La boda (II)
Al día siguiente, no sé todavía bien porqué, fui a su casa.
La intención, como ella dijo en un principio, era hablar. Nada de sexo con esa
mujer que era la madre de mi mejor amigo, y que lógicamente, por edad, bien
podía ser también mi madre. Quería dejar las cosas claras. Que supiera que lo
del día anterior era un hecho aislado y que no volvería a suceder. Que me gustó
mucho, pero que lamentablemente era un error.
Así que me encaminé a su casa, y cuando llegué al portero
automático y llamé me dejó pasar y subir. La puerta de la entrada estaba
abierta. La cerré y grité un "hola" por el pasillo". En un sofá del salón
estaban Mónica, vestida con una bata de estar por casa, y otra mujer que no
conocía de nada.
-Pasa, pasa, Telmo-me dijo Mónica-. Mira esta es Mary, una
amiga mía.
Nos dimos los dos besos de rigor, los encantado, encantada,
¡qué tal!,…
Si vienes a buscar a Emilio no está –me comunicó Mónica.
(Emilio era su hijo y ya sabía que no iba a estar. Me lo dijo ella ayer).
No, no. Quería hablar contigo, Mónica, pero si te pillo
en mal momento puedo venir más tarde, no es nada urgente.
Bueno, yo ya me iba así que os dejo hablando de vuestras
cosas-explicó Mary mientras se levantaba-. ¿Dónde estaba el baño, Mónica?
Saliendo de aquí a la izquierda la segunda puerta.
Gracias.
Esperé hasta que oí el cerrojo del baño echarse, para hablar
con la madre de mi amigo. Iba a abrir la boca, cuando Mónica se me lanzó a por
ella. Tuve que apartarla.
Mónica, no. No he venido para esto. Dijiste que viniera a
hablar y a eso he venido.
¿En serio? ¿No quieres lo de ayer?
¡Noooo! Lo de ayer fue imperdonable, un error.Un grave
error.
¿Tan mal lo hice? Bueno, reconozco que he perdido
práctica, pero…
No es eso. Me gustó mucho, ya te lo dije, pero no puedo
hacerlo contigo. Eres la madre de Emilio.
Ya estamos otra vez. ¿Y por eso vas a dejar que me
pudra?¿Que no obtenga el placer que mi exmarido no me quiso dar cuando me
correspondía.?
Pero mírate. Eres guapa, atractiva, sexy, inteligente.
Tiene que haber tíos de tu edad que se fijen en ti. Tienes que estar
quitándotelos de encima.
No, no te creas. Los hombres de mi edad solo se fijan en
jovencitas con tetas siliconadas y culos prietos.
Venga ya. Habrá de todo.
Ayer te lo expliqué y te convencí. Si ayer pudiste
hacerme el amor, ¿por qué hoy no?
Por que ayer me calentaste y me comiste la cabeza, estaba
algo bebido y no lo pensé mucho. Pero hoy, que casi ni he dormido meditando
mucho lo que hice ayer, lo veo todo claro.
Escúchame bien: nada de lo que pasó ayer fue un error. Lo
que hicimos ayer fue algo maravilloso. Es lo mejor que me ha pasado desde
que me separé de mi ex. Deja de decir que fue un error, porque no fue así.
Volvería a hacerlo una y otra vez. Es más: te suplico que lo hagamos. Por
favor –alargó la mano hacia mi paquete-.
Mónica por favor.
Telmo. Necesito que me enseñes, que me revivas. Quiero
sexo contigo y lo quiero ya – Y mientras decía esto se quitó la bata
quedando totalmente desnuda, y me desabrochó la bragueta. Cogió mi pene con
las dos manos y lo llevó a la boca-
Cerré los ojos. Me gustaba tanto la forma en que Mónica
chupaba mi pene, siempre mirándome a los ojos, comprobando si lo hacía bien o
no, que no me di cuenta hasta más tarde de que Mary, estaba detrás de Mónica
completamente desnuda también.
Alarmado, eché para atrás la cabeza de Mónica.
-¿Qué pasa? ¿Te he hecho daño?
-Mónica, que no estamos solos
-Ah, ¿ya ha llegado Mary? Bien. ¿Te gustan sus tetas?
-¿Quéeee? ¿Lo habíais planeado?
- Claro, tonto. Te dije que quería probar cosas nuevas. Anda
venga, Túmbate otra vez. –Y siguió chupándome el pene.
Yo alucinaba con esta mujer. Si lo que me contaba era cierto,
había pasado casi de una vida monacal a una vida en la que las orgías estaban a
la orden del día. Pero no estaba para pensar mucho. En ese momento solo quería
disfrutar.
Mary vino por detrás del sofá en el que estaba yo tumbado. Se
inclino sobre mi cara dejándome un buen par de tetas para jugar con ellas
mientras ella me chupaba los pezones. Ni que decir tiene que estaba en el
séptimo cielo.
Al rato, y siempre bajo la voz cantante de Mónica, cambiamos
de posición. Mónica quería disfrutar un cunnilingus de mi boca y Mary quería
probar mi miembro.
Mientras yo trabajaba mi lengua podía ver la cara de placer
de Mónica y le sobaba sus preciosas tetas. Lamía su clítoris, lo mordía, me
introducía en su gruta, ya húmeda y oía con placer sus gemidos.
Por su parte Mary no era ninguna novata. Esa ya había comido
bastantes penes, eso estaba claro. Cuando se cansó, me cogió el miembro y se lo
introdujo en su vagina, aunque estuve muy poco dentro de ella, ya que Mónica la
ordenó cambiar de postura. Ahora tenía el conejo de Mary en la boca y mi pene en
la dulce gruta de Mónica, que estaba empezando a dominar el arte del cabalgueo.
Yo estaba muy muy caliente, tenía que controlar la excitación
para no correrme en cualquier momento.
Mary giró sobre mi boca para estar frente a Mónica. Ambas
empezaron a sobarse las tetas, y yo no podía ver bien semejante espectáculo. Sin
embargo puede ver cómo Mónica rechazaba el beso que Mary quería plantar en su
boca.
Vaya, así que a Mónica no le va tanto el rollo lesbiana,
pensé.
Después Mónica quería ver como enculaba a su amiga. Y así lo
hice. Cogí ese culo estupendo y lo penetré sin mucha resistencia. Mónica no
perdía detalle. Tenía la cabeza a escasos centímetros del lugar que recibía mis
acometidas, y se estaba acariciando el clítoris. Me cogió una mano , la llevó
hacia su cueva y me dio un largo beso mientras yo le penetraba digitalmente.
-Quiero que me des sexo siempre que lo pida- me susurró al
oído
-De acuerdo-cedí pues no estaba para pensar mucho
- Júramelo
- …
-Júrame que acudirás a mí siempre que quiera sexo.
-Lo juro, Mónica –le prometí-.
Y tras este juramento una sonrisa iluminó su cara y me dio
otro largo beso húmedo.
-Gracias –me dijo-.
-De nada, será un placer-contesté-.
-Deja a Mary ya.
Saqué el pene del esfínter de Mary
Quiero que me riegues con tu semen todo el cuerpo. La
cara sobre todo.
Y yo que estaba a punto de correrme no tarde nada en ver como
mi semen se deslizaba por la cara de Mónica y por sus perfectos, para su edad,
pechos.
Mary acudió presta a lamerme el miembro y a dejarlo brillante
y sin gota de semen, mientras Mónica veía mi cara de placer y se extendía mi
"crema facial" por el cuerpo.

¿Te ha gustado?- preguntó Mónica
Mucho, ¿no se nota?
Sí, pero quiero que me lo digas.
Mary lamió los pezones de Mónica y acabó haciéndose un dedal
para nosotros.
¿Y Mary? ¿Te ha gustado?
Sí, también. Pero no habla mucho, ¿no?
Lo justo.
Después Mary se fue y yo me quedé dormido y desnudo en un
sofá, con Mónica encima de mí, desnuda también, y con la mano en mi pene, que a
partir de ese día fue suyo para siempre.
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Relato: La boda (2)
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