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Relato: Un final con todas las pelotas

Un final con todas las pelotas.


Estaba todo listo para poner en práctica el resto del plan
(ver "Intermedio suburbano"). Tal como había prometido le mamaría la poronga al
último en acabar… ¡Y ese fue Marcos! Yo había "probado" su garrote, pero no los
jugos, allá, en la facultad, y ahora pensaba no perderme nada. Además, suponía,
que los hermanos no se quedarían "quietos".


Tomamos otros tragos, todos alrededor del sofá y la mesita.
El ambiente se estaba caldeando, no solamente por nuestra actividad sino,
además, por que la salamandra estaba cumpliendo su función. Nos sentamos
nuevamente, esta vez Marcos a mi lado, junto a Bruno, y Myriam se ubicó en el
apoya brazos, junto a él.


-Bueno… Marquitos…, divino…, tú ganaste, por lo tanto te
tengo que dar el premio. –Le di un piquito y lamí sus labios.


-Sí, cuando quieras, al fin…


-¿Cómo dices…? -¡Casi se le escapa!


-Digo… que… sin forro… al fin… porque quiero que sientas toda
lo que puedo dar…, para que no te quejes. ¿Estamos?


-Bueno, párate.


-Ah, no. Ahora me quedo sentado, es mucho esfuerzo… Ponte de
rodillas.


-Bueno…, si no hay más remedio... –Me levanté simulando un
gran "sacrificio" y me instalé frente a él, tal cual lo pidió.


Sería como las dos o tres de la madrugada, y este hombre
andaría por el cuarto o quinto polvo. ¡Mi Dios! ¡Nunca supuse que alguien fuera
capaz de producir tanta leche! Lo acaricié. Todavía estaba en el "reposo del
guerrero". Marcos ensortijaba sus dedos entre mis cabellos.


-Hazlo con la lengua, que será más efectivo. Además, ahora la
tengo muy sensible…


Entendía perfectamente. Al no tener prepucio el glande estaba
permanentemente expuesto. Dediqué mi lengua a lamer suavemente la cabeza,
limpiando los restos que habían quedado de la eyaculación anterior. Ayudada por
mi mano, fui recorriendo el tronco, sin introducir todavía, llegando hasta el
nacimiento del vello púbico. El miembro latía y adquiría dureza. ¡Era toda una
experta! ¡Y me gustaba mucho! Besé la cabeza y presioné con la lengua el pequeño
orificio. ¡Ya estaba! El miembro de Marcos había tomado la rigidez necesaria.
Entonces comencé la introducción. ¡Tenía que abrir totalmente la boca!
Presionaba el glande con la lengua, moviéndolo hacia ambos lados del paladar.
Mucho más no podía. Por suerte Marcos no apuraba el trámite, dejaba hacer.


Noté algún movimiento a mi costado y abrí los ojos. Myriam se
había instalado como yo y le estaba haciendo el mismo trabajo a Bruno. ¡Eso me
excitó más! Cambié de mano, para tener libre el brazo izquierdo y acaricié el
muslo de mi amiga, que estaba a mi lado. Myriam comprendió y abrió las piernas.
Estábamos las dos arrodilladas en la alfombra frente al sillón donde se
encontraban Marcos y Bruno. Ellos habían recostado sus cabezas en el mullido
respaldo. Cuando llegué con mis dedos al chochito de Myriam, ella ya estaba con
los suyos jugueteando con mi clítoris. ¡Éramos pianistas tocando dos melodías al
mismo tiempo! Con una mano y la boca mamábamos dos soberanas vergas… y con la
otra nos masturbábamos recíprocamente. Myriam tuvo un orgasmo antes que yo, pero
no mucho antes. Cuando me estremecí todavía sentía vibrar su cuerpo a mi lado.
Los chicos comenzaron a gemir y suspirar…


-¡Ohhh, qué rico! ¡Qué lindo! ¡Qué bien chupas! ¡Sigue así
que está perfecto!


No sabía quien era el de la voz más ronca o más excitada. No
sabía cuál era el que gemía más. ¡El cuarteto de cuerdas "Amadeus"! La "sonata"
estaba en el último movimiento, llegando a su fin… Respiré hondo…


-¡Auggg…! -El poderoso chorro de Marcos llegó a mi garganta
tan potente que me produjo una arcada… ¡Qué cantidad! ¿Cómo era posible? Apreté
fuerte para que no escapara nada. Marcos gimió… ¡Salado y agridulce! ¡Un sabor
delicioso!


A mi lado la boca de Myriam chorreaba semen por las
comisuras. Ella no había previsto respirar antes y Bruno apretaba su cabeza con
furia contra su pelvis. ¡No podía respirar!


-¡Aahh…, pufff! ¡Casi me ahogo! –Ella no tuvo más remedio que
sacársela de la boca y lamer desaforadamente antes de que se perdiera…


Recosté mi cabeza entre las piernas de Marcos sintiendo
contra la mejilla como latía la carne incandescente del pene. Myriam seguía
limpiando prolija y amorosamente a Bruno. ¡Los cuatro temblábamos de placer!
Bruno ayudó a su hermana a levantarse y la sentó sobre las rodillas. Yo seguí
recobrándome a los pies de Mauro.


Nos quedamos en silencio un buen tiempo, cada uno sumidos en
sus propios pensamientos, deslizando suavemente nuestras manos sobre la piel y
el cuerpo de los compañeros, sin distinción de sexo ni pareja. Perdí la noción
del tiempo y el lugar. La felicidad era tal que podría haber estado así toda la
vida…


-Mi vida…, mi vida… -Bruno susurraba al oído de Myriam
palabras que jamás olvidaría, aunque la escena se repitiera muchas veces más.


Ella besó a su hermano en la boca y se agachó hasta mí.


-¡También te lo mereces! –Me dijo muy quedo y me besó.


Sentí en los labios el sabor de Bruno que ya conocía. La
acaricié y sonreí. ¡Comprendía perfectamente a mi amiga! Era la deuda eterna que
siempre tendría hacia mí. Pero era temprano y faltaba algo. ¡Yo lo quería
completo! Dejé pasar algunos minutos y me levanté. Al contrario de Myriam yo
estaba "limpita". Ella tenía en el rostro restos de esperma que distribuía como
si fuera el maquillaje.


-Tomaremos algo para reconfortarnos. ¿Tienes brandy?


-Sí, allí, en el bargueño.


Fui hasta el mueble que señaló Marcos y retiré la botellas y
unas copas adecuadas.


-¿Beben todos?


-¡Claaaarooo! –Contestaron a coro…


Traje las copas y la botella, retiré las otras y las llevé a
la cocina.


-Deja Katya. Luego viene una señora a limpiar… -Marcos pensó
que me intención era únicamente limpiarlas.


-No quiero que parezca que esta fue una orgía… de borrachos…
-Con toda intención señalé que, efectivamente, era una orgía… pero de sexo…


Además pretendía que pasaran algunos minutos más, para que se
recuperaran. Y pudiéramos seguir. El reloj de la cocina indicaba las 2:45.
¡Hacía más de cuatro horas qué estábamos cogiendo! ¡Y estaba dispuesta a batir
el record!


Lavé los vasos que utilizamos para el whisky y los dejé en el
escurridor. Si me acordaba los guardaría… Regresé dispuesta a beber mi brandy y
a seguir con la "fiestita". ¡Todo perfecto!


Calculé que había pasado alrededor de una hora del último
"polvo bucal". ¡Los chicos estarían a punto!


-Traje algunas cositas… -Dije maliciosa…


-¡Un consolador! –Marcos me "provocaba".


-Sabes que no…, pero ¿no te fijaste en un potecito?


-No me fijé en nada. ¡Estaba apurado! Sólo quería el condón.


-Pero hay un potecito… y quiero usarlo.


-¿Qué será…? –Myriam sabía muy bien que era.


-Niña inocente…, ¡ve a buscarlo…! -Hice un falso gesto de
"¡te ordeno!" -¡Y esta vez Bruno es mío!


-Uy Dios, ¡qué miedo! –Los chicos ya se habían dado cuenta y
todos nos reímos, Marcos más que ninguno, dado que el "miedo" era hacia él.


Myriam entró en ambos dormitorios y volvió exhibiendo los
potes, uno en cada mano.


-¡Espero qué alcance!


-Ey… ¿qué superficie hay que lubricar? ¿Un metro cuadrado?
–Marcos se ufanaba haciendo flamear su vergota. -¡No es para tanto!


-No es por el tuyo…, ¡es por mi culo! –Myriam frunció
cómicamente el ojete.


-Bueno chicas… ¡a ponerse cómodas! –Ahora que me la pondría a
mí, Bruno estaba más "suelto".


-¡Yo elijo el espejo! ¡Quiero contra aquel espejo! –Myriam
eligió rápido. Sobre el mueble de donde retiré el brandy y las copas, había un
espejo con un marco muy labrado, muy siglo XVII y se fue a los saltitos hacia
allí.


-¿Dónde quieres? –Bruno me dejo "elegir" a mí.


-Vamos a la mesa. Contra la mesa me puedo apoyar bien y la
altura es justo para ti. –La mesa grande, de comer, parecía adecuada para
aguantar los cimbronazos.


Nos fuimos cada una a su ubicación. No me había equivocado.
Desde mi posición, a través de la mesa, vería el culo de Marcos cuando la
clavaba a Myriam y el rostro de ambos desde el espejo. También Bruno los vería,
y ellos a nosotros, por supuesto. ¡Sería un festín! ¡Todos culeando y mirándonos
los rostros! ¡Una gloria de exhibicionismo y lujuria!


Mientras me acomodaba, separando con las manos las nalgas
para que Bruno me untara, ya estaba pensando en la próxima. No sé cómo, pero me
convertí en la conductora de la orgía. Yo decidía y todos aceptaban…, por eso el
final debería ser a toda orquesta… ¡y todos para mí!


¡Bruno sabía cómo hacerlo! Me acarició suavemente pasando las
yemas de los dedos por el ano. Ya estaba prevenida por lo que me había enseñado
mi abuelo pero, por supuesto, nada diría…, pero estaba atenta. Por el momento no
tenía necesidad de apoyarme por lo que mantenía los glúteos separados. Bruno
comenzó a lamerme, a besarme, a pasarme la lengua por el hoyito, presionando
suavemente.


-¡Qué hermoso es tu culito, Katya, mi amor…! –Le iba a
responder que el de Myriam es mejor, pero preferí que él lo descubriera por su
cuenta, "oportunamente".


Seguía lamiendo con abundante saliva…


-Sé que con la vaselina no es necesario que te haga esto…
¡pero me gusta tanto!


Metía los dedos en la concha y luego los frotaba contra el
orificio… ¡y luego lo chupaba! Me hacía estremecer. ¡Me venía! Mordí mis labios
para no distraer a nadie en sus "tareas"… y acabé.


-¿Te vino, mi amor? ¿Ya acabaste? –Bruno me abrazó las
caderas y me beso las nalgas y mis dedos, que la sostenían.


-Sííí… ¡Es qué me haces gozar tanto! –Espero que no me
pregunte si ya me la habían dado por el culo. ¿Qué le contesto?


Oí como habría el pote y al momento sentí el frío de la
pomada en el agujerito. Pasó los dedos, introduciendo uno o dos en el mismo. El
esfínter comenzaba a dilatarse. Levanté la vista y vi que Marcos realizaba el
mismo procedimiento en el culo de Myriam. ¡Los chicos tenían mundo! ¡Pensando
cómo cogerían con las rubias me calenté más todavía! ¡Ya estaba ardiendo!
Deseaba que penetrara de una buena vez.


-Bruno, tesoro, métela rápido. ¡Rómpeme el culo… ya!


-Ten paciencia, mi vida. Quiero que disfrutes bien, sin
ninguna dolor…


-¡Aaayyyy… qué bestia! –Era Myriam, a los gritos.


-¡Perdona, perdona! –Parece que Marcos es contundente.


-¡NOOOO…, no la saques! ¡Entiérrala bien…, hasta el fondo!
–Oíamos los gemidos de Myriam.


Levanté la vista y el rostro de Myriam no era precisamente de
dolor sino de placer infinito. Bruno también estaba mirando, primero con cara
preocupada, pero luego, al ver a su hermana, sonrió.


-Parece que Marcos no anda con demasiados prolegómenos…


-Es que la tiene muy gruesa… -Me di vuelta y lo besé. -No le
digas nada a Myriam, pero te preferí a ti justamente por eso. Prefiero que me lo
rompas tú. ¡Con Marcos no me podría sentar!


Bruno rió y me hizo girar. Volví a mi posición, con las manos
abriendo el culo y él metiendo los dedos con más pomada.


-Ahora Bruno, por favor, ahora métela, ¡me muero de ganas!


-Sííí… hay va…


Sentí la presión del capullo contra el ano. Solté el culo y
me aferré a la mesa. El esfínter se dilató más y comenzó a penetrar, primero la
cabeza… con un pequeño dolor…


-¿Te duele?


-No…, para naaaaadaaa… ¡Dale bien! ¡Así…, así…!


Seguía entrando y sentí su carne en el recto. Bruno empujada
y con una de sus manos me acariciaba la concha…, con sus dedos a veces dentro y
a veces tomando el clítoris. Con el otro brazo apretó mi vientre. Dos orgasmos
más tuve en esos momentos. Chorreaba toda, pero gozaba como loca. ¿Las putas la
pasarían tan bien?


¡Al fondo! Sentí sus huevos contra las nalgas. Me tomé bien
en el borde de la mesa y Bruno comenzó a deslizarse hacia fuera y hacia adentro.
Cada vez mejor y más fácil latía su carne dentro mío y sentía su presión contra
mis intestinos. ¡El placer no tenia límites!


Nuestros jadeos se confundían. Levanté la vista y el morocho
y su hembra estaban dándole al bombeo. Sus rostros reflejaban el mismo placer
que los nuestros. Mi vista se cruzó con la de Marcos. Me guiño un ojo y siguió
con sus meneos. Bruno también levantó la vista y me miró. Sonriendo se llevó la
mano que me acariciaba a su boca y chupó los dedos. ¡Eran los jugos de mis
acabadas!


-Ya estoy Katya. ¡Ya estoy! ¡Oh…, sííí! ¡Me viene…,
acaboooo…! ¡Yaaaaaa…!


Sentí el derrame en mis entrañas.


-No te salgas. ¡No! Déjala adentro hasta que se achique
solita… ¡Déjala! ¡Gozo mucho…! –Recliné mi cabeza sobre la mesa, esperando…
Cuando sentí que se achicaba lo suficiente giré, lo miré y sonreí. Bruno me
miraba feliz. Se retiró y el semen comenzó escurrir desde el ano hasta las
piernas, recorriendo mis muslos. La pastosa humedad me encantó. Tuve una idea.


-Ven, colaboremos con la parejita. –Me dirigí hacia ellos.
–Marquitos, aguanta un poquito…


Con mis manos recogí todo el esperma que podía de mi culo y
mis piernas y le embarduné la pija a Bruno. Le indiqué que se apoyara de
espaldas contra el mueble de la pareja que seguía cogiendo. Bruno entendió lo
que quería, separó a su hermana del bargueño y se colocó delante de ella,
mientras Marcos, que había detenido el movimiento, abrazaba fuerte a su amante.
Ambos entendieron como era el "juego". Myriam se agachó lo suficiente para
llegar con su boca a la pija de Bruno, algo más blanda, pero latiendo todavía.


La situación era maravillosa. Ella había quedado entre los
dos hombres. Uno la clavaba por el culo y el otro le ofrecía su poronga para
mamar. Yo me senté en el suelo debajo de los tres y comencé con mi lengua y mi
boca a chupar lo que quedaba a mano: la concha de Myriam y los huevos de Marcos
y Bruno, alternativamente, moviéndome hacia uno y otro lado.


-¡Ahora sí, hay semen para todas! –Desde abajo veía los
movimientos de los tres y los acariciaba. ¡Gozaba cómo una perra!


Myriam tenía un orgasmo tras otro. Entre las arremetidas de
Marcos, las lamidas mías y el semen de Bruno que limpiaba prolijamente… ¡se
venía en forma continua! Los tres gemían de placer.


-¡Auggg…! ¡Aaahhh…! ¡Mmmmm…, qué rico!


Marcos estaba a mil. Aceleró su acometida y se estremeció
hasta la punta del pie…


-¡VAAAA…! ¡Aahh…, aahh…, aaaahhhh…! -Marcos clavó a Myriam
contra la pelvis de su hermano. Aflojó y suspiró profundamente. A Myriam se les
deslizaba unos lagrimones por las mejillas.


Bruno fue el primero que los vio.


-Uy… ¿te dolió, mi vida? –Estaba preocupado.


-Nooo…, para nada… Lloro de felicidad.


-Myriam, mi amor… ¡te hice daño! –Marcos seguía clavado y la
abrazó fuerte, sobre sus tetas. -¡Perdóname, no sabía!


Efectivamente, para Myriam era el "debut" por el orto. Mi
abuelo no la había "preparado" como a mí. ¡Y el diámetro de Marcos era tremendo!
Sin dejar de abrazarla, Marcos se fue retirando. Desde abajo, veía unos hilitos
de sangre en el tronco de su verga. Cuando sacó la cabeza hizo el sonido de un
corcho al destapar una botella. En el semen que manaba había manchitas. ¡Me
asusté!


Me paré y abracé a mi amiga.


-Oh, Myriam, perdóname. ¡Yo inventé esto! ¡Estás lastimada!


Los dos muchachos estaban sorprendidos y asustados. La
acariciaban y besaban. ¡No sabían que hacer o decir!


-No es nada, no se asusten. Me duele un poquito, nada más.
¡Pero me gustó mucho! Por ahora no lo voy a repetir… pero en cuanto pase… ¡ya
verán! –Myriam era la única que conservaba el humor.


-Ven, siéntate… -Marcos la llevaba hacia el sillón.


-¡Nooo! ¡Voy a manchar! Me apoyo en la mesita, se puede
limpiar mejor. –Se reclinó y nos miró sonrientes. –Tienen cara de velorio…
¡Vamos, que aquí no murió nadie! En cuanto me recupere la seguimos…


-¿Estás loca? Terminamos acá. –Me sentía peor que nadie. ¡A
mí se me había ocurrido que fuera Marcos! ¡Me había olvidado que nunca se la
habían dado por el culo!


-Ni se te ocurra. Vamos al baño, voy a lavarme… -Se levantó,
me tomó de la mano y fuimos hacia allí. –Enseguida volvemos. ¡Estén listos!


Myriam me abrazó, como si yo fuera la dolorida.


-No estés compungida, no pasó nada. Al final de cuentas, de
aquí en más podré aguantar cualquier verga… -Myriam tenía el ánimo a toda
prueba. Me dio un beso y me apretó un pezón. –Si sigues triste te lo muerdo…


¡Al fin reímos las dos! Myriam orinó y se sentó en el bidet.


-¡Ay, cómo arde! ¡Esto sí es tener fuego en el culo!


-¿Te duele mucho? No me engañes…


-La verdad… me dolió cuando la metió… ¡Sí qué me dolió! Pero
no podía aflojar. ¡Quería sentirla bien adentro! Después pasó… Me gustó tanto
sentir semejante tronco dentro mío que quise gozarlo todo. ¡Es espectacular
sentirse empalada así! ¡Tú lo sabes muy bien!


-¡Sííí…! Pero la de Bruno no es tan gruesa…


-La de tu abuelo tampoco, pero fui una estúpida. Me dio
vergüenza pedirle que me la diera por el orto. ¡Ahora lo hubiera tenido más
abierto! ¿Tienes alguna pomada que calme el ardor?


-Sí, la traigo. –Salí del baño y fui al dormitorio a buscar
el medicamento. Los chicos estaban limpiando.


-¿Te harás dar por Marcos? –Myriam se había puesto con el
culo para arriba, apoyada en el inodoro. Yo distribuía la pomada lo más
suavemente posible… ¡Lo tenía lastimado!


-Bueno…, tenía la idea… -Verdaderamente ahora dudaba. –No es
por el tamaño…, es… bueno…, luego de lo que pasó, no sé si me quedan muchas
ganas…


-¡Pero si lo tienes abierto!


-No es por eso. No quiero que te pase nada malo… a ti.


-¡No me digas eso! No quiero que se arruine por mi culpa. ¡Te
debo todo lo que gocé con Bruno! ¡Quiero que lo sigamos haciendo! Algo…, alguna
cosa que te deje contenta. ¡Quiero que lo hagas! Sé qué algo habrás inventado… A
mí no me engañas…


-Está bien. ¡Vamos y sígueme la corriente…!


Salimos, frescas y contentas. Los chicos habían limpiado todo
y estaban con el brandy en el sillón. Se levantaron al vernos…


-¿Cómo estás? ¿Te duele? –Marcos fue el primero en hablar.


-¿Te sientes bien? –Bruno le acarició el cabello.


-¡Me siento perfectamente, cómo para empezar de nuevo! ¡No
busquen pretextos, flojos! –Myriam era bien explícita en sus deseos.


-De ninguna manera. Si quieres la seguimos, pero tengo miedo
de hacerte daño. –Pobre Marcos, ¡se sentía "culpable"!


-No vale ninguna excusa. –La opinión de Myriam era
definitiva.


-¡Claro que sí! Myriam está requetebién, no abandona así
nomás… ni yo tampoco. ¡Me tuvieron tirada en el suelo media hora y ahora me
quieren dejar "colgada"! ¡Eso sí que no! A ver… pónganse en forma… -Yo también
estaba dispuesta a seguirla.


Myriam fue hacia Bruno y con ambas manos le sobó la pija.


-Hermanito… tienes que demostrarle a mi amiga lo centauro que
eres.


-Y tú, Marcos, también lo tendrás que demostrar. –Le tome el
choto fuertemente simulando que tiraba.


-¡Ehh, no me lo arranques!


-Es para que se ponga como debe. A ver, Myriam. ¿Cuál es más
rápido?


-A este ya casi lo tengo… –Myriam chupaba y lamía a Bruno,
quien ya mostraba un considerable tamaño.


-¡Vamos, muchacho! ¡A la alfombra, boca arriba! Veré si eres
buen corcel.


Bruno se acostó, le puse el preservativo y me coloqué a
horcajadas, como lo habíamos hecho en la habitación, pero ahora habría "segundas
tomas". Cuando me ensarté, Myriam se ocupó de Marcos.


-No te creas que a mi solita me va a doler. –Me preparaba
para lo que vendría.


-Sucede que tienes el culito muy cerrado. Yo aguanto
perfectamente. -Marcos comprendió y se acomodó.


Trotaba rítmicamente sobre Bruno. Cuando vi listo a Marcos me
tiré hacia delante, sobre el pecho de mi "corcel" y ofrecí el ojete al choto del
morocho. Se acomodó a mi espalda, eludiendo las piernas de Bruno y me "apoyó".


-Espera. Le pongo la vaselina. ¡Ahora no puedes sacarle los
jugos de la chochita! -Myriam trajo el pote y comenzó a untar mi ano y el pene
de Marcos. -Despacio, no hagas demasiada presión. No seas bruto como lo fuiste
conmigo.


Myriam se reía y lo besaba, tanto el pene como la boca de mi
futuro jinete.


-Yo te guío. -Myriam tomó el tronco y colocó el glande
apoyado en el orificio de mi culo. Sentí la presión.


-Ahora, despacio…, empuja… -Myriam dirigía la "orquesta".


Detuve mi cabalgata y esperé la penetración. Efectivamente…,
¡era de temer! Sentí como se abría el esfínter hasta la máxima tensión. Dolía
bastante, pero no tanto como para no aguantar. Fue penetrando despacito y lo fui
sintiendo cada vez más adentro. Comenzaba el placer, aunque por momentos,
instintivamente, trataba de expulsarlo, como si quisiera mover el vientre.
Conseguí relajarme totalmente. Los músculos aflojaron y Marcos se abría camino
por mi recto. Era una sensación extraña, como si dentro mío sintiera que las
porongas de mis amantes se encontraran y se agitaran para saludarse. Adecuamos
el ritmo, Marcos, yo y Bruno. Cuando éste entraba, Marcos salía, no todo, por
supuesto. Cuando me levantaba para salir un poquito de Bruno, Marcos llegaba
hasta el fondo. Nos acoplamos perfectamente. Myriam se sentó sobre la cara de su
hermano y nos abrazamos. El primer orgasmo nos vino juntas. Los chicos seguían
con el meta y ponga mientras nosotras nos confundíamos en besos y abrazos.


-¡Vamos! ¡A no aflojar! El que esté por acabar que avise. –Yo
daba las "órdenes". -Quiero que sea al mismo tiempo. ¡Coordinemos los orgasmos!


Unos segundos después siento temblar el pene de Bruno.


-¡Yaaa… casi… me viene… Casi… ¡Ya lo siento!


-Sí, te siento latir… ¿Y tú?


-Casi, casi… estoy… Un poquito más. Aguanta un poquito… ¡Ya
vaaaa…!


-Bueno… listos… ¡YAAAAA…!


Ellos se sacudieron… y nos sacudimos los cuatro en una
cabalgata apocalíptica: Myriam en la cara de su hermano, los dos hombres dentro
mío, llenándome hasta la garganta tripas y concha… ¡y yo lanzando un torrente de
flujo que hacía ploff, ploff, allí, abajo, donde mi sexo era estrujado por los
dos machos…


-¡Aaaahhhh… qué lindoooo!


-¡Sííí… fantástico!


-¡La gloria! ¡Toda, todita!


-Me hierve el choto de tanto placer. –La verga de Marcos
latía furiosamente en mis entrañas, la de Bruno en mi vagina y la lengua de
Myriam en mi boca. ¡Ahora sí era toda una mujer!


Fue el comienzo de una "larga y placentera amistad". ¡Y mi
amiga podría gozar de Bruno en su casa todas las veces que quisiera!



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Relato: Un final con todas las pelotas
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