Luego de ver a mi madre con su suegro y después con mis
amigos (ver 1 y 2) conservé las cintas un tiempo y de vez en cuando las
visionaba para cascármela. Pasaron los años y entré a la universidad que es
donde conocí a la que hoy es mi mujer. Eramos compañeros de clase en algunas
asignaturas pero apenas si nos saludábamos, ella se fijaba poco en mí y yo
demasiado en ella, María era (y es) hermosa, su carita de ángel me ponía todo,
pero sus bien torneadas piernas, su culo respingón y sus pequeñas pero preciosas
tetas me tenían como loco.
Cuando finalizaba el primer curso yo me empecé a obsesionar
con esta chica, ya que con la llegada de la primavera su forma de vestir me
provocaba mucho más aún. Llevaba las minis con tanta naturalidad y desparpajo
que permitían observar buena parte de su anatomía inferior, y las blusas siempre
las llevaba con los primeros botones desabrochados de forma tal que muy a menudo
se le veía el sujetador, le gustaba mostrarse sin llegar a ser exhibicionista,
pero no con morbo sino, como he dicho antes, con total naturalidad, lo que me
excitaba aún más porque ese desparpajo y su carita de ángel eran la combinación
perfecta.
Al comenzar el segundo curso ella empezó a fijarse más en mí
y ya me saludaba con una sonrisa, yo la miraba con cierto descaro y eso parecía
gustarle. Un día nos encargaron un trabajo por grupos y coincidimos por lo que
nos presentamos oficialmente, desde ese día entablamos una cierta amistad que se
limitaba siempre al ámbito de la facultad. El año transcurrió sin demasiados
sobresaltos, yo era un buen estudiante y ella también y así comenzamos a
descubrir algunos gustos y afinidades en las que coincidíamos, me seguía
poniendo pero ya la miraba con otros ojos.
Hasta que llegó la primavera y con los primeros calores
afloró en ella su deseo de mostrarse y en mí la pasión por mirar, pasión que no
pasó desapercibida por María que aprovechaba cualquier oportunidad para
enseñarme alguna parte de su anatomía siempre con una sonrisa cómplice dibujada
en su cara angelical, pero un día en un grupo de trabajo pasó algo que nos marcó
a ambos para siempre. Éramos cuatro chicos y dos chicas y estábamos sentados en
círculo enfrascados en una discusión filosófica, yo estaba situado a dos
personas de ella y Pablo, otro compañero, estaba justo enfrente de María, ella
traía ese día una de sus minifaldas y se cruzaba y descruzaba de piernas con su
característica naturalidad hasta que vió que mientras Pablo la miraba con cierto
descaro yo disfrutaba de la escena observando las reacciones de éste a cada
movimiento que ella hacía, por su parte María comenzó a mostrarse más
descaradamente ante nuestro compañero manteniéndome la mirada cada vez que abría
las piernas. La situación me puso muy cachondo y a la vez me avergonzó un poco
ya que ella acababa de descubrir mi secreto, me gustaba mirarla sí, pero más me
gustaba que otros la observaran y disfrutaran de su anatomía.
Ese fin de semana coincidimos en una fiesta que organizaba un
compañero en su casa, Pablo también estaba y María empezó a coquetear con él
pero siempre tratando de que yo la observara, cada vez que la miraba ella hacía
algo para provocarlo y eso me ponía un montón. Estuvieron un rato charlando
animadamente mientras yo estaba por allí tomando algo y hablando con otros
compañeros pero sin perderla de vista en ningún momento, ella me miraba y
sonreía mientras Pablo le decía cosas al oído rozando sus labios con la oreja de
María, la situación me ponía cada vez más y ya empezaba a tocarme con disimulo
porque mi erección era notoria. En el momento en el que su mirada se clavó en mi
paquete supo inmediatamente lo que quería hacer, le gustaba calentarme y pensaba
llevarme al límite, se puso de pìé, cogió a su compañero de la mano y lanzándome
una mirada cómplice se lo llevó al jardín.
Allí había varias parejas, algunas charlando y otras
metiéndose mano, María se dirigió a una zona más apartada y cuando comprobó que
yo los había seguido y que los estaba observando empezó a besar a Pablo
apasionadamente, él respondió a sus besos abrazándola muy fuerte mientras pasaba
las manos por la espalda de ella. Yo miraba la escena desde un lugar
privilegiado ya que él no había notado mi presencia y me empecé a pasar la mano
por el paquete ya sin disimulo. Cuando ella abría los ojos lo hacía para mirarme
directamente y poner cara de viciosa mientras Pablo le besaba el cuello y
empezaba a pasar sus manos tímidamente por encima de las tetas de ella. Luego la
apoyó contra un árbol y comenzó a desabrocharle los botones de la blusa mientras
su boca recorría las mejillas, los labios y el cuello de ella.
Cuando tuvo toda la blusa abierta ella se desabrochó el
sujetador que era de esos que tienen el cierre por delante y lo abrió para
enseñarle/me las tetas. Sus pezones eran rosados y la forma de sus pechos era
perfecta, redondos, pequeños y bien parados, Pablo no tardó mucho en comenzar a
sobarlos y a juguetear con su lengua por los endurecidos pezones de ella, su
carita de ángel había tomado una expresión de deseo mientras sus ojos se
clavaban en los míos al tiempo que se mordía el labio inferior denotando un
placer intenso, por su parte Pablo había bajado una mano para sobarle los muslos
y subir suavemente hacia el coño de ella mientras acariciaba aquellas preciosas
piernas.
Aquel chico se lo estaba pasando bomba chupando las tetas y
sobando el coño de María por encima de la braga, supe cuando sus dedos se
introdujeron en su vagina por la expresión de ella que estaba gozando tanto de
las caricias de él como de ser observada por mí. En un momento le pidió que se
detuviera y se puso de lado para que yo pudiera mirar lo que iba a hacer, lo
besó y llevó su mano al paquete del chico empezando una masturbación por encima
del pantalón, las manos de él no paraban y recorrían las dos tetas de María para
bajar luego al coño y el culo. Ella bajó el cierre del pantalón e introdujo su
mano dentro para tocar directamente su pene, luego lo sacó y siguió
masturbándolo ahora con las dos manos durante un rato. En un momento María se
puso de rodillas y empezó a darle besos a lo largo de la polla mientras seguía
con la masturbación, hasta que por fin se la metió en la boca para comenzar a
chupársela.
Yo veía el pene de Pablo entrar y salir de la boca de María
mientras ella me miraba de reojo, saqué mi polla fuera y empecé a masturbarme
gozando de aquella situación que me recordaba a mi madre con mis amigos. En un
momento él le cogió la cabeza con ambas manos para marcarle el ritmo de la
felación y empezó a aumentar la velocidad mientras movía sus caderas adelante y
atrás para follársela bien por la boca, hasta que no aguantó más y empezó a
correrse sin parar de moverse mientras ella se tragaba todo el semen que él
expulsaba. Estuvo saboreando el placer de aquella mamada durante un rato hasta
que él ya no pudo más y se apoyó en el árbol para no caerse, en ese momento
María se giró hacia mí para mirarme directamente a los ojos mientras recogía con
su pulgar un poco de semen que le escurría por la barbilla para llevárselo a la
boca degustándolo con cara de viciosa.
Luego se abrochó el sujetador y la blusa, se acomodó un poco
y se acercó a Pablo para darle un tierno beso en la boca, el le dijo que quería
seguir, estaba claro que se la quería follar, pero ella le contestó que era
suficiente, que se había dejado llevar porque estaba un poco borracha, pero que
eso era todo, se lo habían pasado bien pero no había nada más, él le dio las
gracias y se acomodó la ropa con resignación, luego le dijo si volvían a entrar
a la fiesta y ella le contestó que fuera él, que ella se quedaría por allí un
rato más. Pablo volvió a la casa y María se dirigió hacia donde yo estaba, yo
guardé mi polla y me quedé mirándola con cara de placer cuando estuvo frente a
mí, luego ella rompió el silencio para decirme
Te gusta mirar ¿eh?
Y a ti que te miren, le contesté
Me gusta que me mires tú, Pablo no me importa, lo que
he hecho ha sido para ti
Y me ha encantado, siempre me gustaste pero creo que me
he enamorado de ti, le dije
Tú también me gustas, y me ha encantado verte gozar de
la mamada que le hice, pero me siento un poco rara, me importas mucho y
esto nos puede afectar negativamente
Por mí no, le dije, el verte con otro ha hecho que me
gustes más, pero tengo una pregunta ¿porqué no seguiste?
Te vas a reir
No, prometo no reírme
A mis 20 años aún soy virgen........
¿De verdad?, le pregunté asombrado
Sí, el sexo me gusta, pero hasta hoy no he encontrado
alguien que me dé el suficiente morbo como para follármelo, y ese alguien
eres tú, aunque debo reconocer que todo esto es un poco extraño
Me gustas cada vez más, le dije, y sí tal vez sea un
poco raro para los demás, pero no para nosotros.
¿Tienes coche?, me preguntó
Sí, le dije
Entonces llévame a mi casa, estoy lo suficientemente
caliente y loca como para perder mi virginidad esta misma noche
No le contesté, la cogí de la mano y nos dirigimos
directamente a mi coche sin volver a entrar a la casa, cuando subimos arranqué
el motor y antes de salir la miré y nos fundimos en un largo y apasionado beso,
en ese momento supe que aquello era el inicio de algo muy importante, me había
enamorado de la mujer de mis sueños y ella estaba a punto de regalarme su
virginidad. Nos dirigimos a su casa y subimos sin hacer ningún ruido a su
dormitorio ya que sus padres dormían, entramos y empezamos a besarnos mientras
nos quitábamos la ropa a toda velocidad. Cuando estuvimos totalmente desnudos
nos fundimos en un abrazo y un beso interminables, pude sentir el calor de su
cuerpo contra el mío y recordé el vídeo de mis padres en la cama, en ese momento
supe que haríamos el amor.
Comencé a besar toda su anatomía con suavidad mientras
recorría con mis dedos su hermoso cuerpo, me detuve en sus pezones para
saborearlos bien y para hacerla gozar lo máximo posible, luego le dije que se
tumbara y empecé besando sus delicados pies, para ir subiendo muy lentamente por
aquellas bien torneadas piernas hasta llegar a su pubis. Me costó mucho no
enterrar mi lengua en su coño, pero quería seguir besando todo su cuerpo y subí
por el vientre hasta el obligo, allí me detuve para jugar un rato acariciándolo
con mis labios y lengua mientras ella se retorcía de placer, luego llegué a sus
tetas y comencé a besarlas suavemente alrrededor de los pezones, ella deseaba
más pero yo quería ir despacio, subí un poco más y me paré en su cuello para
lamerlo integramente, después junté sus labios con los míos y nos fundimos en un
apasionado beso.
Hice el camino de vuelta parando en los mismos sitios, pero
esta vez mordisqueando suavemente sus rosados pezones, después de volver a pasar
por su ombligo bajé hasta su coño y comencé a pasar la punta de mi nariz
suavemente por su raja abriendo los labios vaginales y sintiendo su humedad y su
delicioso olor. Cuando posé mi lengua en su clítoris su cuerpo se retorció de
placer y sus manos se aferraron a mi cabeza, luego empecé a jugar subiendo y
bajando por su raja con mi lengua bien afuera para que la sintiera toda. Cuando
por fín me detuve en su clítoris todo su cuerpo estaba erizado y empecé a mover
mi boca para hacerla estallar en un orgasmo interminable que hizo que su cuerpo
se retorciera como el de una contorsionista mientras yo no dejaba de masajear su
clítoris con mi lengua y de pellizcar sus pezones con mis dedos, hasta que no
pudo más y retiró con violencia mi cabeza de entre sus piernas para quedarse en
posición fetal resoplando y gimiendo por el orgasmo.
Me quedé de pié observando la corrida de María mientras me
acariciaba el pene para que llegara a su tamaño máximo, me acerqué y empecé a
tocarle las piernas para que las fuera separando poco a poco, cuando las tuvo
bien abiertas me tumbé sobre ella y apoyé la punta de mi polla en si coño.
Comencé a moverme muy lentamente introduciendo mi pene en su húmeda raja con
cuidado de no hacerle daño, aunque con la lubricación que tenía mi polla entraba
con mucha suavidad abriéndose paso en aquel estrecho agujero. Cuando la tuve
toda adentro empecé a moverme despacio pero aumentando el ritmo de la follada
cada 2 ó 3 embestidas, ella gemía de placer y me miraba a los ojos, la expresión
de su cara aquella primera vez no se ha borrado de mi mente nunca más.
Luego me tumbé boca arriba y ella se colocó sobre mí, cogió
mi polla con una mano y empezó a jugar pasándosela por su vagina y frotándola
sobre su clítoris, después se detuvo y comenzó a bajar introduciéndose mi pene
poco a poco disfrutando de cada centrímetro que entraba, cuando la tuvo toda
adentro empezó a moverse adelante y atrás y en círculos para llenar todo su
interior. Esta vez era ella la que marcaba los ritmos y lo hacía con una
destreza inaudita para su falta de experiencia, en un momento acercó su boca a
mi oído y me dijo que si lo deseaba podía correrme dentro de ella ya que no
estaba en sus días fértiles, yo le contesté que me apetecía mucho pero que
quería sentir lo mismo que había sentido Pablo un rato antes, entonces ella se
salió de mí y se arrodilló al lado de la cama, yo me puse de pié y empezó a
chupármela con pasión.
Estuvo mamando verga durante un buen rato, yo no quería
correrme y cerraba los ojos recordando la escena del jardín e imaginándome que
yo era Pablo, intentando sentir lo mismo que éste, hasta que por fín mi polla se
puso muy dura y empezó a expulsar semen, fue una corrida muy abundante pero a
María parecía no importarle, tragaba todo lo que salía de mi interior mientras
seguía chupándomela suavemente para dejarla bien limpia, luego se puso de pié y
nos fundimos en un beso y un abrazo interminables. Estuvimos así un buen rato,
acariciándonos suavemente y sintiendo el calor de nuestros cuerpos pegados hasta
que ella rompió el mágico silencio del momento para decirme que me amaba, que
quería estar conmigo todo el tiempo que fuera posible, yo le dije que también la
amaba y nos volvimos a besar apasionadamente. Ese fue el comienzo de nuestra
relación, empezamos a salir y durante mucho tiempo ni ella ni yo tuvimos ojos
para otras personas, pero nuestro comienzo nos había marcado y con el paso de
los años volvimos a las andadas, elaborando nuestras fantasías de voyeurismo
cada vez más, pero eso es material para otros relatos.
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Relato: De cómo me hice voyeur (3)
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