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Relato: El submundo (03 - Final)




Relato: El submundo (03 - Final)

  

El submundo:


Capitulo 03



-¡¡Despierta Fresita!!- escuchó entre la nebulosa Vicky


De entre las nubes de sus sueños, el rostro del guardían
sonriéndole le apareció delante de sus ojos. De repente volvió a la realidad.
Ahi estaba, amarrada todavía a la camilla, sintiendo su sexo empapado en flujos,
sintiendo restos de algo caliente escurriendose por dentro de su sexo hacia la
camilla. ¡Habia sido violada! ¡Se habia desmayado de placer!. Vicky sentía una
verguenza infinita y tapaba su rostro enrojecido con sus manos.


-No te preocupes Fresita.- le dijo él


-Es tu fantasía, y me alegro que la disfrutes tanto como para
desmayarte entre tus gemidos.- agregó


-Ya han terminado ¿verdad?... ¿me puedo ir ya?- le preguntó
nerviosa Vicky


El le sonrió y le acarició el rostro. Por primera vez bajó su
rostro hasta el de ella y le besó la mejilla. No hacia falta que dijera nada.
Ella lo miraba y se tensaba mas y mas. No sabía cuanto mas aguantaría.


-¿Porque quieres huir de tus propios placeres Fresita?- le
preguntó él


-¿Acaso no te ha gustado?- agregó


-Si, pero... es que ... es muy intenso..- dijo ella


-Lo se, cielo... pero no mas de lo que puedas aguantar.
Recuerda que es tu propia fantasía.- agregó él


De repente, del otro lado de la pared, sintió que algo raro
tocaba su sexo. ¡No otra vez! se aterrorizó Vicky. Era algo extraño... algo que
no era un pene humano. En cuanto comenzó a vibrar, sus manos se crisparon otra
vez al sentir como las sensaciones de placer le volvían con mas rapidez que
antes.


-¡¡Oooohhhh... noooo!!- gemia Vicky roja de verguenza


Los jugos de su sexo comenzaban a aflorar otra vez con mas
lubricación y haciendo mas deliciosa esa sensación que la volvía loca. Pero de
repente, sus ojos se abrieron como dos platos. Un par de dedos estaban
acariciando suavemente su ano. Era una sensación peligrosamente rica. Una
sensación muy placentera que la hacía desesperar en sus ataduras. Una y otra vez
los dedos hurgaban hasta que algo muy pequeño se deslizó dentro de ella. Una
pequeña cosa en forma de cápsula se deslizaba cada vez mas adentro, luego otra
mas, y otra mas aun ingresaron en su ano. Desconcertada, Vicky se tomó fuerte de
la camilla anticipandose a lo que vendría. De repente, esas cosas en su ano
comenzaron a vibrar tambien, y su cuerpo entonces se volvió una sinfonía de
gemidos y de contracciones deliciosas e involuntarias mientras su mente
suplicaba que se detuvieran, que ya no aguantaba mas. En el medio de esas
sensaciones, un fuerte azote cruzó su trasero haciéndolo arder. Tras ese azote,
y sin darle tiempo a respirar, otro mas, y otro mas... y otro mas. Vicky aullaba
y lloraba sintiendo como sus nalgas ardían como fuego mientras sus entrañas se
derretían en el mas absoluto y delicioso placer. Por varios minutos Vicky sintió
como la castigaron fuerte y duro. Los primeros azotes eran planos y ardientes,
provocando areas muy ardidas y sensibles sobre la ya castigada piel de ella.
Luego los azotes se distribuyeron en varios azotes fuertes a la vez, y supo de
inmediato que estaban usando un latigo de varias colas en su trasero. Luego de
eso vinieron varios impactos mas certeros y agudos que la hicieron rabiar y
desesperarse. Vicky vociferaba que se detuvieran, rabiaba desesperada entre
tantos azotes.


-Por favor... que se detengan.... ya no maaaaaas... te lo
suplico..- le rogaba al guardían.


-Harías cualquier cosa para que se detuvieran ¿verdad?-
preguntó el guardián.


-¡¡Cualquier cosa!! ¡¡Pideme lo que quieras!!- le rogó ella
con ojos bañados en lágimas


Delante de sus ojos el guardian se abrió la túnica. Una verga
enorme y brillante se erguía frente a sus ojos. Ella no la llegaba a ver por
completo por sus ojos bañados en lágrimas, pero sus manos abrazaron las nalgas
del guardián y lo acercaron a su boca abierta de par en par y desesperada.


En cuanto dió dos o tres chupadas al enrojecido miembro del
guardian, Vicky sintió como los hombres del otro lado dejaban de azotarla. Los
vibradores continuaban manteniendola jugosa y excitada mientras unos toscos
dedos se regodeaban en los verrugones que habían quedado marcados en sus nalgas.
Ella se retorcía cada vez que las manos le acariciaban las doloridas marcas, y
poco a poco sintió como su cuerpo se relajaba. Sin mirarlo siquiera a los ojos,
continuaba mamando la cada vez mas tiesa y enorme verga que ocupaba toda su
boca. El guardián ahora la tenía de los cabellos y usaba su boca como si de su
sexo se tratara, violándola sin piedad y golpeando la cabeza de su verga contra
su campanilla y pidiendole paso a su garganta cada vez con mas insistencia.


De repente, los hombres del otro lado quitaron los aparatos
de su sexo y su ano, pero pocos segundos despues Vicky abrió los ojos
sorprendida al sentir una verga hundirse en su sexo de un solo movimiento. Se
sentía delicioso y la llenaba por completo en un solo movimiento. Mientras ese
hombre entraba y salía de dentro de ella, el otro hombre le acomodaba las
piernas, y de repente, otra verga pugnaba por abirle el ano. Vicky gritó con la
verga del Guardian en la boca, pero la mano de él firmemente tomada de sus
cabellos no le dejó escapar. Presionaba mas y mas dentro de su garganta hasta
que, con una sensación de atragantamiento la cabeza pasó apenas su garganta
hundiendose mas dentro de ella.


-Bien adentro fresita... eso es... tu sabes como hacerlo- le
decia el


-Mhhhnnngggggg- gritaba guturalmente ella.


La otra verga, por el otro lado se hundía ya en su apretado
ano y su cuerpo sentía sus aberturas estiradas y penetradas al máximo. Eran tres
vergas entrando y saliendo de ella con rabia y violencia, y su cuerpo usado para
satisfacer los hombres en sus mas bajos instintos. Muy dentro de ella Vicky se
sentía hervir de excitación. Toda esa situación la ponía excitadísima. La estaba
volviendo loca.


De repente, Vicky no supo explicarse bien porqué, pero sin
poder detenerlo, un orgasmo increible la devastó en todo su cuerpo. Ondeaba como
una hoja en el viento mientras se sentía poseida por cada poro de su piel, por
cada centimetro de su cuerpo, toda ella era una sensación de placer increible.
Las palmas de sus manos se apretaban sobre los muslos del guardián intentando
quitar esa enorme verga de su garganta. Sus muslos se tensaban sintiendo el
delicioso roce de la suave piel de las vergas sobre las zonas mas sensibles de
su sexo y su ano. Sus orificios se sentían arder de la tensionada apertura de
ambos a la vez mientras una sensación de plenitud llenaba su vientre por todos
lados. Podía sentir tambien la presión que los hombres hacian de una verga sobre
la otra, solo separada por la sensible y delgada pared interna que separaba su
ano de su vagina.


Las contorsiones y los espasmos del cuerpo de Vicky
continuaron por un rato largo. En cuanto un orgasmo se calmaba, el otro
comenzaba a crecer mas fuerte y mas rico unos segundos despues. Los hombres no
terminaban nunca de moverse dentro de ella y de arrancarle mas y mas gemidos de
placer. Muy pronto las lágrimas volvieron a brotar de los ojos desencajados de
Vicky. Esta vez no era dolor lo que sentía, era un placer tan grande que no
cabía en su cuerpo. Sus ojos se entrecerraban de vez en cuando dejandose ir en
oleadas de inmenso placer. La mente de Vicky estaba enloquecida. Ya no sabía
cuanto mas podría aguantar antes del próximo desmayo. Era como si su cuerpo ya
no le perteneciera, como si solo fuera dueña de su mente. Todo el placer la
estaba haciendo traspirar y gemir como nunca lo había hecho.


De repente, el guardián que la violaba por su boca comenzó a
temblar y contorsionarse. Unos espasmos y una respiración agitada precedió a una
violenta descarga que el hombre, sin siquiera intentar quitarse, descargó dentro
de la boca de ella. Vicky sintió que el asco la invadía, pero los espasmos de
las vergas dentro de su vagina y su ano la sacaron de ese trance llevándola a un
último orgasmo tan fuerte que casi la desmaya. Con su boca derramando el regalo
del guardián por sus comisuras Vicky respiraba agitada sintiendo como los
espasmos de los hombres dentro de sus orificios le hacian ver estrellas de todos
colores y placeres impensados jamas por su mente. Antes que pudiera darse cuenta
había escupido y tragado los restos de semen del guardián, y su cuerpo caía
límpiamente sobre la camilla envolviendose en una paz y en una relajación tan
profunda que apenas si podía mover sus manos laxas cayendo a ambos lados de la
camilla.


En ese momento la pared entremedio de las dos habitaciones se
levantó nuevamente. Con paciencia y sin apuro, luego de guardar su verga, el
guardián comenzó a desatar el cuerpo de la joven de la camilla. Aun desatada,
Vicky no podía moverse, estaba agotadísima y sus musculos no le respondían. Solo
podía seguir con sus ojos apenas entreabiertos por el cansancio al guardian que
se agachaba a un lado de ella y le besaba los pechos, el vientre y le acariciaba
sus castigadas nalgas con devoción.


-Te has portado de maravilla fresita.- dijo el guardián


-Espero que lo hayas disfrutado en forma y que no dudes en
invocarme nuevamente.- le dijo al oido besándole la mejilla una vez mas.


En ese momento, una nube de luz intensa cegó a Vicky que
sintió un sueño profundo y cayó rendida en un desmayo. Era como si una nube de
algodon la trasportara a otro mundo, como si de un sueño pasara al siguiente.


Era de madrugada cuando Vicky despertó en el medio de su
cama. Su cuerpo traspirado y cansado parecía haberse repuesto poco y nada de la
violentisima sesión de hacia unas horas. Aun podía saborear el gusto del semen
en la boca y podía sentir los verrugones en sus nalgas productos de os azotes.


-¿Fue real?- se preguntó Vicky intrigada y asustada.


De un solo movimiento levantó las sábanas sobre su cuerpo.
Estaba vestida con su camisón como todas las noches. Abrió la parte de adelante
del camisón y examinó sus pechos. No había rastros de nada. Se paró y caminó
lentamente, con su entrepierna adolorida y cansada hasta el espejo de cuerpo
entero en la otra pared de su dormitorio. Con trabajo se quitó el camisón y
encendió las luces. Se miraba una y otra vez frente al espejo sin poder hallar
rastro alguno de los azotes. Sin embargo, los recuerdos y aun las sensaciones de
sus nalgas adoloridas permanecían en su mente. En su boca aun permanecía el
sabor tan extraño de la descarga que había recibido. Sus manos lentamente
acariciaron la piel. Al rozar sus pezones los sintieron sensibilizados, como si
todo hubiera sucedido en realidad. Al pasar la mano suavemente por la piel de
sus nalgas sentía como si las estuviera pasando por la piel señalada por los
azotes que hacia poco había recibido.


Era como una especie de magia. Una magia especial que hacia
que solo ella pudiera sentir en su cuerpo y en sus manos lo que había vivido.
Los demás veían un cuerpo impecable, sin rastros agunos de lo sucedido. Por un
momento Vicky se sintió contrariada. Caminando lentamente se acercó hasta la
cama y se recostó nuevamente. Miraba al techo como perdida, como absorta en un
millon de pensamientos. Cerró los ojos suavemente y como un sueño, como una
sucesión de imágenes y recuerdos, todo lo que había pasado hacia unas horas
volvía a ella en imágenes.


Vicky sonrió. Por un momento pensó que había enloquecido. No
podía ser tan real. No podia ser que sintiera todo y que su cuerpo no tuviera
las señales de lo que había pasado, pero asi era. Miró a su mesa de noche. Allí,
entre otras cosas estaba el llavero con todas las llaves de la casa. Vicky
volvió a sonreir. Lentamente y con un gran esfuerzo se volvió a levantar. Esta
vez caminó hasta el pasillo que unía su dormitorio con el living. Ahi, a un
costado estaba la puerta del sótano.


Buscando en su llavero una y otra vez Vicky encontró una
llave muy poco usada, casi nueva, que colocó en la cerradura de la puerta del
sótano. Giró dándole dos vueltas completas y la guardó en su palma cerrada
apretándola muy fuerte.


-Por esta noche fue suficiente.- murmuró con una sonrisa


-Te estarás cerrada hasta que yo diga.- agregó señalandola su
puño cerrado


Lentamente caminó hasta su cama y se acostó. Por suerte al
dia siguiente no tenía ningun compromiso importante. Estaba tan exahusta que ya
pensaba en dar una excusa para ausentarse del trabajo al dia siguiente. En su
mano cerrada estaba todavía el llavero. Poco a poco fue quedandose dormida, y su
puño fue aflojando. Al fin, cuando se durmió del todo, el llavero cayó
ruidosamente al piso. Ahi, entre todas las llaves de su casa, entre todas sus
cosas, estaba el acceso a su secreto mas preciado a partir de ese momento. El
acceso a la puerta del sotano. El acceso a su submundo.



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Relato: El submundo (03 - Final)
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