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Relato: Enseñeme profesor (1)
Enséñeme profesor
Llevaba tres meses hablando con una persona por el chat, su
nombre es David, es un hombre mayor que yo, tenía 45 años, es profesor de lengua
en un colegio del cual su nombre no me ha revelado en aquel tiempo, no había
querido enviarme fotos, pero sentía que lo conocía de siempre.
Yo era una chica de 28 años, para mi la edad no es importante
si se quiere de verdad, si dos personas conectan como conectamos David y yo, la
edad es lo de menos, lo importante somos Nosotros.
Le deseo con toda mi alma, vive a pocos km de mi ciudad, pero
se habia resistido al encuentro, para él esta situación era difícil, la edad es
el problema cielo, es lo que me repetía constantemente, se que él me desea como
yo a él, no sólo es sexo lo que nos une, no solo es la unión física y el
bienestar del orgasmo, no, nuestra unión es mas… fuerte, soy suya siempre lo he
sido y es así como me siento y quiero sentirme en el futuro.
Un día en una de nuestras conversaciones vía móvil, la cosa
se calentó bastante y nos corrimos en un orgasmo maravilloso, la fantasía que
nos montamos en un momento nos transporto a lugares insospechados yo era su
sumisa y él era mi Amo, Dueño y Señor, al principio él sugirió la idea casi con
timidez esperando un rechazo por mi parte, al no encontrar tal rechazo se
aventuró a adentrarse mas en la fantasía y a que los dos nos metiéramos de lleno
en el papel representado, siempre he sabido que David tiene mucho poder sobre
mi, es capaz de excitarme con unas palabras, no necesita nada mas, pero esa
noche… me hizo llegar al borde de la locura, de la desesperación, su
comportamiento a veces tierno y a veces distante hizo que me excitara como nunca
antes lo había hecho.
- Desnúdate para mi, para tu Amo y ponte frente a un espejo-
me dijo en un tono sensual y a la vez duro, su voz traspasó mis defensas y se
incrustó en mi cerebro, le contesté –si, mi Amo- accioné el manos libres del
móvil y me despojé de mi ropa y me fui al espejo del armario que es de cuerpo
entero, como si me estuviera mirando su voz volvió a sonar para decirme que le
describiera fielmente mis pechos mientras me abría de piernas ofreciendo mi
sexo, piensa que el espejo soy yo, a esas alturas yo ya estaba completamente
empapada, notaba el bello de mi sexo húmedo y al separar mis piernas sentí una
sensación placentera de frío en ese volcán que ahora era mi coño. Con la
respiración agitada y muy excitada le fui describiendo mis pechos, no son
grandes pero tampoco muy pequeños, se abarcan en la mano, mis pezones estaban
como piedras apunto de estallar pidiendo a gritos ser lamidos, ser mordidos, ser
tocados y usados por mi Amo, así con estas palabras fui describiendo mi cuerpo,
cuando llegamos a la zona de mi sexo, este ya estaba casi en erupción, sentía
como el flujo salía una y otra vez a cada orden de mi Amo, él no me había
ordenado que lo tocara, por lo que obedientemente aguante los impulsos de mi
cuerpo y lo único que hacía a petición suya era frotarme el pubis suavemente con
una mano mientras mis caderas se movían salvajemente como si estuviera follando,
la cara que veía en el espejo no parecía la mía, esa cara de deseo parecía mas
la de una puta, que lo haría todo por una polla, que la mía, esa idea me excitó
muchísimo y casi estuve al borde del orgasmo, lo reprimí como pude, mordiendo
salvajemente mis labios hasta casi llegar a hacerme sangre, ya que mi Amo David
me lo había prohibido explícitamente,- espera a que yo te lo ordene ni se te
ocurra correrte ¿has oido?-Ssi mi Señor- le dije temblando de placer y de
emoción y rogando ser fuerte y poder tener tanto poder sobre mi cuerpo como él
me estaba pidiendo, en ese instante mi único objetivo en la vida era satisfacer
los caprichos de mi Señor por insignificantes que fueran, desde ese momento lo
comprendí, esto no era un juego, era lo que yo siempre había deseado, me había
rendido a sus pies, era suya, le pertenecía, siempre lo había sabido, pero nunca
me había parado a pensar en ello, Él lo había notado, sabía que yo le pertenecía
y hoy estaba ejerciendo su derecho sobre mí y sobre mi cuerpo, ese pensamiento
me lleno de felicidad y de deseo, moví mis caderas mas frenéticamente, de mi
garganta salían auténticos jadeos de placer y de deseo contenido
– rózate el coño, pero no el clítoris, eso todavía no- no me
acerque a la zona del clítoris, porque sabía que con ese grado de excitación tan
enorme que tenía en el momento que lo rozara explotaría en un orgasmo de
increíbles dimensiones por lo que me dedique a rozar un poco mis labios, jugar
con mi bello y acariciar el agujero de mi vagina, pero sin penetrarlo – separa
tus labios y descríbeme tu clítoris, ahora- con movimientos temblorosos y voz
entrecortada le dije que mi clítoris estaba hinchado caliente y muy húmedo, me
preguntó aproximadamente sus dimensiones, mis ojos casi no veían, estaba sudando
de deseo contenido, no podría aguantar mucho tiempo, le dije que no sobresalía
de mis labios, mi voz ya no era mas que un susurro, estaba al borde de las
lágrimas no podía aguantar más – tócate, putita, se que lo deseas, venga dale
brío a ese clítoris, y correte, al oír esas ansiadas palabras me corrí al
instante, sin haberme tocado, en un orgasmo gutural y enorme que me hizo gritar
de deseo y de placer,- te has corrido verdad zorra?, incluso antes de rozarte el
clítoris, menuda putita que tienes escondida en tu cuerpo niña, mmmmmmmmmm será
un placer descubrirla, vamos rózate el clítoris hazte una paja y correte, y
cuando lo hagas bríndaselo a tu Amo, venga-, separe mis piernas y me dedique a
frotar el clítoris, estaba inundado, ríos de flujo recorrían mi coño, mis dedos
resbalaban por esa piel tan sensible dándome un placer que nunca antes había
sentido, dos dedos se introdujeron en mi coño casi solos por la lubricación que
tenía, empecé a jadear nuevamente una y otra vez hasta que llego el merecido
orgasmo, el cual como se me había ordenado se lo brindé a mi Señor David y caí
rendida al suelo ya que mis piernas eran incapaces de sostenerme, mi Amo también
se corrio sus gemidos de placer me llenaron de orgullo, había sido una buena
sumisa, le había dado placer a mi Amo, al final cuando estábamos exhaustos y con
los nervios todavía a flor de piel, me dijo: -te necesito, deseo tenerte de
verdad, no esta tortura del chat y del teléfono.
Continuara….
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Relato: Enseñeme profesor (1)
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