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Relato: De esposa ejemplar a ramera empedernida (15) De Esposa Ejemplar a Ramera Empedernida XV
MI Marido
Bueno, ¿cómo están? Recordarán que la última vez que nos
vimos quedé de ir con Angie a la capital para ayudarla en una despedida de
soltero. Les inventé una excusa a mis suegros, les dije que saldríamos varias
personas de la oficina hacia Zacapa, en donde vive mi hermana Laura, autora de
todas las historias de Garganta de Cuero, con quien supuestamente me quedaría a
dormir para su tranquilidad. Claro, muy convenientemente dejé mal escrito su
teléfono por si se les ocurría llamarme.
Salimos temprano en el carro de Angie, y llegamos antes del
medio día, lo que nos dio el tiempo suficiente para descasar y arreglarnos muy
bien. Era un día martes, 3 días después de mi encuentro con Braulio y Alma, la
tarde fresca y agradable auguraba una noche similar, ninguna espera complicación
alguna.
Como a eso de las 5, salimos al sitio de la reunión, se
trataba de una elegante bar, que poseía una plataforma para espectáculos. El
lugar era muy discreto, excelente para este tipo de fiestas, aunque aparentaba
ser de lo más normal. No estaba muy lleno, de hecho medio vacío, el martes es un
día muy flojo. Solo se miraban hombres de negocios, elegantemente vestidos,
platicando con mujeres sensuales, visiblemente prostitutas por la ropa que
traían. Pero lo que me llamó la atención fue el hecho de que el bar no estuviera
alquilado solo para aquello, sino que tuviera entrada libre.
Así quieren esos, son meros tacaños. Pero bueno, no te
preocupés, que hicieron un convenio con el dueño del bar, nos va a pagar por
el show, y luego ellos por aparte. Es que el que lo organizó es mi amigo…
verás, no es necesario que terminemos encamadas con ellos después… de hecho no
creo tener ganas de hacerlo. Lo único que quieren es el show, pues parece que
el agasajado es algo tímido y no querrá llegar a más.
A vaya, es que me había extrañado.
Tranquilita nena, que soy yo la que lo está organizando.
Mirá, como no llevo carro le pedí a mi amigo el Perro que me llevara de
regreso, voy a aprovechar para presentártelo.
¡Al fin voy a conocer al famosos Perro de Alquiler!
Si, el también está ansioso por conocerte…
Entonces inició el show, yo me senté en la mesa del
agasajado, un joven administrador, se veía muy educado y algo cortado por el
ambiente, me cayó bien. Me presentaron como una amiga del organizador de todo,
un compañero de trabajo algo mayor que el. Como siempre. con el nombre de
Teresa. Por su lado, Angie hacía las delicias de todos los presentes.
Ella era muy buena, estaba dando vueltas en el tubo de la
pista. Vestía una falda de cuero gris, hasta los tobillos y de vuelo ancho;
chaleco de zipper, de cuero negro y semi abierto en el pecho, dejando ver un muy
buen escote; guantes negros hasta más allá de los codos, y máscara negra cerrada
por atrás con un candado. Traía además zapatos negros de tacón de aguja,
bastante altos y amarrados hasta las pantorrillas, el show era algo fetichista.
Luces tenues, iluminación discreta, casi romántica, y Angie
despojándose de su faldón, mostrando una ceñida licra roja y con una delgada
tirita en la parte posterior que se le metía profundo entre sus nalgas.
Lentamente el lugar se había llenado hasta el tope, todos hombres muy bien
vestidos que parecían venir directamente de sus oficinas.
El ambiente estaba propicio para que se armara una orgía. Las
parejas se encontraban besándose apasionadamente, acariciándose sin pudor
alguno. Aquel era uno de esos bares en donde el sexo era común. Son sitios poco
conocidos, frecuentados por hombres calientes y mujeres fáciles. Sitios que no
llaman la atención para no ser tan obvios. Mi amiga ya se estaba abriendo el
chaleco, enseñando un minúsculo sostén rojo que comprimía y apenas lograba
contener sus hermosos senos rosados, tan turgentes.
Muy despacio, mientras daba vueltas en la barra, se revolcaba
y contorsionaba en el suelo como un gusano y se acariciaba todo como la
auténtica ramera que era, Angie se despojó del brasier, quedando con los pechos
desnudos, exhibiendo 2 sexys argollas doradas en sus rosados pezones, no sabía
que las usaba, de hecho nunca las llevaba puestas. Eran joyas delgadas y muy
coquetas que ella manipulaba, se jaloneaba y lamía. El público estaba que
estallaba del calor.
La licra tardó poco en desaparecer también quedando solo con
una delgada y microscópica tanguita roja, que no eran más que tiras con encaje.
Se la jaloneaba y se la metía ya no solo entre las nalgas, sino también entre
sus labios mayores que brillaban intensamente rojos por la excitación que esa
puta tenía. También me calentó a mi.
Ahora venía la parte en la que yo participaba…
Como parte del show, ella se colocó con lujo de coquetería y
lujuria un collar negro para perro, con clavos platinados, y su correa. Se
colocó en 4 patas y gateó por la pista. Los hombres de seguridad luchaban por
contener al montón de calenturientos que reclamaban a gritos a esa mujer.
Entonces yo fingí salir espontáneamente de entre el público y Angie me invitó a
entrar a la pista en ese preciso instante, tendiéndome la mano. Y los que
estaban en la mesa aplaudieron emocionados, y todo el público también.
Angie me tomó de la cabeza y me plantó un largo beso,
profundo, con lengua y todo. Las 2 cerrábamos los ojos y lo gozamos
intensamente. Todos me gritaban "dale morenaza, dale". Debo decir que me siento
muy orgullosa de mi físico, y en aquellos días no era la excepción. Piel morena
clara, cabello ondulado negro, ojos cafés y rasgos hermosos, mis medidas no son
muy grandes por arriba, pero si por abajo: 80, 61, 99, una mujer infartante.
Las 2 hembras nos manoseábamos, calientes, ávidas, lo
disfrutábamos mucho. Bailábamos en la pista muy sensualmente… bueno, en realidad
nos restregábamos, y todo el bar nos gritaba y chiflaba, pedían más acción,
mucha más acción… y nosotras se las dimos.
Me puse a bailar de espaldas a amiga, que me manoseaba
pasando sus manos sobre mis senos, estrujándolos y apretándolos, devorándome a
besos. Nos sentamos en una silla que se había colocado estratégicamente en la
pista, Angie me metía las manos entre el escote y logró sacar uno de mis senos,
prendiéndose a el con pasión, era como si quisiera arrancármelo con los labios.
Yo, estando de pié de frente a ella, cerraba los ojos y sonreía feliz, para
luego besarla e ir bajando con los labios poco a poco. Pasé por su cuello,
lamiéndolo y chupándolo. Luego por sus senos, en donde volví a parar a lamerlos,
chuparlos y mordisquearlos, jalándole las argollas de sus pezones. Sus gemidos
no se podían escuchar por la música del ambiente, pero gemía fuerte. Continué
bajando hasta llegar a sus genitales, en donde me arrodillé entre sus piernas
abiertas, separé sus labios y le pasé la lengua encima, chupándola y lamiéndola
allí mismo, frente a la vista de todos, sin el menor recato.
Y yo que siempre había querido ser una mujer fiel y
conservadora, ahora me convertía en una gran chupapusas. Pasaba mi lengua entre
la mojada y lubricadísima raja de Angie, metiéndola lo más que podía. Logré
apoderarme de su clítoris con los labios y la transporté hasta la estratosfera.
Su orgasmo calentó más todavía al público.
Mi amiga me quiso devolver el favor y me comenzó a tocar por
todas partes. Sacó mis chiches de su blusa escotada y me la quitó. Prendida a
mis pezones, me bajó lentamente el pantalón de lona y me dejó en un coqueto
calzoncito blanco con encajes rosados pálidos. Le abrí las piernas en un obvio
mensaje, y la puta de mi amiga lo entendió de inmediato, se arrodilló a mis pies
y entró con la lengua al frente. Metió sus manos entre las cálidas capas íntimas
de mi sexo, introduciendo sus dedos entre mi más que caliente raja. Comencé a
gemir del placer, rápidamente los movimientos comenzaron a ser de mete y saca, y
la diestra lengua de mi amiga surtió efecto. Estallé en un orgasmo que no
intenté disimular en lo más mínimo. Gemí y grité, mientras gruesas gotas de
sudor resbalaban por mi frente.
En cuanto me calmé un poco, tomé una copa con Angie y brindé
con ella por nuestra amistad y por esa noche, tomándome de un solo el contenido.
Luego brindé con mis acompañantes, por la felicidad de nuestro joven agasajado.
Después del espectáculo, fui a ver a Angie a los vestidores.
Mirá, los muchachos quieren que los acompañemos a bailar.
Mmmm… no sé vos, no sé… mi amigo tiene algo, tiene cara
como que se quiere morir y no es cansancio… andá tu si querés…
¿Yo sola con los 3?
Ellos son confiables, todos unos caballeros, te aseguro que
no te harán nada que no querrás…
Bueno. – decidí irme con ellos, un dinero extra no me caía
mal.
Pero en medio de la disco, mientras bailaba con uno, sentí mi
celular vibrar entre mi pantalón. Lo tomé y vi que se trataba de Angie. Me
disculpé un momento con mis acompañantes y salí a contestar.
¿Aló Angie, qué pasó ?
Lucy… Lucy… – su tono triste y preocupado me preocupó a mi.
¿Angie, pasó algo?
Lucía, no me preguntés como es que lo sé, no me preguntés…
tu esposo Arturo, te vio en la pista esta noche.
¡Eso no puede ser posible Angie! ¡El no pudo, no!
Estaba allí… Lucía, llamalo, creo que tienen muchas cosas
que arreglar…
Me puse a llorar como una desesperada, uno de mis
acompañantes se preocupó y me preguntó que qué tenía, obvio, no le conté, solo
le dije que eran problemas familiares. Les pedí que me llevaran a la casa de mi
hermana Majo, que se asustó al recibirme, solo le dije que andaba en con mi jefe
y unas compañeras y que se pusieron bolos, así que pedí que me dejaran con ella.
No quise ir con Arturo, continué, porque se habría molestado mucho.
Pero antes de llegar con ella, paramos en un teléfono
público, a orillas de la carretera y llame, marqué el número del que, por muchos
años, había sido mi hogar, mi dulce hogar.
Aló…
Aló…
…-…
¿?… ¿Aló?, ¿Arturo, amor?
Hola…
Hola mi vida… ¿cómo te va? – qué pregunta tan estúpida.
Bien… – mintió sin duda – ¿y a ti?
Pues… allí, bien también…
Qué bueno…
Si…
…
…
…
Te extraño, quiero verte…
Mmmm…
…y es que, Arturo, quiero hablar contigo… tenemos que
hablar…
Continuará…
Garganta de Cuero
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Relato: De esposa ejemplar a ramera empedernida (15)
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