En algunos de mis relatos anteriores, he comentado que mi
marido es profesor. Lo que no creo haber dicho nunca es la especialidad de la
enseñanza a la que se dedica. Bueno, pues resulta que mi marido es profesor de
educación vial, esto es, lo que se conoce generalmente como profesor de
auto-escuela.
Cada año al llegar el mes de Agosto, que es cuando hacen las
vacaciones, a mi señor marido le sale una "convención", mientras que a mí, como
trabajo en un supermercado en la costa, las vacaciones no nos permiten tomarlas
hasta después de Septiembre, pues los meses de verano se cuadriplica la
población e incluso tienen que contratar personal de refuerzo.
Este año con el jaleo del "carné por puntos" a mi marido se
le abrieron los cielos, ya no tenía que buscar ninguna excusa para pasar una
semana en Madrid, la convención estaba asegurada, todos y cada uno de los
profesores tenían que reciclarse para preparar mejor a sus alumnos.
¡¡¡Ahhh, pero este año mi maridito tendría una sorpresa!!!
Bueno, tampoco es cosa que empiece aquí a explicarles mis problemas de salud,
pero por prescripción facultativa este año iba a tener vacaciones pagadas por la
seguridad social, una especie de mes de reposo que estaba necesitando
urgentemente, tranquilidad, distracción, buena comida y paseos por sitios
relajantes.
¡¡¡Casi se me muere cuando le dije que viajaría con él a
Madrid!!! Por poco le da un patatús. Puso mil excusas, que si no podría estar
por mí, que si Madrid en Agosto era agobiante, que si estaría mejor con mi madre
en el chalet que habían alquilado para el verano… en fin, cualquier cosa con tal
de quitárseme de encima… Ja, eso es lo que quería él, pero yo estaba más que
decidida a enterarme en que empleaba mi marido las vacaciones. Sí, es verdad que
a veces es mejor no enterarse, pero a mi no me iba a venir de sorpresa, estaba
completamente segura, pero quería verlo con mis propios ojos..
Cuando quedó bien claro que yo iba a ser parte de su equipaje
me dediqué a planear mi semana, porque no era cuestión de encerrarme en el hotel
mientras él estaba en sus reuniones... o vaya usted a saber donde. Esa misma
noche me conecté al messenger para contactar con mis amistades madrileñas,
aunque la verdad lo tenía un poco difícil, pues la mayoría de mis amigos estaban
de vacaciones o a punto de emprenderlas, y ya casi empezaba a arrepentirme de
haber decidido ir cuando se conectó Rafael.
Rafa es amigo mío desde hace bastante tiempo, mas de un año.
Le conocí a través de mis relatos y ya nunca dejamos de estar en contacto. Es mi
lector favorito, el que me aconseja, y cuando estoy baja de iniciativas me anima
con fotos, videos y mil correos que me devuelven la inspiración. Más de una vez
había pensado lo mucho que me gustaría estar con él aunque solo fuese una vez,
pero no me atrevía. ¡Cuantas veces me he masturbado con su imagen en el
pensamiento! Pero, sinceramente, jamás pensé que algún día pudiera llegar ese
momento, ni que mi marido, aunque involuntariamente, propiciara el encuentro.
Cuando le dije a Rafa que estaría una semana en Madrid se
puso como loco, dijo que buscaría la forma de dedicarme la mayoría de su tiempo,
me enseñaría el Museo del Prado, el Palacio Real, en fin, todo. Me aseguró que
ni con una guía contratada vería más cosas que en su compañía. En ningún momento
me habló de sexo, y eso que yo sabía que él me deseaba tanto como yo a él. Pero
también estaba segura que si yo no daba el primer paso él no lo intentaría.
Llegamos a Madrid el domingo por la noche, un viaje de
infierno porque cuando mi marido se mete en carretera ya no vuelve a parar hasta
llegar a su destino. Mis piernas estaban adormecidas, y además estaba enfadada
porque no había querido que descansásemos siquiera una hora en un área de
servicio. Estaba tan cansada que decidí pedir una cena fría en la habitación y
después de un buen baño meterme en la cama. Bueno, la idea no era meterme sola,
pero a veces las cosas no salen según lo planeado y mi marido dijo que de
acuerdo, que si estaba cansada que el saldría un rato y así podría yo descansar
tranquilamente. Y antes de que me diera tiempo de rectificar me encontré sola en
la habitación del hotel.
Fue en ese momento cuando me di cuenta de que era una tonta,
que debía de aprovechar todo lo que la vida me estaba ofreciendo, porque de él
no podía esperar nada, y decidí que estas vacaciones iban a ser diferentes y que
disfrutaría todo lo que pudiese. Llamé a Rafa al móvil, quizás no era buena
hora, pero él me tenía comentado que su mujer era muy liberal. Ella tenía sus
propias amistades y él las suyas, nunca se preocupaban de las relaciones que
tenían fuera del matrimonio. Es más, a veces hasta las comentaban. Ufffff, yo
eso lo veía dificilísimo, no me imaginaba a mi marido explicándome como se
follaba a su amiga de turno, primero, porque yo le sacaría inmediatamente los
ojos, y segundo porque bien cuidaba él de que sus devaneos no transcendieran. En
su trabajo debía guardar una actitud de seriedad total..
Creo que me estoy yendo por las ramas… Bien, el caso es que
quedé con Rafa para salir el día siguiente, ya que mi marido "tenía todas las
horas ocupadas" hasta las ocho de la noche, así que podríamos disponer de todo
el día para nosotros. Quedamos que vendría a recogerme pronto, a eso de las diez
de la mañana. Aprovechó a preguntarme como iba vestida, era costumbre suya de
siempre, decía que así me imaginaba mejor. Al responderle que me acababa de
bañar y estaba solamente liada con la toalla se alborotó y comenzó a decirme
cosas calientes. Lo que me haría, como me lo comería… el caso es que
escuchándole comencé a humedecerme y a jugar con mi sexo. Estaba hambrienta de
sexo y me maldecí por haber olvidado mi vibrador (Nicanor) en Tarragona,
necesitaba desesperadamente que una hermosa polla llenase mi agujero. Y cuando
riendo me dijo que era una lastima desperdiciar una noche en Madrid, con la de
hombres que morirían por pasarla en mi compañía, estuve a punto de proponerlo
que viniese al hotel, que le esperaba para... pero pensando que quizás mi marido
al fin decidiría venir a pasar la noche conmigo no me atreví.
Cuando Rafa colgó el teléfono me sentí aún más sola que
antes, cuando se había marchado mi marido. Además su voz sensual y sus palabras
calientes me habían dejado tan a punto que usé mis manos con la maestría que
solo se adquiere tras muchas secciones masturbatorias. Todo mi cuerpo
cosquilleaba, y mientras disfrutaba de mi relajante orgasmo pensaba como hubiese
sido con él. Decidí cuando se amortiguaron los espasmos que no me iría de Madrid
sin averiguarlo.
Al despertarme por la mañana mi marido ya se estaba
arreglando. Se le veía contento, y me dijo que esa noche cenaríamos juntos. Como
siempre salió corriendo, no conozco otra persona que apure el tiempo tanto como
él ¡¡¡no sé ni como llega a los sitios a tiempo!!! Yo soy lenta y necesito estar
un cuarto de hora antes en todos sitios, mientras que él quince minutos antes a
veces ni se ha afeitado.
Una vez sola presté gran atención a mi ropa. La verdad es que
me vestí lo más provocadora posible, con una minifalda negra que apenas cubría
mis nalgas y un top, también negro y ajustado, que dejaba parte de mi vientre al
aire y marcaba mis pechos de tal manera que mis pezones empitonados parecían
querer romper la tela elástica. Sí, ya sé que no era el vestuario más adecuado
para ir de museos, pero mi idea era otra muy diferente de eso. Quería calentarlo
de tal manera que no tuviese mas remedio que tirárseme encima, porque,
sinceramente, ser yo quien atacase me daba bastante corte.
Bajé a la recepción del hotel y Rafa ya me estaba esperando.
Jajaja… no me defraudó lo más mínimo, pues al verme los ojos parecían querer
salirse de sus orbitas. Me acerqué hasta él contoneándome más de lo que yo tenía
por costumbre, y la verdad es que hasta yo misma pensaba que debía parecer una
tigresa a punto de devorar a mi presa. Sonriente se acercó a mí y besó mi
mejilla, bueno, eso intentó, porque yo moví la cara y sus labios tocaron la
comisura de mi boca haciéndome llegar el sabor de su aliento. Aquel beso robado
automáticamente logró empitonar más mis pezones y me hizo sentir una humedad
reveladora entre las piernas. Era la primera vez que lo veía en persona y nunca
pensé que llegaría a excitarme tanto.
Pasamos todo el día juntos. Me llevó al Museo del Prado (-al
que debo volver otro día sola o con otra compañía porque no me enteré de nada-)
pero mis ojos no veían cuadros. Mi vista no se apartaba del indiscreto bulto que
se marcaba en sus pantalones y que yo veía moverse como si tuviese vida propia,
cada vez que sus manos, queriendo o casualmente, tocaban alguna parte que de mi
cuerpo que yo exponía tan descaradamente. Comimos en un restaurante frente a la
Puerta del Sol, otro de los lugares emblemáticos que me quería enseñar, y fue
allí donde le dije que no podríamos cenar juntos ya que esa noche cenaría con mi
marido.
--- ¿Pero porqué?---me dijo—podemos cenar juntos, y
me lo presentas---
---Jajaja, ¿y yo que le digo? ¿¿¿Aquí mi marido, aquí mi
ciberamante???---
---¡¡¡Tengo una idea!!! Dile que te invitó a cenar una amiga.
Hablaré con Elena y cenamos los cuatro juntos---.
---¡¡¡Tu estas loco!!! Que va a pensar Elena si le dices que
cene con nosotros...---
---A Elena le encantará conocer a tu marido, el problema es
si a ti te importa que tu marido conozca a Elena---
---Está bien, hablaré con Carlos, pero no es seguro que diga
que sí… ¿de acuerdo?-
---De acuerdo. Mira, tú se lo dices a las ocho y, si está de
acuerdo, me llamas y a las nueve y media pasaré a recogeros----
Acabamos la tarde sin que ni él ni yo nos atreviéramos a
nada, y ya cercanas las ocho me acompañó al hotel. Esta vez no tuve que mover la
cara para robar su aliento. Rafa cogió mi cara entre sus manos y me plantó un
gran beso en la boca que consiguió que mis piernas flaquearan hasta casi hacerme
caer al suelo. Nos despedimos y subí a la habitación para esperar a Carlos.
Llegó tarde, como siempre acostumbra, aunque me dijo que
acabaron a las ocho. Le expliqué que había visto a un matrimonio amigo y que nos
habían invitado a cenar. Yo esperaba que dijese que no, que prefería que
pasásemos la noche solos, pero se mostró encantado. Empezó a preguntarme cosas
de ellos y yo horrorizada descubrí que no sabía nada de Elena, y que si me
inventaba detalles se descubriría mi mentira. Así que decidí contarle lo poco
que Rafa me había comentado de ella pero que sabía le encandilaría. Cuando le
dije que era muy ardiente y liberal los ojitos de mi marido brillaron como si
dentro se hubiesen encendido lucecitas. Llamé a Rafa y quedamos a las diez e
inmediatamente empecé a arreglarme. Sabía que esa noche debía esmerarme más que
nunca, en Elena tendría una gran competidora para ganar la atención de mi
marido.
Cuando llegamos a casa de Rafa supe que aunque hubiese estado
toda la semana arreglándome no tendría nada que hacer. Elena era una morena de
campeonato, alta, cabello largo, unos pechos altos y redondos que parecían de
cirugía de tan perfectos que eran. Ojos grandes y negros, con un brillo risueño
que denotaba a una persona abierta y feliz. Se había pintado los labios rojo
brillante, y estaba vestida con un traje negro muy ajustado, tan ceñido que era
imposible que debajo pudiese llevar nada. Elena era una artista consumada, me
recibió como si fuese mi amiga de toda la vida y hubiésemos pasado el día
juntas. Carlos no desconfió lo mas mínimo, pero desde que llegamos se le pegó
como una lapa, tanto que hasta la ayudó a aliñar la ensalada... ¡¡¡en la vida se
ha metido en la cocina en casa!!!
Cuando nos sentamos en la mesa Rafa quedó a mi lado, frente a
él Elena, y al lado de ella Carlos, que parecía un baboso pendiente de cualquier
tontería que saliera de sus labios. La cena era excelente y yo pensé que Elena
era todo un diamante, pues no solamente era bellísima si no además una excelente
ama de casa… aunque luego me enteré que la cena la habían traído de un catering.
Ya en el segundo plato empecé a ver cosas raras, las manos de Elena y Carlos
desaparecían demasiado a menudo bajo la mesa y yo empezaba a estar mosqueada,
pero como Rafa me entretenía y el fondo yo había decidido irme a la cama con él
le quité importancia y seguí comiendo.
De pronto sentí que unos pies tocaban mis piernas. Miré a mi
marido, que era quien estaba delante de mí, pero Carlos estaba entusiasmadísimo
con no se que cosa que le contaba Elena que ni que no se preocupaba nada de mi.
Miré a Rafa y tampoco parecía ser él el de los pies. Dejé caer la servilleta al
suelo y al agacharme para recogerla miré bajo la mesa. El sinvergüenza de Carlos
tenía la bragueta abierta mientras la mano derecha de Elena en ese momento se
perdía en su interior. Pero no era solo eso, pues eran sus pies, los de Elena,
los que intentaban meterse bajo mi falda. Al levantarme la miré sorprendida y
ella sonriendo dijo:
----Me encanta la suavidad de tus piernas, tienes una piel
preciosa, yo tengo que depilarme dos veces por semana----
----Aja… No es tan perfecta---pensé---
Ya se había roto el hielo, ya no pensaba que acababa de verla
tocándole la polla a mi marido. Seguimos hablando de tonterías hasta llegar a
los postres, y no recuerdo en que momento Elena comentó que le gustaba pintar y
que en el ático había montado un estudio. Rafa habló de una colección de dibujos
antiguos de tema erótico que coleccionaba desde que era joven y sacó un álbum
precioso de tapas doradas que colocó sobre una mesita en el salón. Acto seguido
dirigiéndose a su mujer le dijo.
--- ¿Porqué no le enseñas a Carlos tu estudio mientras
nosotros vemos los dibujos?---
Mi marido no se lo pensó dos veces y salió rápido tras Elena
dejándonos a los dos sentados en el gran sofá con el álbum de dibujos delante.
---Ya sabes lo que va a pasar… ¿no? --- le dije a Rafa.
---A mi no me molesta, ya conoces mi opinión sobre el tema.
Pero me gustaría saber cuanto te molesta a ti….
---Estoy tranquila---
--- Ven, acércate a mi, mira estas fotos----
Era una colección de Giovanna Casotto, mujeres de cuerpos
redondeados, más parecidos al mío que al de su mujer, fotos supercalientes donde
las mujeres se masturban sensualmente mientras muestran sus sexos depilados, o
con frondosas matas de pelo al pintor.
--- ¿Como es el tuyo?--- dijo señalando varios de la
página---
---No hay ninguno como el mío----
--- ¿Es especial?—insistió ahora ya poniendo sus manos
bajo mi falda---
---No, no es especial, pero está depilado de otra forma---
--- ¿Cómo?--- Volvió a repetir, y ya sentía sus manos
llegar hasta el borde de mi tanga---
--Diferente---dije ahogando un gemido---
---Déjame verte ---susurró sobre mi boca---
Entreabrí los labios para beber su aliento y un calor extraño
recorrió todo mi cuerpo. Hacía mucho tiempo que no sentía de esa manera, y mi
sexo reclamaba más. Rafa se dejó caer al suelo quedando de rodillas ante mí,
mientras sus manos recorrían el contorno de mi coño caliente, húmedo, preparado
y ansioso. Él lo sabía y deslizó el tanga por las piernas hasta que quedó hecho
una bola en el suelo La falda se había enrollado en la cintura y así mi sexo
quedó expuesto a su mirada. Yo pensé que parecía uno de los dibujos que
acabábamos de ver. Sin levantarse del suelo agarró mis piernas y las puso sobre
sus hombros.
---No se porqué, pero así lo imaginaba, con esa coronita en
la cima y ese color sonrosado. Está pidiendo a gritos que lo coman---
Y sin más enterró su cara entre mis piernas y su lengua se
introdujo en lo más profundo de mi sexo haciéndome lanzar un grito de gozo. Sus
labios se movían sobre mi clítoris y no se si fue por su destreza o por las
ganas que le tenía, pero entre gemidos y gritos de placer tuve el orgasmo mas
rápido de mi vida. No me dio tregua, aún palpitaba todo mi interior cuando sacó
su hermosa polla y antes de que me diera tiempo de admirarla ya la sentía
horadando mi interior, con movimientos rápidos entraba y salía mientras mi
palpitante sexo intentaba retenerlo con sus múltiples contracciones… Fue todo
rápido, apenas acababa de sentir los últimos espasmos de mi segundo orgasmo
cuando salió de mi interior y se vació sobre mi vientre… Ummmmm, un chorro de
semen caliente salió disparado llenando la oquedad que se formaba en mi ombligo.
Se tumbó a mi lado y así nos quedamos un instante, mientras yo admiraba su
polla, morcillona pero no flácida del todo.
Ya reposados sacó un pañuelo y se dedicó a limpiar mi vientre
dando por terminado el asunto, pero yo no estaba de acuerdo. Quería comprobar el
tiempo que necesitaba para volver a reaccionar y esta vez fui yo quien se
arrodilló a sus pies. Cogí su polla con la mano derecha, estaba blandita y
suave. Acerqué la cara y la pasé suavemente por mi mejilla… ummm, reaccionó al
momento y la sentí vibrar en mi mano. Rápidamente la metí en mi boca, me encanta
la sensación que se siente cuando crece, como va ocupando todo el espacio, como
se mueve adaptándose a la cavidad y como finalmente se posesiona de la garganta
como si quisiese follarla. Es una sensación única, estaba salada y mi lengua no
paraba de darle golpecitos para estimularlo. Ya no me cabía en la boca y tuve
que sacarla, despacio, recorriendo con los dientes toda su longitud,
mordisqueando la punta mientras Rafa gemía de placer y yo sentía que me derretía
de gusto. Entonces apretó mi cabeza contra su sexo y su polla volvió a entrar
totalmente en mi boca. Entraba y salía con ritmo, y yo notaba que estaba a punto
de correrse, sentía sus latidos contra mi paladar, podía haberla sacado pero
deseaba probar su semen, y cuando sentí que mi boca se llenaba tragué golosa
todo su néctar.
Le miré a los ojos y vi que su cara estaba transfigurada. Me
miraba como si me estuviese descubriendo, como si nunca hubiese imaginado que
esto podría ser así, y la verdad yo también estaba sorprendida. Sabía que mi
marido se estaba dando el lote con Elena en el piso de arriba sin darse cuenta
de nada, sus voces se oían desde el salón donde estábamos, y yo, en vez de
sentirme enfadadísima, estaba más excitada de lo que lo había estado nunca. Rafa
me besó con verdadera pasión y me ayudó a sentarme a su lado.
Apenas habíamos acabado de recomponer nuestras ropas oímos
pasos y voces en la escalera. Carlos y Elena llegaron riendo y ninguno de los
dos hizo alusión a nuestro aspecto. Bueno… mas les valía callarse, porque el
suyo era aún peor que el nuestro. Carlos dijo que era muy tarde y que debíamos
retirarnos porque él tenía una reunión a las diez de la mañana. La verdad era
que sí era tarde, sin darnos cuenta se habían hecho ya las cuatro de la
madrugada. Rafa y Carlos fueron a sacar el coche, y Elena se quedó en la entrada
conmigo.
---Sois una pareja fantástica---dijo----
---Vosotros también sois muy agradables, gracias por esta
velada---
---Tenemos que repetirla---dijo Elena---tu no has
visto mi estudio y a mi me encantaría enseñártelo, podríamos verlo los cuatro
juntos----
---Si, quizás podríamos quedar otro día, estaremos toda la
semana aquí---contesté pensando que quizás no había entendido bien su
insinuación.
--- ¿Mañana quizás?---
Me había tomado por los hombros y me miraba directamente a
los ojos. En ese momento sonó el claxon y ella se acercó a mi y me dio un beso
en la boca que me dejó temblando.
--- ¿Mañana entonces?--- repitió.
La miré sorprendida, esto era nuevo y la verdad no entraba en
mis cálculos, pero… ¿y porque no? tampoco entraban otras cosas al fin y al cabo,
y ahí estaba lo bien que me lo había pasado.
---Sí, perfecto--- le respondí sin darme cuenta,
mientras por dentro me repetía a misma ¿y por qué no?.
---De acuerdo, yo hablaré con Carlos, dile a Rafa que a la
misma hora----
Le di un rápido beso y bajé corriendo las escaleras, mis
hombres me esperaban y no era cuestión de hacerlos esperar mucho. Ya veríamos
que nos deparaba el día de mañana.
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Relato: De vacaciones en Madrid
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