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Relato: Gordo en vacaciones (3)
GORDO EN VACACIONES (3)
ÚLTIMO CAPÍTULO: FINAL INESPERADO
Tras quitarse la minifalda, y quedando solamente con la calza
como única prenda que le cubrían aún sus partes más privadas y ocultas, tomó la
posición como de estar sentado directamente sobre mi cara, para dejarme todo su
enorme trasero a milímetros de mi rostro.
Con un gran cucharón en su mano derecha la llenó de ensalada
de frutas, y con su izquierda se abrió la calza por detrás, dejando caer el
postre directamente sobre su culo y por dentro de la prenda.
Mis ojos se abrieron descomunalmente, porque ni había
siquiera imaginado esa posibilidad, pero ahora mi mente ya se estaba adelantando
a pasos agigantados a lo que seguiría a continuación.
Estaba completamente seguro que no iba a salir de esa cama
sin tener alterado completamente todo mi sistema nervioso, pero eso en realidad
me importaba muy poco porque estaba disfrutando absolutamente de todo y con
todos mis sentidos.
La fruta se deslizó por dentro de la lycra, manchándola con
sus colores.
Úrsula acercó su traste lentamente a mi rostro, y cuando ya
estaba resignado a que debería hacer algún esfuerzo como antes para llegar a
semejante manjar, ella se sentó literalmente sobre mi rostro, aplastando con su
culo la fruta contra mi boca y nariz embadurnándome con su pulpa y sus
respectivos líquidos.
Intenté lamer y chupar todo el jugo posible que le chorreaban
por los gordos muslos. Se lo hice notar, levantó uno de ellos y los puso a
disposición de mi lengua que la secó rápidamente. A continuación realizó lo
mismo con el otro, que sin ningún sacrificio de mi parte igualmente lamí y chupé
hasta dejarlo igualmente limpio.
El sabor era básicamente de jugo de naranjas con mezcla de
otras frutas. Todas ellas estaban allí parcialmente visibles dentro de la prenda
transparente, y yo intentaba distinguir a qué fruta correspondía cada uno de los
trozos que estaban apretados contra sus nalgas.
Me introduje un pedacito dentro de la boca al azar con la
prenda incluida. La chupé, y sentí el sabor del durazno. Cuando creí quitarle
todo el jugo, la apreté con mis labios, y seguí succionando hasta absorber casi
toda la pulpa, pasando a continuación a realizar el mismo trabajo con otra
fruta, y luego otra, y después una más, y continué haciéndolo con ganas de
quedarme con toda la porción disponible. Manzana, ciruela, frutilla, naranja,
ananá, pera y kiwi fueron fácilmente absorbidas por mi golosa boca, que de tanto
en tanto se sorprendía por un arrebato de locura de Úrsula, que me refregaba su
agujero nuevamente por sobre la boca y nariz, el cual me hacía desesperar por no
poder romperle la calza y saborear la fruta que se le impregnaba en el mismísimo
orificio anal con cada embestida.
El sólo pensar en que la gorda parecía que estuviera
defecando la fruta que yo me estaba engullendo, me hizo casi llegar al éxtasis.
Al ver un gran bulto sobresaliendo de su calza por el trasero, me resultaba por
demás erótico teniendo en cuenta lo excesivamente caliente que estaba.
La única fruta que no pude hacer pasar por la prenda de lycra
fue la banana. Le quité todo el jugo que tenía impregnado de otras frutas, y la
chupé conociendo de antemano que ni una sola gota propia se desprendería de
allí, simplemente porque no la tenía.
Fue en el momento en que pensé que ya había consumido todo lo
disponible, que Úrsula se bajó repentinamente la calza por detrás, dejándome al
borde de un ataque cardíaco por lo imprevisto de la situación, y por ver lo muy
profundo de su raja de donde continuaba goteando el líquido frutal.
"Vocé ainda quer mais?" Preguntó como si hubiera otra
respuesta a su pregunta, y nuevamente se dejó caer sobre mi boca que comenzó a
chupar desesperadamente en todas direcciones mientras la lengua estaba
enloquecida lamiendo cada parte de ese delicioso trasero.
No veía ni siquiera un solo vello tampoco en esa parte de su
cuerpo, y no podía ver más allá de la prenda que dejaba al descubierto semejante
raja hasta su agujero negro.
Ya no pensaba en absoluto en mi miembro que continuaba de la
misma forma, estando al borde mismo del colapso.
Introduje la lengua lo más profundo que pude, y noté cómo su
orificio me invitaba a penetrarlo. Latía enloquecidamente cada vez que la punta
de mi lengua lo rozaba. Hice presión allí, y apenas logré meter la puntita pero
como el esfuerzo que hacía por llegar era descomunal, muy a mi pesar mío desistí
de continuar con el intento.
"Úrsula, tengo ganas de orinar." Dije cuando finalicé de
secarle todo el ano.
"Ainda asim? Vocé no poderá esperar um poco mais? Ainda no
finalizo con vocé." Me dijo como para que me dejara de molestar que todavía
tenía más cosas en mente.
Tomó nuevamente el cucharón, la cargó con más ensalada de
frutas, y esta vez, se abrió la calza por delante, y la descargó directamente en
su entrepierna.
Los latidos de mi corazón se incrementaron porque adiviné
como iba a terminar esa acción, finalmente iba a conocer sus genitales que hasta
ese momento eran todo un misterio absoluto para mi.
Úrsula giró 180 grados, dejándome el bulto tremendo, ahora de
su entrepierna, producto de la fruta jugosa que desprendía cuantioso líquido por
doquier a meros milímetros de mi boca,.
Lamí desesperadamente todo lo que estuvo a mi alcance. Desde
ambos muslos hasta su panza que sobresalía majestuosa por sobre la prenda, ella
se encargaba de ponerlo todo en mi boca y por ende, yo ya no debía hacer más
esfuerzo que chupar, lamer y mordisquear.
Puso finalmente todo el bulto frente a mi boca y lo apretó
hacia adentro de ella con ímpetu hasta que mi paladar se vio inundado por una
cuantiosa cantidad de esa mezcla de líquidos.
Seguí chupando una y otra vez. Manzanas, naranjas, frutillas,
duraznos, peras, kiwis, ananás y ciruelas no se resistieron a la tentación de
ingresar a mi boca a través de la lycra después de mucho esfuerzo de prensar,
triturar y chupar con los labios con mucho ímpetu. Un duro y compacto trozo de
banana quedó abandonado en el camino por no poder extraer de él nuevamente ni
siquiera una pequeña muestra que pudiera ingresar a mi cavidad bucal, era
inútil, ni siquiera podía intentar aplastarlo ni desmenuzarlo. Al hallar un
segundo, me resigné a que iba a ser imposible probar banana en el día de hoy,
así que lo chupe secándolo otra vez, y de repente, noté que Úrsula se retorció
de una forma que no había visto anteriormente.
Seguí buscando más fruta, pero ya no era lo mismo. Ella no
reaccionaba de la misma forma. Posiblemente cuando estaba chupando y apretando
con los labios la banana le debería estar rozando alguna parte sensible, y
entonces busqué nuevamente aquel trozo duro e indeformable del plátano que había
tenido en la boca hacía unos segundos y comencé a repetir la tarea.
Lo lamí, apreté con los labios, chupé y comencé a succionar
comprobando que efectivamente la banana debería estar tocando una parte muy
puntual de la gorda, porque la estaba literalmente matando de placer.
Mordisqueé, tironeé hacia mí y volví a succionar con mucha
fuerza, como para intentar esta vez por lo menos hacer pasar a mi boca aunque
más no fuera una partícula de esa fruta rebelde, la menos jugosa que haya
conocido jamás, y que seguía en franca resistencia.
El trozo de banana era diminuto pero me tenía intrigado el
placer que le ocasionaba. Hasta pensé que la gorda estaba operada finalmente, y
la banana le estaba penetrando los labios vaginales. Entonces lo tomé nuevamente
con los labios, y en lugar de succionarlo para mi, empujé y lo aplasté contra su
cuerpo como para que le terminara de penetrar la vagina, si eso era lo que en
realidad acontecía.
Supongo que lo hice, porque la banana se hundió dentro de su
entrepierna. Quedé mirando con sorpresa, cuando nuevamente la banana apareció
muy lentamente para ubicarse en el lugar que ocupaba un segundo antes.
Continué chupando por varios minutos más cuando de pronto mi vi sorprendido
cuando la banana comenzó a soltar líquido caliente dentro de mi boca.
Recién en ese instante, me percaté de qué era en realidad lo
que había estado chupando durante un largo rato. El semen de Úrsula era muy
espeso y de poca cantidad, apenas lo que ocuparía la capacidad de una cucharita
pequeña de té, pero no tuve dudas de lo que había sucedido, mismo antes de
saborear el delicioso esperma, porque ella lanzó una interminable cantidad de
gritos enloquecidos, al mismo tiempo que una docena de espasmos salvajes y
desesperados casi me hacen temer por mi propia vida, ya que cabía la posibilidad
de que perdiera el equilibrio y se me cayera encima.
Cuando se hubo calmado, me dio el verdadero postre y
directamente del plato.
Se bajó completamente la calza, dejando a la vista de mis
ojos lo que tanto había anhelado.
Definitivamente, Úrsula no tenía ni un solo vello corporal
fuera de su escasa cabellera verdadera. Veía que había afeitado muy bien todo
rastro de pendejos alrededor de su aparato genital.
Los testículos eran minúsculos, casi como si fueran dos
nueces pequeñas, siendo los más diminutos que había visto jamás hasta entonces.
Su pene, ahora encogido, me hizo suponer, que la calza de lycra era la culpable
de mantener esos pequeños genitales aprisionados dentro de su propio abdomen,
habiendo logrado mantenerlos ocultos de mi vista durante tanto tiempo y
haciéndome incluso dudar de su existencia.
Lejos de darme por vencido por el cansancio que me inundaba,
abrí la boca lo más grande que pude y lo miré con la cara que suelo poner cuando
pido por favor.
Sonrió e introdujo ambos pequeños testículos al mismo tiempo
dentro de mi boca, los que saboreé secándoles hasta la última gota allí
depositada. Mezcla de traspiración con restos de semen y bañados en los jugos de
la ensalada de frutas y los últimos trozos de ésta, hacían las delicias de mi
paladar.
Luego fui directamente y sin escalas por su desaparecido
miembro, el cual lamí delicadamente para quitarle todo rastro de esperma. Me
hubiera gustado que esto fuera una fantasía para sentir nuevamente su erección
en ese momento sin tener ninguna prenda de por medio fastidiándome, pero por
supuesto que eso no ocurrió, y su órgano no volvió a emerger. Bueno, esas son
las partes negativas de estar relatando situaciones reales.
"Úrsula, por favor, no aguanto más. Estoy al borde de
orinarme encima." Dije ya no sabiendo qué hacer, si seguir manteniendo
inconscientemente erecto mi pene y tratar de retener la orina, que dicho sea de
paso era muy excitante, pero ya insoportablemente torturante, o bien lograr
concentrarme en aflojar todo y dejar fluir mis líquidos.
La obesa, se salió de encima mío, y fue donde mi miembro.
"Quítame las esposas, por favor, Edson." Dije como para que
se percatara que ya estaba hablando muy en serio, y que quería que todo
terminara en ese momento.
"Ainda soi Úrsula." Dijo simplemente, y me tomó el pene a
punto de explotar por primera vez con su mano y se lo metió en la boca.
Creí explotar literalmente, pero algo no andaba bien para mi.
Sentí los espasmos y sacudidas propias de la eyaculación apenas sentí que mi
verga se metía en su cavidad húmeda y caliente, pero sentí la sensación de que
ni una gota de semen salió por ella.
Úrsula seguía introduciéndose muy lentamente mi pene en su
boca hasta que sentí tocar fondo. Había llegado a las puertas de su garganta.
Repentinamente y en ese momento, deslizó ambas manos por debajo de mis nalgas,
me los tomó con fuerza y me empujó hacia arriba, cuando noté que mi glande fue
apretado por algo muy estrecho dentro de su boca. Adiviné que era el comienzo
mismo de su garganta, y exactamente en ese momento empujó violentamente su
cabeza hacia mi.
El placer de tener algo bien apretado en la punta de mi verga
y que de pronto esa sensación recorrió todo el trayecto hasta el final mismo del
glande, y sentir absolutamente toda la cabeza apretada por el comienzo de su
garganta, hizo finalmente que un hilito de semen comenzara a emanar de mi
miembro en dirección a su estómago sin pasar por su boca.
Nunca había tenido una eyaculación de esta forma, tan
retardada, parecía en cámara lenta, y tampoco la había tenido tan interminable.
El hilo de esperma seguía saliendo sin cesar, aún después de largo rato de haber
terminado con mis espasmos y convulsiones.
Su boca succionaba, su paladar me apretaba el miembro y su
lengua acariciaban mis testículos, pero ni una ni las otras iban a conocer el
sabor de mi semen.
Estoy seguro que parecerá increíble, pero lejos de finalizar,
mi semen continuaba aún emanando. Sin prisa pero sin pausa. Posiblemente un poco
más cantidad de lo habitual, pero definitivamente demasiado más prolongado que
nunca.
Los aros de goma estaban realizando su trabajo y gracias a ellos, en esta
ocasión, estaba experimentando uno de los placeres más extraños.
Cuando finalmente finalicé de vaciarme, aunque aún seguía
goteando, le pedí nuevamente por favor que me dejara libre porque no podía
aguantar más la orina.
Lejos de cumplir con mis súplicas, siguió chupándome el pene
y succionándolo fuertemente.
Sin querer creer qué era lo que se proponía, y como si yo
fuera el tipo más ingenuo del mundo pregunté:
"Pero quieres que te orine en la boca?"
Asintió repetidamente con la cabeza.
"Oh, Dios." Pensé.
A mi me gustaba todo lo relacionado con los gordos. Quiero
decir que mearnos encima, olernos la orina, y hasta probarla, apenas conociendo
su sabor estaba todo bien, me excitaba sobremanera, pero nunca se me había
ocurrido tragarla toda.
"Estás seguro?" Dije negándome a reconocer que efectivamente
eso era exactamente lo que él quería.
Nuevamente asintió varias veces con la cabeza como respuesta.
Sin aguantar más, aflojé el músculo que retenía mi orina ya
que no soportaba más, y lejos de salirme los chorros del líquido dorado
desesperadamente, comenzó a despedir un hilito de líquido, exactamente igual a
como había eyaculado, y nuevamente sin prisa pero sin pausa.
Miré atónito sin poder creer cómo Úrsula se tragaba mi meada.
Lo veía pasar por su garganta lentamente y parecía saborearla.
Eufórica, chupaba y succionaba como una desesperada, como si
aquello fuera el líquido vital necesario para seguir viviendo.
Cuando la última gota salió despedida de mi uretra, Úrsula se
quitó lentamente mi pene de su boca tomándolo con suavidad para evitar dañarme.
Cuando todo el pene que aún seguía con algún grado de
erección aunque muy disminuido quedó nuevamente al aire libre, la gorda tomó
ambos aros que tenían apretados mis genitales, los estiró y los quitó.
Respiré aliviado, y noté que Úrsula me tomaba el miembro y se
lo iba a llevar a la boca nuevamente, ya que despedía el último y cuantioso
vestigio de semen y orina que habían permanecían atrapados con la presión, y que
fluyeron de repente sin previo aviso inmediatamente a posteriori de quitarme los
aros.
Chupó delicadamente, succionó hasta estar seguro que ninguna
gota más saldría de mi miembro ahora totalmente encogido dentro de su cavidad
bucal, y acto seguido se acercó a mi rostro y me besó en la mejilla.
"Vocé gostó?" Preguntó sabiendo de antemano que mi respuesta
era única e incambiable.
Tomó las llaves de las esposas y grilletes de sobre la mesa
de luz, y finalmente me liberó.
Me masajeó ambos tobillos y se acostó a mi lado para hacer lo
mismo con mis doloridas muñecas.
Nos besamos apasionadamente por primera vez. Nuestras lenguas
se entrelazaron en una irrefrenable búsqueda de exploración mutua no dejando
ningún sector sin conocer.
Úrsula se quitó la peluca y las pestañas postizas, y me cargó
hasta el baño mientras seguíamos besándonos sin despegarnos las lenguas.
Nos duchamos juntos enjabonándonos mutuamente y al mismo
tiempo. Le comí el ano nuevamente en la ducha, y me preguntó si quería sentir su
lengua en el mío.
Sentí ese gordo y áspero músculo ir y venir por mi raja. Era
una sensación que no había experimentado antes. Lamió por todo alrededor de mi
orificio y me lo besó.
.
Volvió a lamerme el ano repetidamente, y literalmente me lo
comió, con lengua, labios y hasta dientes que mordisqueaban suavemente sobre mis
nalgas.
Rodeó mi agujero con su lengua que comenzaba a presionar por
entrar a mis entrañas.
Terminamos de ducharnos. Comprobé que no le quedaba jabón con
mi lengua, como ya es una constante, y ante mi sorpresa, él hizo lo mismo en mí.
Sonreí.
Volvimos al dormitorio, y la cama estaba hecha todo un
desastre. Cambiamos las sábanas, e introduje las sucias en el lavarropas junto
con todas las prendas de Úrsula.
Edson se volvió a poner la peluca y las pestañas, se maquilló
un poco, se pintó los labios, y nos acostamos. Nos abrazamos y besamos
dulcemente, y así mismo nos entregamos a los brazos de morfeo.
De pronto desperté sobresaltado, sin saber qué hora era y sin
intentar siquiera averiguarlo fui al baño a orinar.
Al volver, miré a la gorda que roncaba sonoramente sobre mi
cama, y sonreí. Sus labios dibujaban una sonrisa que me hizo enternecer. Era la
primera vez que compartía mi lecho con un obeso totalmente anónimo y con aspecto
de mujer. Uno que había encontrado apenas ese mismo día, y que ya desde el mismo
instante en el que hubo el primer contacto físico con el apretón de manos, me
hizo anhelar tenerlo a mi lado como si nos conociéramos de años, con el agregado
extra de que parecía realmente una mujer obesa.
Ni un solo vello en el cuerpo, ni siquiera en los genitales
que estaban prolijamente afeitados. Tamaño de pechos que podrían hacer morir de
envidia a muchas mujeres ya que eran totalmente naturales. Nada de siliconas ni
cosas raras. Tetas de verdad, como deben ser, gordas y riquísimas con pezones
grandes, gigantes como a mi me gustan y exquisitamente sabrosos. Un culo
infartantemente redondeado, con una raja profunda e igualmente deliciosa. Unos
muslos fuertes, igualmente lampiños y todo con el agregado de poseer un
bronceado oscuro y permanente en toda su piel, incluso en sus partes más íntimas
y escondidas, por lo que sospechaba que era asiduo concurrente a alguna playa
nudista de Brasil.
Pero no deseaba suponer más, ni siquiera imaginarme, y mucho
menos preguntar para no averiguar más nada de ella que lo poco que ya sabía.
Todo para que Edson siguiera siendo mi obeso anónimo. Ya me quedaba claro que el
final iba a ser irreversible, pero sin sorpresas esta vez, por lo que nuevamente
me dispuse a disfrutar al máximo sin condiciones ni reproches de ninguna índole.
Cierto era que nunca había fantaseado con una mujer obesa y
ahora tenía prácticamente a una a mi entera disposición. Una que me había
prometido ser mi mujer por el resto de las vacaciones. Sin pedirme nada a
cambio, solamente buscando compensarme lo amable que había sido con ella. La
llamo "Ella", sí, porque él me había dicho que quería ser mi "putinha" y que me
refiriera a él como si fuera una mujer.
Pero seguía siendo anónima, y yo quería que se mantuviese
así.
No conocía de ella nada más que su nombre. Y sinceramente, en
esta oportunidad no quería saber absolutamente más nada. Ni de qué ciudad era
oriunda en el país norteño, ni qué ocupación tenía, ni con quién compartía su
casa o su vida, o absolutamente nada de nada. Simplemente quería disfrutar de
esta gordota así, sin tener la oportunidad de enamorarme otra vez. Por eso
necesitaba mantenerla lo más anónima posible.
Reconozco que ese es un gran problema mío, porque
habitualmente encuentro a la persona obesa que me atrae, y cuando la conozco
mejor, inevitablemente me enamoro de ella. Ahí comienzan mis complicaciones.
Disfruto la compañía de mis gordos y siempre sucede algo que me impide seguir
con la relación. En este caso específico, ya sabía el desenlace de antemano,
Edson iba a volver a su país al finalizar las vacaciones, y seguramente nunca lo
volvería a ver en el futuro. Esto también era insólito y totalmente novedoso en
mis relaciones hasta ese momento. Todas las veces anteriores fui incapaz de
vislumbrar cómo irían a progresar mis relaciones, y nunca tuve real noción de
cómo iban a terminar, porque sinceramente siempre pensé que las relaciones que
comenzaba irían a ser para siempre. Ahora contaba con la ventaja de poder
disfrutar de mi gordo mientras estuviera aquí, por el lapso de tiempo conocido y
limitado. No iba a haber quejas al respecto, porque las reglas estaban fijadas
de antemano, claras y concretas. Nada de suspenso en esta oportunidad, ni de
finales sorpresas.
Ahora, como lo único que quería era paz y tranquilidad, y
como en el camino nunca puedo desaprovechar ni descartar un gordo, y mucho menos
cuando se me ofreció casi en bandeja en esta oportunidad, prefería que siguiera
siendo tan anónimo como hasta ese momento.
De todos modos, su carita no dejó de enternecerme.
Me metí nuevamente a la cama que estaba caliente. Le rocé el
torso desnudo con los dedos, y era su cuerpo el que despedía ese calor. Deseé en
ese mismo instante que fuera invierno en vez de verano, para poder calentarme
junto a ella en una noche gélida. La sola sensación me hizo erizar todo el
cuerpo.
Abracé esa humanidad y los ronquidos no cesaron.
Besé su mejilla, y continué con sus párpados y frente.
Quité completamente la sábana que la cubría, y dejé al
descubierto su tremendo cuerpo sabroso que yacía de perfil y de frente a mi,
apoyado sobre su costado izquierdo. Su transpiración brotaba de sus poros a
raudales. Lo sequé con la lengua, y me detuve en sus rodillas que permanecían
apoyadas una sobre la otra. Le levanté la pierna derecha para despegarle los
muslos, y lamí allí. Observé que sus testículos estaban apretados contra su
vientre, y su miembro estaba completamente oculto dentro de su abdomen.
La sensación causada por ver sus órganos genitales
masculinos, aunque diminutos, cuando ya me estaba haciendo a la idea de que la
persona que tenía en mi cama y a mi entera disposición era una de las gordas más
lindas que jamás había visto, me llenó de morbo y excitación nuevamente.
Hurgué con lengua y labios en su zona púbica, aspirando el
aroma que despedía, ya que el hacerlo siempre me proporcionaba una excitación
extra.
Metí dentro de mi boca un testículo, lo chupé como quien lo
hace con una golosina, frotando la lengua contra él, y acto seguido realicé el
mismo procedimiento con el gemelo. Una vez finalizado, y sin avizorar que mi
huésped fuera a despertar, hurgué con dos dedos por sobre ellos buscando el
orificio de su pene. Introduje ambos hacia ese agujero, buscando despertar una
cabecita que ya conocía como deliciosa. Fui muy profundo, localicé su glande, lo
tomé con las yemas de mis dedos y comencé a frotarlo delicadamente.
Estaba en ese trabajo, y volví a mirarle su rostro.
Seguía durmiendo profundamente.
Me vino a la mente una fantasía que nunca había realizado.
Sería posible hacerlo eyacular sin despertarlo?
Podría ser. Yo mismo he tenido pérdidas de semen estando
profundamente dormido. Mis sueños me han excitado en más de una ocasión en forma
desmesurada, invariablemente teniendo a un obeso como protagonista en el cien
por ciento de los casos, y he despertado con la cama mojada, habiendo eyaculado
dentro de mi sueño.
Cómo sería su eyaculación en esos términos? Sería capaz de hacerlo aún
durmiendo?
No perdía nada con intentar.
No paré un segundo de frotarle el glande. Con uno y luego con
dos dedos, muy suavemente. Sin ningún movimiento brusco. Siempre con delicadeza,
intentando transmitirle que lo único que deseaba era satisfacerlo a él.
Lentamente su miembro fue ganando tamaño, y comenzó a
despedir unas gotitas producto de su excitación.
Me salivé la mano y continué frotando, ahora con la
lubricación como aliada, intentando introducir mi mano lo más dentro posible de
su abdomen, para tomar más de su pene escondido. Salivé ahora mi otra mano, y le
unté mi segregación a sus testículos, que comencé a masajear con delicadeza.
Mientras ambas manos estaban a la obra, me acerqué con la
boca a su pezón derecho, y comencé a lamerlo de igual forma, despacio, sin
ningún apuro, y suavemente para evitar despertarlo.
Su respiración seguía normal. Nada hacía prever que estaba
siendo consciente de la tarea que yo le estaba realizando en sus partes más
íntimas y ocultas.
Fui consciente en ese momento de lo peligroso que podría ser
esta situación, me refiero a estar durmiendo con un desconocido total. Qué
sucedería si yo fuera un degenerado? Seguramente lo estaría violando. Por
supuesto que eso nunca lo iría a hacer, pero el solo pensamiento de esa
posibilidad, me excitó de una manera descomunal.
Chupé por casi largos treinta minutos, hasta que de repente
su respiración se agitó, su interior emitió un par de gruñidos y un par de
espasmos nerviosos sacudió su humanidad, en el mismo instante que apenas dos
escupidas de esperma saltaron a mi boca.
Recién cuando su pene se hundió nuevamente dentro de su
vientre, levanté la vista para regalarle una sonrisa, cuando me sorprendí
gratamente que él seguía durmiendo. Hubiera jurado que se había despertado con
todo ese despilfarro de excitación.
Prometí preguntarle qué había soñado en esa oportunidad.
Toda su permanencia en Piriápolis, la pasamos en casa sin
salir durante el día, excepto para comprar provisiones para alimentarnos.
Durante las noches en cambio, salimos con mi automóvil para
realizar lo que suelen hacer los novios en lugares apartados y reservados.
En una oportunidad, estuvimos abrazados y besándonos en el
muelle, frente al mar y con la luna llena como única testigo.
Fue la primera vez que me efectuaron sexo oral dentro de un
vehículo, y también fue la primera ocasión que yo besé, lamí y chupé un
hambriento agujero anal en las mismas condiciones.
En otra ocasión, y a las cuatro de la mañana, fuimos a una
playa apartada a unos 10 kilómetros al este del balneario principal, y caminamos
descalzos sobre la arena, y terminamos haciendo el amor en la orilla con las
pequeñas olas rompiendo contra nuestros ardientes cuerpos.
Llegó finalmente el día de su partida.
Se demoró unos minutos en el baño, por lo que supuse que iba
a evacuar antes de realizar el largo viaje de regreso a casa.
Sentí correr agua por el inodoro. Escuché que abría una
canilla, por lo que visualicé que se estaba aseando las manos, y finalmente
salió.
"Eu iá estoi prontinho prá partir." Dijo no pudiendo
disimular su tristeza.
Nos despedimos con un beso de lengua que debería ingresar al
libro de los records por lo prolongado.
Subimos a mi vehículo y llegamos en pocos minutos a la
terminal de autobuses.
Acompañé a Edson a sellar los pasajes, y lo observé mientras
aguardaba en la fila de espera.
Llevaba la misma musculosa amarilla y el mismo par de bermudas azul claro con
que lo había conocido cuando bajó del autobús que lo traía al balneario.
Ahora muchas cosas habían cambiado.
Seguía siendo un gordo anónimo, pero mis sentimientos eran
muy diferentes a cualquier otro anónimo. Había compartido muchas cosas con él,
pero siempre noté una gran preocupación por él hacia mi, que no se puede medir
con palabras.
Ahora mirándolo, finalmente podía desnudarlo con la mirada, y
no imaginármelo sino "verlo" literalmente desnudo, ya que conocía cada milímetro
de ese impresionante cuerpo obeso de hombre macho, que se había transformado en
forma tan increíble en el de una mujer y me había hecho sentir sensaciones que
nunca hubiera ni siquiera imaginado que iría a sentir en mi vida.
Era extraño realmente verlo allí, parado, y saber que esa
misma persona era una mujer en la intimidad. Parecían verdaderamente dos
personas completamente diferentes. Hasta en la forma de hablar, de moverse, de
sentir. Úrsula parecía aún más fogosa que Edson. Ella era más puta, para decirlo
de una forma más explícita. Sinceramente disfruté más y me hizo gozar más la
mujer gorda que el hombre gordo. En mi subconsciente, sabía que eran la misma
persona, pero era como que se habían desdoblado en dos. Como Batman y Bruce
Wayne, como Superman y Clark Kent, o como Spiderman y Peter Parker; las mismas
personas, pero con personalidades totalmente diferentes.
Nos despedimos con un abrazo, muy fuerte, terriblemente
cargado de energía, como ocurre habitualmente con mis abrazos a gordos cuando
estos son de despedida, pero entendiendo que finalmente estaba llegando el
epílogo que estaba programado para esta relación.
Subió al autobús. Busqué la ventanilla dónde pude verlo. Y
nos miramos a los ojos.
Ninguno de los dos quería esta separación.
Vi como disimuladamente se secó un par de lágrimas que
brotaron de sus ojos, y yo dejé caer las mías sin siquiera intentar
enjugármelas.
Cuando el transporte encendió su motor, alcancé a distinguir
que me tiraba besos disimulados con sus labios, y cuando comenzó a moverse el
vehículo, puso sus labios sobre el vidrio de la ventanilla, y estampó allí un
beso que guardé de recuerdo en mi memoria hasta el día de hoy.
Tuve que extraer mi pañuelo del bolsillo para secarme la
catarata de lágrimas que despedían mis ojos en ese momento, y no pude dejar la
terminal, hasta tanto el autobús que transportaba a Edson no se perdió en el
horizonte.
EPÍLOGO
Volví a casa. Estaba exhausto. Tenía dos días más para
reponerme de estas vacaciones antes de volver a la ciudad e internarme
nuevamente en mi rutina laboral.
Fui al dormitorio, eché un vistazo a la cama que había
soportado a mi gorda favorita sobre ella, y me tiré sobre el colchón cayendo
rendido completamente y durmiéndome casi en el acto por el resto del día.
Cuando desperté, ya hacía seis horas que Edson se había
marchado, y yo estaba empapado de transpiración.
Fui al baño a refrescarme y fue en ese mismo momento que vi
un sobre de carta apoyado encima de la repisa debajo del espejo.
____________________________________________________________
"Adorado Zesna
Si vocé está lendo isto, quer dizer qui eu finalmente estou
volvendo a meu Brazil.
No ten o valor de dizer le mirando a sua cara o sentimiento
que ten hacia vocé.
Muito poucas vezes meu havía acontecido de ter a sensaciao de
conhecer a la persoa que eu quer ter prá compartir com ela o resto de minha
existencia.
Vocé no imagina o dor tremendo de le deixar sosinho, prá
voltar a minha ciudade.
Talvez seja melhor assim, talvez no deví haver viajado nunca
a Uruguai, ainda assim talvez no deví haverme enamorado de vocé, porem o fiz.
Mais eu ter esperanca de voltar a vé lo em alguma otra
ocasiao.
Sim vocé sente que podería ser isso possivel, gostaría qui me
chamar algúm dia ao telefono xxx-xxxx.
No quiz importunar a vocé con essa misiva de ninguem modo.
Lamentávelmente um no pode dominar suos sentimentos e ainda
muito menos em cuanto o amor chega.
Disculpa.
Úrsula."
Como había dicho más de una vez antes de llegar a Piriápolis:
sol, playa, paz y tranquilidad.
Mi piel estaba igual de blanca que cuando había llegado al
principio de mis vacaciones.
Ni sol, ni playa, ni mucho menos paz ni tranquilidad.
FIN DE ESTE RELATO REAL
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Relato: Gordo en vacaciones (3)
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