Después de cerrar mi serie de relatos, pensé que se
interrumpiría la llegada de mensajes a mi correo. Pero veo que me equivoqué.
Motiva este relato, precisamente una experiencia producto del último correo
recibido. Este era breve pues preguntaba "¿Qué tan seria es tu propuesta de
servir como esclavo?". Pensando que era por curiosidad, respondí que era
sincera. Un día después llegó "¿Qué harías para concretarla?". Yo con precaución
dije "Creería que todo lo que pidas". Y pasó toda una semana antes de que me
dijera "Yo no acostumbro a pedir, sólo ordeno, y esto lo comprobarás en (me dio
la dirección de una localidad del interior de la provincia, y una fecha con
hora)".
Como periódicamente puedo viajar por la provincia por razones laborales,
con la sola limitación de tener que regresar ese mismo día, no me costó trabajo
concurrir a la cita. No habíamos acordado ni siquiera como reconocernos por lo
que tenía mis dudas que se presentara alguien. Como el lugar era un comedor de
auto servicio y la hora al mediodía, llegué temprano y después de seleccionar mi
comida me ubiqué en una mesa y comencé a almorzar. Mientras lo hacía miraba a mi
alrededor con disimulo tratando de ubicar a la autora de la invitación. Al no
tener ninguna seña en particular para identificarla, no califiqué como posible a
nadie de los presentes.
Al concluir mi almuerzo prolongué mi sobremesa con un
café y ya cuando aparte de una pareja muy joven con dos niños y otra mayor no
quedaba nadie, me levanté. La verdad era que sabía que me podía llevar un chasco
pero me había ilusionado, por lo que salí afuera y me detuve en la vereda a
observar la gente que pasaba. Salió la pareja mayor del comedor y se
despidieron, encaminándose en sentidos diferentes. Yo por mi parte, me encaminé
lentamente hacia mi auto, y cuando estaba abriendo la puerta, observé a la mujer
que se había vuelto de sus pasos y acercándose dijo "¿Usted sabe donde está
21?", con sorpresa dije "¿la calle 21?", y mirándome un instante dijo como
reflexivamente "me parece que me equivoqué de persona, pues esperaba a un señor
que sabe lo que es 21, disculpe".
Dando media vuelta, se retiró. Apenas dio
algunos pasos, cuando reaccionando le pregunté "¿Es alguien que tiene correo
electrónico?". Y ella se detuvo, giró la cabeza y mirándome a los ojos, dijo
"era alguien que no debería desobedecer" a lo que atrevidamente, ya con mi
corazón agitado, le respondí "a mí me gusta la obediencia". Apenas escuché su
voz que por lo bajo musitó "Seguíme", y comenzó a caminar. Yo cerré nuevamente
la puerta del auto y con casi media cuadra de diferencia la comencé a seguir.
Ella caminaba deteniéndose en algunas vidrieras por instantes y dio vuelta su
rostro sólo en una oportunidad y me observó asintiendo levemente con la cabeza.
Observándola con detenimiento, me di cuenta que no podría identificar a una
mujer atrevida a alguien que vistiera como ella lo hacía. Tenía una holgada
blusa de mangas largas, y una pollera tableada debajo de la rodilla que cubría
casi toda la pierna. Calzando unos zapatos de taco bajo, con un gran bolso
colgado de sus hombros y un peinado recogido, su apariencia era asexuada. En una
esquina se detuvo, permitiendo que yo llegara hasta su lado. En ese momento hizo
señas a un taxi que pasaba y en el momento en que éste se detuvo, mientras abría
la puerta, me dio un pequeño papel y después de entrar no cerró la puerta. Me
agaché para verla dentro del auto y ella me sonreía. Entonces entré rápidamente
al taxi. Como el papel que me dio tenía una dirección, cuando el chofer me miró
por el espejo y me preguntó adónde debería llevarnos, se la dic. En silencio
recorrimos unas cuadras, hasta que el taxi entró a un hotel alojamiento. Pagué
el taxi, y un mozo nos llevó hasta una habitación, y abriéndonos la puerta
esperó su propina.
Ella entró primero y luego la seguí. Al acercarme a ella,
pude apreciar que no era tan grande en edad como su ropa la hacía aparentar.
Tendría unos 38 ó 40 años, pero su rostro aún era delicado y bello. Sin decir
palabra comenzó a desabrochar su blusa y al abrirla dejó ver unos erguidos
pechos apenas cubiertos por un brevísimo sostén totalmente calado. Después de
dejarla caer, con un leve movimiento desprendió un botón de su cintura y la
amplia pollera cayó al suelo. Sin agacharse se descalzó y entonces se mostró en
toda su belleza ahora excitante. Como ropa interior tenía una delgada cinta que
pasaba por su entrepierna y se sostenía en la cintura por un delgado cordoncillo
y unas medias transparentes de color negro enfundaban sus piernas. Como yo me
quedé inmóvil en silencio me señaló su amplio bolso. Cuando lo alcancé y se lo
ofrecí, se limitó a señalar el suelo delante de ella. Me tuve que inclinar para
depositarlo allí, y ella me tomó del cabello y tirándolo hacia el suelo, me hizo
caer. Pisándome la espalda, me apretó contra el piso, y sólo entonces habló.
Mi nombre es Ama, y vos sos Esclavo. Besá mis pies,
sometiéndote a mí.
Ante mis ojos se veía el hermoso pie que tenía. Sus uñas
recortadas cuidadosamente, y sus dedos apretados por la ajustada media
transparente, se modelaban dentro de ella, impulsándome a decir con fervor
Si, mi Ama, me someto a vos y beso tus pies.
Y con humildad acerqué mis labios y los deposité sobre sus
dedos, besándolos y sintiendo aumentar mi excitación.
¿Te gustan, esclavo?
Si, mi Ama, me encantan, son hermosos.
¿Te gustaría lamerlos?
Si, mi Ama, ¡por favor dejáme lamerlos!
¡No! Solo podés olerlos y mirarlos. Ya demasiado fue que
te haya permitido besarlos. Arrodilláte ante mis pies y preparáte para
recibir mis órdenes.
Como ordenés, mi Ama.
Al quitar el peso del pie de mi espalda, me puse de rodillas
y la miré desde abajo. En verdad era hermosa y estaba excitante con su rostro
severo y sus brazos cruzados sobre sus pechos.
Sacá del bolso unas sandalias y ponémelas
Busqué dentro del bolso encontrando unas sandalias de muchas
tiras finitas y de altísimo taco y tomando con cuidado uno de sus pies, lo
levanté y le coloqué suavemente la sandalia, acomodando sus tirillas en el pie,
por lo cual lo acaricié con deleite. Luego procedí a colocar la segunda sandalia
y al terminar no pude contenerme y me precipité sobre ellos, besándolos
apasionadamente. Ella me dejó hacerlo unos minutos pero luego me interrumpió
Vos no estás aquí para disfrutar, sino para darme goce a
mí, porque soy tu Dueña. Empezá desnudándote, para que yo vea si sos lo
suficiente hombre para mí.
Cuando me quité toda la ropa, me miró con desprecio. Al ver
mi pene erguido, se agachó y tomándolo entre las manos dijo
¿Y con esto querés hacerme gozar, basura? ¡No te alcanza
ni para empezar! Seguro que sos un pajero de mierda. Agarrátela y ásete la
paja mientras me chupás la concha, infeliz.
Y abrió sus piernas, ofreciéndome su húmedo papo ante mi
cara. Cuando yo me tomé la pinchila y comencé a masturbarme, ella me agarró con
las dos manos del cabello y empezó a refregarme la cara en su papo. Su voz
severa me ordenó
Dejá de hacerte la paja, esclavo de mierda, chupáme la
lengüita y con tus manos de mierda, acariciáme las tetas.
Subiendo mis manos, le tomé sus pechos y comencé a acariciar
sus pezones, pellizcándolos suavemente. Ella comenzó a retroceder lentamente,
obligándome a seguirla de rodillas sin dejar de succionar su clítoris. Cuando
llegó hasta el borde de la cama, se trepó en ella, quedando acostada boca
arriba. Yo con mucha dificultad pude seguirla. Entonces me dio una orden
Subíte arriba mío, pero acostado al revés. Dame esa pija
de juguete que tenés para tener algo en la boca. Vos seguí chupando mi
clítoris, pero metéme un dedo en el papo y otro en el culo.
Cuando le monté la cabeza, abriendo mis piernas, ella se
introdujo mi pija en la boca y empezó a chupar con desesperación. Yo tomé
nuevamente la lengüita del papo entre mis labios y chupándosela, se la estiré.
Metí suavemente el dedo en el papo humedeciéndose rápidamente, y luego lo saqué
para metérselo en el culo, pero introduciéndole otro dedo de la misma mano en el
papo. Como ella alzó sus rodillas y abrió sus piernas para disfrutar, yo veía
sus pies y notaba como se estremecían sus dedos del placer que tenía. Con mi
mano libre comencé a apretar un pezón mientras la masturbaba por el papo y por
el culo. No me dejó interrumpir la masturbación hasta llegar a su segundo
orgasmo. Y me succionaba con tanta fuerza la pija, que me parecía que se la
tragaría, y causándome tanto dolor que me impedía volcar. Pero al llegar ella al
segundo orgasmo, a pesar del dolor sentí que se me salía la leche, y que ella no
sólo no dejaba de chupar sino que se la tragaba. Sólo entonces se relajó y se
detuvo en la mamada. Yo también me quedé inmóvil, esperando sus órdenes. Pero no
dio ninguna más. Se limitó a bajarse de la cama, dirigiéndose al baño a lavarse.
Cuando regresó, me vio en la cama, extenuado, pero sin piedad me ordenó
¡De rodillas ante mí!
Lo más rápido que pude me bajé de la cama y caí nuevamente
ante sus pies.
¡Descalzáme las sandalias!
Con mucho cuidado se las quité
Sacáme las medias, esclavo
Tomando con suavidad las finas mallas de sus medias se las
fui bajando hasta que se las quité.
¡Ponéme de nuevo las sandalias!
Cuando de nuevo en un interminable acto de sumisión se las
terminé de colocar, se sentó en el borde de la cama y cruzando las piernas
ordenó
¡Laméme los pies con las sandalias puestas mientras te
hacés la paja!
Así disfruté de una interminable lamida de pies, metiendo mi
lengua por entre las tiras de la sandalia para poder lamer su suave piel.
Introduciendo mi lengua bajo la planta de sus pies permitiendo que ella me la
apretara contra la suela de la sandalia. Succionando sus dedos de entre la
sandalia. Gozando de un éxtasis continuo, hasta que masturbándome logré volcar
por segunda vez. Cuando agotado caí al suelo, ella se levantó, y sin decir una
palabra se vistió y se fue de la habitación, dejándome, agotado, y feliz. Sólo
que me quedó una duda. ¿Volvería a verla? ¿Se comunicaría conmigo nuevamente?
Puedo anticiparles que sí, que se comunicó pero como lo hizo sólo lo haré a
través de POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO no
a través de estos relatos.-
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Relato: No hay dos sin tres: Mi experiencia - conclusión 1
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