas y persistentes,
como un gatito, y después metiéndosela hasta la garganta y agitando sus
coletitas arriba y abajo una y otra vez. Entretanto Pedro se retorcía de placer
bajándose los pantalones y quitándose la camisa con dificultad. Sólo se dejó
puesto su gorro de cabrero.


- Qué guarra te has vuelto Heidi, cómo la chupas.


Heidi sólo se sacó la polla de Pedro para contestar.


- Al contrario, soy tan limpia que me he quitado toda la ropa
para que no me la manches de leche cuando me la eches en la boca.


Eso fue demasiado para Pedro, así que cuando Heidi volvió a
meterse el prepucio de él entre los labios, unos estallidos cálidos de esperma
blanco y cremoso le llenaron toda la boca hasta la garganta.


- ¡Cuánta leche!,- exclamó Heidi alborozada, mientras el
semen blanco se le caía de los labios volviendo a gotear sobre el prepucio de
Pedro.


Por supuesto ella siguió insistiendo en lamerle a él el
miembro hasta no dejar una gota. Ese tratamiento travieso e insistente permitió
que Pedro se recuperara pronto, de modo que se levantó de un salto, empalmado y
con ganas de follarse a Heidi.


- No te muevas, continúa así a cuatro patas.


Pedro estaba más bien acostumbrado a las cabras así que el
instinto le llevó inmediatamente a fijarse en el trasero de Heidi. De este modo,
cogió su polla y le clavó la punta entre los glúteos. Heidi se quejó.


- Ay, me haces daño.


- Esto está muy prieto, voy a tener que mojarlo un poco.


Dicho y hecho, Pedro le metió la cara entre las nalgas, y
como si llevara haciéndolo toda la vida le empezó a lamer la aureola del ano a
la muchacha. Heidi empezó a gemir y jadear de gusto mientras instintivamente se
ponía las manos en los glúteos separándolos bien para facilitar la labor del
muchacho. Pedro siguió con la exploración y poniendo la lengua dura se la metió
bien adentro por el culo. A Heidi le daban mareos mientras Pedro seguía
trabajándola por detrás.


- Así, así, Pedro, Dios, qué gusto.


Los gritos de Heidi convencieron a Pedro de que había llegado
el momento de sodomizarla. Tampoco ninguno de los dos sabía qué significaba esa
palabra, pero eso no impidió que Pedro le diera por el culo a la muchacha.


- Ay, ay, qué daño me haces cabrón, mi culo, me lo vas a
romper, pedazo de bestia.


- ¿Quieres que pare?.


- No, no pares, métemela hasta dentro. Rómpemelo de una vez.


Pedro empujó bien hasta dentro y Heidi lanzó un grito de
dolor y placer. Así fue sodomizada Heidi por Pedro, en presencia de las
inocentes cabras que seguían pastando como si tal cosa. Al fin y al cabo el
cabrero las tenía acostumbradas a eso. Para cuando llegó el atardecer Heidi y
Pedro lo hicieron otras cuatro veces, antes de volver a la cabaña del Viejo. Por
supuesto, Heidi estaba encantada. Le dolía un poco el culo, pero no importaba,
así que le contó todo al Viejo mientras se disponía a vaciarle la polla como
todas las noches. Este se alegró por fin de tener colaboración y de que Pedro le
hubiera abierto el conducto trasero de la muchacha que ahora él también
disfrutaría. De este modo se relajó en su butaca mientras su dulce Heidi se la
chupaba. Así pasaba los días Heidi, feliz y contenta, ordeñando a todo bicho
viviente que se le pusiera a tiro. Incluso el perro Niebla pasó varias veces por
sus manos y naturalmente por sus labios y su lengua. Sin embargo, un día llegó
una carta desde Frankfurt. Era del señor Sesseman que volvía a pedir ayuda a
Heidi, pues su hija Clara se encontraba muy deprimida y nadie sabía qué le
pasaba. Muy apenada por tener que abandonar aquel paraíso, Heidi cogió un tren y
se fue a la ciudad para ayudar a su amiga.


En Frankfurt las cosas habían cambiado poco. Ahora el Señor
Sesseman pasaba más tiempo en casa y en el servicio seguía Sebastián, aunque
éste contaba ahora con dos ayudantes negros que había contratado la Señorita
Rotedmeier. Esta, por supuesto, seguía siendo el Ama de Llaves pero ahora se
ocupaba más del Señor Sesseman que de Clara. El cambio más importante para Heidi
fue, por supuesto, la propia Clara que, con los años, se había convertido en una
rubia despampanante. Y sin embargo, Clara estaba triste, no encontraba ninguna
satisfacción y se aburría, se aburría mortalmente. Desde el primer momento,
Heidi se puso manos a la obra para aliviar el aburrimiento de su amiga, y desde
la primera noche se introdujo furtivamente en su habitación y se metió en su
cama con la intención de hablar de sus cosas.


El caso es que hablando y hablando, Clara le contó que su
mayor problema era su insatisfacción sexual, por lo que Heidi se empeñó en
enseñarle el jueguecito que le había enseñado el Viejo de los Alpes, mientras le
lamía sus grandes pechos y le enredaba con los dedos en el coño y en su hermoso
culo redondo, pero ni por esas. Clara no se corría. La joven agradeció los
intentos de Heidi, pero le dijo que le gustaban los hombres y no las mujeres.
Clara le confesó que desde hacía tiempo Sebastián la perseguía para follársela
pero ella no quería, pues temía que la descubriese la Señorita Rotedmeier que,
de hecho, ya se estaba oliendo algo.


Con toda su buena fe, Heidi fue al día siguiente a hablar con
el Señor Sesseman sobre el problema de Clara, fue tanta su precipitación que
olvidó llamar a la puerta del despacho y entró bruscamente encontrándose algo
inesperado. La Señorita Rotedmeier, vestida sólo con un corpiño negro, unos
zapatos de tacón y con sus horribles gafas de costumbre le estaba dando de
fustazos al Señor Sesseman que se encontraba arrodillado, completamente desnudo
y con un collar de perro en el cuello. El Señor Sesseman le estaba comiendo el
coño al Ama de Llaves.


- ¡Adelaida!,- dijo la Señorita Rotedmeier con voz de pito.-
Me has desobedecido otra vez-. Serás castigada por esto.


De este modo, ese fin de semana el Señor Sesseman y la
Señorita Rotedmeier se marcharon a una casa de campo para tener un poco de
intimidad, pero no sin antes mandar a Clara a casa de la abuelita, pues no se
fiaba de Sebastián. De este modo, Heidi se quedó sola con los tres criados en la
casa. Sebastián recibió la orden de castigar a Heidi como se merecía, cosa que
hizo de mil amores.


El y los dos criados negros obligaron a Heidi a desnudarse y
entonces la obligaron a ponerse una especie de "vestido" hecho de cintas de
cuero unidas entre sí con anillos de metal, también le colocaron una mordaza en
la boca, un collar de hierro en el cuello y le ataron las manos a la espalda, a
una cadena corta que colgaba del collar. Heidi no se resistió mucho, y se dejó
atar y amordazar, por los criados. Hecho esto, los tres criados se desnudaron
completamente delante de la muchacha a la que ya le caían hilos de saliva por
las comisuras de la mordaza. Heidi abrió mucho los ojos al ver tres pollas
descomunales como nunca había visto, que además despedían un olor intenso y un
poco asqueroso.


Los criados negros le cogieron de los brazos y la obligaron a
caminar, siguiendo a Sebastián. El grupo bajó por unas escaleras hasta el
sótano. Heidi notaba sobre su piel el frío y humedad tenía la carne de gallina y
los pezones erizados, y la excitación le hizo que su entrepierna se mojara tanto
que notaba perfectamente las gotas de su líquido vaginal deslizándose por la
cara interna de sus muslos. Por fin Sebastián abrió con llave una puerta y
entraron en una habitación que olía a humedad que echaba de espaldas. Se trataba
de un cuarto secreto al que sólo entraba Sebastián. Cuando éste encendió una
antorcha, Heidi empezó a gemir al ver todos los aparatos que había allí dentro.
La habitación era lo más parecido a una cámara de tortura de la Inquisición,
repleta de instrumentos especialmente diseñados para hacerle "cosquillas" a una
tía buena como Heidi. En realidad, Sebastián la había preparado pacientemente
para Clara en el caso de que ésta accediera a ser su esclava, pero ahora le
venía de perlas, de modo que cuando cerró la puerta de la sala con llave se
relamió de gusto al pensar en las largas horas que pasarían los tres verdugos
"jugando" con la otrora niña de los Alpes durante todo el fin de semana.


De hecho, hubo tiempo para hacerle un poco de todo allí
dentro: latigazos, fustazos, bondage, suspensión, pinzas y pesos en clítoris y
pezones, e incluso llegaron a estirar su cuerpo en un potro de tortura medieval.
Aparte de esto, a Heidi se la metieron los tres al tiempo por sus tres agujeros
una y otra vez. La muchacha perdió la noción del tiempo y de la cantidad de
orgasmos que experimentó allí dentro. Cuando por fin la dejaron salir le dolía
todo el cuerpo y su piel estaba cubierta de marcas, pero no veía el momento de
volver a ser castigada por los criados en aquella sórdida habitación...esta vez
en compañía de Clara.


Los días siguientes a su castigo, Heidi volvió a frecuentar
la cama de Clara que, lógicamente le preguntó por las marcas de su cuerpo, Heidi
le explicó todo lo que había ocurrido en la cámara de tortura mientras la
masturbaba y, por fin, Clara se corrió de gusto. Descubierto su lado sado, Heidi
convenció a Clara de que la solución a sus problemas era precisamente dar un
motivo a la Señorita Rotedmeier para que Sebastián la castigara como había hecho
con ella misma. Por eso, al de unos días la Señorita Rotedmeier y el Señor
Sesseman fueron sorprendidos en sus "juegos" esta vez por las dos muchachas.
Hartos de que las niñas les molestaran continuamente, el Señor Sesseman se
marchó con el Ama de Llaves de allí legando la casa y todo lo que había dentro a
su hija Clara.


La historia termina así (de una manera ni siquiera planeada
por su autor al empezar), con las dos jóvenes convertidas en esclavas sexuales
de Sebastián, los dos criados negros, Pedro, el Viejo de los Alpes y Niebla que
ya para entonces se estaban matando a pajas añorando a Heidi. Esta y Clara se
convirtieron voluntariamente en las criadas de la casa con la obligación de
hacer todas sus tareas vestidas sólo con un pequeño delantal y una cofia y bajo
la amenaza de visitar la cámara de tortura a la mínima falta..... las dos las
cometían a posta constantemente.


Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


 



Relato: Otra vez Heidi
Leida: 1736 veces
Tiempo de lectura: 11 minuto/s





Documento sin título
Participa en la web
Envia tu relato
Foro porno
Contacto
 
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Encuestas

Afiliados
lesbianas
sexo anal
webcams porno
zoofilia
chat porno

LAS MEJORES WEBS DE SEXO

sexo gay webcams porno   zoofilia chat porno zoofilia anuncios de sexo mamadas porno
 negras porno gratis exnovias follando famosas desnudas famosas follando fotos caseras 
fotos de pollas fotos porno relatos porno gordas follando hentai porno zoofilia gratis 
juegos porno lesbianas follando linea erotica lucia lapiedra mujeres meando 
relatos porno orgias  parejas follando peliculas porno gratis sexo anal porno gratis webcam porno
 
porno gratis porno gratis relatos de incesto relatos porno sexo gratis sexo embarazadas 
sexo con caballos sexo gay sexo gratis sexo webcam porno chat de sexo peliculas porno sms
webcams webcam sms lesbianas follando sexo trios porno gratis transexuales transexuales
 webcam travestis travestis webcams travestis maduras follando webcams porno 
webcams sms travestis follando zoofilia television porno