No se preocupe, señora se
lo cambian inmediatamente. Dijo en hombre saliendo de la habitacion con
el molesto utensilio en la mano.
Poco despues volvia una negra con
otro orinal que tenia el mismo aspecto flamante que el que habia sido retirado.
- Espera un momento muchacha, dijo,
haciendo como que lo examinaba detenidamente antes de permitirla dejarlo.
Estaba convencida de que ya habia
armado suficiente alboroto por un asunto tan nimio como para el hecho fuera
comentado.
- Puedo avisar para que vacien la
bañera y la limpien. Pregunto la muchacha.
- Si, hazlo.
Tras reposar unos minutos en el
amplio lecho, mientras oia como el servicio del hotel trabajaba en la limpieza
de la bañera, decidio que ya era hora de ponerse en marcha pero
debido a los ultimos incidentes decidio que en vez de ir directamente al
banco como tenia pensado iria a comprar ropas apropiadas para el mundo
en que pensaba entrar.
Al salir se dirigio al recepcionista
para preguntarle por un lugar donde pudiera hacer las compras, pero se
abstuvo de hacer el menor comentario referente al orinal, preferia esperar
para estar segura de que el incidente habia llegado a sus oidos.
Esta vez el joven la respondio con
todo respeto, e incluso se ofrecio a poner a su disposicion un negrito
para que la acompañara, parecia haber dejado ya de dudar de su solvencia
economica.
- No, gracias, dispongo de mis propios
negros. Contesto declinando el amable ofrecimiento y aclarandole algo que
el, evidentemente ya sabia.
El resto de la mañana la
paso probandose vestidos a la ultima moda y zascandileando por las tiendas
de ropas. La sorprendio encontrar bragas en tres de ellas, las habia desde
las mas emperifolladas con multitud de encajes y puntillas hasta minusculas
prendas que apenas si deberian cubrir el lugar al que estaban destinadas.
Cuando volvio al hotel su aspecto
era completamente diferente. Habia comprado cuatro vestidos que casualmente
habian sido encargados por una clienta que no habia vuelto a recogerlos,
y habia encargado cinco mas.
Vestida a la ultima moda penetro
en el restaurante del hotel notando como a su alrededor levantaba una oleada
de admiracion.
Blanche reparo en el detalle de
que eran las mismas personas que por la mañana la habian mirado
despectivamente.
Comio gozando de las miradas de
envidia o admiracion de las mujeres y las de admiracion y deseo de los
hombres.
Por la tarde, lo primero que hizo
fue acercarse a ver al señor Rednes, director de una agencia del
banco para el cual el señor Monroe la habia dado una carta de presentacion
en Bigstone.
Tuvo que esperar unos minutos hasta
que el señor Rednes pudo recibirla.
- Pase señora y sientese,
enseguida la atiendo. Dijo el hombre de unos cuarenta años tan elegantemente
vestido como muchos de los que habia visto en el hotel.
Durante unos minutos el hombre continuo
enfrascado leyendo lo que parecia ser un informe plagado de numeros.
- Perdone que la haya hecho esperar.
Usted dira de que se trata?
- Vera señor Rednes, dijo
Blanche ligeramente cohibida, acabo de llegar a Nueva Orleans y me dirijo
a usted por consejo del señor Monroe de Bigstone. El me dio esto
para usted. Blanche le tendio la carta.
Nuevamente el hombre se enfrasco
en la lectura y no levanto la vista hasta que hubo terminado.
- Bien señora Benson, mi
colega y buen amigo, el señor Monroe me informa que es usted una
persona digna de toda confianza y que me ponga a su disposicion en aquello
en que la pueda ayudar. Naturalmente el señor Monroe goza de toda
mi credibilidad. Asi que en adelante estaremos a su disposicion cada vez
que nos necesite.
- Bien señor Rednes, quisiera
hacer una serie de compras y quisiera gozar de su consejo.
- Señora Benson, piensa depositar
en nuestro banco sus titulos acreditativos?
- Naturalmente, a que otra cosa
podia haber venido ?.
- Me permite examinarlos, señora
?. Dijo obviando responder a la pregunta.
Blanche saco del bolso los documentos
y se los entrego.
El señor Rednes permanecio
atento a los documentos con una expresion de incredulidad en el rostro.
Bien, señora Benson, por
lo que veo goza usted de una magnifica salud financiera. Usted dira en
que proyectos podemos aconsejarla ?.
- Lo primero que desearia es comprar
una casa.
- Permitame que la diga que ha hecho
bien en acudir a nosotros, hoy existen en Nueva Orleans una verdadera nube
de picaros y aventureros que serian capaces de venderla el Rio Misisipi
si es que estuviera usted dispuesta a comprarlo. Una casa dice usted, de
que caracteristicas ?.
- Habia pensado en una casa amplia,
con algo de terreno, pero que tampoco sea mucho.
- El hotel Excelsior podria interesarla
?.
A Blanche casi la da un sincope.
Nunca podria haberse imaginado que el hotel estuviera en venta.
- No. Dijo cuando se recupero esbozando
una sonrisa, es demasiado para mi.
- No lo crea señora Benson,
el Excelsior es un negocio saneado que tan solo produce unas pocas horas
de trabajo al dia.
- Entonces por que lo venden ?.
Pregunto aun sin salir de la sorpresa de que el señor Rednes la
considerara con posibilidades de acceder a la propiedad del Excelsior.
- El hotel es propiedad de una antigua
y vieja amiga, cansada ya de bregar en los negocios, que lo unico que desea
es retirarse y vivir tranquila.
- Señor Rednes, mis aspiraciones
son mucho mas modestas que ser la propietaria del Excelsior. Al fin y al
cabo no soy mas que una mujer llegada de un pequeño pueblo del interior
y sin ningun tipo de iniciacion en el mundo de los negocios.
- Esta usted dispuesta a trabajar,
señora Benson, o prefiere usted vivir de las rentas ?.
- Estoy dispuesta a trabajar, pero
en un campo muy distinto al que usted me ofrece.
- Quiza si me dijera usted a que
piensa dedicarse la podria aconsejar mas facilmente.
Blanche dudo un momento antes de
contestar. No sabia si el decirle la verdad a aquel hombre podria ayudarla
o perjudicarla, pero la parecio que el señor Rednes era un hombre
liberal mas interesado en el dinero que en su procedencia.
- Mi actividad ... digamos que va
a tener muy poca relacion con lo que se entiende por buenas costumbres.
El señor Rednes parecio sorprendido
por su franqueza, y dijo. Señora Benson, ese es un campo en el que
a poco que lo trabaje la auguro un gran porvenir, no solo por su belleza.
Esta es una ciudad que reune todos los requisitos para que el negocio sea
prospero, pero me temo que en estos momentos no tengo informacion suficiente
sobre viviendas que reunan las caracteristicas apropiadas para ese tipo
de negocio. Deme usted dos o tres dias, el tiempo necesario para hacer
algunas averiguaciones, tan pronto como tenga algo la avisare al lugar
donde resida.
- Resido en el Excelsior.
- Vaya, me temo que algun dia se
arrepentira de no haber querido comprarlo.
- Señor Rednes, espero su
aviso. Dijo para no contestar al comentario pero dandose cuenta que la
oferta del banquero habia sido totalmente seria.
En poco minutos fueron extendidos
los documentos que la acreditaban ante el banco y se despidio del banquero.
Tiara, que esperaba sentada en las
escaleras de entrada al banco se puso en pie caminando detras de su ama.
Al verla en esta actitud poco recomendable
advirtio a la esclava que en lo sucesivo no deberia volver a sentarse en
publico, ni siquiera en privado mientras permaneciera en su presencia,
y no hubiera obtenido previamente permiso.
Lo que no esperaba Tiara era que
su ama fuera con ella a comprarla una ropa adecuada a la nueva categoria
que Blanche estaba adquiriendo.
Si esto la produjo una gran alegria
no ocurrio lo mismo cuando su ama le compro unos zapatos que nada tenian
que ver con las comodas zapatillas que habia usado algunas veces.
Ponerse aquellos zapatos fue un
autentico suplicio pero mucho mas lo fue caminar con ellos.
Se sentia insegura, cada paso era
una torpeza y un dolor tremendo.
Nunca deseo tanto que su ama volviera
al hotel para poder descalzarse, pero Blanche frustro totalmente sus deseos
por que la apetecia caminar por la ciudad, e ir conociendola poco a poco.
Lo que podia llamarse el casco urbano
era grande, mucho mas que Natchez y por supuesto muchisimo mas que Bigstone.
Las casas o viviendas importantes
se reunian en cuatro o cinco puntos concretos, el resto no eran mas que
hacinamientos de pequeñas y precarias casas parecidas a aquella
en que habia ella habitado en Natchez.
Luego las miseras edificaciones
se alargaban junto a los caminos y al rio donde abundaban eran los grandes
tinglados destinados a almacenar lo que entraba y salia de los barcos.
La plaza mas importante era con
mucho aquella en la que se encontraba el hotel Excelsior rodeado de grandes
y vetustas edificaciones en piedra.
Otro nucleo importante eran las
edificaciones que rodeaban la enorme plaza del mercado de esclavos con
sus amplios corrales destinados a albergar el ganado destinado a la venta.
A Blanche la parecio que aquel podia
ser un encleve perfecto para su futura casa, por ella pasaban todos aquellos
que tenian algo importante que hacer en Nueva Orleans. Por supuesto tambien
era el foco de atraccion de cuantos curiosos deambulaban por la ciudad.
Aunque solo fuera para ver, la compraventa
de negros y negras era un poderoso iman para todos los que vivian o llegaban
a la cuidad.
Blanche recordaba la cantidad de
horas que habia dedicado a recrearse con semejante espectaculo en Natchez.
Claro que los muelles gozaban de
casi las mismas caracteristicas.
Caminaba distraida en esos pensamientos
cuando vio una casa que la parecio la ideal para sus propositos.
Situada justo en la plaza del mercado
de esclavos. Construida en piedra elevaba sus tres pisos con majestuosidad
sobre las edificaciones circundantes. Rodeada de una alta pared que no
permitia ver mas que la parte alta de la edificacion, parecia formar un
cuadrado en cuyo interior se adivinaba un amplio patio o jardin.
Blanche se propuso rodear la tapia
con el fin de calcular la extension de terreno que la rodeaba pero no tardo
en desistir del intento, por que si bien por la parte que daba a la plaza
del mercado la pared era pocos metros mas larga que la casa, por los laterales
y el fondo se alargaba hasta perderse de vista.
Blanche deseo aquella casa, ojala
estuviera en venta.
Y si no lo estaba, siempre se podia
llegar a un acuerdo con sus dueños. Seguramente le saldria mas cara,
pero creia tener el dinero suficiente como para llegar a ser la dueña,
sin que su capital se resintiera peligrosamente.
Euforica volvio caminando hacia
el hotel dispuesta a entablar batalla al dia siguiente para conseguirla.
Mientras pensaba en como hacerse
con la casa, podia ver a grupos de hombres, parejas, e incluso mujeres
solas, que como ella paseaban acompañadas de un negrito, cargado
con algun paquete o una sombrilla plegada ya que hacia bastante rato que
habia desaparecido el sol.
Algun que otro borracho se cruzaba
con ella esforzandose por mantenerse en pie o mirandola descaradamente.
La reconfortante presencia del revolver bajo sus ropas la daba seguridad
y firmeza.
No la pasaban desapercibidos los
continuos traspies que Tiara daba tras ella, ni los contenidos eructos
que de vez en cuando soltaba la negra.
Suponia que buena parte de ellos
eran producidos por la orina que la habia hecho beber en el hotel.
- Si no pasa mas que eso lo repetire
con frecuencia. Se dijo con una sonrisa.
Despues de cenar Blanche se sentia
excitada por la idea de aquella casa que habia visto y, mortificada por
la idea de saber que Morceb, el fornido y joven esclavo estaria durmiendo,
posiblemente en el establo y ella no podria gozar de el hasta que no estuviera
en su casa, o al menos hasta que no encontrara la forma de hacerle subir
hasta la habitacion.
Lo que no sabia Blanche es que si
le hubiera mandado llamar, nadie hubiera puesto el menor impedimento, a
condicion, claro esta que el negro hubiera subido por la escalera de servicio.
La direccion del hotel Excelsior era sumamente liberal en las costumbres
de sus inquilinos. Sabia que una buena parte de los ingresos la obtenia
gracias a la permisividad que demostraba hacia las libertinas costumbres
de su acaudalada clientela.
Aquella noche, como muchas otras
hubo de conformarse con las caricias de Tiara, que al fin, habia logrado
liberar sus pies de los incomodos y dolorosos zapatos.
El hecho de que la suite tuviera
un lugar destinado para que durmiera el sirviente o la sirviente no modifico
en nada la costumbre de hacer dormir a Tiara en el suelo junto al lecho,
la daba mas seguridad a la hora de llamarla si necesitaba algo, solo que
esa noche Tiara pudo dormir sobre una calida y gruesa alfombra en lugar
del duro suelo.
Rendida por el largo viaje y las
emociones, Blanche no tuvo ninguna dificultad en dormirse, pero desperto
temprano, obsesionada por conseguir la casa que habia visto la noche anterior.
Se hizo servir el desayuno en la
habitacion, pidio dos y casi se comio los dos. Tiara se tuvo que conformar
con las sobras de su ama.
Al pasar por recepcion encontro
al joven impertinente con cara de haberse levantado hacia poco.
Se fue directamente hacia el y pregunto.
- Hay algun recado para mi ?.
- Si, señora Benson, hace
un rato ha venido un negro y ha dejado esta nota para usted. Contesto en
un tono mucho mas educado que el empleado el dia anterior.
- Dijo de parte de quien?.
- Si, venia de parte del señor
Rednes.
- Sabe usted quien es?.
- Supongo que el banquero, señora
Benson.
- Puede que si, estuve hablando
con un señor de un banco ayer pero se me habia olvidado su nombre.
Mintio para impresionar al joven. El no podia saber lo cerca que habia
estado de convertirse en su jefa.
Blanche leyo la nota, en ella el
señor Rednes la comunicaba que pasaria a buscarla sobre las diez
para ir a visitar una casa que creia que podia interesarla.
- Si viene el señor Rednes
a buscarme digale que me espere. Tardare poco pero tengo otros asuntos
que resolver. Por cierto. Se entero usted del desagradable incidente de
mi llegada ?.
- Si, señora Benson y la
ruego que disculpe, supongo que fue un despiste de algun negro del servicio,
un despiste que no volvera a ocurrir.
- Asi lo espero, no paga una la
mejor habitacion del que cree el mejor hotel, para que la pongan orinales
sucios.
Blanche disfrutaba mas de la situacion
por que sabia que no tenia razon, el orinal retirado estaba tan flamante
como el segundo
Sabia que el joven tenia que estar
tragandose su orgullo y pensando que habia hecho mal en subestimar a aquella
joven mujer con aspecto de provinciana.
Provinciana o no la señora
Benson debia tener mucho dinero e influencia para pagar una suite durante
un mes, para entrevistarse con el señor Rednes e incluso permitirse
hacerle esperar.
Drum, Morceb y Tiara hacia rato
que esperaban en el carruaje por que tenia intencion de ir de nuevo hasta
la casa y recorrer si era posible la tapia que la rodeaba.
No tardaron en llegar a la plaza
del mercado de esclavos, alli la actividad habia comenzado hacia ya rato.
Los vendedores de negros se apresuraban
a preparar sus grupos para la venta, mientras, un hormiguear de hombres
solos o acompañados recorrian los distintos grupos inspeccionando
la mercancia.
Habia incluso mujeres solas que
no mostraban el menor recato en inspeccionar y palpar a los negros.
Blanche conocia las escenas por
haberlas visto cientos de veces pero ahora la situacion era completamente
distinta. Ahora podia comprar cuantos negros y negras se la antojaran y
en pocos dias, tan pronto como tuviera casa propia compraria varias decenas
de ellos.
Pero lo que realmente atraia su
atencion era la casa, vista a la luz del dia era todavia mas impresionante
que al anochecer.
Su majestuosidad se hacia mas pronunciada
al poder ser comparada con claridad con las edificaciones que la rodeaban.
Por la ventanilla del vehiculo se
mantuvo observandola un buen rato hasta que estuvo totalmente convencida
que era aquella la casa que deseaba. Incluso un escudo con cuatro flores
que habia en la fachada principal la parecio gracioso.
No la paso desapercibida la presencia
de prostitutas, blancas y negras que acechaban a sus clientes entre los
vendedores y posibles compradores.
Recordando sus viejos tiempos dio
orden a Drum de dirigir el vehiculo por la calle que salia por uno de los
laterales de la casa.
Al potente trote de los caballos
pronto rebasaron el punto hasta donde habian llegado la tarde anterior
sin que la pared que bordeaba la finca diria muestras de acabarse.
Rapidamente se fueron alejando hacia
el campo, las edificaciones en el otro lado de la calle cesaron y finalmente
despues de un largo rato de rapido desplazamiento llegaron hasta el angulo
del final de la solida y alta pared que rodeaba la finca.
Continuara.
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Relato: Las 4 rosas (02)
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