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Relato: Gordo en vacaciones (1)

Relato: Gordo en vacaciones (1)

  

GORDO EN VACACIONES (1)


CAPÍTULO I: GIRO IMPENSADO



 



3 de febrero de 1986.


10 AM.


Pleno verano.


Día soleado.


Ni una sola nube.


Calor abrasador.


 


Iba conduciendo por la carretera próximo a cumplir los
habituales sesenta minutos de viaje rumbo a Piriápolis, uno de los más hermosos
y tranquilos balnearios de Uruguay, ubicado a 100 kilómetros exactos de
Montevideo.


 


Sol, playa, paz y tranquilidad era lo que me esperaban para
los veinte días de mis merecidas vacaciones en la modesta casa familiar que
hasta hacía unos días habían compartido mi madre con mi hermano menor, que
habían vuelto a la capital por compromisos laborales, y yo aproveché la ocasión
para intentar descansar sin ninguna clase de compañía de un largo año de ardua
labor.


No tenía la intención de hacer otra cosa que no fuera
exactamente eso, descansar. Francamente, ni siquiera me había hecho a la idea de
tener sexo en lo absoluto. Al menos, no esta vez.


Aún tenía frescos los recuerdos de lo sucedido poco tiempo
atrás, y no estaba de ánimo para iniciar una nueva relación.


Como dije, sol, playa, paz, tranquilidad y punto.


Mientras veía cómo me adelantaban algunos vehículos en el
camino, pensaba en lo agradable de desconectarse absolutamente de cualquier
problema, ya fuera de trabajo o familiar, o quizás incluso de algún mal de
amores o como en mi caso, y para ser completamente honesto, la total falta de
ellos.


Hacía mucho tiempo que no iba a veranear completamente solo,
ya que normalmente algún familiar me había acompañado en otras oportunidades,
pero este año tuve la precaución de pedir mi licencia en el trabajo para
combinar el momento justo en que la casa iba a estar completamente vacía y
disponible sólo para mi.


 


Una leve brisa entraba por la ventanilla del automóvil, pero
estaba seguro que el calor sería casi insoportable si me hubiera visto obligado
a detener la marcha por cualquier motivo.


Divisé a lo lejos el cerro Pan de Azúcar con su gigantesca
cruz en la cima, clara señal de que ya estaba muy próximo a mi destino, lo que
me hizo pisar el acelerador para llegar cuanto antes y darme un chapuzón en las
transparentes aguas del océano Atlántico.


Apareció el siguiente poste indicador de la ruta que marcaba
el kilómetro 89, revelándome que en pocos minutos más, y casi restando diez
kilómetros de pura rambla costanera, ya estaría refrescándome en la playa, desde
donde ya se vislumbraba sumamente tentadora con unas olas inmensas que rompían
contra la costa y cubrían toda la orilla con abundante espuma.


 


Aminoré suavemente la marcha apenas llegué a la última curva
perteneciente a Playa Hermosa y tras vencerla aceleré otra vez, mientras me
maravillé nuevamente con el paisaje del segundo balneario más importante del
país, perdiendo su lugar sólo por la majestuosidad de Punta de Este, un paraíso
ubicado exactamente a 50 kilómetros más aún hacia el este.


Crucé el puente de entrada al balneario y vi el clásico
cartel de "BIENVENIDOS A PIRIÁPOLIS"


Sol, playa, paz y tranquilidad.


Respiré hondo inundando mis pulmones con el aire fresco,
obviamente muy diferente al de la ciudad, que a pesar de tener tan sólo un
millón de habitantes, cada vez parecía estar más contaminada.


Pasé por el frente del hotel más famoso del lugar, el
Argentino, y dos cuadras más adelante, me vi obligado a detener la marcha a
causa de una aglomeración de gente que poblaba la estación de autobuses. Una
multitud cruzando la avenida hacia la playa y varios grandes vehículos de
transporte internacional que traían pasajeros de los países vecinos estaban
obstaculizando el tránsito.


En otra oportunidad, posiblemente hubiera estado molesto por
la situación; a quién se le ocurriría llegar justo en el momento más inoportuno
que se pudiera encontrar; pero lejos de enfadarme, sonreí. No tenía ningún
inconveniente con ello, ya que estaba extremadamente calmo pues ya había
llegado, ya estaba en mi destino, y eso era lo único que me importaba.


Respiré hondo nuevamente.


Paz y tranquilidad.


Qué importancia podía tener el estar demorado allí unos pocos
minutos, si en poco tiempo más iba a estar disfrutando de las olas del mar
rompiendo contra mi sudoroso cuerpo?


Observé los autobuses que estaban estacionados en frente
mismo a donde yo seguía detenido y todos continuaban repletos de pasajeros que
aún permanecían sentados dentro de los vehículos. Pensaba que yo no podría
resistir ni siquiera un solo segundo estando allí con este calor infernal y
rodeado de tanta gente. Además, odio hacer viajes tan largos en vehículos
terrestres, ya que solamente lo había hecho en una sola oportunidad y el culo me
había quedado tan chato que casi debí volver a hacerme la raya.


El tránsito seguía detenido, y observé ahora a los pasajeros
que comenzaban a descender lentamente de los transportes.


De repente divisé a través de una de las ventanillas cerradas
una sombra que me pareció perteneciente a una persona inmensa que se levantaba
en ese preciso momento de su asiento. No logré tener una visión realmente clara
de la persona, por lo que no pude dar demasiado crédito a mis ojos, pero de
todas formas no desvié la vista de ese lugar, y traté de enfocar mejor.


Los pasajeros de ese autobús en particular, comenzaron
igualmente a descender en forma muy lenta en ese preciso instante.


Sentí un par de bocinazos de los vehículos que aguardaban
detrás del mío a que continuara mi marcha o bien los dejara rebasarme.


Caramba, ya se había descongestionado el tránsito y yo
distraído con un pasajero del autobús.


Pero qué mierda! La curiosidad mató al gato.


Ya me había picado el bichito y no podía irme sin ver y
comprobar qué tan grande era esa persona. Solamente necesitaba regodear mi
vista, y sin más trámites me marchaba de allí.


Ahí mismo encendí la señal para estacionar el vehículo y lo
hice como es costumbre, en forma perpendicular al cordón de la rambla misma y
quedando de espaldas al autobús.


Miré por el espejo retrovisor y traté de ubicar a la persona
que había visto con anterioridad. Primero me aseguré que ya no hubiera
descendido, y cuando estuve muy seguro de ello, moví el espejo enfocando
nuevamente hacia el autobús. Finalmente logré ver otra vez la imagen de alguien
muy grande con tan solo dos personas por delante, ya próximas a abandonar el
vehículo.


Supongo que nadie puede dudar a esta altura, que cuando yo
digo "una persona muy grande", está suficientemente claro a lo que quiero
referirme exactamente.


Bajó el primer pasajero, luego una mujer, y comencé a
excitarme antes mismo de ver a la persona que continuaba sin visualizar con
claridad a través de los cristales del transporte.


Por Dios santo.


Mi miembro se disparó como un reflejo apenas el primero de
sus pies se desprendió del último escalón del autobús con destino inevitable
hacia las baldosas de la acera. Tuve que girar yo mismo para ver en vivo y en
directo sin tener ningún obstáculo entre mi visión y su persona y quedar
completamente seguro que el espejo no estaba distorsionando la imagen.


Una persona del sexo masculino, no menos de 170 kilos de peso
y no más de 170 centímetros de altura, lo que lo hacía parecer aún mucho más
gorda de lo que era, y eso ya es decir demasiado, había descendido del autobús.
Lo que más me llamó la atención de este gordo era que tenía toda la piel muy
oscura, no negro, sino que total y completamente bronceado, el color de su
cabello y su extravagante indumentaria, que nunca habría pasado inadvertida para
nadie, ni mucho menos para mí después de ver el imponente tamaño de su cuerpo,
que supongo que si hubiera pasado a toda velocidad por ese lugar en el preciso
momento en que él descendía del vehículo, lo hubiera visto igualmente sin ningún
lugar a dudas, y me hubiera visto obligado a clavar los frenos pudiendo haber
causado algún accidente.


Bajé de mi vehículo, y ya excitado, sin querer reconocer
talvez que en realidad la palabra más exacta para describir mi estado real en
ese preciso momento era ‘desesperado’, crucé la calle, y como vi que él estaba
en la parte trasera del transporte fui por el lado opuesto, hacia delante,
ocultándome con el mismo vehículo hasta ubicarme al costado de la ventanilla del
conductor como para poder verlo mejor sin quedar totalmente al descubierto. Lo
hice corriendo lo más rápido que pude con temor a perderlo entre la multitud.


Quedé suficientemente alejado, pero viendo al gordo casi de
frente, y al notar que estaba distraído, y siempre pendiente de su equipaje, lo
pude observar detenidamente sin tener que disimular en lo absoluto.


Hola adrenalina, te estaba extrañando.


Mi miembro seguía duro, pero tenía puesto un short bastante
amplio que disimulaba mi erección. Sólo un poco, porque en determinados momentos
parecía como que la tela se fuera a rajar en cualquier momento por la presión.


El supergordo vestía bermudas de color azul claro que le
llegaban hasta las rodillas que se veían gigantes, al igual que sus pantorrillas
que eran igualmente gordas. Un par de tobillos sumamente gruesos hacían juego
con todo el resto de su cuerpo. Estaba calzando ojotas que soportaban todo ese
tremendo peso, y dejaba al descubierto esos anchos pies de ensueño, y ya desde
el lugar en que me encontraba, podía saborear con mi vista sus dedos gordos y
muy cortos, anhelando poder chupar todos y cada uno de ellos como si fueran
sabrosas golosinas.


Una musculosa amarilla que le quedaba bastante ajustada era
la única prenda que cubría su torso y dejaba ver completamente sus brazos
desnudos, revelando todo lo gruesos y gordos que ya había supuesto que eran
desde la distancia en que lo había visto por primera vez. Su cuello era
igualmente grande, al igual que su oculto pecho que se dibujaba muy abultado por
sobre una gigantesca panza.


Mismo desde el lugar donde me encontraba ahora, le podía
distinguir el par de pezones que se le marcaban como erectos e inmensos por
sobre la prenda, que lograron que se me hiciera agua a la boca. La ropa que
llevaba puesta estaba tan húmeda por su transpiración que ya se veía casi semi
transparente.


Todo el cuerpo visible lo presentaba como un lampiño total,
haciendo trabajar mi imaginación a ritmo vertiginoso, y mi mente se inundó de
pensamientos lujuriosos como por ejemplo el que hubiera pagado una fortuna en
ese mismo instante sólo para revisar y comprobar las partes no visibles de ese
obeso que suponía que debían tener alguna vellosidad instalada. Me quedaba la
duda con respecto a su pecho cubierto, aunque ya descartaba que en sus genitales
y axilas debería por lo menos haber un poco. Sólo ese pensamiento hizo descargar
a mi aparato reproductor una cantidad de líquido, que aunque escaso, temía que
se trasluciera por sobre mi short.


 


Estaba tan absorto deleitándome con la imagen del gordo que
cuando me


dispuse a analizarle el rostro, me quedé petrificado cuando
vi que él me estaba mirando fijamente.


Oh, Dios, no!


Qué vergüenza!


Casi con seguridad me había descubierto cómo lo desnudaba con
la mirada; y cuando hago eso, no me limito solamente a realizarlo con mi mente.
Estoy seguro que algún gesto inoportuno siempre se me escapa, y no podría
asegurar que él no me hubiera sorprendido en ese desliz.


 


Me puse rojo de vergüenza, y disimuladamente, y como quien
está distraído completamente, desvié la mirada hacia otro lado muy lentamente.




Soy un pelotudo, lo sé. Pero no me gusta ser tan evidente.


A los pocos segundos, volví a mirarlo nuevamente girando la
cabeza con la misma lentitud con la que mi vista se había apartado de su
humanidad, teniendo el temor de que él estuviera mirándome todavía, pero me
tranquilicé cuando vi que había vuelto a estar pendiente otra vez de su
equipaje.


 


Aproveché la ocasión, y di la vuelta por detrás del autobús,
para colocarme ahora directamente a sus espaldas, comprobando que él se había
adelantado un poco quedando más cerca del compartimiento de las maletas, que aún
permanecía cerrado, y sin ningún personal de la empresa de transporte todavía en
ese lugar.


Me arrimé lo más cerca que pude hacia él quedando casi pegado
a su cuerpo, aspiré todo lo más fuerte que mi disimulación me lo pudo permitir,
y casi me muero de un síncope allí mismo cuando un aroma a transpiración,
suavizada por un poderoso desodorante, pero para nada desagradable, inundó mis
fosas nasales.


En ese mismo momento, deseé tener aunque más no fuera por
unos instantes a ese hombre a mi disposición, para lo que él quisiera. Sin
ningún tipo de límites. No tenía ganas de hacer nada más que lo que él me
dejara, o me pidiera. Hasta me juré ser su esclavo por el resto de mis
vacaciones si con eso me aseguraba la posibilidad de tener a este ángel de mis
sueños en mi cama ,o simplemente de sentir esa piel transpirada secarse contra
mi cuerpo, o pensándolo mejor, si tuviera la oportunidad de elegir, de
permitirme saborear ese sudor salado que le brotaba a chorros por sus poros. En
pocas palabras, me moría por secarlo con la lengua.


Supongo que si le preguntaba si había alguna posibilidad que
él me lo permitiera hacer, no se opondría, no?


Total, qué tenía para perder, si ni siquiera lo conozco.


Lo peor que me podría pasar es que me terminara armándome un
escándalo delante de todo este gentío; aunque tendría más para ganar que para
perder, porque lo mejor que podría suceder sería que acabara llevándomelo para
mi casa y finalizáramos revolcándonos en el suelo, en la mesa del comedor, en la
cama matrimonial, y en cuanto lugar se nos ocurriera para saciar ese apetito
sexual que me estaba casi desesperando.


Pero no, lamentablemente yo no soy así.


Tal vez sea vergüenza, o quizás el miedo al rechazo, pero no
puedo hablar abiertamente con un gordo, y mucho menos a uno que no conozco en lo
absoluto y decirle lo que siento por él, y tanto menos explicarle lo que me
gustaría hacer con él. Por lo menos, no antes de saber más acerca de su persona.


No iba a negar que ésta era una situación por demás insólita.


Un gordote completamente desconocido había logrado que mi
vista hiciera desaparecer casi literalmente a todo ese gentío infernal que
pululaba alrededor nuestro.


Como todo seguía sin ningún tipo de movimiento, decidí
concentrarme en observar minuciosamente todo su cuerpo, ahora por detrás.


Las bermudas largas estaban empapadas de transpiración en el
centro mismo de la prenda y verticalmente por sobre toda la raja misma de su
culo. Su trasero era gigantesco y lo desnudé con la mirada teniendo la certeza
de lo sabroso que debía estar. Ya podía adivinar un par de gruesos muslos por
debajo de esas voluminosas nalgas, que me hubiera gustado dejar al descubierto
allí mismo y en ese preciso momento, para secarle la raja con la lengua. Y lo
que me habían parecido en primera instancia y estando frente a él por el otro
lado del vehículo, un par de bermudas bastante más holgadas, tuve la agradable
sorpresa de tener que reconocer mi error al verlo por detrás y admirar cómo se
le dibujaba el trasero sobre la prenda mojada y cómo se mantenía muy tirante
toda la tela por sobre sus glúteos, caderas y muslos, cosa que me hizo
enloquecer cuando teniendo la certeza que la indumentaria no se iría a romper,
deseé en lo más profundo de mi ser, el tener el poder mental para lograrlo, y
seguramente hacerlo en ese momento para poder eyacular finalmente dentro de mis
shorts sin siquiera haberme tocado para nada, y calmar de una buena vez por
todas esta desesperación que me estaba causando todo este paisaje que tenía ante
mis ojos.


Por todos los cielos, qué espalda que tenía este tipo. Nunca
había visto una de esas dimensiones tan cerca de mí.


Advertí de improviso que varios de los pasajeros que estaban
allí hablaban en portugués, por lo que deduje que el gordo también venía de
Brasil.


Sol, playa, paz y tranquilidad, volví a pensar.


Y si pudiera agregar un obeso a mis vacaciones?


Por qué no?


Mi excitación ya era inaudita, pues casi siempre mis gordos
eran de piel blanca o en el mejor de los casos algo bronceaditos, pero este
hombre era marrón café y su piel tenía mucho brillo, diría yo como cuando te
untas con aceite, y todo fruto del calor y de su abundante y constante
transpiración, que impulsaba a mi lengua a salirse de la vaina en todo momento.


La única parte de su cuerpo que era de un color un poco más
claro eran las palmas de sus manos. Me detuve en ellas, y noté que al igual que
sus pies, poseía unos dedos muy gordos y extremadamente cortos.


Continué con la exploración de este ser que ya me tenía más
que fascinado, y llegué al cabello que lo tenía muy corto, casi como rapado,
pero lo que me causó gracia es que lo llevaba teñido completamente de rubio
oxigenado. Ya conocía la fama de extravagantes que tenían los brasileños.


Intentaba verle los pechos, aunque desde mi posición no lo
pude hacer, cuando me vi interrumpido de repente.


"Pero qué é o que acontece nesse lugar que fá esa demora?"
Dijo el gordo sorpresivamente en voz fuerte y extremadamente muy gruesa y ronca,
casi con un grito hacia nadie en particular y en un tono de turista.


Solamente con escuchar la voz de macho de este obeso por
primera vez, me aflojaron las piernas, y estuve a punto de desplomarme.


No estaba dispuesto a perder la oportunidad que me estaba
brindando en forma tan fortuita, y aproveché para tomar la pregunta para mí
mismo e intentar entablar una conversación.




"Parece que la cosa está demasiada lenta, verdad?" Dije como si yo también
estuviera esperando por mi propio equipaje.


"Sí. Esa é a primeira ocasiao que eu venho aquí, e no
esperaba que se tratase a os turistas desse modo. Qué vergonha!" Me contestó
girando la cabeza, y sorprendiéndose apenas me vio. Volvió la vista hacia el
frente del autobús, y me devolvió la mirada nuevamente, dejándome la convicción
de que él tenía la certeza que me había visto un momento antes en aquel lugar.


Me sonrojé un poco nuevamente


"No se enoje. Voy a intentar averiguar cuál es el problema."
Atiné a decir como para disimular, y sin esperar su respuesta, entré al local a
preguntar a una empleada que se hallaba escribiendo detrás del mostrador.


Por lo menos había escapado de una situación que se me estaba
tornando un tanto incómoda. No estaba seguro de cuánto tiempo era el que me
había estado viendo cuando estaba en frente de él, pero casi con seguridad no
pude haber disimulado todas mis sacadas de lengua como un perro cuando lo iba
desnudando con la mirada, y ciertamente él lo tendría que haber notado al menos
en alguna oportunidad.


 


"Disculpe, tengo invitados de Brasil que están desesperados
por salir de aquí, y no pueden recuperar sus maletas." Dije, y me sentí un
estúpido porque me ignoró totalmente. " Por favor, hace un rato muy largo que
esperan. Hay algo que se pueda hacer para evitar que se pongan furiosos?"
Insistí, y ante su completa impavidez, decidí continuar, deseando poder lograr
aunque más no fuera una mera respuesta de su parte. "Esto no es verdaderamente
una buena publicidad para esta empresa. Seguramente el viaje no tuvo ningún
inconveniente, pero por esta demora, tiran por tierra todo lo bueno que han
hecho con los pasajeros hasta ahora."




"Pero cómo que no hay nadie repartiendo el equipaje?" Preguntó al fin como si no
hubiera escuchado la primera parte de mi alocución, o en el mejor de los casos,
quizás esta persona debía ser demasiado lenta como para poder asimilar todas las
palabras con las que le había apabullado; y para confirmarme esta última
posibilidad, y como si fuera víctima de un efecto retardado, comenzó en ese
mismo instante a demostrar realmente estar sorprendida. "Disculpe las molestias,
un segundito que ya le mando a alguien." Dijo con una sonrisa estúpidamente
falsa dibujada en su rostro, y tomó un teléfono.


Por Dios, toda esta gente pareciera que estuviera
continuamente como cumpliendo con todo lo escrito en un manual, o en todo caso
actúan como robots que no se salen de lo programado ante nada, y cuando se
presenta un inconveniente como éste, sonríen estúpidamente y no saben qué hacer.


De todas formas, me esforcé mucho y le devolví una de las
sonrisas lo más estúpida e igualmente falsa posible que me salió, para no
desentonar con la de ella que aún permanecía inalterable.


Bueno, no sé realmente por qué me estaba enfadando con esta
persona, aunque pensándolo bien, supongo que era porque me estaba haciendo
perder tanto tiempo allí, que bien podría haber aprovechado para seguir
admirando a ese gordo de ensueño.


Tan grande fue mi sorpresa, que mi sonrisa se acrecentó
espontáneamente y se volvió sincera, cuando mientras salía nuevamente al
exterior vi a alguien detrás de mí que iba corriendo hacia los compartimentos de
los equipajes.


Me acerqué al gordo, que me estaba mirando sorprendido y
sonriendo.


No soy experto en sonrisas, pero ésta, sí me sonaba sincera y
amigable.


"Oh, muito obrigado." Me dijo. "Eu sou Edson, pero meus
amigos me chaman Pelé, mesmo como o rei do futebol." Y me ofreció su mano
mirándome fijamente. "Vocé é alguém importante nesse lugar?"


No pude contener mi carcajada.


"No, para nada. Sólo quería ayudar." Respondí a su saludo que
casi me destroza la mano por la fuerza con que me la apretó y literalmente sentí
un terrible cortocircuito con el contacto físico. "Yo soy Zesna. Es ésta la
primera vez que vienes aquí a Uruguay?" Y me quedé mirando la mano que estaba
completamente mojada con su transpiración, realizando un esfuerzo supremo para
evitar lamérmela en ese preciso instante y en su presencia.


"Sí. Uns amigos que estuvieron aquí os anos anteriores, meu
dizeron que Piriápolis é muito bonito, e quiz venir a experimentar." Mientras me
hablaba noté que me miraba de una forma un tanto extraña, que me ponía nervioso.
Me tenía clavado los ojos encima, y realmente no estaba muy acostumbrado a que
lo hicieran.


Ya su acento entremezclado que denotaba un esfuerzo por
alternar palabras en español con su portugués, me tenía maravillado; la forma
muy labial que pronunciaba me tentaba a partirle esos gruesos labios carnosos de
un beso.


Sería posible que me estuviera seduciendo?


No había pensado en la posibilidad de llevármelo para mi casa
en una primera instancia, al menos, no seriamente, sino que sólo intentaba
deleitarme con la vista aunque más no fuera unos momentos y fantasear un rato
con su imponente figura, pero si existiera la más mínima oportunidad de hacerlo,
definitivamente no la iba a perder, ni siquiera necesitaba en lo más mínimo el
tener que pensarlo más de una vez


"Si. Realmente es precioso." Noté que a pesar de su mezcla
idiomática, o quizás posiblemente a causa de ello, yo no tenía inconveniente
alguno para comprender absolutamente todo lo que me estaba diciendo. Y agregué
como al pasar. "Además hay muchas chicas bonitas por aquí." regalándole un guiño
de complicidad.


No sé realmente por qué hice ese comentario tan fuera de
contexto, tal vez mi subconsciente me obligó a realizarla como buscando un
atajo, pero al recibir su respuesta, me alegré realmente de haberlo hecho; y
después de reponerme de lo totalmente atónito que me había dejado su sincera
contestación, ya que no me esperaba de modo alguno su franqueza, me vi tentado a
dibujar una sonrisa en mi rostro, que intenté disimular por todos los medios
haciendo un esfuerzo supremo.


"Isso meu ten sim cuidado algúm, porque eu sou puto."


Plop!


Así, tal cual. Sin ningún tipo de anestesia, y con esa voz
gruesa y ronca.


Ahora fue él quien me miró al rostro con atención para ver mi
reacción, y no pude disimular que estaba total y realmente sorprendido. No
quería tener que verme el rostro en un espejo en ese momento, así, sin mover un
pelo, con la boca entreabierta, casi sin emoción como cuando dejas congelada una
imagen en tu aparato de dvd.


Absolutamente todo lo que estaba sucediendo me tenía
sorprendido.


En primer lugar, que él fuera tan directo, pues no estoy
demasiado acostumbrado a tratar con gente tan abierta, ya que siempre mis gordos
habían sido discretos como yo y todas mis relaciones con ellos se habían dado en
forma natural, sin ningún apuro. Aunque este gay parecía discreto al máximo, ya
que nunca jamás hubiera adivinado que fuera homosexual, y mucho menos después de
escucharlo hablar. De todas formas esto también era realmente algo novedoso en
mis experiencias. Nunca había tenido ni siquiera un encuentro con alguien que
era abiertamente puto.


Ahora finalmente terminé de comprender esa mirada que me
había estado dando desde el primer momento que nos vimos.


Yo le gustaba.


Eso también me causó sorpresa, ya que no estaba acostumbrado
a ser seducido por un obeso. Bueno, en realidad tampoco era yo el que lo hacía
directamente, pero sí era el que buscaba a mi gordo y finalmente terminaba
encontrándolo. Siempre todas las relaciones se nos fueron dando muy lentamente,
tomándonos nuestros tiempos, pero nunca así, de repente, a los pocos minutos de
habernos conocido, y mucho menos en un lugar tan público como una terminal de
autobuses.


Bueno, eso no era precisamente una queja, sino simplemente un
comentario, en realidad no tengo nada de qué quejarme.


 


Cuando logré reponerme de su insólita respuesta, decidí ver
qué tan lejos iríamos a llegar.


"Dónde piensas quedarte?" Dije ahora bajando la voz,
intentando sonsacarle la mayor información posible, ya que él definitivamente
también me gustaba. Y en demasía.


"Ten apontado os nomes do uns hospedajems que me han
recomendado meus amigos." Noté que su mirada seguía siendo incisiva, casi como
queriendo penetrar literalmente mi piel con ella; por supuesto que reconocía esa
mirada, me resultaba muy familiar, yo la utilizaba cada vez que me quería comer
a un hombre como él.


Estaba rogando que no se decidiera darme un beso allí mismo
delante de tanta gente, porque eso era lo que hubiera hecho yo en ese preciso
momento en que le estaba viendo directamente a esos ojos chiquitos, verdes
claros e insertados en esa cara regordeta complementada con un par de mejillas
igualmente obesas. Ojos que desaparecían casi por completo toda vez que una
sonrisa se dibujaba en sus labios.


"Y te acompaña alguien?" Pregunté con ansias de saber si
realmente había viajado solo.


Ahora yo también lo estaba mirando de la misma forma, con
ojos, boca, nariz y con todo lo que te lo permita hacerle el amor mentalmente a
la persona que deseas. Nuestras miradas se cruzaron en más de una oportunidad,
mientras seguían su camino hasta completar la exploración del resto de la cara.


"No, eu venho sozinho. E vocé?" Preguntó sin ningún
preámbulo, bajando también la voz, y sumándose así a mi forma de mantener la
conversación un poco más privada, acercando un poco más su rostro al mío. "Vocé
tem algúm problema con que eu seja puto?" Dijo mordiéndose el labio inferior que
lo tenía sensiblemente más carnoso que el superior y sin quitarme la vista de
encima.




Mi respiración y ritmo cardíaco ya estaban lo más agitados que podían estar,
casi a un paso de sufrir algún colapso o taquicardia y la temperatura de mi
sangre estaba llegando a su punto máximo de ebullición. Ya no me quedaba ninguna
duda con respecto a sus intenciones: él estaba intentando seducirme.


Como consecuencia de que era la primera vez que no era yo el
que tomaba la iniciativa, además de excitado, estaba completamente perturbado;
aunque la excitación me ganaba, y para ser completamente honesto, como siempre,
la perturbación no era desagradable en lo más mínimo.


Me gustaba lo que sentía ya que estaba experimentando
sensaciones en mi cuerpo completamente diferentes a las conocidas hasta ese
momento. Y no estoy hablando de una sola, sino de múltiples, que se estaban
expresando en forma de escalofríos, temblores, y todo tipo de espasmos que
hacían brotar toda la gama de líquidos que mi cuerpo estaba despidiendo, llámese
transpiración, saliva y hasta incluso líquido preseminal. Mi miembro latía
estrepitosamente, y la misma sensación que uno tiene cuando está orinado y
deliberadamente hace cortar el chorro, me invadía en forma repetida, constante e
incontrolada, lo que lejos de irritarme, me hundía aún más en un placer que me
llevaba a límites desconocidos para mi hasta ese momento.


Había mucha pausa entre una frase suya y mis contestaciones,
y viceversa, dándome la pauta que él también estaba sintiendo cuanto menos
alguna clase de síntomas similares.


"No, en realidad no tengo ningún problema." Dije
agradeciéndome el no haber huido de allí en ningún momento, y sintiéndome mucho
mejor por haber dejado fluir las cosas de esa manera casi desde el comienzo sin
forzar absolutamente nada. "Yo también viajé sólo, y acababa de llegar cuando me
tuve que detener por el embotellamiento de tránsito que se había formado aquí."
Intentaba disimular, pero no podía evitar desviar la vista hacia sus inmensos
pechos que ahora tenía de frente, casi tocándome el brazo derecho, y que se
traslucían por dentro de su prenda ajustada y totalmente embebida en su
transpiración. Cuando lo hice por tercera vez, me sorprendió viéndomelo hacer.


"Lá é meu bagagem." Dijo de pronto con un grito desviando la
mirada, y salió corriendo hasta llegar allí y apoderarse finalmente de su
equipaje.


Lo vi bambolear ese gigantesco trasero de derecha a
izquierda, y no me pude contener en morderme levemente mi labio inferior. Quería
explorarlo con nariz y lengua y saborearlo completamente. Si tuviera la
oportunidad, le permitiría abrir esas tremendas nalgas y sentarse sobre mi cara
para realizar todo lo que le viniera en gana. Absolutamente todo. Cuando deseas
con todo tu ser que alguien te cague literalmente encima, realmente matarías, si
con eso te aseguraran poder poseer a esa persona.


Él no era afeminado en lo absoluto, por lo que teniendo en
cuenta que ningún movimiento ni ademán hacía suponer que ese tipo fuera
homosexual, cualquiera podría haberlo hecho pasar como el más macho de los
machos, y sobre todo cualquiera que lo hubiera escuchado hablar.


"Tienes alguna reserva hecha en algún hotel?" Pregunté una
vez que se volvió a acercar ahora con dos bolsos grandes en su poder.


"No, eu no meu enfadaría se alguém quisera invitarme a pasar
meus vacaciones a sua casa. É que existe a troca aquí em Uruguay?" Preguntó
nuevamente bajando el volumen de su voz y ya siendo por demás explícito.


"Ven, que tengo el vehículo ahí enfrente." Dije, loco de
excitación por la forma tan sencilla que se me había presentado todo, y sin
ánimo de darle la oportunidad que pudiera arrepentirse de su oferta.




Pensé en lo agradecido que debería sentirme por haber estado con mi vehículo en
el hora exacta, en el lugar indicado, para encontrarme con el embotellamiento
frente a la terminal de ómnibus; de lo contrario, me hubiera perdido
completamente la oportunidad de ver a semejante gordote y por ende toda la
posibilidad de lo que pudiera suceder después.


Nuevamente el destino me había jugado una excelente carta.


Cruzamos hacia mi automóvil y tras abrir el baúl para que
pudiera poner su equipaje dentro, me acomodé tras el volante y abrí la puerta
del acompañante para disfrutar verlo entrar al automóvil.


Se sentó desde afuera, con los dos pies apoyados en la calle,
y entró primero su pierna izquierda, y luego la siguiente hasta terminar de
acomodarse en su lugar. Recién ahora notaba la real dimensión de su trasero y
muslos, que sobrepasaban los límites de su asiento. Su rodilla izquierda rozaba
inocente e inevitablemente la derecha mía


"Oia, vocé no tem a aparencia do puto, pero lo é, no é certo?
O surprendi meu viendo da maneira que vocé lo á feito en mais de uma ocasiao."
Me dijo una vez que terminó de acomodarse en la posición más cómoda para él y
como para evacuar ya las últimas dudas, si era que aún le quedaba alguna, y
estar completamente seguro antes de seguir avanzando, siempre en forma directa y
sin preámbulos mientras continuaba recorriéndome todo el cuerpo con la vista.


"En verdad los únicos hombres que me gustan son solamente los
muy gordos." Confesé, ahora mirándonos a los ojos sin siquiera pestañear, para
que ya no tuviera ninguna clase de dudas.


"E eu soi muito gordo. No é?" Preguntó cayendo finalmente en
la certeza que él no se había equivocado en lo más mínimo conmigo.


Asentí con una mirada por demás reveladora de lo mucho que me
gustaba.


"Tú tampoco pareces puto en lo más mínimo." Le confesé, con
la única intención de conocer su comentario al respecto.


"Jajajaja. Úrsula no dice lo mesmo." Dijo, riéndose a las
carcajadas.


"Úrsula?" pregunté sorprendido completamente.


"É muito extranho conhecer alguém al que le resulten gostosos
os gordotes como eu. No é muito comun. Além disso en meu país discriminan muito
a os gordoes como nos. Si vocé ter o corpo musculoso e belo, é seguro que a cama
é asegurada prá vocé." Dijo con un dejo de tristeza en su rostro. "En cambio,
nos..." Y dejó deliberadamente la frase sin terminar, como dejando entrever lo
necesitado que estaba, pero ignorando completamente mi pregunta.


"Mira, aquí también sucede eso. Pero para que te quedes
tranquilo, tú sí eres muy bello, la belleza es siempre de acuerdo al cristal con
el que se mira, y si tú fueras musculoso no tendrías para nada asegurada mi
cama."


Ups, se me escapó.


Pero creo que fui absolutamente explícito.


No?


Me miró sonriendo, como disfrutando de mis palabras.


"Sempre diz esos piropos a os gordoes?" Preguntó.


"No, únicamente si los gordos son tan lindos como tú." Dije,
y agregué "Qué sería lo primero que quisieras hacer?"


"En primeir lugar, gostaría meu dar uma ducha, já que eu me
sento muito sujo con tudo ese calor. Tem tudo o cuerpo asquerosamente molhado."
Dijo, y yo estuve seguro que fue en forma inofensiva, pero me hice a la idea que
lo suyo era una invitación explícita, y antes de que yo pudiera responder,
continuó formulándome una pregunta inesperada. "E qué é o que le gostaría fazer
a vocé antes que nada?"


 


No tuve que pensar ni un solo segundo para responder, tenía
por demás claro lo que quería hacer.


"Lo primero que haría, sería cumplirte los deseos de quitar
toda la humedad de tu cuerpo, pero lo que yo tengo en mente está un poco alejado
de lo que tú estabas pensando."


Supongo que adivinó en parte lo que yo le quería decir en ese
momento porque me dijo:



"Sospeito que esas serán meus mais bonitas ferias en muito tempo."


"Y las mías también!" Agregué.


Ambos nos quedamos viéndonos a los ojos por largo rato sin
siquiera tocarnos, y después comenzamos a explorarnos todo el cuerpo con la
vista como si literalmente nos estuviéramos desnudando con los ojos. Esas
miradas se sentían como si fueran manos las que estuvieran explorando. Sentí
cuando me miró el pecho y me lo acarició con sus ojos, y cuando su vista llegó a
mi entrepierna, un salto de mi pene respondió como reconociendo que su mirada se
había posado sobre él.


La respiración comenzó a agitársenos dentro del automóvil
escuchándose en estéreo, y el volumen de los jadeos de ambos creció
proporcionalmente a la excitación que nos invadía en ese momento.


Miré a través de la ventanilla cómo todo el gentío que pasaba
por el costado del automóvil ni siquiera se percataba del remolino de excitación
y del alto grado de combustión y contenido erótico que se estaba gestando dentro
del vehículo.


Me moría de ganas de abalanzarme sobre él, y supongo que él
también lo deseaba tanto como yo, pero era pleno día y esa misma multitud
anónima alrededor nuestro que iba y venía, me impedía hacerlo, ya que no me
hubiera sentido cómodo en esa situación tan expuesta. Quizás él no tuviera
ningún problema con ello, pues no le pregunté, pero yo prefería un ambiente más
íntimo.


Era casi mediodía, y le pregunté si tenía hambre.


Su respuesta me convenció de que era de los míos.


Tras contestar afirmativamente, me hizo notar mordiéndose
nuevamente el labio inferior y sin quitarme los ojos de encima, que no estaba
hablando del almuerzo.


"Eu ten hambre de vocé."


Encendí el vehículo, y me dirigí hacia mi casa ya en total
estado de desesperación. En el camino me detuve apenas un par de minutos para
comprar algunos platos fríos de comida casera, abundante ensalada de frutas y un
pote grande de helado de crema de vainilla. Decidí hacerlo antes de llegar a
casa, porque nadie me podría garantizar que iríamos a salir por el resto del
día, ni de la noche, ni de la madrugada siguiente.


Llegamos finalmente a mi casa y tras bajar los equipajes,
ingresamos a la vivienda, donde puse todo el comestible en el refrigerador, para
no tener que preocuparme posteriormente, y no interrumpir absolutamente nada de
lo que pudiéramos realizar con el gordo.


 


"Vocé é muito bonito, y estou muito obrigado de haverlo
conhecido." Me dijo una vez que hube acomodado las provisiones y cerré la
puerta. Me tomó del brazo, me apretó su cuerpo sudoroso sobre el mío apretándome
levemente contra el refrigerador, y me estampó un suave beso en la boca. Apenas
un toque de labios y con sonido, pero definitivamente un beso, al cual respondí
al mismo tiempo y del mismo modo, lo que formó una suave ventosa en nuestros
respectivos labios.


Bastó sólo eso, para que un sinfín de sensaciones extrañas
invadieran todo mi ser. Sangre, adrenalina y toda clase de fluidos estaban
recorriendo mi cuerpo a velocidad de vértigo.


Nos vimos nuevamente a los ojos sin pestañear, y sentimos el
aliento de uno sobre la nariz del otro. Los jadeos se intensificaron, y lejos de
dejarnos dominar por nuestros impulsos lujuriosos, nos separamos unos
centímetros como si nos hubiéramos puesto de acuerdo pero sin decirnos ni una
sola palabra, para seguir explorándonos con la vista, y mordiéndonos el labio
ante cualquier zona apetecible que encontrábamos en el cuerpo contiguo. Lo mío
fue una sola mordida de labios de principio a fin, sin ningún tipo de
interrupciones.


Cómo me gustaba este tipo!


Y cuando pensé en un primer momento que todo iba a ser una
irrefrenable orgía de a dos, revolcadas desesperadas, chupadas genitales y
culeadas salvajes, tuve la agradable sorpresa que él, del mismo modo que yo, iba
a disfrutar mucho más con movimientos tiernos, exploraciones lentas y caricias
suaves, sumando todos los sentidos capaces de disfrutar de la atracción sexual
que siente un hombre hacia su gordo, y viceversa. Lamidas y chupadas sí,
seguramente las iba a ver al por mayor, pero no de la forma como si estuviésemos
al borde del fin del mundo.


Me gustaba cuando se creaba este tipo de relación de
compinches. De saber qué le gustaba al otro sólo con la mirada, y de que eso
exactamente era lo mismo que le hacía disfrutar a uno mismo. Eso es muy fuerte.
Y mucho más en este caso, que ni siquiera conversamos con anterioridad ni
pusimos ningún tipo de pautas a seguir, excepto nuestros propios instintos,
deseos y gustos personales.


Me gustaba la empatía que ya era evidente entre nosotros, lo
que me hacía sentir muy cómodo con él, y definitivamente ya me inspiraba mucha
confianza.


Me hubiera gustado tener el poder de leer la mente, para
saber qué era lo que él estaba pensando en ese preciso momento. Pero para
aventurar algo, podría haber asegurado que tenía pensamientos muy similares a
los míos. Su carita de bebé regordete afeitada completamente al ras como si no
le creciera la barba, me enternecía cada vez que se la miraba, e inevitablemente
toda vez que se cruzaban nuestras miradas, ambos sonreíamos como dos tortolitos
fascinados uno con el otro.


Dios mío, no quiero enamorarme de este tipo!


No porque no lo deseara, sino porque ya conocía el desenlace
de esta relación de antemano. Estaba seguro de cómo iba a terminar el último
capítulo de esta historia. Al finalizar nuestras vacaciones, ambos volveríamos a
nuestras vidas cotidianas, a nuestro trabajo, a nuestras respectivas familias, y
difícilmente nos volveríamos a ver en el futuro, por lo que no quería ir más
allá de tener sexo con él. Sincero, agradable, potente, procurando su placer en
primer lugar como siempre, lo que me llevaría sin ninguna duda a gozar más de
esa forma, pero definitivamente sólo sexo, no quería volver a salir lastimado si
mis sentimientos tomaran el control de la situación.


Interrumpí sorpresivamente mis pensamientos cuando acercó su
nariz a mi cuello, y aspiró muy fuerte, disfrutando realmente de mi aroma.


Mmmmmmmmmm, exactamente como me gusta a mi. Todos los
sentidos!


 


 


"É que tudos os uruguaianos som asím de eróticos?" Preguntó
en forma de susurro sin dejar de explorarme toda la cara con su mirada.


"No puedo hablar por los demás, pero yo soy tan erótico
dependiendo del gordote que tengo al lado." Dije no faltando a la verdad en lo
absoluto.


"E eu que pensé que esas serían uns ferias muito aburridas.
Vocé no se imagina lo difícil que é encontrar alguém que no se assuste mesmo en
cuanto me ve. Vocé me fá visto muito bem, verdad?" Preguntó dejando entrever que
aún no podía creer lo que le estaba sucediendo.


"La verdad que no. Déjame ver." Le dije con una sonrisa
pícara, y acaricié sus rollos por debajo de la panza reiteradamente,
levantándosela una y otra vez, sintiendo su peso en las palmas de mis manos, y
luego llevando las caricias hacia los costados, mismo donde se encontraba su
tremenda espalda y continuando directamente hacia sus pechos cuyos pezones
estaban tan erectos como mi pene. "Bueno ahora que te he visto mejor, me gustas
más que antes." Confirmé.


Me tomó ambas manos, y las separó.


"Muito Obrigado. Estou muito agradezido por suas
demonstracoes de afeto. Agora sim, estou seguro de sua sincera predilecao por os
gordoes. Quisera darle un obséquio mesmo. Pra elo eu necessito ir para o banho."


 


Ya mi excitación era tal que no me apetecía mantenerme ajeno
absolutamente a nada de lo que él fuera a hacer en el baño.


"Qué es lo que vas a hacer allí?" Pregunté con curiosidad.
"No puedes ducharte." Y como no permitiría que fuera a hacer allí absolutamente
nada si yo no estaba presente, agregué. "Ni puedes orinar, ni siquiera cagar si
yo no estoy contigo." Dije con total sinceridad, y preso completamente de mi
morbosa excitación, y sin importarme en lo más mínimo lo que pudiera pensar con
mi solicitud.




"Oh, veo que vocé é mais caliente que eu mesmo." Dijo y continuó "No, eu quero
brindarle una surpresa. Algo que meu gosta muito fazer cuando encontro homens
especiaes, e agora que me aseguré de que a vocé le gusta muito como soi eu, no
ten dudas que tambén vai a adorar lo que voi a fazer."


Si lo que intentaba era sorprenderme, aseguro que lo había
logrado.


Si en cambio quería dejarme intrigado, juro por Dios que ya
lo estaba y mucho.


Le hice prometer que ni siquiera se iba a secar la
transpiración, ya que quería hacerlo íntegramente con la lengua, y su respuesta
de que sin ninguna duda me iba a permitir hacerlo, me dejó tranquilo.




"Eu no meu lo iría a perder por nada do mondo. Prometo mesmo."


Igual respuesta recibí cuando le pedí que no vaciara su
vejiga ni intestinos, y tras decirme que ya lo había hecho en el autobús antes
de llegar, me sorprendió que a él también le gustaba jugar con algunas cosas
sucias, e hizo la misma aclaración que yo hago habitualmente.


"Necessito estar bem caliente para fazer isso. Mais vocé no
debe preocuparse mesmo, porque lo estou, e muito."


Este gordote era de los míos, indudablemente.


Entró al baño, y lo hizo llevando consigo su equipaje aún sin
desempacar y entornó la puerta, sin cerrarla totalmente, que aunque no pude ver
el interior en ningún momento, y ni siquiera lo intenté hacer realmente para
poder disfrutar la incógnita y saborearla mejor posteriormente, era muy obvio
que me permitía escuchar los sonidos más claramente a que si lo tuviera que
hacer a través de la puerta cerrada.


Oí como corría el cierre de uno de sus bolsos y adiviné que
estaba quitando indumentaria de allí dentro, y de igual modo escuché apoyar
sobre la repisa que estaba por debajo del espejo varios frascos, posiblemente
desodorante, colonia, y alguna cosa más. Escuché que tomaba uno de ellos y sentí
cómo desenroscaba alguna tapita para luego sospechar que lo estaba usando sobre
sí mismo, sin saber qué era exactamente. Tomó otro frasco lo sacudió un par de
segundos y sonó dos veces un spray que me hizo tener la certeza que apenas roció
desodorante sobre alguna parte de su cuerpo. Otro frasco más y tras unos
momentos lo apoyó nuevamente en el lugar de donde lo quitó.


Nuevamente movimientos del equipaje, y algo que me sonó a
zapatos golpearon el piso. Escuché correr más cierres y por varios segundos noté
cómo movía nuevamente prendas de un lado para otro, hasta que de pronto me
pareció sentir algo lo más similar a cuando uno se está poniendo ropa encima.




Estaba loco?????


Cómo que poniéndose ropa????


Y me iba a dejar así de excitado????


Así de caliente????


"Oye, tú te estás vistiendo?" Pregunté entre desesperado y
totalmente confuso, rogando a Dios y a todos los santos que su respuesta fuera
negativa.


"Vocé aguarde, no é?" Dijo como para indicarme que todo
estaba bien, lo que me hizo pensar que seguramente yo estaba equivocado y no
sucedía lo que estaba suponiendo.


Pero no, igualmente no lograba tranquilizarme. Estaba seguro
que los sonidos que escuchaba eran de ropa y tenía la certeza que se estaba
poniendo las prendas encima.


La puta madre que lo parió.




Estaba jugando conmigo?


Y yo que pensé que estas vacaciones las iba a pasar mejor que
lo que realmente había pensado en primera instancia. A priori tenía la certeza
que esta vez la rutina iba a instalarse en mi vida, y de repente apareció este
adonis obeso como salido de un sueño, con la piel completamente oscura por un
bronceado parejo y completo, denotando que debía vivir en algún balneario
brasileño, cuyo clima suele ser de verano durante todo el año. Pero justo ahora
que me tenía en el punto máximo de mi calentura. Justo ahora que no podía dejar
de...




No terminé la frase.




Cuando se abrió la puerta, algo gratamente inesperado me hizo palpitar de nuevo
y aceleradamente los latidos de mi corazón de una manera que nunca creí que lo
fuera hacer teniendo la visión que tenía frente a mis ojos.


Me quedé anonadado por varios motivos.


Uno de ellos me hizo pensar otra vez en lo insólito de
haberme encontrado con este gordo y de la forma en cómo lo hice. Como si el
muchas veces reconocido pero esquivo destino hubiera estado escrito a fuego,
para que de una forma u otra ese encuentro debía ser más que inevitable, y darme
la certeza de que por su culpa, o gracias a él, podría cambiar alguna cosa en
mis gustos sexuales en el futuro, ya que abrió la puerta de una opción que nunca
pensé que se me pudiera abrir.


La sola posibilidad de fantasear con lo que estaba viendo,
casi me hace eyacular en ese mismo momento, nuevamente sin siquiera tocarme. Por
suerte me contuve, porque sino me hubiera perdido la posibilidad de conocer por
primera vez una sensación extrañamente novedosa hasta ese momento, que alteró
por completo la forma inofensiva en que había pensado pasar estas vacaciones, y
sin ningún lugar a dudas, también de algunas de mis futuras relaciones.


Lejos aún de ser la única sorpresa, fue la primera de una
larga sucesión de agradables e inesperadas nuevas experiencias, que durante los
siguientes días me obligaron a reconocer que aún no conocía absolutamente nada
en cuanto a placer, goce, excitación y un largo etcétera de sensaciones que
comenzaron exactamente en el preciso momento en que se abrió la puerta del baño.


Lo que se llama literalmente, y sin ningún lugar a dudas, un
giro impensado e insólito, aunque agradablemente bienvenido en mi vida.


==============


CONTINUARÁ


 



Relato: Gordo en vacaciones (1)
Leida: 711 veces
Tiempo de lectura: 31 minuto/s





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